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Mascotas sin rastro

Mafias roban canes de raza en el eje troncal del país para venderlos en ferias o mercados de otras ciudades. Criaderos y veterinarias igual están en la mira.

La Razón (Edición Impresa) / Milenka Villarroel / La Paz

00:00 / 31 de diciembre de 2012

Matías aún no comprende por qué le quitaron a su mejor amigo: Negrito. Hace semanas que el labrador retriever desapareció de su casa de la zona Sur de La Paz y el niño de seis años no puede dormir y llora cada vez que lo recuerda. “Está desconsolado, por eso lo traje aquí para ver si lo encontramos”, relata Ramiro, mientras camina junto a su hijo por una de las calles de la feria 16 de Julio de la ciudad de El Alto.

La búsqueda de ambos no es gratuita, ya que la zona tiene fama de albergar, todos los jueves y domingos, a comerciantes de mascotas robadas. Matías y Negrito crecieron casi a la par; el primero le lleva sólo por un año. “Lo sacaron de mi hogar, aprovecharon que habíamos salido porque teníamos un compromiso social”, recuerda, con un dejo de bronca, el hombre de 45 años que no pierde la esperanza de hallar al compañero de su único retoño.

El extravío de canes ha ido en aumento en el eje troncal del país, léase las urbes de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz. Zoonosis, representantes de sociedades protectoras de animales y víctimas de este flagelo revelan la existencia de mafias que se dedican al secuestro y hurto de especies de raza. La cadena ilícita involucra igual a criaderos y veterinarias, entre otros eslabones de una actividad que no está tipificada en el Código Penal.

Pedigrí. Los perros de raza gozan de gran demanda en Bolivia y el mundo, tanto por su belleza, originalidad, como por ser sinónimo de estatus social. Más aún aquellos canes con pedigrí, que es “el registro de las generaciones pasadas de un animal de raza pura, es decir, su árbol genealógico. Lo tienen todos los animales puros de todas las razas cuyos padres hayan sido inscritos, incluyendo caballos, vacunos, ovinos, perros, etcétera”, explica la página web del Kennel Club Boliviano.

Esta certificación es extendida por instituciones reconocidas en el ámbito mundial; en el país esta tarea es realizada por el Kennel Club Boliviano, afiliado a la Federación Cinológica Internacional. El registro involucra a canes de raza y criaderos donde éstos nacen, se desarrollan y se reproducen para ser comercializados. Las personas adquieren estos cuadrúpedos para que sean sus compañeros, presentarlos en concursos nacionales y del extranjero, o para vender sus cachorros.

“El pedigrí no sirve sólo para certificar que nuestro perro es hijo de tal o cual campeón (...). Es la única forma de asegurarnos que el perro es de raza pura y conservará las características propias de su especie, evitando así no sólo variaciones inesperadas en su estructura y belleza, sino posibles malformaciones y futuros problemas de salud. También nos aporta datos del criador de donde provino: tatuaje o microchips. Sirve para saber si dos perros son parientes cercanos o no, en el caso que estemos planeando un cruzamiento”, señala el Kennel Club.

Estrategias. Estos canes son el objetivo principal de los grupos delincuenciales del rubro, a sabiendas de que los propietarios pueden ofrecer una jugosa recompensa para recuperarlos o porque son muy requeridos en el “mercado negro”. El responsable de Zoonosis del Ministerio de Salud, Gary Barrios, comenta que “el robo y comercio indiscriminado de perros de raza aumentó bastante, según las denuncias que llegan diariamente a las sociedades de protección de animales”.

Los números hablan por sí solos. La representante de Animales SOS, Susana del Carpio, informa que este año recibió un promedio de 50 avisos mensuales de perros de raza desaparecidos en las ciudades de La Paz y El Alto, cuando en 2011 llegaban tres decenas al mes. El presidente de la organización Educación y Bienestar Animal, Enrique Mendizábal, reporta entre cinco y seis denuncias mensuales en Cochabamba, cuando el año pasado el guarismo llegaba a dos como máximo.

En Santa Cruz la situación es similar. La titular del Centro de Adopciones San Martín de Porres, Lili Orellana, desvela que a su entidad arriban al menos diez casos mensuales, mientras que en 2011 eran dos. Los entrevistados apuntan a que la mayoría de los extravíos involucra a mafias especializadas para extraer a los animales de sus casas, o atraparlos en las calles, entre otros métodos. Y las estadísticas dictan que sólo entre una o dos de las víctimas retornan a sus hogares.

