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En San Pedro y Palmasola se cobra por visitas y hasta televisores

La Dirección General de Régimen Penitenciario observa la falta de rendición de cuentas por parte de delegados de reclusorios. En el de San Pedro alegan que la recaudación es usada para mantener el recinto

La Razón

00:00 / 20 de mayo de 2013

Penal de San Pedro. “Anoche lo han traído a mi sobrino y como no tenía dinero ha tenido que k’arapampear (dormir en el piso), ahora le voy a dar algo”, comenta un campesino llegado desde la localidad rural de Achacachi, en la provincia paceña Omasuyos, mientras hace fila en la puerta para pasar a este recinto citadino.

El hombre desconocía que si un nuevo interno quiere ser aceptado en la población carcelaria debe pagar Bs 100, otros Bs 500 para entrar a una de las diez secciones, además Bs 200 para solicitar un celda y tener, por lo menos, $us 3.000 para comprarla. Las revelaciones provienen de un exreo de la prisión que pidió reserva en su identidad y que pide se le llame simplemente Felipe.

“Las secciones tienen directivas y un secretario de Hacienda toma nota de todas las ganancias; por eso cuando hay fiestas no sólo hay orquesta y amplificación, también pollo al horno, alcohol y cerveza en latas”. Los recursos económicos son empleados en estos “gustitos” e igualmente para necesidades que agobian a estos privados de libertad asolados por el hacinamiento.   

El director general de Régimen Penitenciario (DGRP), Ramiro Llanos, tiene en la mira este tema y comenta que no hay que cancelar Bs 500 para entrar a una sección, sino $us 100 como mínimo. Eso sí, la admisión en la zona “exclusiva” de La Posta se cotiza en al menos $us 750. “¿Qué hacen con esa plata?”, se interroga la autoridad.

Ever Quiliche, líder del Consejo de Delegados de San Pedro, justifica algunos cobros que hacen. “Imagínese, hay cuatro duchas para 360 personas en un área, las resistencias se queman siempre y debemos comprarlas y cambiarlas. Aquí estamos olvidados y tenemos que sobrevivir, porque en muchos casos nuestros familiares nos abandonaron”.

La manera más común para que un reo gane algo de dinero es convertirse en taxi, una persona que busca, comunica y llama a otros compañeros que son requeridos por visitantes; por ese trabajo cobra Bs 2 por “carrera”. Los días en que los taxistas se llevan buenos ingresos a sus bolsillos son los jueves y los domingos, cuando los internos reciben a sus familiares y sus amigos.

Llanos postula que las redes de tráfico de bebidas alcohólicas y drogas, e involucradas en otros cobros irregulares en San Pedro, manejan un negocio que mueve al menos $us 500.000 cada seis meses y, para ello, cita como ejemplo los cuantiosos ingresos dejados por forasteros que pagan Bs 10 por tener el “derecho de ingreso” a la cárcel.

“Calcule 10 bolivianos por cada persona que entra a San Pedro, y hay más o menos unas 300 visitas al día. En seis meses son 540.000 bolivianos que divididos entre siete (cotización del dólar) son 77.140 dólares. Y esto sin contar los pernoctes”, manifiesta el funcionario, con una calculadora en las manos.

Otra historia corresponde a los individuos que ingresan en el reclusorio solamente para dormir. Según Llanos hay unos 200 involucrados que pagan Bs 10 por esto. “En 30 días son 60.000 bolivianos y en seis meses, 360 mil bolivianos; si dividimos esto por siete (cotización del dólar) son 51.428 dólares por pernoctes”, plantea el abogado.

Él comparte la preocupación de los prisioneros por la sobrepoblación imperante que ha colapsado la infraestructura de los penales, aunque aclara que ello no es excusa para que delegados de los recintos, sobre todo en San Pedro, hagan su capricho. “Que presenten informes, hay que ser transparentes; se gasta plata (en mantenimiento), pero hay que brindar informes”.

El coronel Rolando Ramos, exdirector nacional de Seguridad Penitenciaria, comparte con Llanos la bonanza económica generada por las “máquinas ilícitas de dinero” en la prisión paceña y señala que, inclusive, la cifra puede ser más alta. “La otra jornada escuché que quizás llegue a 800.000 dólares; no sabemos”. Un secreto que sólo saben pocos dirigentes.

En la penitenciaría de Palmasola, en Santa Cruz, la más grande de Bolivia y con una población que supera las 3.000 personas —sin embargo, la construcción tiene capacidad para un millar de habitantes—, las mafias mueven al menos $us 1,3 millones cada trimestre, devela Llanos, en rubros como el tráfico de licores y estupefacientes y otras ganancias ilegales.

El director sujeta su calculadora y vuelve a hacer el mismo ejercicio matemático con las visitas diarias que pagan Bs 10. “Son unos 6.000 bolivianos por día y esto multiplicado por los 30 días del mes, da 180.000 bolivianos, y en 12 meses suman dos millones de bolivianos. Es mucho dinero; no obstante, parece que ahora están cuidándose en Palmasola”. 

Aquellos que ingresan por primera vez a una cárcel y que están detenidos preventivamente, igualmente están obligados a pagar una especie de seguro de vida. “Los amedrentan, los amenazan con frases como ‘a vos que eres preventivo te voy a romper la cara si no me das 1.000 dólares mañana’; así son los códigos en un reclusorio”, considera Llanos.

Eso no es todo. Cuando un privado de libertad quiere ingresar un equipo eléctrico a los penales, debe cancelar un monto adicional a los delegados, de acuerdo con el tamaño del equipo. “Por meter un televisor de 14 pulgadas se cancela 50 bolivianos y por otro de 21 pulgadas, 100 bolivianos. Los cobros los hacen inclusive oficiales”, rememora Felipe.

Llanos admite que ésta es la flamante forma de sonsacar plata a familiares de los reos. “Sí, me han comentado que cobran por meter los artefactos electrónicos, haremos algo”. Pero no se tiene denuncias de uniformados inmiscuidos en este asunto. Y para el director, la clave se encuentra en “limpiar” las redes de corrupción en los Consejos de Delegados.

“Ser dirigente en la prisión es ser un privilegiado y, por eso, los que tienen este cargo no quieren dejarlo. También hay movimientos económicos en la cocina, en el economato (pequeño supermercado) y otros lugares, y quien administra  es el delegado o los delegados”. Esto pasa generalmente en San Pedro y Palmasola.

Otros cobros irregulares tienen relación con los alquileres, anticréticos y compraventa de celdas, tal como denunció La Razón en julio del año pasado. Y Llanos añade que quienes no acatan las reglas de los dirigentes son golpeados por sentenciados a 30 años. “Hechos como éstos serán denunciados ante la Fiscalía”, promete, tras mostrar fotografías de uno de estos casos.

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