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El arte es un motor para la reconstrucción

“Antes del sismo no vendía mucho, pero después de eso qué pasó, vendo un poco más”, cuenta el haitiano desde su puesto incrustado en la plaza Campo de Marte, en la ciudad capital Puerto Príncipe, donde oferta a los turistas cada una de sus creaciones por el precio de $us 25.

La Razón

00:00 / 25 de febrero de 2013

Diruseai Exilus es un pintor de acuarela que carga 49 años y confiesa que después del terremoto del 12 de enero de 2010 comercializa más cuadros que antes, aunque ahora arrienda una pieza porque su casa se vino abajo.

“Antes del sismo no vendía mucho, pero después de eso qué pasó, vendo un poco más”, cuenta el haitiano desde su puesto incrustado en la plaza Campo de Marte, en la ciudad capital Puerto Príncipe, donde oferta a los turistas cada una de sus creaciones por el precio de $us 25.

Él se encontraba en su quiosco cuando el sismo asoló la urbe. Pudo salvarse de milagro, pero no así su hogar, ni siquiera sus pertenencias. Ahora alquila una habitación y no puede acceder a una vivienda porque no cuenta con trabajo fijo, una condición indispensable para ser beneficiario de una casa, de acuerdo con las normativas de la República de Haití.

“Pinto estos cuadros que les gusta mucho a los visitantes, pero, últimamente, no vienen muchos por la inseguridad y hay días en que no vendo nada”, añade el moreno, con la ayuda de un traductor. Diruseai dibuja paisajes de ensueño en sus obras, que recuerdan, un poco, a la Haití antes del temblor; en promedio, tarda una semana en terminarlas y su galería de exposición es la plaza.

Arte. En las calles de la capital de este país caribeño se aprecian decenas de estos coloridos cuadros al aire libre, como camisetas de fútbol en las paredes. Es una de las salidas para que los haitianos consigan algo de dinero. A metros de este pintor urbano, otros artesanos ofrecen souvenirs esculpidos en madera, con la bandera haitiana, a entre $us 5 y $us 10.

Otros tallan, en el mismo material, pequeños soldados que portan cascos azules, que son ofrecidos, especialmente, a los militares de 17 países que son parte de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

“En una semana hago tres y cada uno  cuesta $us 50”, indica Françoise, un artesano que cada sábado comercializa sus diminutas tropas en la feria del Precio Justo —Bombagay, en créole, el idioma nativo de los haitianos—, que está a metros del gran campamento Charly, donde yacen los contingentes militares que velan por la seguridad y estabilidad en esta nación.

Georges Nader, dueño y fundador de la galería de arte Nader del barrio residencial de Petion Ville, afirma que si bien la pintura haitiana no se expone en las pinacotecas más importantes del mundo, “ahora se ha convertido en un motor para la reconstrucción de Haití”.

Este repositorio es uno de los más reconocidos en suelo haitiano y también fue afectado por el terremoto de hace tres años. El fenómeno natural no solamente se llevó la vida de más de 200 mil personas, sino una colección única de la pintura naif o “ingenuo”, en francés, una corriente artística caracterizada por la espontaneidad y el autodidactismo.

En total, se perdieron 14.600 cuadros y se rescataron sólo cuatro centenares. Ahora, la galería se levanta del desastre y muestra sus joyas a los turistas; sin embargo, Nader admite que vienen pocos. “No hay dinero para promocionar el arte después del sismo”, opina, casi resignado.

No obstante, el sitio todavía expone óleos valiosos, como los de Héctor Hyppolite y Philomé Obino, dos de los artistas más representativos de Haití en los últimos años. Por ejemplo, una pintura de Obino se encuentra valuada en $us 75 mil y es una de las joyas que se salvó del temblor. “Unos compran aquí y revenden las piezas en miles de dólares en Europa”, revela el propietario de la galería Nader.

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