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PROFECÍAS MAYAS

El vaticinio del fin del mundo del 21 de diciembre se basa en el calendario de ‘cuenta larga’ de esta civilización milenaria.

La Razón (Edición impresa) / Miguel Gómez/Milenka Villarroel/Erick Ortega.

00:00 / 17 de diciembre de 2012

Científicos inigualables, matemáticos precisos, astrónomos misteriosos... los antiguos mayas midieron el tiempo y el movimiento de los cuerpos celestes con exactitud envidiable. Un currículum que ha servido para que cofradías y expertos vaticinen que el final de los tiempos será dentro de cuatro días, el viernes 21 de diciembre.     

Por ello, esta civilización, que alberga una historia calculada en más de tres milenios, copa la atención del orbe. Cultura que se extendió por gran parte de la región de Mesoamérica, donde yacen los territorios de México, Guatemala, Belice, Honduras y San Salvador. Censos recientes señalan que actualmente más de cinco millones de personas hablan algún idioma de la familia lingüística mayance. Y sus antepasados no solamente crearon un sistema numérico que contenía el cero (0), sino que fueron especialistas en la agricultura, la medicina y la arquitectura.

El arqueólogo mexicano Daniel Juárez explica a Informe La Razón que la cosmovisión maya señala que el mundo fue creado por los dioses, al igual que el ser humano que es fruto del maíz, tras los intentos fallidos con el barro y la madera, y después de mezclar el grano con la sangre de dos animales: el tapir, como alegoría de la tierra, y la serpiente, como energía generadora de vida. Aparte, la existencia de esta civilización se basaba en los ciclos cósmicos.

Esta necesidad llevó a que los mayas se dediquen a observar el cielo con detenimiento. Tanta fue su meticulosidad que determinaron eclipses lunares y solares, la posición de estrellas, o los ciclos del Sol y de los planetas Venus, Mercurio, Saturno. Armaron observatorios astronómicos de piedras, que guardan parecido con los telescopios usados en la modernidad. Y su obsesión por medir el tiempo se tradujo en la confección de sus precisos calendarios.  

Uno era el Ritual o Tzolkin, con 260 días de fiestas religiosas, repartidos en 13 meses de 20 días, cada uno; albergaba una especie de zodiaco en el cual cada jornada representaba a un ser sobrenatural. Otro era el Solar, Agrícola o Haab, que constaba de 18 meses de 20 jornadas, cada uno, que en conjunto sumaban 365 días. “La combinación de ambos calendarios equivalía a 52 años solares o 73 años rituales y era conocida como Rueda Calendárica”, expone Juárez.

Todo esto fue descubierto mediante el estudio de códices o manuscritos mayas que sobrevivieron a la conquista española consumada en el siglo XVII, sobre todo el hallado en la ciudad alemana de Dresde. Aparte, una estela o piedra tallada, fragmentada en seis trozos, llamada Monumento 6 de El Tortuguero (México), ha validado otro calendario, el de “cuenta larga” o 13 Baktún, de 5.125 años, que marca el origen de las teorías apocalípticas contemporáneas.

Este calendario empieza el 13 de agosto del 3114 antes de Cristo y finaliza el 21 de diciembre de 2012 de nuestra era —justo un periodo de 5.125 años—, en pleno solsticio de verano austral, dando final al cuarto ciclo del mundo y que involucraría un cambio drástico para el ser humano y la Tierra.

Incluso, se pronostica que ese día, después de más de 25 mil años, el Sol estará alineado en el centro de la vía láctea.

Ello derivó en que desde el siglo XX aparezcan movimientos espirituales (como el New Age) y expertos que recurrieron —y aún lo hacen—  a la publicación de libros y la proliferación de discursos que plantean siete profecías supuestamente atribuidas a los mayas, además de catástrofes que desembocarán en el temido apocalipsis.

La primera profecía indica que cada 5.125 años un rayo que nace en el eje galáctico atraviesa el Sol y provoca en éste cambios bruscos que afectarán a la Tierra, para los cuales el hombre debe prepararse, para impulsar la armonía con la naturaleza y el cosmos. Y habla del tiempo del “no tiempo”, de grandes aprendizajes, que abarca las dos décadas previas a 2012.

