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Oruro - La simbiosis entre el bien y el mal, el alma del Carnaval

La intimidad del Carnaval de Oruro cuenta con leyendas, mitos, ritos y fe religiosa. De eso se jactan quienes bailan por la Virgen del Socavón.

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

18:21 / 13 de febrero de 2012

C ae la tarde y una nube oscura precede a la lucha entre Huari y la Ñusta. Entre truenos y rayos como espadas de plata, la mujer se impone sobre el maldito dios, al que el pueblo Uru le había perdido obediencia, pleitesía y tributos.

Ante tan evidente poderío de la mujer, el hombre manda en venganza una víbora para someter al pueblo. La Ñusta pelea con la serpiente y la decapita. Hoy, el cuerpo del monstruo yace en forma de rocas en la cresta del cerro Chiripujio, al suroeste de Oruro, donde todos los primeros viernes la gente va a libar alcohol y cerveza, y a ofrendar incienso, k’oa, tablillas de azúcar y vino dulce en agradecimiento por los favores recibidos.

Así también fue la suerte de las otras plagas: el gigante sapo fue convertido en figura de piedra en la zona de San Pedro (hace varios años, los militares destruyeron la roca), al norte de la ciudad, y las hormigas en dunas de arena, en el contorno de la capital. Ahora son lugares de ofrendas a la Pachamama el Miércoles de Ceniza y el Domingo de Tentación.

A su turno, los historiadores José Víctor Zaconeta, Vicente Terán Erquicia y Mario Zamudio Durán compilaron historias orales que, al final, dieron contenido a la mitología del Carnaval de Oruro.

Fabricio Cazorla, otro estudioso del fenómeno cultural, dice que esa conjunción de “elementos simbólicos”, creada en la conciencia social en distintas épocas de la historia, le dio un matiz especial a la fiesta de Oruro, a los que se han asociado también elementos católicos: la Virgen y el diablo. Es la intimidad de las fiestas.

Implica la lucha entre el bien y el mal es que sustenta la simbiosis andina y católica: la Ñusta es la misma Virgen de Candelaria, benefactora y protectora, y Huari, el diablo, el ser maléfico. O la Pachamama (la Madre Tierra) y el Tío (figura de diablo con falo en las minas de Oruro y Potosí), de cuya relación mítica germina la riqueza minera.

Leyenda. La tradición oral de la antigua Real Villa de San Felipe de Austria, como se llamaba Oruro en la Colonia, atribuye al Nina Nina el descubrimiento de la imagen de la Virgen de la Candelaria pintada en la pared de un solar (capilla) en las faldas del cerro Pie de Gallo, donde ahora se encuentra erigido el templo del Socavón.

Aquél era Anselmo Belarmino, un malhechor que un día se robó a la hija del tendero de Conchupata (hoy El Faro) Sebastián Choquiamo, Lorenza. En su afán de recuperar a su primogénita y evitar que ésta enamore con el sujeto, el celoso padre le dio una fuerte paliza al hombre hasta dejarlo moribundo.

En sus escritos literarios, Zaconeta dice que inexplicablemente Nina Nina apareció en el sanatorio (hoy hospital San Juan de Dios). Una mujer lo había auxiliado. En 1789, Carlos Borromeo Mantilla era el cura del rancherío minero, fue el encargado de ofrecerle la extremaunción del hombre. El párroco “recibió confesión del paciente, quien en esos supremos momentos de agonía y teniendo aún clavada en la garganta su propia daga, expuso que él era devoto de una Virgen de la Candelaria que existía en un solar abandonado de la ciudad, y a cuya imagen dedicaba todos los sábados una vela”, dice un extracto de la novena escrita por el cura Emeterio Villarroel.

A partir de entonces, desde el Sábado de Carnaval y durante tres días seguidos, los vecinos comenzaron a peregrinar al solar abandonado en la bocamina de Pie de Gallo y La Tetilla. Fueron los mineros quienes primero supieron del descubrimiento y se organizaron en romerías ante la Virgen de la Candelaria, que desde esa vez se llamó Virgen del Socavón.Chiru chiru. Cuándo lo habrá creado el imaginario popular si casi tiene la misma facha que Nina Nina. Se dice que Chiru Chiru era el otro apodo de aquél. Frabricio Cazorla dice que ambos nombres corresponden al mismo personaje, en distintas épocas.

A este personaje urbano se le describe como un mendigo harapiento cuya cabellera sucia se parecía al nido de un pájaro del mismo nombre: chiru chiru.

Era un indigente en la villa, que vivía en los alrededores del cerro Pie de Gallo. Un día fue descubierto por unos vecinos tirando piedras a la vivienda de un rico de la ciudad. Los matones de éste lo golpearon también hasta dejarlo moribundo.

Dicen los relatos de la época que el hombre fue encontrado muerto en el solar de la Virgen de la Candelaria, a los pies de la imagen divina. Unos cirios a medio arder develaron que Chiru Chiru era creyente de la santa.

Así, se cree que fue uno de los primeros devotos de la Virgen del Socavón. En la tradición del Carnaval de Oruro estos relatos son muy recurrentes.

La religión católica halló espacio en los ciclos agrario y ritual andinos

Qué vino primero, la Pachamama o la Virgen? Obviamente, la religión andina tuvo la primera incidencia en el Carnaval de Oruro, con los ciclos productivos y las lluvias; la católica encontró espacio en el tiempo con la llegada de los españoles a América.

Las celebraciones coinciden con las ceremonias agrícolas, propias del altiplano y los valles bolivianos. En fiesta urbana en los andes, experiencias y discursos del Canaval de Oruro (CEPA, 2011), Marcelo Lara Barrientos y Ximena Córdova dicen que la Colonia introdujo “el calendario festivo cristiano-católico, acomodándose sobre la estructura de los ciclos productivo y ritual andinos”.

Precisamente, las fiestas del Carnaval se celebran en el tiempo en que germinan los frutos, la época de lluvias y las primeras cosechas. Es decir, entre el tiempo posterior de Todos Santos, 1 y 2 de noviembre, y el día de la Virgen de la Candelar, 2 de febrero. Como se sabe, el Carnaval se inicia el primer domingo después de los tributos a los muertos, con el llamado primer convite.

Rituales. El 2 de noviembre, en las comunidades rurales, las autoridades y los vecinos hacen ofrendas a la Pachamama e inician los preparativos del Carnaval. Reaparecen la tarka o el pinquillo en las festividades, instrumentos embocados (a diferencia de las zampoñas) típicos de la época de las lluvias.

Pasarán luego las ceremonias católicas de San Andrés (30 de noviembre) y del Año Nuevo occidental, muy asociadas a los ritos andinos de espera de lluvias y, consiguientemente, de buenas cosechas.

En la ciudad, los sábados, hasta el día de la peregrinación al Santuario de la Virgen del Socavón, estarán dedicados a las novenas en honor de la patrona.

La diferencia es que todos los ritos a la Pachamama o al Tío de la Mina se celebran los viernes, hasta el día previo de la Entrada de Carnaval. Estas costumbres se alargan hasta el Viernes Santo, el final de la cuaresma católica.

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