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Solo el 5,6% de los municipios cuenta con un relleno sanitario

Los conflictos por el traslado o cierre de vertederos afectan a una decena de municipios de seis departamentos del país

Relleno sanitario

Relleno sanitario Fotos: Alejandra Rocabado, Miguel Carrasco, Recicla, archivo La Razón, internet

La Razón (Edición Impresa) / Marilyn Choque

00:00 / 19 de octubre de 2015

A unos 100 metros del relleno sanitario de Villa Ingenio, en el Distrito 13 de El Alto, donde hay miles de toneladas de basura sobre la que pululan cerdos, perros, ratas y aves de rapiña, se respira el aire fétido que se impregna en la piel provocando mareos, repulsiones e irritaciones en los ojos. Estos malestares son más intensos a  medida que uno se acerca al lugar en el que se depositan unas 650 toneladas diarias de desechos que genera la población alteña, según los datos de la Compañía de Limpieza e Ingeniería Ambiental-Colina SRL.

A pesar de esas condiciones insoportables, a ocho cuadras hombres y mujeres construyen viviendas improvisadas. Parece no importarles el riesgo de contraer enfermedades y edifican casas de dos a tres pisos, algunas con vidrios polarizados. Ignoran que la Norma Boliviana NB 757 de Medio Ambiente establece que el límite de las áreas de disposición final de residuos sólidos municipales con la mancha urbana debe ser de al menos 1.000 metros. “Todos estamos contaminados”, afirma, enérgica y resignada, una mujer que deambula por el sitio.

“Estamos construyendo nuestro hogar en este lugar, porque el terreno en otras partes está muy caro. Hemos comprado 20 metros cuadrados a 8.000 dólares. Sabemos que botan basura aquí, pero necesitamos un espacio para dormir. Nosotros somos de Moco Moco y cuando venimos a la ciudad no tenemos dónde llegar”, justifica Rogelio, quien junto a su hijo Raúl apilan ladrillos con cemento para determinar el límite de su propiedad, una tarde de viernes.

En el trayecto se advierte que la mayoría de los domicilios mantienen promontorios de botellas pet, latas, metales, entre otros desechos que revelan a simple vista que fueron extraídos del vertedero. La zona es custodiada por decenas de perros de diferentes tamaños y colores que ladran sin cesar al ver a algún desconocido. Sin embargo, la villa luce desolada, apenas se ven, cada 15 minutos, entre una a dos personas caminando por las calles de tierra, y cada media hora, a uno o dos pobladores con una tropa de cerdos rechonchos. 

Un hombre, de unos 50 años, que no quiere identificarse, relata cómo es vivir cerca de los basureros suburbanos. “Tengo dolores de cabeza frecuentes. Creo que es por la basura. Los malos olores son más intensos a partir de las cinco de la tarde, incluso no puedo dormir. Ni qué decir cuando hace calor, no se puede ni comer. Pedimos que ya no traigan la basura aquí. Sentimos que todos estamos contaminados”.

Las quejas hacen eco en otras personas, a medida que uno se acerca al vertedero. Carmen, de 45 años, vende flores marchitas en Bs 2 y Bs 10, en la puerta del cementerio que se encuentra al lado del relleno sanitario. Cuenta que hace 15 años “vendía muchas flores”, porque entre cinco y diez personas al día llegaban a visitar a sus muertos. “Ahora vienen, dependiendo la época, entre tres y cuatro. Se quedan poco tiempo porque el olor de la basura es fuerte”.

Julián Choque visita la tumba de su padre. “Falleció hace 20 años. Vengo cada 15 días con claveles. Cuando llego con mi familia nos quedamos máximo 15 minutos porque el olor es insoportable”, indica, observando las volquetas que vacían los desechos y las aves de rapiña atraídas por basura orgánica en descomposición.

