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10 cónclaves históricos y curiosos

Los cónclaves para nombrar al nuevo Papa adoptaron varios matices con el paso de los siglos. Las primeras sucesiones contaron con un solo votante.

La Razón

00:00 / 11 de marzo de 2013

Los cónclaves para nombrar al nuevo Papa adoptaron varios matices con el paso de los siglos. Las primeras sucesiones contaron con un solo votante. Ya se vio esto con Jesús, que eligió a Pedro (el primer Papa), hace cerca de dos mil años. Y luego vino Lino, ordenado por el mismo Pedro. Aquí un listado de las elecciones papales históricas.

  1. Se puede decir que el papa Fabián fue electo por mandato divino el año 236. Por lo menos eso pensaron los católicos de entonces. Resulta que cuando los electores se reunieron para escoger al heredero de Antero, una paloma se posó sobre la cabeza de Fabián, que era un granjero que se hallaba accidentalmente en Roma y que participaba como espectador. Lo ocurrido fue interpretado como una señal directa del Espíritu Santo, por lo que el hombre fue ordenado, inmediatamente, como sacerdote, obispo y, finalmente, como el vigésimo Sumo Pontífice. Para entonces, aún no había reglas estipuladas para los comicios.
  2. Los primeros pasos de la religión propugnada por la Iglesia Católica y las elecciones papales estuvieron marcados por la división y la influencia del poder político e imperial. Por ejemplo, en el año 418 existían dos papas: Bonifacio I y Eulalio. Ante este hecho, el emperador romano Honorio ordenó que un sínodo (nombre antiguo del Concilio, una asamblea de obispos y doctores en teología) escogiera a uno de los dos y para ello propuso que ambos salieran de Roma para evitar presiones. Eulalio se arriesgó a oficiar la Pascua en esa ciudad para ganarse el voto, empero, ello enojó a Honorio, que lo desterró y limpió el camino para el nombramiento de Bonifacio I.
  3. El cónclave celebrado en 1241 es conocido como “del terror” por la presión del emperador Federico II, quien buscaba que los diez cardenales electores opten por su candidato. Éstos fueron encerrados bajo llave para acelerar la designación del nuevo Pontífice y evitar la influencia política. Las condiciones del enclaustramiento fueron tan duras —sólo como ejemplo, cada vez que se dormían los purpurados recibían un baño de agua helada y mal oliente— que durante los tres meses que duró el evento murieron dos autoridades eclesiásticas. Finalmente fue escogido Celestino IV, quien ya muy debilitado por el encierro, falleció 17 días después.
  4. Las reglas para el “sistema electoral” del Vaticano comenzaron a germinar desde el nombramiento de Celestino IV. El temor a un encarcelamiento similar al de 1241 llevó a los “hombres de rojo” a huir de la Ciudad Eterna (Roma) hasta la elección de Inocencio IV, en 1243, el primer cónclave oficial de la historia. Éste modificó el Colegio Cardenalicio con la designación de cuatro purpurados franceses, dos españoles y un inglés, para contrarrestar el poder de los 11 italianos. Así compuesto, este grupo selecto eligió a Urbano VI en 1261, quien designó 11 cardenales más, seis de ellos franceses. Una decisión para que la pluralidad aflore entre la Curia cardenalicia.
  5. La cita de cardenales más larga de la historia se desarrolló en Viterbo, una población de Italia: duró tres años (1268-1271). Un problema generacional, entre purpurados jóvenes y viejos, causó una nueva división en la Iglesia Católica. Para apurar la elección del flamante Papa, las autoridades civiles y los lugareños de la localidad tapiaron el acceso de la sala de reunión, cortaron el suministro de comida, obligaron a los eclesiásticos a alimentarse con pan y agua y hasta le quitaron las tejas al techo del palacio. La presión llevó a establecer una comisión de seis cardenales que nombró a otro laico: Gregorio X. Este comicio estructuró el cónclave en el asunto del encierro de los purpurados.
