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El Papa que no pudo con el poder terrenal

Nació en un insignificante pueblo de Alemania, perteneció a las juventudes hitlerianas, fue el “ejecutor” de Juan Pablo II y un teólogo único y ultraconservador 

La Razón / Miguel E. Gómez Balboa

00:00 / 11 de marzo de 2013

Se puede decir que Benedicto XVI tiró la sotana el 11 de febrero. Alegó falta de fuerzas para su renuncia, pero no se cansó de lanzar mensajes directos y encriptados hasta el jueves 28, cuando se efectivizó su dimisión, para hacer notar que la Iglesia Católica vive en pecado.

Joseph  Aloisius Ratzinger Rieger nació hace 86 años, el 16 de abril, en Marktl am Inn, una localidad insignificante de la ciudad alemana de Bavaria, cerca del río Inn. Es hijo de un gendarme que predicaba el catolicismo a rajatabla, al igual que su esposa. Fue bautizado en la humilde iglesia del pueblo, pila bautismal que hoy se ha convertido en todo un atractivo turístico y centro de peregrinaje de feligreses de su religión.

Las enseñanzas, y tal vez también los genes, de sus progenitores le llevaron al Seminario de San Miguel, donde realizó sus estudios. No obstante, su adolescencia fue marcada por un hecho que delineó con rojo su currículum; algo que todavía le hacen recuerdo sus detractores. Es que el joven Joseph perteneció a las juventudes hitlerianas de la Alemania nazi, en los últimos años de la Segunda Guerra Mundial (1939 - 1945).

Durante el conflicto bélico tuvo que dejar su camino escolar para pertenecer a una unidad antiaérea en Münich. Él alegó que fue algo forzado, una medida que recayó en varios muchachos, tomada por el Gobierno alemán de entonces ante el aniquilamiento de sus soldados. Incluso fue prisionero del Ejército estadounidense. Pero, según sus seguidores, esa experiencia le abrió los ojos para convencerse de que el Vaticano debía ser un vocero de la verdad y la libertad.

Fue así que en 1946 se sumergió en las enseñanzas de la teología, en el Seminario de Freising, donde descolló por su vocación e inteligencia. Cinco años más tarde se ordenó como sacerdote, a la par de su hermano Georg, quien conformó el coro de Los Gorriones de Regensburg, que se convirtió en uno de los mejores de su natal Alemania. Luego, Joseph se dedicó a dictar cátedras y ascendió a obispo y, posteriormente, a arzobispo. El ansiado cargo de cardenal le llegó en 1977.

Unos resaltan su generoso espíritu cristiano y otros aseguran que es un cura de temer, que luchó por suprimir la discusión sobre los lineamientos conservadores de la Iglesia Católica y por silenciar a los disidentes internos. En esta concepción mucho tiene que ver el nombramiento que le llegó en 1981 por parte del papa Juan Pablo II, para dirigir la temida Congregación para la Doctrina de la Fe. 

Este organismo de la Santa Sede recibió en su momento el denominativo de Santa Inquisición de la modernidad. Desde allí, Ratzinger se puso el hábito para actuar como guardián de la ortodoxia, a pesar de haber sido uno de los fervientes impulsores del Concilio Vaticano de los años 60, que abogó por una entidad eclesiástica más abierta para el mundo, el ecumenismo e incluso mediante la celebración de las misas: de frente a los fieles, más participativas.

Es decir, en la Congregación para la Doctrina de la Fe se encaminó en sentido contrario. Por ello, su primera campaña fue contra la Teología de la Liberación en suelo latinoamericano, para restringir la proliferación de los sacerdotes-políticos. Uno de los casos más conocidos es del teólogo brasileño Leonardo Boff, uno de los fundadores de esta corriente y exalumno de Ratzinger, quien fue silenciado durante un año en 1985.

VERDUGO. Juan Pablo II lo tuvo como su “amigo de confianza” y, por esto, sus críticos catalogaron a Ratzinger como el “ejecutor del Papa”, su “verdugo”. Desde la Congregación, expuso su pensamiento ultraconservador, postulando de que la Iglesia Católica debe mantener una dirección centralizada, calificó a la homosexualidad como un mal moral intrínseco y se ha manifestado en contra del aborto y la contracepción. 

