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ROBO DE RIELES

Las vías férreas son sustraídas para arados, socavones mineros y para transformarlas en material de construcción

La Razón / Jorge H. Quispe Condori

00:00 / 18 de junio de 2012

Patacamaya, 6 de marzo, a 100 kilómetros de la ciudad de La Paz. Una locomotora y un vagón de la Empresa Ferroviaria Andina SA que iban rumbo a Oruro con una carga de cemento, se descarrilan por el robo sorpresivo de 13 metros de la vía férrea. El accidente ocasiona dos heridos.

No es un caso aislado, el saqueo de rieles es un ilícito que carcome este patrimonio público en occidente. Basta que caiga la noche para que los ladrones aflojen los tornillos de las barras de acero, las corten con sierras y las suban en camiones. Así obtienen una ganancia fácil. Y el destino del material apunta a los arados agrícolas, socavones mineros, ferias y depósitos de La Paz, El Alto, Oruro y Cochabamba, y a fundidoras locales y de Perú, desde donde, se presume, retorna como material de construcción.

Pedidos. El boom de la construcción y los buenos precios de los metales, entre ellos el acero, son explicaciones que los entrevistados dan a la vigencia de esta actividad cuyos actores operan sin tapujos. Por ejemplo, Informe La Razón se comunicó telefónicamente con un vendedor de rieles de la ciudad de Cochabamba, quien desde el otro lado de la línea preguntó: “¿Quiere rieles de tren? Venga mañana a mi depósito en Villa México (zona Sur) sobre el Kilómetro 2. Un metro vale 180 bolivianos”.

Cada tonelada de carriles (equivalente a tres rieles de 11 metros, cada una) puede costar hasta 1.800 dólares y otro sitio donde se oferta esta mercadería es la feria 16 de Julio de la ciudad de El Alto. Allí, a la vista de los transeúntes, al menos cinco puestos ofrecen rieles vetustos por un precio que fluctúa entre 170 y 215 bolivianos por metro. “Cada miércoles me traen. Dígame cuántos (metros) quiere, pero le adelanto que rápido se lo compran”, avisa Angélica, una comerciante de pollera.

El actual sistema ferroviario en Bolivia tiene una extensión de 3.652 kilómetros y se divide en dos redes: la oriental une a Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija y posee 1.377 kilómetros, y la andina (La Paz, Oruro, Cochabamba y Potosí), tiene 2.275 kilómetros. No se enlazan, pero sus vías son lentamente sustraídas para ir a parar a fundidoras de Perú y retornar alambres y fierros de acero para encofrados de construcción, denuncia Marco Carrillo, asambleísta departamental de Cochabamba e impulsor de una norma para frenar este desvalijamiento.

Al ser patrimonio boliviano y bien público, los rieles están protegidos por la Constitución; pero ello no es garantía. Incluso el artículo 269 de la nueva Ley de Transportes determina: “Es deber de toda persona natural o jurídica, pública o privada, respetar y proteger la infraestructura ferroviaria y todos los bienes afectados al servicio público ferroviario, los cuales sólo podrán ser enajenados con autorización de la Asamblea Legislativa Plurinacional”.

El 8 de marzo, a dos días y dos kilómetros del accidente de Patacamaya, otro tren se volcó por la desaparición de los carriles; más bien, no hubo víctimas. Y hay más. La concesionaria Ferroviaria Andina presentó en enero a la Asamblea Departamental de Cochabamba un informe sobre el estado de la vía férrea que une Oruro y Cochabamba. El documento revela que por el robo de 224 toneladas de rieles se perdieron 133.952 dólares; por el hurto de 2.000 piezas de durmientes (barras transversales que unen a las principales), 28 mil dólares y por la sustracción de 2.000 piezas pequeñas de los rieles, 18.192 dólares. La pérdida global asciende a 180.144 dólares.

En las oficinas en La Paz de la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transportes (ATT), su director, Clifford Paravicini, lamenta el saqueo del material. “Hay una mala custodia de los operadores y un incumplimiento del contrato de concesión de operación de la Ferroviaria (Andina), que debe custodiar, vigilar y conservar” estos bienes.

Mirtha Rojas, gerente general de la Empresa Nacional de Ferrocarriles del Estado (ENFE) Residual, la entidad que quedó tras la privatización de 1996, advierte que sólo en la antigua ruta ferroviaria entre La Paz y El Alto se han robado un “60% de los rieles, porque igual hay asentamientos humanos que hacen la remoción del material férreo”. No tiene más detalles y comenta que espera un inventario de lo que queda del sistema ferroviario nacional.

Mientras en Cochabamba se impulsa una normativa contra este asunto, en La Paz, el presidente de la Asamblea Departamental, Rómulo Cusi, admite desconocer el hurto de 13 metros de rieles en Patacamaya, aunque apunta a compañías mineras que estarían robando estas piezas para armar sus carriles de acero en los socavones. “Creo que habría que crear una ley para evitar estos robos”, adelanta.

