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Pontífices con luces y sombras

Así reza uno de los episodios de la Biblia, uno de los que certifica el nombramiento del primer Papa de la Iglesia Católica: el apóstol San Pedro, que inició una religión que hoy tiene casi 1.200 millones de fieles repartidos por el orbe. Que posee a su Santa Sede en la ciudad del Vaticano.

La Razón

00:00 / 11 de marzo de 2013

Él les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo: que Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos, y todo lo que ates en la tierra, estará atado en los cielos; y todo lo que desates en la tierra estará desatado en los cielos. (San Mateo 16, 15-19)

Así reza uno de los episodios de la Biblia, uno de los que certifica el nombramiento del primer Papa de la Iglesia Católica: el apóstol San Pedro, que inició una religión que hoy tiene casi 1.200 millones de fieles repartidos por el orbe. Que posee a su Santa Sede en la ciudad del Vaticano. Y que en su historia guarda relatos de pontífices que dejaron luces y sombras en su mandato.

Primero, desde San Pedro hasta Benedicto XVI hubo 265 vicarios de Cristo ataviados de legitimidad. La supremacía italiana resalta: 212 fueron de esa nacionalidad y de los 53 restantes: 17 fueron franceses, 11 griegos, seis sirios, seis alemanes, tres españoles, tres africanos, dos de la antigua Dalmacia, un portugués, un inglés, un holandés, un cretense y un polaco.

Sombras. Si bien no hay documentos que avalen ello, se asume que el pontificado más largo pertenece a San Pedro, con 34 años. En el campo de los datos fiables, el récord lo tiene Pio IX (1846 - 1878), con 32 años, seguido  por su sucesor, León XIII (1878 - 1903), con cuarto de siglo. Mientras que en la contracara está Urbano VII (1590), que sólo duró 12 días.

El Papa más joven que tomó el liderazgo del catolicismo fue Benedicto IX, quien en 1033 asumió el cargo con sólo 14 años de edad (otros alegan que tenía 12), y el más longevo fue Paulo IV, quien poseía 80 años y gobernó de 1555 a 1559. Más todavía. El nombre más repetido por los pontífices es Juan (22 veces) y más abajo se encuentran los de Gregorio (16), Benedicto (15), Clemente (14), Inocencio (13), León (13) y Pío (12).

Hubo papas polémicos, sobre todo en la antigüedad. Adriano II llegó al trono en 867, rondando los 80 años de edad. No importó que estuviera casado y tuviera una hija, el clero y el pueblo romano apoyaron su designación. No obstante, ocultó a su familia para evitarle problemas y esquivar críticas; pero ello no impidió que la asesinen sicarios del hermano del antipapa Anastasio. Falleció en 872.

Un caso llamativo fue Esteban VI (896 - 897) quien impulsado por el odio a su antecesor, Formoso, hizo exhumar su cadáver, ordenó que lo ataviaran con los ornamentos papales, lo sentó en el trono y lo enjuició. Este acto recibió el nombre de “concilio cadavérico”. El cuerpo sin vida fue declarado culpable y, luego, descuartizado. Sin embargo, apenas los romanos se enteraron, le aplicaron similar suerte.

Bonifacio VIII comandó su pontificado desde 1294 a 1303, empero, debe su fama a su aparición en La Divina Comedia de Dante Alighieri; en este poema épico habita el octavo círculo del infierno. Otro que dejó una huella escandalosa fue Paulo II (1464 - 1471), quien quiso llamarse Formosus (Hermoso) por su atractivo; organizaba orgías sadomasoquistas y se declaró homosexual.

Otra de las leyendas atañe a Rodrigo Borgia, del célebre e inmoral clan Borgia, quien fue llamado papa Alejandro VI (1492 - 1503) e incentivó el nepotismo mediante sus hijos legítimos Juan, César, Lucrecia y Jofré; tuvo varias amantes, envenenó a sus rivales políticos, nombró cardenales a sus aliados y armó intrigas para tomar el poder de Italia.

Entre 1513 y 1521, León X fue un Pontífice asediado por las deudas, y para poder pagarlas, vendió tesoros del Vaticano e indulgencias. Otro que resaltó fue Clemente VII (1523 - 1534), quien contra las reglas costumbristas del Vaticano, se dejó crecer la barba después del saqueo de Roma en 1527; por ello, fue objeto de críticas y de llamadas de atención, aunque impuso una nueva moda en su época.

Sixto V también dejó su impronta durante su mandato de 1585 a 1590. Comisionó a cuatro renombrados arquitectos la reparación del puente Fabricio, los que discutían constantemente por celos profesionales. Ello disgustó a Sixto, que al recibir la obra los mandó decapitar, hizo esculpir en piedra sus efigies y las colocó en cada esquina del lugar que hoy es llamado “puente de las cuatro cabezas”.

Luces. Dos vicarios de Cristo que sobresalieron más por sus logros que errores son Juan XXIII y Juan Pablo II. El primero reinó entre 1958 y 1963, y es reconocido porque abrió el Concilio Vaticano II, que instaló nuevas formas de celebrar la liturgia, de acercarse al mundo y al ecumenismo. Mientras el otro, cuyo mandato duró de 1978 a 2005, fue conocido como el Papa Viajero, el mensajero permanente de la paz en el mundo y fue el único Pontífice que llegó a Bolivia.

Así transitó la historia de este cargo en el camino de la Iglesia Católica. Y por último, el nombre Papa se debe a la abreviatura PP, un acrónimo del latín Petri Apóstoli Apóstoli Potestatem Accipiens: “el que sucede al apóstol Pedro”, que igual recibe las denominaciones de Obispo de Roma, Sucesor del Príncipe de Apóstoles, Príncipe de los Obispos, Obispo de Obispos, Primado de Italia, Siervo de los Siervos de Dios, Padre de los Reyes o Pastor del Rebaño de Cristo.

El mito de la enigmática papisa Juana

Uno de los episodios que no figuran en la historia de la Iglesia Católica —que tal vez fue borrado— es la existencia de una papisa, una mujer que llegó a ser Obispo de Roma. Se llamaba Juana y pasó a ser una leyenda. Algunos sitúan su mandato entre 855 y 857, en el pontificado de Benedicto III; otros entre 872 y 882, en el de Juan VIII.

Se dice que nació en 822 y era hija de un monje. Ello le brindó la oportunidad de estudiar, algo que estaba prohibido para las mujeres de entonces. Llegó a ser copista, bajo el nombre de Johannes Anglicus (Juan el Inglés) y ocultó su sexo, su identidad. Se instaló en Roma en 848 y fue bien aceptada en la curia, por lo que pasó a ser secretaria para asuntos internacionales del papa León IV.

Se hizo elegir sucesora del Pontífice en 855 u 872 y más tarde también tuvo que ocultar su embarazo, esperaba un hijo del embajador Lamberto de Sajonia. Todo se descubrió cuando parió a su bebé en medio de una procesión. Unos dicen que falleció en el parto, otros que fue lapidada. No obstante, este hecho obligó a que se compruebe el sexo de los papas. Y la historia de la papisa fue contada por el cine y la literatura.

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