¿Qué es un relleno sanitario? Es un espacio para la disposición final de los residuos sólidos para confinar la basura en un área lo más estrecha posible, cubriéndola con capas de tierra diariamente y compactándola para reducir su volumen. Esta técnica prevé los problemas que puedan causar los líquidos y gases producidos por efecto de la descomposición de la materia orgánica, según la Guía para el diseño, construcción y operación de rellenos sanitarios manuales, del Centro Panamericano de Ingeniería Sanitaria y Ciencias del Ambiente (Cepis).

Pese a la aplicación de esta tecnología, en Villa Ingenio, el olor de la basura es penetrante y los vecinos se movilizan en demanda del cierre definitivo del vertedero alteño, lo que causa conflictos en la zona entre las juntas vecinales colindantes al botadero, la Alcaldía, la Empresa Municipal de Aseo El Alto (Emalt), la entidad que administra el relleno sanitario (Colina SRL) y la firma de recojo de basura Trebol (Tratamiento de Residuos-Bolivia), entre otros.

En julio del año pasado, los vecinos bloquearon el ingreso al relleno sanitario. Los campesinos pedían el cierre del botadero por la contaminación que genera.

Durante el conflicto, las calles de El Alto se llenaron de basura y las autoridades municipales habilitaron ocho puntos de acopio a la intemperie, durante una semana. Pero no es el único conflicto latente. En el último quinquenio (2010-2015) se registraron 25 problemas relacionados con el traslado o cierre de vertederos (rellenos sanitarios y botaderos) en 11 municipios, indica un estudio de la Fundación UNIR Bolivia. En el departamento de Cochabamba hubo siete conflictos; seis en Santa Cruz; cinco en Chuquisaca; cuatro en La Paz; dos en Tarija y uno en Oruro. Estos problemas están asociados a dos problemáticas: presiones sociales para construcción, legalización de casas en los alrededores e intereses políticos; y falencias técnicas por falta de políticas para el tratamiento de la basura.

En la mayoría de las movilizaciones en los municipios de Cercado y Quillacollo (Cochabamba); El Alto y La Paz; Oruro; La Guardia, Santa Cruz de la Sierra y Warnes (Santa Cruz); Sucre; Tarija y Villa Montes (Tarija), se afirma que el funcionamiento de vertederos cercanos a casas es un riesgo para la salud y el medio ambiente, y por lo tanto se demanda su reubicación. La Paz es el único que dejó de tener protestas por este tema y el relleno sanitario de Alpacoma es considerado modelo.

Otra causa son los asentamientos ilegales en las zonas colindantes a vertederos, y la necesidad de la gente de legalizar su derecho propietario. Asimismo, surgen protestas contra normas de planificación, propiciadas por las alcaldías, que regulan el uso y ocupación de determinados territorios, según Guillermo Roca, coordinador del Programa de Transformación de Conflictos y Desarrollo de Capacidades de la Fundación UNIR.

Esto ocurrió en la ciudad de Oruro. “El botadero municipal, que se encuentra en Huajara, tiene 20 años de funcionamiento y debido a la migración del campo a la ciudad, muchas personas se han asentado en el lugar, sin planimetrías, sin autorización, algunas a título de que la tierra es de todos”, asegura a Informe La Razón la exalcaldesa del municipio Rocío Pimentel.

En su gestión aprobó una normativa que determina que toda persona que pretenda construir en la zona deberá contar con un plano de construcción aprobado por la Alcaldía. Sin embargo, “se han instalado donde han podido, después con dinamita en mano exigieron la aprobación de planos sin ningún cumplimiento de la norma de parámetros técnicos para instalar una urbanización”.

Pero también se ven implicados, dice Roca, los intereses personales y políticos de dirigentes, para obtener beneficios. Esto sucedió en El Alto, el 2 de junio de este año, cuando el relleno sanitario de Villa Ingenio fue bloqueado por la Federación de Juntas Vecinales de El Alto en protesta por la posesión de la subalcaldesa Mary Escóbar por la alcaldesa Soledad Chapetón, en contra del sistema de “usos y costumbres” que era aplicado por la organización. Al final aceptaron a la autoridad, tras días de negociaciones.