Arados. Tras lo sucedido en marzo, la Ferroviaria Andina presentó la denuncia a la Policía, pero los culpables aún no aparecen. No se sabe de condenados por este delito que se acomoda en el artículo 331 (Robo) del Código Penal, que lo sanciona con entre uno y cinco años de prisión. Más aún, en 2003, tras la sustracción de ferrovías en el tramo Viacha-Charaña, la única sospechosa fue liberada a los tres meses.

“Es un atentado a los servicios públicos, porque no sólo ponen en riesgo la seguridad y la operación, sino a los pasajeros”, critica Lidia Aramayo, asesora jurídica de Ferroviaria Andina. Para proteger este patrimonio, se recurrió a convenios con las comunidades, a cambio de habilitarles un bus carril. “Hemos pedido que la ATT nos ayude en la lucha contra el robo de rieles, es muy difícil hacerlo solos”, agrega la abogada, para quien hay campesinos que consiguen carriles para fabricarse sus arados o reforzar su tractor para la labor agrícola.   

Cuando se le pregunta sobre la comercialización de rieles en Cochabamba, delega la consulta a ENFE Residual. “Están vendiendo rieles de ENFE, que están al lado de nuestra vía. Les hemos dicho que los recojan”. En contraparte, Rojas también alega que se impulsa convenios con comunarios para que preserven estos bienes. “Los estamos resguardando, tenemos entablados (los rieles a las estaciones y otros ambientes)”, dice la gerente.

Mientras en la región occidental impera el desvalijamiento de la vía férrea, no pasa lo mismo en la red que opera Ferroviaria Oriental. “Está el cien por cien, todo está en operación. Hubo algunos hechos aislados (de hurto de rieles), pero nada más”, informa Ángel Sandóval, ejecutivo de esta firma que tiene su sede en Santa Cruz.

Casto Rojas, quien trabajó por más de cuarto siglo en la antigua ENFE, da cuenta que la sustracción de rieles es reciente y que antes había mejor control. “Esto no ocurría, teníamos un guardavías, un coche caminero de la compañía y una motorriel que iba 20 metros adelante del tren”, reseña melancólico, desde la Asociación Nacional de Jubilados Ferroviarios.

La capitalización dejó a ENFE sin armas para defender su patrimonio, arguye la gerente Rojas, ya que la estatal es “considerada tierra de nadie”, donde “todo está permitido”. Hace dos años que exautoridades de la entidad son procesadas, entre otros casos, por el saqueo de rieles. “Tras 1996 se redujo el personal. Las maestranzas no operan y los robos son de material, herramientas, todo. Hay estaciones, subestaciones que han sido robadas”.

Sixto Herrera, presidente de la Asociación Nacional de Jubilados Ferroviarios, afirma que no hay dónde perderse. “Los rieles se los están llevando a Perú para fundirlos y después vendérnoslos como material de construcción”. La gerente Rojas coincide: “La denuncia que hay es que las piezas estarían saliendo a Perú. Dicen que hay una fundidora que los recicla para reutilizarlos como fierros de construcción”.

Más contundente es el asambleísta Carrillo: “Como ya no hay inspectores que cuiden las estaciones ferroviarias, entonces se roban el material y se lo llevan a Oruro para venderlo después en Perú”. Aparte, señala que hay ferias en La Paz, El Alto, Oruro y Cochabamba donde se oferta esta mercadería. Y las barras de acero que salen del país son camufladas en camiones que exportan chatarra.

Fierros. Una prueba es la feria 16 de Julio de El Alto, donde los rieles se venden entre fierros. “Tiene 80 libras, es de 12 por 12 metros y cuesta 215 bolivianos”, invita Abraham desde su puesto, a metros de la exestación ferroviaria. Allí, tres carriles de 11 metros, cada uno, pueden costar entre 1.500 y 1.800 dólares. Hasta hace poco, unos rieles estaban guardados en el patio de una iglesia cercana y desaparecieron.

En la mira también están las fundidoras que funcionan sin control en esa ciudad (leer nota de la página 14), que derriten las pequeñas piezas de acero para transformarlas en herramientas, según los entrevistados. Toda esta demanda por el metal, según el gerente general del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, Gary Rodríguez, se debe al boom de la construcción.  Y si la materia prima es robada, los involucrados tienen una gran ganancia, señala.

Por ahora, no hay coto a este negocio ilegal. Sea que lo transformen en fierros de construcción, rieles para socavones metalúrgicos, herramientas o arados, los delincuentes “trabajan” impunemente, Y en agosto, cuando se iniciará la siembra de papa y hortalizas en la localidad paceña de Patacamaya, es probable que más de uno busque un arado hecho de rieles.