Voluntarios en Defensa de los Animales plantea que hay periodos en los que se incrementan las pérdidas, sobre todo en las razas caninas más apetecidas: cocker, labrador, pitbull, rottweiler, bulldog, caniche o poodle, shar pey, schnauzer, terrier, chihuahua, pastor alemán... “Hay épocas altas de robos, empiezan en agosto, aumentan entre octubre y noviembre, y terminan en enero. Parece que los rateros calculan el mes en que las hembras pueden aparearse y se preñan para que los cachorros nazcan a fin de año y sean una buena opción como regalo de Navidad”, explica la fundadora Lenny Arancibia.

Barrios postula que este delito implica una ganancia redonda para los clanes de ladrones, ya que no invierten nada y se llevan el 100% de lo conseguido en la transacción de los animales. “Este problema es más preocupante por la falta de control a los vendedores ambulantes y locales de comercio clandestinos de animales, que no son clausurados; una tarea que debería ser cumplida por el Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag)”.

La desaparición de mascotas también ha llegado a oídos de esta institución. El coordinador de Sanidad Animal del Senasag de La Paz, Juan Álvarez, admite que se recibieron varias denuncias verbales, pero aclara que éstas deben ser presentadas por escrito para que tengan “seriedad” y se tomen cartas en el asunto.

Arguye que se realizan operativos periódicos en ferias y mercados donde se ofertan cuadrúpedos, pero que la ilegalidad supera a los pocos integrantes de esta repartición.

Las fuentes coinciden en que los perros secuestrados corren distintos destinos. En el caso de los machos pueden ser comercializados a dueños de criaderos informales para que sirvan como sementales, y en el caso de las hembras, para que sean incubadoras. Los más infortunados son reclutados y entrenados para que protagonicen sangrientas peleas, en especial los rottweiler y pitbull. Y los cachorros son demandados para convertirse de nuevo en mascotas.

Pero, ¿cuáles son los modus operandi de las mafias? “Perlita se perdió en agosto mientras mi empleada la sacaba a pasear por mi zona, entre la avenida Trinidad y Moxos, en la ciudad de Santa Cruz”, cuenta Carla Soliz. Tal vez su schnauzer fue interceptada por delincuentes que recurren a variopintas artimañas para obtener sus botines de cuatro patas, de acuerdo con los representantes entrevistados de las sociedades protectoras de animales.

La más recurrente es que el ladrón estudia por buen tiempo la rutina del dueño del perro de raza para planificar su ingreso a la vivienda, cuando ésta se encuentre vacía. Otras ocasiones, el malhechor enamora a la empleada, para que le permita entrar al hogar y sustraer al can, o confabula con ella para que le entregue a éste. En otros casos, es el jardinero u otro dependiente del domicilio quien cumple el papel de cómplice.

El ratero igualmente aprovecha los momentos en que el cuadrúpedo se encuentra en la vía pública, sin control; para atraerlo a su movilidad, recurre a hembras en celo o ropas impregnadas con el aroma de éstas, o narcotizan a las víctimas con sedantes, mediante alimentos y bebidas que les son lanzados. No obstante, complementa Susana del Carpio, a veces los antisociales simplemente secuestran a las mascotas, seguros de que sus amos ofrecerán una excelente recompensa.

Enrique Mendizábal añade que las gratificaciones para las personas que hallaron un animal con pedigrí se han incrementado notoriamente. “Hace dos años éstas se hallaban entre Bs 500 o 700, ahora los propietarios llegan a ofrecer hasta $us 1.000”. La clave está en que la mayoría de estos perros son fuente de ingresos para sus dueños, ya que los ofertan para ser sementales o incubadoras, e implican una fuerte inversión porque son caros y requieren de cuidado y buena alimentación.

Y la probabilidad de que el can retorne a su familia es mayor si el raptor se da cuenta de que se encuentra esterilizado, porque no servirá para la “monta” o reproducción, indica Lili Orellana. Paralelamente, Mendizábal revela que luego del secuestro, los cuadrúpedos son transportados a otros departamentos para no ser ubicados por sus dueños. “Los llevan de La Paz a Cochabamba y Santa Cruz, y viceversa, la idea es venderlos en ferias o mercados informales de otras urbes”.

Delincuentes. Esto es corroborado por Orellana, quien critica que las autoridades no fiscalizan en terminales de buses y carreteras para evitarlo. “Los mismos pasajeros de flotas nos contaron que roban aquí en Cochabamba y se llevan a los animales hasta una provincia; los cargan en el buzón y los llevan a Santa Cruz u Oruro”. Inclusive se maneja que hay cuadrúpedos que son trasladados a naciones vecinas, principalmente Perú, algo fomentado por la ausencia de control fronterizo.