El crecimiento desproporcionado de las ciudades también influye en esta problemática. En Villa Ingenio, en 2006, cuando Colina SRL empezó a instalar el relleno sanitario solo vivían 80 familias, entonces era un botadero; 13 años después habitan cerca de 300. “Estas personas sabían que en este lugar hay un relleno sanitario, pese a ello muchas vienen a construir sus casas. El 75% de los trabajadores de la empresa son del lugar. Algunos quieren que nos vayamos, otros no, porque encontraron una fuente de ingresos recolectando materiales reciclables. Aquí alimentan a sus chanchos”, dice Andrés Gutiérrez, encargado del relleno sanitario, quien añade que en los últimos años el bloqueo de vertederos “es una nueva estrategia de presión hacia las autoridades”.

El Ministerio de Medio Ambiente y Agua indica que los problemas “se relacionan a la ubicación de las instalaciones y la baja capacidad tecnológica para la operación de los rellenos sanitarios, como el tratamiento de los lixiviados y olores por efecto de los gases, por lo cual repercute en los impactos hacia el ambiente y rechazos constantes de las comunidades cercanas”. Pero la problemática de los vertederos no solo tiene que ver con las poblaciones aledañas y sus demandas, igual influye la falta de políticas e inversión en los mismos rellenos. “La dificultad radica en la baja asignación de recursos por parte de los gobiernos locales para la gestión de residuos y la inexistencia de personal capacitado, maquinaria o equipos que faciliten la operación”, precisa Vladimir Gutiérrez, director de Residuos Sólidos del ministerio.

El tratamiento de los residuos sólidos es competencia de las municipalidades. La Ley Marco de Autonomías y Descentralización Andrés Ibáñez 031, promulgada en 2010, determina que el Gobierno boliviano debe fomentar las políticas para su tratamiento; y los gobiernos departamentales y municipales deben reglamentar y ejecutar.

Esta falencia se ve reflejada en los siguientes datos. En el país solo 19 municipios (5,6%) de 339 cuentan con rellenos sanitarios: Tarabuco y Villa Abecia en el departamento de Chuquisaca; San Pedro de Tiquina, Copacabana, Coroico, Desaguadero, Tiwanaku, Achacachi, El Alto y la sede de gobierno, en La Paz; Sacaba, en Cochabamba; Pazña, Antequera, Huanuni y Machacamarca, en Oruro; Uyuni y Villazón, en Potosí; y en Santa Cruz, la capital oriental y Roboré, según el Ministerio de Medio Ambiente.

Pero operan en condiciones no adecuadas, como en El Alto y Santa Cruz, donde se presentan problemas técnicos, sobre todo en el tratamiento de los lixiviados (líquido que se ha filtrado procedente de los residuos dispuestos) y el espacio para su operación. Se prevé que hasta 2017 o 2018 éstos llegarán al final de su vida útil. En cambio, los rellenos sanitarios de Uyuni, Villazón, Copacabana, Tiwanaku, Tiquina y Achacachi son nuevos, informa Gutiérrez.

En tanto, 305 municipios (90%) tienen botaderos, es decir, un lugar de disposición final de residuos sólidos que no cumple con normas técnicas y ambientales vigentes, situación que provoca riesgos para la salud y el medio ambiente (Guía para el diseño, construcción, operación y cierre de rellenos sanitarios) y 15 (4,4%) tienen botaderos controlados, instalaciones donde se realizan operaciones parciales de control como la cobertura, compactado y en algunos casos recirculación de lixiviados.