La segunda sostiene que desde el eclipse solar del 11 de agosto de 1999, la humanidad cambiará radicalmente tras enfrentarse a sus miedos y odios, para elegir el camino del bien o del mal. La tercera presagia un aumento de la temperatura global que acarreará desastres. La cuarta anuncia el derretimiento de los polos, por lo que el agua de los océanos se engullirá a gran parte de los continentes. La quinta postula el colapso de los sistemas económico, político y social en el orbe. La sexta establece la colisión de un cometa con la Tierra, que derivará en un cataclismo. Y la última es más un mensaje, que advierte que el hombre puede evitar todo esto en los 13 años que anteceden a 2012, reformando su pensamiento, hallando la paz interior y adquiriendo una conciencia cósmica.

¿Todo lo expuesto significa el acabose de la vida en el planeta? ¿El inicio de la quinta etapa del mundo en esta cosmovisión es una de renovación o una de hecatombe? Los mayas creían que la Tierra se destruyó en varias ocasiones y que en cada “renacimiento” el ser humano era perfeccionado por los dioses. Entonces, ¿qué nuevo hombre nacerá este 21 de diciembre? Solamente queda esperar la fecha.

El siete (7) es un símbolo de perfección

No es gratuito el surgimiento de siete profecías mayas, ya que este número (7) es asumido como “perfecto” o “completo” por religiones y estudiosos.

No en vano siete eran los grandes sabios de Grecia, o la semana tiene siete días, o siete son las notas musicales, o siete son los colores del arcoíris, o que la Osa Mayor posea siete estrellas.

La numerología sostiene que el siete gobierna la ley cíclica del tiempo y es emblema de las siete edades del hombre; “simboliza la ruptura de lo natural con lo espiritual, la liberación, la reacción y la separación”, publica el portal www.perfil.com. Para los teósofos, es el número del universo porque los ciclos cósmicos están gobernados por los siete rayos por los que fluye todo lo que hay bajo el Sol.

Los hindúes postulan siete ramas del saber, siete ciudades sagradas de peregrinación y siete centros de energía o “chakras”. De acuerdo con la Cábala de los judíos, el siete representa la “ley divina que rige el universo”. La Iglesia Católica reconoce siete sacramentos, siete pecados capitales y siete virtudes. Y entre los masones, una logia es “perfecta” si tiene siete integrantes.

Para la civilización maya, un número sagrado era el 13, ya que 13 fueron las deidades que crearon el hombre, 13 sus demonios y 13 el número de meses de su calendario ritual. Por ello, aquellos que plantean la desaparición del mundo para el 21 de diciembre, arguyen que el Oxlajuj Baktun o “13 Baktún”, periodo de 5.125 años que se cumple en esa fecha, es el día del apocalipsis del orbe.

El libro sagrado maya Popol Vu habla de cuatro etapas que vivió el mundo; de la Tierra dominada por los animales a la era actual del ‘hombre de maíz’

El primer ciclo tuvo a los animales como monarcas

Los dioses crearon los animales, pero fueron destruidos por su falta de raciocinio. Se relaciona este pasaje con la desaparición de los dinosaurios, a causa de la colisión de un meteorito.

Los ‘hombres de barro’ que hizo desaparecer el diluvio

Las deidades amasaron el barro para crear al hombre, pero al notar su imperfección, los extinguieron con una gran inundación. Este pasaje guarda semejanza con el diluvio universal.

Los seres humanos que no rindieron culto a los dioses

Los dioses hicieron al hombre con madera, pero se desilusionaron porque no les adoraban y los convirtieron en monos. Este pasaje es comparado con la teoría de la evolución humana.

El cuarto ciclo de los ‘hombres de maíz’

Las deidades crearon al hombre con el maíz, que fue mezclado con la sangre de dos animales: el tapir, como alegoría de la tierra, y la serpiente, como energía generadora de vida.

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