Ratzinger tenía previsto jubilarse para dedicarse a la escritura de textos religiosos y teológicos, pero sacrificó  su deseo por lealtad, ante los pedidos de Juan Pablo II. Ello explica que haya sido una de las pocas personas que estuvo en el lecho de muerte de este Pontífice, el 2 de abril de 2005, y presidió la misa durante su funeral. Y 17 días después fue electo en el cónclave como el Papa número 265, tras cuatro rondas de votación.

En sus ocho años de mandato, lidió contra las denuncias de pedofilia contra la curia, la corrupción moral y económica al interior de la Santa Sede y la pugna de poderes. Uno de sus actos más destacados ocurrió el año pasado, cuando fue el primer Pontífice que visitó Cuba. “Su pontificado fue de claroscuros, más que un Papa de transición fue de continuidad”, señala a Informe La Razón el experto mexicano Bernardo Barranco.

“Es una figura de frontera, tiene un pensamiento que no es fácil de catalogar, por eso a veces hay gente que lo considera conservador”, comenta el especialista boliviano Jorge Velarde. Hoy, Benedicto XVI ha vuelto a llamarse Joseph Ratzinger. Es Papa Emérito, un “simple peregrino” que se dedica a la oración, primero en el Palacio de Castel Gandolfo, y luego, en un monasterio sobre las colinas del Vaticano. Alejado de ese poder del mundo terrenal que lo dejó sin fuerzas.

Las cinco causas de su retiro

1. Benedicto XVI alegó que ya no tiene fuerzas por su avanzada edad para continuar en su cargo. El anuncio, en latín, provocó un terremoto de sorpresas y polémica el 11 de febrero. “En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la Barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu”, comentó en un comunicado.La salud del Papa es la principal causa esgrimida para su decisión. Su historia clínica señala que sufrió difteria cuando era niño, que tiene hipertensión, cansancio, dos accidentes cerebrovasculares, artrosis en el 50% de su cadera, problemas de visión en su ojo derecho y de movilidad. Incluso se reveló que lleva un marcapasos durante una década. No obstante, hay quienes piensan que, tal vez, sus fuerzas se acabaron por los escándalos protagonizados por la Curia.

2. Los abusos sexuales, sobre todo de menores, en los que se hallan envueltos hombres fuertes de la Iglesia Católica es otra de las razones manejadas para que Benedicto XVI haya dado un paso al costado. Según informes de la Conferencia de Obispos estadounidenses, más de 6.100 curas fueron acusados de pedofilia desde 1950, los que provocaron 16 mil víctimas identificadas y más de $us 2.500 millones destinados a la defensa en los estrados judiciales y tratamientos.

El ahora exlíder de la Santa Sede fue acusado de no haber hecho nada contra este flagelo durante los 24 años que dirigió la Congregación para la Doctrina de la Fe. No obstante, cuando asumió como Sumo Pontífice, fue el primero en la historia que manifestó su vergüenza por lo sucedido y se reunió con los damnificados; más aún, admitió los pecados de la Iglesia y presionó para la renuncia de varios obispos involucrados. Es posible que todo esto le haya pasado factura.

3. La corrupción que ha contagiado a altas esferas de la Curia es otra de las hipótesis en la mesa. Ésta involucra, sobre todo, al Instituto para las Obras de Religión, nombre oficial del polémico Banco del Vaticano, acusado de blanqueo de dinero y nexos con los servicios secretos, clanes de mafiosos y logias masónicas del orbe. Dispone de fondos por un valor estimado en $us 6.400 millones y goza de privilegios para evitar el control de sus controvertidas finanzas.

La entidad es hoy objeto de investigaciones. A ésta sólo pueden acceder integrantes del clero, de las órdenes religiosas, los diplomáticos y los asistentes del Pontífice. Entre sus clientes figuran 1.660 obispos, 2.700 congregaciones, 2.000 diplomáticos y 1.610 monjas. Un hecho llamativo es que antes de dejar su cargo, Benedicto XVI nombró al alemán Ernst von Freyber como nuevo presidente de este banco; a pesar del desagrado de miembros de la jerarquía católica.