TRATAMIENTO. Así, las autoridades enfrentan un problema progresivo. “Debido al crecimiento demográfico estamos generando más basura y las alcaldías no saben dónde llevarla, porque sus depósitos están agotándose, y cuando pretenden trasladarlos a otros lugares, la gente de esos lugares se opone, bloquea y evita que lleven a su comunidad el botadero, porque en muchos de los vertederos hay un mal tratamiento de los desechos”, advierte Nelson Vacaflor, coordinador del Programa Reducción de la Vulnerabilidad de los Medios de Vida ante el Cambio Climático de la Liga de Defensa del Medio Ambiente (Lidema). 

Esto ocurre por desconocimiento de la población sobre las diferencias entre un botadero y un relleno sanitario. En el primero, los residuos sólidos quedan expuestos a la intemperie, en los rellenos sanitarios se opera con base en técnicas y normas que permiten colocar los desechos en celdas para ser cubiertos y sellados para evitar la percolación (la filtración hacia las capas subterráneas) de líquido lixiviado, explica Giovanni Jemio, director del Sistema de Regulación y Supervisión Municipal (Siremu), de La Paz. 

Pese a contar con esta tecnología, los habitantes de Villa Ingenio sienten que el agua, el aire y la comida que consumen están contaminados por la basura. “No tenemos agua potable, sacamos de nuestros pozos, pensamos que está contaminada. Nuestros animales tienen que tomar agua sucia”, dice una mujer que pidió guardar en reserva su identidad. Mientras, un grupo de personas ingresan al vertedero a remover los desechos sin protección alguna. Llenan bolsas de yute con botellas pet, entre otros materiales que consideran pueden ser reutilizados, luego las trasladan en vehículos hacia sus domicilios.

Otro grupo de mujeres, por turnos, ingresa arreando cerdos. “No podemos evitar que entren, lo único que hacemos es informarles que su salud está en riesgo porque hurgar la basura sin protección tiene consecuencias”, apunta Gutiérrez.

Una de las secuelas de vivir en los alrededores de la basura es que atenta seriamente a la salud. El impacto de los rellenos sanitarios en la salud es real. En Montreal, Canadá, se halló una elevada incidencia de cáncer de estómago, hígado, próstata y pulmón en familias que vivían cerca de un vertedero municipal, según el documento Basta de basura de Greenpeace (del inglés green: verde, y peace: paz), ONG ambientalista fundada en Canadá.

Las infecciones más comunes son gastrointestinales, irritación de la piel, ojos y fosas nasales que derivan en asma y bronquitis. Estos males son transmitidos por moscas, ratones, cucarachas y gatos que están en los basurales, advierte el director del Hospital de Clínicas, Jorge Juaniquina, quien agrega que en el país no existen estudios concretos sobre los efectos en la salud de los vertederos. “Cuando vienen a consultar no les preguntamos si viven cerca de un relleno sanitario”.

Sin embargo, las protestas en contra de la instalación y/o funcionamiento de vertederos en el país son evidentes. En marzo de este año, 25 barrios aledaños al vertedero de Normandía, en Santa Cruz, bloquearon el ingreso, y Adriana Arias, diputada del MAS, inició un piquete de huelga exigiendo a la Alcaldía que dé solución a los vecinos que exigen el traslado del vertedero, aduciendo que su salud corre riesgo.

En agosto de 2012, los  vecinos de Achocalla bloquearon el ingreso al relleno sanitario Nuevo Jardín, en Alpacoma, en demanda de la construcción de una avenida, la dotación de servicios básicos y la admisión de la Alcaldía de La Paz de que la zona donde está el vertedero es de Achocalla.

En Cochabamba, el botadero de K’ara K’ara (Distrito 9) también fue bloqueado por los pobladores de zonas aledañas al basurero. “No quiero hacer ninguna declaración al respecto por favor, quiero olvidar esa etapa de mi vida”, indica Edwin Castellanos, el exalcalde de Cochabamba.