En Bolivia, explican las fuentes enunciadas —incluida Activistas en la Lucha por el Futuro de los Animales—, los canes sustraídos pueden aterrizar en los mercados Los Pozos, Abasto, La Ramada, la feria Barrio Lindo y la avenida Tres Pasos al Frente, de Santa Cruz; en Cochabamba, en las afueras del estadio Félix Capriles y el mercado La Pampa; mientras que en La Paz y el El Alto, la plaza Eguino, la calle 21 de la zona de Calacoto y la feria 16 de Julio son los sitios que están en la mira.

Informe La Razón entabló contacto con involucrados en este ilícito en la feria alteña. Sucedió un jueves por la mañana, cuando Ramiro y su hijo Matías buscaban a Negrito. Tras llegar al sector de comercialización de animales —donde no sólo hay perros, sino gatos, loros, conejos e inclusive especies silvestres, algo prohibido por la ley— y correr el rumor de que se pretendía obtener canes de raza, la periodista fue abordada por un “intermediario”, un eslabón de la cadena ilegal que, explica Del Carpio, se encarga de recoger solicitudes y de enlazar a los clientes con los ladrones o los criaderos informales que igualmente se nutren de animales robados, los que, aparte, no cuentan con certificación de pedigrí y albergan en pésimas condiciones a los cuadrúpedos.

El hombre llevaba un sombrero de ala ancha y sostenía con dificultad a un perro negro inquieto. Se identificó como Efraín. “Yo te lo consigo lo que quieras, éste (señalando al animal) por ejemplo es un pitbull pequeño”. La reportera le enumeró una lista de razas requeridas, mientras el personaje afirmó, sin dubitar, de que el pedido era asequible y de que unas cuadras más allá, en su residencia, podía mostrar a la interesada una variedad de canes listos para ser comercializados.

Contactos. “Tengo contactos con criaderos de Cochabamba y de Santa Cruz. Ahí consigo cualquier raza, desde cachorros. Los traigo a mi casa y los hago aclimatar hasta que estén más grandecitos y recién los saco a vender en la feria”. De repente, otro individuo interceptó a la pareja. “Yo te consigo perros mucho más baratos”, interrumpió Carlos, que tenía una cicatriz en el rostro. Efraín se alejó, pero no quitaba la mirada del muchacho que intentaba arrebatarle su transacción.

“¿Por qué más baratos?”, preguntó la periodista. “Porque son un poco más grandes, sólo me tienes que dar una semana para buscarlos”, respondió Carlos. Ambos intercambiaron los números de sus teléfonos celulares y el joven se despidió. Al poco rato, Efraín se acercó. “Ése es ratero señorita, peligroso es que trabajes con él”, alertó, nervioso, “son familias que manejan perros grandes y a pedido”. Y lanzó otra revelación: hay veterinarias que son parte de este negocio encubierto.

“Hay veterinarias implicadas porque a través de ellas se hacen también las solicitudes de canes de raza, ya sea para una familia o para destinarlos a un criadero”, denuncia Del Carpio. Más todavía, durante el recorrido por la feria 16 de Julio, Informe La Razón consultó con dos locales que brindan atención médica a animales sobre la posibilidad de comprar crías de la raza golden retriever. La respuesta del personal de ambos fue positiva.

Juan Álvarez, de la oficina del Senasag en La Paz, confiesa que se tiene pistas de que hay veterinarios o pseudoprofesionales “que encargan animales a los delincuentes que los roban o los traen de criaderos ilegales del interior del país, pero no tenemos una denuncia formal; por eso sólo podemos multar y clausurar las veterinarias donde se cierra el trato y no hay una norma que sancione al profesional, siquiera para quitarle su matrícula”.

La presidenta del Colegio Médico de Veterinarios de Santa Cruz indica que todo médico veterinario solamente puede acreditar y cuidar el estado sanitario de los cuadrúpedos que arriban a su consultorio, además de brindar asistencia a criadores dedicados al “cruzamiento” y la compraventa de animales, empero, la tenencia y comercialización de éstos no se encuentran en el menú de sus atribuciones y, por lo tanto, los que incumplen ello operan en la ilegalidad.