4. El escándalo Vatileaks estalló el año pasado y puso entre las cuerdas a los altos cargos del Vaticano. El robo y filtración de documentos reservados del Papa involucró a su mayordomo, Paolo Gabriele, y Claudio Sciarpelletti, informático de la Secretaría de Estado, que fueron condenados a penas mínimas. La información intentó ser mantenida en secreto, pero ello quedó en ilusión, ya que el libro Su Santidad, de Gianluigi Nuzzi, publicó un buen trozo de ella.

Corrupción, prevaricación y mala gestión en la administración vaticana. Banqueros con túnicas que se preocupaban de sus bolsillos y que dejaban pérdidas económicas para las auditorías. Instituciones vaticanas que realizaban gastos sin control. Y hasta un complot para asesinar a Benedicto XVI. Son algunas revelaciones que fueron conocidas por el mundo terrenal. Sin embargo, éste fue un golpe asumido por el Sumo Pontífice, porque llegó desde su esfera de confianza.

5. El “lobby gay” es una de las causas de la abdicación de Benedicto XVI que ha adoptado fuerza. Dos medios de comunicación italianos publicaron que el Pontífice tomó su decisión de abandonar la basílica de San Pedro tras conocer un informe ultrasecreto de 300 páginas que fue encomendado a tres longevos cardenales y que describe las luchas intestinas en la Curia Romana por el poder y el dinero, y el sistema de chantajes basados en “debilidades sexuales”.

Esto último involucra a un grupo de autoridades eclesiásticas unidas por su orientación sexual, lo que provocó que la palabra homosexualidad sea por primera vez pronunciada en el apartamento papal. La trama fue negada por la jerarquía de la Iglesia Católica. No obstante, cardenales que asistieron a las previas del cónclave para elegir al sucesor de Benedicto XVI, exigieron conocer la documentación, mientras que el expapa señaló que lo hará conocer sólo a su heredero.

Las controversias y escándalos que protagonizó Ratzinger

Benedicto XVI alimentó controversias y escándalos en el camino de su papado de ocho años. El primero sacó ampollas a poco más de un año de su mandato, cuando en mayo de 2006, en el excampo de concentración y exterminio polaco de Auschwitz, donde operó la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), atribuyó la responsabilidad de la masacre implementada por los dirigidos por Adolf Hitler a “un grupo de criminales” que abusaron del pueblo bávaro para servirse de él “como instrumento de su sed de destrucción y de dominación”. La polémica estalló por esta frase que pareció liberar de culpa por el Holocausto judío al país del que proviene Joseph Ratzinger.

Cuatro meses después, las opiniones del Sumo Pontífice estarían teledirigidas a los seguidores de Alá, del Islam, una de las principales “enemigas” de la Iglesia Católica, cuando en una conferencia en la ciudad alemana de Ratisbona sobre los vínculos entre la fe y la razón, recurrió a una cita de un emperador bizantino del siglo XVII que enlazaba a esta religión abrahámica con la violencia, lo que desembocó en un ambiente de indignación en el mundo musulmán y el mea culpa del Papa, que llamó al diálogo entre religiones, con el respeto de las diferencias, según un listado elaborado por la agencia AFP.

América. El tercer alboroto por una declaración de Benedicto XVI llegó en mayo de 2007. Durante su visita a Brasil, aseveró que la evangelización de los pueblos autóctonos de América “no conllevó en ningún momento una alienación de las culturas precolombinas y no impuso una cultura extranjera”. O sea, guardó silencio sobre las matanzas que acompañaron a la predicación de la fe de Jesucristo en el antiguo territorio americano. Días después, tras haber quedado mal parado, el Sumo Pontífice recién evocó los “sufrimientos e injusticias” de estas poblaciones durante la conquista ibérica del continente.

Luego, adoptando la línea más clásica del catolicismo, resucitó la idea del infierno de entre las cenizas esparcidas por Juan Pablo II. “Existe y es eterno para los que cierran su corazón al amor de Dios”, planteó, cuando su antecesor había vinculado a éste como una “situación espiritual metafórica”. Más aún, tras años de debate, el Vaticano resolvió eliminar el concepto de “limbo”, un lugar “sin tormento pero alejado de Dios” al que eran destinados los recién nacidos que no recibieron el sacramento del bautismo. Incluso, Ratzinger postuló que el purgatorio no es un lugar del espacio, del universo, “sino un fuego interior, que purifica el alma del pecado”.