Los problemas se presentan porque “el tratamiento de la basura no es de lo más avanzado en Bolivia”, según el exalcalde de Potosí y actual senador René Joaquino (MAS). Sin embargo, “el verdadero problema radica en la mala educación de las personas. Cada año que pasa estamos generando más basura. Más adelante no vamos a encontrar espacio para colocar los desechos. Debemos empezar a educarnos”, sugiere Vacaflor, coordinador de Lidema.

En el último quinquenio (2010-2014) en Bolivia se generaron 8,8 millones de toneladas de residuos sólidos: en 2010 se produjo 1,7 millones de toneladas, que para 2014 llegaron a 1,8 millones. El 85% correspondió al área urbana y el 15% al área rural. Santa Cruz produjo 2,7 millones de toneladas (31%); La Paz, 2,4 millones (27%) y Cochabamba, 1,5 millones (17%). Se estima que cada boliviano genera 0,5 kilogramos de residuos al día, 3,4 kilogramos a la semana y 176,3 kilogramos al año, de acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente (más datos en la infografía de la anterior página).

¿Qué pasa con el tratamiento de la basura? En el ámbito nacional solo 14 alcaldías cuentan con una entidad municipal de aseo y 38 con una unidad responsable de limpieza. Sobre los programas de manejo de residuos sólidos, solo 49 (14%) municipios, de 339, tienen este instrumento. En tanto las alcaldías del Valle Alto de Cochabamba han logrado elaborar un Programa mancomunado de gestión integral de residuos sólidos. Y solo Potosí tiene un plan departamental de gestión de desechos. 

Estos programas son importantes porque orientan la gestión municipal, “sin embargo, el sector de residuos todavía no forma parte de las políticas o acciones prioritarias de los gobiernos municipales. Por otro lado, los pocos conocimientos sobre esta temática inciden en la exigua planificación”, señala el informe del MMAyA.

En el ámbito mundial, se estima que 3,5 mil millones de personas (la mitad de la población mundial) no tienen acceso a los servicios de gestión de residuos, lo que supone un riesgo significativo para la salud, el medio ambiente y las economías nacionales, según el informe Directrices sobre gestión de residuos, del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 

PROBLEMÁTICA. La generación de desechos va en aumento, la población mundial genera 1,3 mil millones de toneladas al año y se estima que en 2025 será de 2,2 mil millones de t. Casi todo este aumento se generará en los países en vías de desarrollo.

Es de tal dimensión la problemática de la basura que el 7 de septiembre, el presidente Evo Morales anunció una norma para disminuir los residuos sólidos a fin de mitigar la contaminación ambiental en Bolivia. Se trata de una estrategia para reciclar la basura y transformarla en energía.

El ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, detalló que el propósito es establecer un programa de desarrollo tecnológico con plantas de tratamiento de residuos sólidos en capitales de departamento y ciudades intermedias, para dejar atrás los botaderos municipales que datan del siglo XIX. El proyecto de ley fue aprobado en detalle el 5 de octubre en la Cámara de Diputados.

Sin embargo, el problema fundamental es la falta de infraestructura para el tratamiento y/o disposición final y segura de los residuos. “Bolivia solo tiene una cobertura de 5,2% de tratamiento y/o disposición de residuos sólidos. El desafío es tener una fuente de financiamiento y mecanismos mediante los cuales el Gobierno nacional pueda apoyar a los municipios en la gestión de inversión”, según un documento del Banco Mundial (BM) enviado a Informe La Razón.

De 2013 a la fecha, el Estado junto con instituciones financieras y agencias de cooperación logró la ejecución de 13 proyectos en construcción de rellenos sanitarios  y plantas para aprovechamiento de residuos, con una inversión de $us 4.951 millones. Mientras, en Villa Ingenio sigue la construcción de casas y las personas entran y salen del vertedero, con sus animales, para buscar materiales reciclables que son su fuente de ingreso.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 19 DE OCTUBRE JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

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