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Un cadáver que todavía siembra polémica

Una vez que el fallecido fue trasladado a la morgue de la ciudad de La Paz, nació una duda: ¿Era Clavijo? Como pruebas, la Policía remarcó que junto a éste se encontraron el celular LG del policía —aquél que había desencadenado la riña fatal de la noche del 11 de febrero.

La Razón

00:00 / 25 de marzo de 2013

Hay un asesino suelto”. Es una frase común que se escucha en Chulumani, La Asunta, La Calzada y en poblaciones aledañas a la región de los Yungas donde se halló el cadáver de un hombre colgado en un árbol. Informe La Razón recorrió la zona y constató el temor de pobladores que no creen que el cuerpo sea del exteniente Jorge Clavijo. No obstante, la Policía y exámenes forenses afirman que éste pertenece al hombre que mató a Hanalí Huaycho.

La certeza empezó a tejerse el lunes 4 de marzo, cuando el comandante Alberto Aracena fue al sitio donde se encontraba el esqueleto, putrefacto. Fuentes que pidieron el anonimato informan que lo primero que hizo el coronel fue persignarse. El olor a muerte era insoportable. Al día siguiente, él y sus subalternos volvieron al lugar y descolgaron al difunto. Junto a ellos estaban autoridades de La Calzada y periodistas locales.

Aracena resbaló dos veces al descender la cuesta, empinada como pocas. Una vez en tierra firme, sembró una cruz y la envolvió con un pequeño afiche que llevaba el rostro del uniformado que puso en ascuas y movilizó durante tres semanas a los sabuesos más selectos de la institución policial. El cartel, recuerda el periodista Edwin Cruz, estaba en un árbol cerca del camino, prácticamente a unos pasos desde donde había sido lanzado el vehículo de Huaycho en que escapó Clavijo y que fue encontrado a orillas del río Bopi.

AUTOPSIA. Una vez que el fallecido fue trasladado a la morgue de la ciudad de La Paz, nació una duda: ¿Era Clavijo? Como pruebas, la Policía remarcó que junto a éste se encontraron el celular LG del policía —aquél que había desencadenado la riña fatal de la noche del 11 de febrero, tras el tono que anunció la recepción de un mensaje—, su cédula de identidad y otros documentos pertenecientes al prófugo.

El doctor Jorge Melgarejo elaboró el protocolo de autopsia en que, entre otras cosas, determinó que “la manera de la muerte corresponde a suicidio”, aunque dejó claro que esto debía ser corroborado con otros estudios. Sobre la “data de la muerte”, redactó: “En el presente caso puedo indicar que la misma se encuentra entre las dos o tres semanas (14 a 21 días) antes de ser realizada la autopsia de ley”. O sea, la persona se mató entre el martes 12 y el martes 19 de febrero.

Aparte, este documento pericial al que accedió Informe La Razón estableció que para precisar la identidad del occiso era necesaria una prueba genética de ADN.

El 6 de marzo, Arturo —tío de Jorge— fue a ver los restos y habló con el fiscal Harold Jarandilla. En su oficina de El Alto, la autoridad recuerda el diálogo: “Me dijo que a simple vista no lo reconocía (a Jorge)”. La familia Huaycho Hannover también planteó sus dudas. Más aún, apareció una parentela yungueña que postuló que el finado era Cecilio Canchari, hombre que había desaparecido tras un accidente carretero en un bus.

Para despejar las incógnitas, el Ministerio de Gobierno y la Policía impulsaron los exámenes de ADN requeridos por el forense Melgarejo. Acudieron al Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF). Se tomaron muestras de la hermana (Karelia) y el tío de Clavijo y los resultados certificaron que el cadáver descubierto en La Calzada coincidía en un 99,9999% con los datos genéticos del asesino de Hanalí.

