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Una ‘batería’ de delincuencia

La noche anterior salió con su taxi en busca de clientes y las últimas pasajeras que se subieron a su movilidad fueron dos mujeres de pollera.

La Razón

00:00 / 08 de abril de 2013

Rómulo despertó cerca de la zona Santiago Segundo con un fuerte dolor de cabeza. Se encontraba a la intemperie y el frío le mordía el cuerpo en la madrugada alteña.

La noche anterior salió con su taxi en busca de clientes y las últimas pasajeras que se subieron a su movilidad fueron dos mujeres de pollera.

La más joven lloraba sin parar. Decía que su esposo la había engañado y que ella lo único que hizo fue amarlo; pero el aludido la dejó sin más vueltas. Por el retrovisor, Rómulo se apiadó de ella. Detuvo su vehículo y decidió invitar un par de cervezas a las cholitas. Después de la primera ronda de bebidas el chofer empezó a perder el conocimiento, hasta que apareció lejos del bar y tiritando de frío.

El caso llegó a la Dirección de Prevención de Robo de Vehículos (Diprove) de la ciudad de El Alto. Su director, el mayor César Ramos, señala que este relato se ha vuelto común. “Las pildoritas son dos mujeres que se suben al taxi y entran en confianza con el conductor. Comentan que ‘mi marido me ha dejado, mi ñato me engaña’ y le invitan algo de tomar. Disimuladamente meten la pildorita en el vaso del taxista y cuando éste cae, llaman a sus cómplices para que se lleven el auto”.

El modus operandi se hizo recurrente a mediados de febrero, cuando los uniformados alteños recibieron dos denuncias en una semana. La misma hermenéutica, pero con otros personajes. Y las pistas muestran que en estos hechos no sólo actúan pildoritas y auteros (ladrones de motorizados). De acuerdo con una exautoridad policial de El Alto que pidió reserva en su identidad, es común que malhechores con diferentes “especialidades” participen en la sustracción de carros. En el argot del hampa, estas bandas reciben el denominativo de “baterías”. “Son clanes que cuentan con una serie de especialistas en distintos delitos,  hay monreros, auteros, cogoteros...”, resume el oficial.

Existen más historias de “baterías” involucradas en el robo de vehículos. El fiscal alteño Santos Valencia cuenta que desde aproximadamente un año se ha presentado una decena de casos en que los auteros mataron al conductor  y arrojaron su cadáver en un sitio lejano de la ciudad. Los antisociales dominaban variopintos “oficios delictivos”. “Hay muchos delincuentes que están detrás de esto. Recuerdo que en un caso se descubrió un motorizado robado en Challapata (poblado orureño) que transportaba drogas. Al chofer de este coche lo habían asesinado”. O sea, según el representante del Ministerio Público, detrás de algunos despojos también hay narcotraficantes.

Otro clan relacionado por la Policía con auteros es el que asesinó a los periodistas Peñasco Layme, hace más de un año. Entre los integrantes —que actualmente están tras las rejas— había personas sindicadas por falsedad material, robo agravado, estafa, uso de instrumento falsificado e, inclusive, uno de ellos estaba acusado por tentativa de homicidio y violación. Un agente alteño que solicitó que su identidad permanezca en reserva, explica que los malhechores se conocen entre sí y “entablan nexos comerciales”.

El caso del Brasilia es un botón de muestra. Se trata de un alberto (comerciante de cosas robadas) que únicamente compraba piezas de motorizados Brasilia y petas de la marca Volkswagen. Se contactaba con auteros para conseguir las autopartes a un precio más económico, para revenderlas. Hasta que cayó en manos de la Diprove.

Cuando los detectives ingresaron a su casa, su guarida, descubrieron, por todos lados, trozos de coches. Es más, el espacio para el living tenía asientos de Brasilias en lugar de sillones.

La Policía maneja una regla que se repite en estos hechos. Los ladrones de vehículos y/o asesinos de taxistas también son cogoteros. Y éstos necesitan de personas que compren las movilidades, quienes, a su vez, precisan de los desmanteladores de autos. Es un círculo vicioso. Por ello, cuando los uniformados hallan la punta del ovillo criminal, generalmente revelan cofradías con distintos tipos de delincuentes, que incluso cuentan con abogados “exclusivos”, especializados en la dilatación de los juicios. “Baterías” que saben cómo mantenerse en la impunidad.

Algunos términos del hampa boliviano

  • Alberto. Negociante de cosas robadas.
  • Autero. Ladrón de vehículos.
  • Botero. El que deja caer algo en la calle y busca engañar a algún incauto.
  • Campana. Persona que alerta a un ratero o que le brinda información.
  • Carterista. El que roba carteras.
  • Cogotero. El que ahorca con soga o algo similar. El nombre viene de cogote (parte superior y posterior del cuello).
  • Colgador. El que cogotea.
  • Charquear. Desmantelar carros.
  • Descuidista. El que distrae para robar.
  • Genolero. El que se adueña de focos en plazas y parques.
  • Mecheras. Mujeres que roban prendas en tiendas o lugares de venta.
  • Monrero. El que roba en viviendas.
  • Muñeco. Borracho.
  • Paracaidista. El que roba la carga de un vehículo en movimiento.
  • Pildoritas. Mujeres que usan pastillas para hacer dormir a sus víctimas.
  • Pilmenas. Mujeres que roban a cholas.
  • Pluma. Instrumento para forzar las chapas de los vehículos.
  • Puntero. El que empuja puertas y entra a las casas que no están aseguradas.
  • Sequeros. Ladrones que roban ropa que está secando en patios.
  • Thipidor. El ratero que roba aretes de forma rápida y de un jalón.
  • Tubeadores o chips. Los que se dedican al robo de celulares.
  • Volteador de muñeco. Roba a ebrios.

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