Extrabajadores son vinculados con saqueos

El 29 de abril de 2008, el jefe de la Estación de Trenes de la ciudad de Cochabamba, José Alfredo Aguilar, empleado de la empresa concesionaria Ferroviaria Andina SA, denunció que “extrabajadores”, utilizando sierras mecánicas, se robaron por lo menos 31,85 metros del riel izquierdo y 48,14 metros del derecho en el tramo que une a Oruro y Cochabamba.

En la denuncia ante el fiscal de materia, Aguilar cuenta que Jaime Baina Oporto, ayudante supervisor, le hizo conocer sobre el hurto que se produjo un mes antes, el 29 de marzo, en el sector Kilómetro 169 ramal “C” Oruro-Cochabamba, entre las divisiones Parotani-Suticollo. “Estos robos se vendrían realizando por personas que conocen el trabajo de mantenimiento de vías férreas, es decir por extrabajadores, utilizando para ello sierras mecánicas para cortarlas en pedazos”, expone el empleado en el documento.

Otros dos hechos similares se produjeron el 15 y 28 de abril. “Habiéndose producido a la fecha el robo de 221 metros lineales de rieles (24,17 piezas de riel)”, agrega Aguilar. Asimismo, en un informe que Ferroviaria Andina presentó en enero a la Asamblea Departamental de Cochabamba, se habla de cómo extrabajadores ferroviarios ocuparon predios de la antigua Empresa Nacional de Ferrocarriles del Estado (ENFE).

En el inciso sobre el Desmantelamiento de Estaciones, señala que algunas estaciones fueron tapiadas por no haber operaciones. “Otras se encontraban ocupadas por extrabajadores de ENFE que alegan que no se les pagó beneficios sociales y que por este motivo se encontraban ocupando los predios de la empresa. En estos casos, se ha procedido a firmar contratos de comodato”.

La avenida Panamericana fue construida en la exestación de El Alto

Una mujer de pollera transita por la avenida Panamericana, que conecta con la Ceja de la ciudad de El Alto. Allí, antes funcionaba la exestación ferroviaria con al menos dos galpones gigantes. Según el vecino Félix Laura, que vive en esa zona durante tres décadas, “en 2008 desataron toda la estación y luego se llevaron los rieles. La gente se los llevó por la noche. Había cuidadores, pero ya no viven”. Otros hablan de que loteadores vendieron los terrenos. Parte de los carriles que aún quedan por donde todos los jueves y domingos se abre la feria 16 de Julio. 

Rieles resguardan torres y hay una plazuela dedicada a los ferroviarios

Piezas de rieles protegen una torre de energía eléctrica en la zona de la exestación ferroviaria de la ciudad de El Alto. La plaza El Ferroviario que fue entregada hace ocho años, en la gestión del entonces alcalde José Luis Paredes. Este espacio siempre está cerrado con candado, incluso los días que se realiza la feria 16 de Julio. Las bancas de cemento y otros elementos están descuidados. La plazuela se halla unos 300 metros antes de lo que eran las instalaciones de la Caja Nacional de Salud y a 500 metros arriba de la autopista que une La Paz y El Alto.

Al menos 800 metros de carriles sobreviven en la zona alteña Ballivián

Los carriles que todavía quedan y que conducían desde El Alto a la ciudad de La Paz, en la zona Ballivián. Sigue la avenida Panamericana y arriba los rieles y durmientes que sobreviven en ese barrio. En la fotografía de la derecha, una mujer camina por estas vías férreas; al menos unos 800 metros de éstas siguen aferradas desde hace décadas. Por este sector se inicia la feria 16 de Julio, cuando uno sube por la zona de La Portada. En este lugar, los jueves y domingos se instalan varios puestos que adquieren todo de tipo de chatarras y, a la par, rieles.

Un nuevo camino une a La Paz y El Alto sobre la antigua ferrovía

En el corazón del Bosquecillo de Pura Pura se erigía el tramo ferroviario por donde circulaba el tren por las ciudades de La Paz y El Alto. Actualmente es un nuevo camino de doble vía. No obstante, la zona también se convirtió en un botadero de escombros de construcción. A la derecha, vecinos alteños, vehículos livianos y camiones recorren la vía. Hace medio siglo, en esa zona, los niños esperaban el paso del tren y su típico “chucu, chucu, chucu...”. “Poníamos tapacoronas en los rieles y luego jugábamos con los platillos aplanados”, recuerda Felipa, una anciana del barrio.

Vecinos de Pura Pura usan restos de vías férreas contra deslizamientos

El robo de rieles es evidente a partir de la zona Ciudadela Ferroviaria, que luego conecta con el barrio paceño de Pura Pura. Este medio constató que al menos unos 20 metros de carriles fueron hurtados, mientras otras piezas están enterradas. En la zona del Bosquecillo de Pura Pura, además se habilitaron espacios para entrenamientos premilitares y en otro sector aledaño, funciona una caseta policial que resguarda el lugar. A la par, algunos vecinos utilizaron los durmientes de las vías férreas como protección ante deslizamientos. Por estos lugares ya no circulan trenes, sino minibuses.

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