Holocausto. Para ratificar su tendencia tradicionalista, en julio de 2007 liberalizó por decreto la misa en latín, con sacerdotes de espaldas a los fieles y sin el saludo de la paz, que estuvo en vigencia antes de la reforma progresista del Concilio Vaticano II, lo que preocupó a los eclesiásticos que impulsan cambios.

Dos años más tarde, en enero, Benedicto XVI emitió otro decreto controversial, que levantó la excomunión de un cuarteto de obispos integristas, entre ellos el británico Richard Williamson, que mantuvo posturas negacionistas del Holocausto judío por los nazis. Ello derivó en una rectificación de la Santa Sede, por las críticas que llovieron de la población judía y de los católicos.

Eso no fue todo. En marzo de 2009, el Sumo Pontífice también provocó polémica desde el cielo, cuando en un avión que lo trasladaba a África, comentó que no se podía “arreglar el problema del sida (...) con la distribución de preservativos” que, “al contrario, agravaban el problema”; la indignación se extendió y fue planteada por políticos y representantes de asociaciones civiles del orbe. Y en diciembre, Ratzinger proclamó venerable al papa Pío XII (1939-1958), cuestionado por su mutismo durante el Holocausto judío. Pero desde 2010, el líder de la Iglesia fue el que recibió las noticias escandalosas con las denuncias de pedofilia y el enigmático lobby gay, un informe de más de 300 páginas que sólo conocen él y tres ancianos cardenales. Una muestra más de que el Vaticano no es una taza de leche.

Los ocho pontífices que renunciaron a su mandato

Clemente I (88-97)

No se conoce su nombre ni su fecha de nacimiento, pero fue obispo de Roma, y por ello, el cuarto papa reconocido por la Iglesia Católica. Fue exiliado por el emperador Trajano y arrojado al mar con un ancla al cuello; aunque antes, declinó a favor de Evaristo, para que guíe a los feligreses.

Ponciano (230-235)

Tampoco se tiene datos de su identidad y nacimiento, salvo que era italiano. Abdicó a favor de Antero. Es catalogada la primera renuncia papal sustentada por documentos históricos. Fue azotado hasta la muerte, junto al antipapa Hipólito, que protagonizó la primera cisma vaticana.

Silverio (536-537)

Fue obligado a ceder a Vigilio la silla de San Pedro, tras la presión de Teodora, la esposa del emperador bizantino Justiniano I. Fue desterrado y tras su regreso a Italia, Teodora ordenó su reclusión en la isla de Palmarola, donde falleció. Posteriormente resultó beatificado y santificado.

Benedicto IX (tres períodos)

Nacido en Roma, Teofilacto ocupó a los 14 años el cargo de Papa (1032 - 1044) y luego en otras dos ocasiones (marzo a mayo de 1045 y 1047 - 1048). Renunció en su segundo mandato, después de vender su cargo a Gregorio VI por 1.500 libras de oro, para poder casarse.

Gregorio VI (1045-1046)

El romano Giovanni Graciano Pierleoni fue el Papa 148 de la Iglesia Católica. Compró su cargo a Benedicto IX, quien intentó luego recuperarlo. Gregorio VI no contaba con el apoyo del rey alemán Enrique III, quien lo obligó a abdicar y lo desterró a Colonia, donde falleció.

Celestino V (1294)

Pietro Angeleri di Murrone era italiano y se convirtió en el Papa 192 de la historia, cuyo pontificado duró de agosto a diciembre de 1294. Dimitió para retomar su vida ermitaña. Su sucesor Bonifacio VIII quiso que lo acompañara, y ante su negativa, lo hizo encarcelar y murió en 1296.

Gregorio XII (1406-1415)

Nacido en la ciudad de Venecia, Angelo Correr padeció el llamado Cisma de Occidente, cuando hubo tres papas: Gregorio XII, en Roma; Benedicto XIII, en Avignon, y el “antipapa” Juan XXIII. Los tres fueron forzados a abdicar por el emperador Segismundo, pero sólo lo hizo el primero.

Benedicto XVI (2005-2013)

El alemán Joseph Ratzinger presentó su renuncia el 11 de febrero de este año, alegando su avanzada edad (85 años) y su falta de fuerzas. No obstante, se han manejado otras hipótesis para su decisión, como los casos de pederastía y de corrupción económica y moral en la Iglesia Católica.

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