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NIÑOS DE LADRILLO Explotación laboral en Alpacoma

Una de las 23 peores formas de explotación infantil, según la OIT, aún se practica en los cerros de arcilla de La Paz

Unos 192 niños de la escuela San Miguel de Alpacoma están  en situación de trabajo infantil en las cerca de 20 ladrilleras que hay en esa  zona paceña

Unos 192 niños de la escuela San Miguel de Alpacoma están en situación de trabajo infantil en las cerca de 20 ladrilleras que hay en esa zona paceña Fotos: Víctor Gutiérrez, Wara Vargas, Jorge Quispe y Archivo La Razón

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Hernán Quispe Condori

00:00 / 07 de abril de 2014

Si uno se atreve a preguntar por los niños trabajadores en las ladrilleras de San Miguel de Alpacoma, los vecinos se molestan y detienen en seco a los visitantes. ¿De dónde viene? o ¡Qué quiere!, preguntan. Pero pese al silencio, la preocupante realidad sale a flote. Félix Oruño, director de la unidad educativa San Miguel, revela, resignado, que seis de cada diez de sus estudiantes están en las ladrilleras.

A unos 30 minutos del centro paceño, en la frontera municipal de Achocalla y La Paz, los pobladores conviven con la falta de servicios básicos —alcantarillado y agua potable; no hay centro de salud y tampoco un mercado— y la proliferación de estas fábricas. Hace 30 años solamente habían tres, ahora pasan de la veintena, alimentadas, eso sí, con el gas natural que calienta los hornos donde piezas de arcilla se transforman en el material de construcción.

Esta zona—rodeada de pequeños cerros de greda y cuyo nombre deriva del vocablo aymara alpak’uma (alpaca limpia)— fue golpeada hace cuatro años por un deslizamiento activado por la inestabilidad de su suelo arcilloso, una cualidad que es clave para la explotación de la materia prima de los ladrillos. Una sola factoría del lugar puede producir 5.000 unidades cada semana.

Al llegar ahí —sea a través de El Alto, por Achocalla o el tramo final de la avenida Buenos Aires de La Paz— algunas tardes, pero particularmente los fines de semana, se observa a decenas de infantes que cargan las baldosas de arcilla en camiones. Otros participan de su elaboración durante la madrugada. La ladrillería es considerada una de las 23 peores formas de explotación infantil en el mundo, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que elaboró un compromiso global para erradicar estas prácticas, y a la que Bolivia se adscribió en 2002.

En la más reciente Encuesta de Trabajo Infantil (ETI), realizada en 2008 por del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio de Trabajo, se reveló que habían 848.000 niños, niñas y adolescentes, de entre 5 y 17 años, en situación laboral, y que 746.000 hacían labores peligrosas, entre ellas la fabricación de las piezas de arcilla.

“Por 1.000 ladrillos cargados o descargados nos pagan Bs 20”, avisa tímidamente un pequeño detrás de una gorra. En una semana, de lunes a viernes, uno de ellos podría ganar Bs 100. El dueño del negocio cobrará en promedio, según la calidad del producto, Bs 1 por cada pieza. La mano de obra infantil es más barata y eso lo saben los empleadores de las ladrilleras porque los adultos cobran hasta Bs 80 por el mismo trabajo de descargar las baldosas.

“Ésta es una muestra de la explotación laboral que sufren niños y adolescentes”, señala Lidia Veravendy, jefa de la Unidad de Derechos Fundamentales del Ministerio de Trabajo. Hay que sumar que los pequeños trabajadores laboran sin las mínimas condiciones de seguridad —no utilizan cascos, gafas, botas ni ropa de trabajo— y sufren de afecciones respiratorias provocadas por el polvillo de arcilla; los problemas lumbares y de manos callosas.

Gonzalo M., quien posee una ladrillera, asegura que no tiene menores trabajando en su empresa. “No tenemos niños trabajando, eso está prohibido”, afirma rotundo.Cuando se pregunta a los vecinos sobre los niños que trabajan en las ladrilleras, una madre atribuye a la falta de recursos. “Los niños son arrastrados al trabajo, por la pobreza. Imagínese nomás, cuánto cuestan los útiles para el kínder, son carísimos”,  responde una señora de la zona.

El director del colegio San Miguel, Félix Oruño, comenta que en sus aulas hay niños que llegaron de Beni, Santa Cruz, Potosí y Yungas, cuyos padres han sido empleados de las fábricas de ladrillo de Alpacoma.

El centro educativo tiene 320 estudiantes, de los que 110 están en la promoción 2014; el resto está en niveles, primario y secundario. “De cada diez niños, seis por lo menos, entre quinto y sexto de primaria, están en las ladrillerías”, explica preocupado. Calcula que por lo menos 192 de los 320 niños, que asisten a San Miguel, están involucrados en esta actividad productiva.

“Los chicos les dicen a los dueños: ‘te ayudaré’, y así comienzan”, añade Oruño. El anterior año, 130 alumnos estuvieron en las aulas del último año del bachillerato. Este año, 110 están en ese curso. La merma preocupa al director del establecimiento que llegó a proponer facilidades para que los adolescentes puedan continuar estudiando sin tener una presencia permanente en sus cursos, “pero con la condición de que deban estudiar (unas fotocopias) para dar los exámenes”. La idea no generó resultados porque solo respondió un estudiante.

JAIME. “Tengo 12 años y trabajo desde mis cinco”. Así se presenta Jaime, cuyo nombre real queda en reserva. Cuenta que en febrero, antes del inicio del año lectivo, viajó a Oruro para emplearse en otra empresa de ladrillos. Sus padres lo buscaron en La Paz con afán hasta que retornó a Alpacoma.

Pese a su corta edad, Jaime habla con la madurez de un experimentado transportador de ladrillos. “Sí, estuve en Oruro, soy capo en cargar y descargar ladrillos, y casi todos los de mi curso trabajan en las ladrilleras”, añade. La desaparición de Jaime, puso en vilo a la comunidad escolar de San Miguel y hasta la Policía lo buscó.

Aunque el niño no lo quiso admitir, sus amigos dicen que se molestó cuando los uniformados dieron con él para traerlo a La Paz. “Yo estaba trabajando bien en Oruro”, insiste.

En Bolivia, según el actual Código Niño Niña y Adolescente, el Convenio 182 de la OIT y la Ley General del Trabajo, la edad de admisión en el mundo laboral cuenta desde los 14.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 7 DE ABRIL JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

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