¿Y las ganancias? Son varios los factores que determinan el precio de un perro con pedigrí; qué tan pura es su raza, su ascendencia e incluso si su amo es una celebridad. Para que los robados vuelvan a convertirse en mascotas, debe ser menores de cinco meses; y los que sobrepasan esta edad, generalmente son ofertados a criaderos para adoptar los papeles de sementales o incubadoras. Éstos últimos son muy requeridos porque su camada o descendencia garantizan buenos ingresos a sus propietarios.

La diferencia de cotizaciones de los canes que pertenecen a criaderos que operan con certificación internacional de los que son ofrecidos en el “mercado negro” es abismal. Por ejemplo, un golden retriever cotizado en Bs 2.000, puede ser comercializado en la 16 de Julio hasta en Bs 200; un bulldog inglés que cuesta $us 1.500, puede valer entre Bs 300 y 500 en la feria alteña, y un mastín napolitano tasado en Bs 2.500, puede ser ofertado hasta en Bs 200 en la urbe de El Alto.

Otro punto de encuentro entre ofertantes e interesados de perros de raza es la red de internet, que también puede ser frecuentado por las mafias de ladrones o por comerciantes ilegales. “Por motivo de espacio ofrezco a la venta dos pastores ingleses de tres años, a solo Bs 3.000 los dos, véalos como una inversión que recuperará con sus crías”, es uno de los anuncios que aparece en una página web. Estos enlaces tienen dos datos en común: el anonimato y un teléfono celular de contacto.

“Pero te pueden vender gato por liebre, es decir, un animal robado o que no corresponda a la raza ofertada”, advierte Del Carpio. En otros casos, el can ofrecido ni siquiera existe. Así le pasó a Cecilia Ascarrunz, que pretendía regalarle a su hija un cachorro bulldog inglés. “Llamé al teléfono del aviso y un señor me solicitó que cancelara Bs 1.200 y me enviaría al perro por avión. Pero desconfié y pedí a mi prima que verificara la dirección en La Paz, pero no halló la casa y el señor apagó el teléfono. Por poco pierdo mi dinero”.

Sanciones. En el país sólo se conoce de un detenido por la sustracción de mascotas. En marzo de este año, en el Módulo Policial del barrio del Plan Tres Mil de la capital oriental, Gary Paul fue acusado de integrar una red de rateros de canes de raza y fue remitido en junio a la penitenciaría de Palmasola. Se lo descubrió en poder de dos pastores alemanes y otro par bulldog ingleses, denunciados como extraviados por sus propietarios.

“Lo curioso fue que los animales fueron calificados como objetos, no por falta de sensibilidad sino porque no existen leyes que los defiendan”, recuerda Lenny Arancibia, que estuvo presente en la audiencia acusatoria. Otro problema es que la Policía alega que la averiguación del hurto de mascotas no está entre sus atribuciones, por ello no recibe las denuncias, lo que es subsanado por sociedades protectoras de animales que admite los carteles de de-  saparición y los cuelgan en sus paredes.

En octubre, la Sociedad Protectora de Animales Santa Cruz difundió un comunicado en su sitio web lamentando la futura liberación de Gary Paul, ya que el robo de canes no está tipificado como delito en el Código Penal. “Hay que complementar al artículo 350 (abigeato), donde se castiga a la persona que se apropia indebidamente de los ganados caballar, mular, asnal, bovino, porcino y lanar con una reclusión de uno hasta cinco años, hay que aumentarle el canino y felino”.

Tampoco las normativas municipales han logrado subsanar esta falencia. Y los entrevistados albergan la esperanza de que esto cambie con el proyecto de Ley de Protección y Bienestar Animal que espera el tratamiento de la Cámara de Diputados. Mientras que Álvarez, del Senasag de La Paz, ratifica que su institución no puede actuar de oficio en los casos de robo de mascotas, ya que deben ser oficializados con una denuncia escrita, y arguye que la Ordenanza Municipal 511/2005 le otorga la tuición de verificar el registro de identificación de animales, su tenencia, comercialización, tránsito y transporte.

Ni Negrito ni Perlita retornaron a sus hogares hasta que se concluyó este reportaje. Tal vez fueron víctimas de clanes de delincuentes que han convertido al hurto de canes en su especialidad. Como Carlos, el muchacho de la feria 16 de Julio con una cicatriz en su rostro, que hace poco remitió un mensaje al teléfono celular de la periodista de Informe La Razón: “Hola tengo 2 cachorros bull terrier machos no sé si te interesa”. Y ante la respuesta de la interesada señaló: “Cuánto me ofertas”.

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