Una fuente del IDIF revela que no se extrajeron muestras del hijo de cinco años de los Clavijo-Huaycho porque “científicamente no había certeza de que sea descendiente del uniformado”. Sin embargo, los especialistas ignoran de que, en el pasado, hubo una prueba de “paternidad en vientre” para comprobar de que Jorge era el padre biológico. Así lo afirma una persona muy cercana a una de las familias.

Los exámenes no terminaron ahí. En julio de 2003, cuando Clavijo cursaba su cuarto año en la Academia Nacional de Policías, se lesionó el peroné izquierdo y los médicos de la clínica Virgen de Copacabana le colocaron una placa de platino con cinco tornillos, que le retiraron un año más tarde por las molestias. No obstante, quedó una “huella” en el sitio donde se encontraba aquel pedazo de metal. Este rastro fue determinante para reconocer al occiso proveniente de La Calzada.

De acuerdo con el informe de Freddy Torrejón Rocabado, forense del IDIF, se llevó a cabo un análisis comparativo entre las pruebas que se aplicó a Clavijo entre 2003 y 2004, con las extraídas del cadáver. “(Se llegó) a la conclusión de que el peroné examinado científicamente corresponde a Jorge Raúl Clavijo, quien presentaba signos de fractura ante mortem del peroné de la pierna izquierda”.

Uno de los puntos más polémicos es la falta de dientes en el esqueleto. La odontóloga forense Angélica Salcedo implementó un análisis de las piezas dentales del cuerpo sin vida y dictó que éste las tenía antes de morir. Esto echó por tierra la hipótesis de que pertenezca a Cecilio Canchari, que usaba placa dental postiza.

Y otro test positivo fue la comparación de las huellas dactilares del difunto con la muestra registrada en la cédula de identidad de Clavijo que fue encontrada en La Calzada. Con estos argumentos científicos, la Policía y el Ministerio de Gobierno dieron por cerrado el caso, algo que todavía no aceptan los allegados de la periodista asesinada en su casa de Ciudad Satélite. 

MITO. Para ingresar al sitio donde fueron hallados los restos de Clavijo, se necesita una buena preparación física. Entre la maleza crecen árboles de palosanto en los que habitan peligrosas hormigas. El cielo está surcado por aves negras de carroña. El calor es agobiante. Comunarios de La Calzada afirman que en este escenario es fácil que los cadáveres lleguen a descomponerse hasta el extremo en que se encontró al fallecido.

La familia de la periodista no comulga con esta hipótesis, que no sólo proviene de los lugareños, sino de especialistas y de autoridades policiales. Por ello, decidió encomendar otro estudio de ADN en base a las nuevas muestras recolectadas de un hueso del finado. Éstas fueron remitidas a un laboratorio de genética en España y se espera que los resultados sean enviados a Bolivia hasta abril.

La ausencia de dientes en el supuesto cráneo de Clavijo es uno de los temas que más despierta dudas entre los Huaycho Hannover, sobre todo porque no hay una explicación para ello. Aparte, la doctora Salcedo comenta que no se puede establecer con certeza si los restos son del exteniente por los estudios dentales. Y lanza una crítica: “No se hizo un correcto levantamiento forense (del cadáver) porque lo ideal es cubrir la cabeza con una bolsa”.  

Aparte, los parientes de la víctima no cesan en criticar el rol que la Policía cumplió en este caso. El hecho de que el comandante Aracena haya levantado una cruz para Clavijo en el camino de La Calzada, sin tener las pruebas científicas de la identidad del cuerpo, es la base de esta interrogante. Informe La Razón intentó en varias ocasiones entrevistar al jefe policial, pero éste no atendió a la solicitud.

Mientras se espera que el veredicto genético llegue desde Europa, el cuaderno de investigaciones sobre el crimen está cerrado bajo siete llaves. Y en La Calzada y sus alrededores, hay comunarios que han creado un mito en torno a Clavijo. Algunos aseguran haberlo visto recientemente por los senderos donde reina la coca, la naturaleza virgen y los ríos. Creen que aún anda un asesino suelto por esa región donde todavía se huele el olor a muerte. Para ellos, el caso tampoco está cerrado.

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