  6. La elección papal “más mortífera” de la historia se desarrolló entre el 4 de abril de 1287 y el 22 de febrero de 1288. Seis de los 16 cardenales asistentes fallecieron por culpa de la epidemia de malaria. Por ello, los purpurados sobrevivientes decidieron suspender el evento y, en ese transcurso, nombraron como sucesor de Honorio IV a Girolamo Masci, quien —se cuenta— no fue atacado por la enfermedad porque mantuvo encendido un fuego en su habitación, que lo “purificó” de los “vapores pestilentes”. No obstante, éste se negó al cargo, hasta que la reunión se reinició un año después, y el eclesiástico franciscano aceptó la responsabilidad y adoptó el nombre de Nicolás IV.
  7. Desde 1378 los cónclaves tuvieron como sede al Vaticano. El encuentro involucró a 16 cardenales que se encerraron con la presión del pueblo de Roma, que exigía la elección de un Papa de esa ciudad o de un italiano. Como no había consenso, uno de los asistentes sugirió la designación de un postulante que no estuviera en el ritual. La iniciativa se impuso y fue llamado el arzobispo de Bari, Bartolomé Prignano, y otros cinco obispos más. La muchedumbre interpretó en ese hecho que ya había Pontífice y por la fuerza ingresó a la sala de la cita. En medio del desorden alguien señaló como Papa al viejo cardenal Tabaldeschi, que fue aclamado y llevado en hombros hasta la basílica de San Pedro. Al final, el Concilio subsanó el error posesionando a Clemente VII.
  8. En la historia de la Iglesia Católica se le debe a Inocencio XII la eliminación del nepotismo y la actividad política de los cardenales. Sin embargo, para elegir al Papa número 247, Clemente XIV, en mayo de 1769, se realizó el cónclave más politizado de la vida eclesiástica. Es que los candidatos al trono de San Pedro fueron manipulados por los embajadores de las cortes católicas, es decir, España, Francia y Nápoles. Los reyes buscaban un Pontífice enemigo de la Compañía de Jesús y lo consiguieron al nombrar por unanimidad, después de tres meses de debate y tratativas bajo la mesa, a Clemente, quien decidió y ordenó la ejecución de los jesuitas repartidos por el mundo.
  9. En el siglo XX se realizaron ocho cónclaves. El primero, del 31 de julio al 4 de agosto de 1903, tuvo como protagonista a la división entre dos facciones: los que apoyaban al cardenal Mariano Rampolla y los que impulsaban el nombramiento de su homólogo Giuseppe Melchiorre Sarto. Austria vetó al primero y fue la última vez que un poder imperial influyó en los comicios papales. Al final Sarto fue designado y adoptó el nombre de Pío X, quien el 20 de enero siguiente promulgó la Constitución Commissum Nobis, que abolió el privilegio del veto y sancionaba con la excomunión a cualquier purpurado que comunicara en el ritual del cónclave algún veto remitido por un gobierno.
  10. El cónclave más corto fue el que sentó en el trono de San Pedro a Juan Pablo I, en agosto de 1978. No era el favorito, pero en nueve horas, 111 purpurados coincidieron en su nombramiento. Pero al momento del anuncio de su designación, la señal de humo blanco que indica que hay nuevo Pontífice no funcionó y en cuatro intentos salió humo de varios colores. Por ello, la noticia de Habemus Papa (Tenemos Papa) se hizo a través de altoparlantes. Se asegura que cuando el cardenal Camarlengo le preguntó a Juan Pablo I si aceptaba la decisión, éste le respondió: “Que Dios os perdone por lo que habéis hecho”. El Papa murió 33 días después por un polémico infarto de miocardio.

La leyenda de los antipapas se mantiene todavía viva

Así como la jerarquía eclesiástica reconoce que Cristo tiene como antítesis al Anticristo, también acepta que los papas tienen a los antipapas. Son personajes acusados de intentar usurpar o de arrebatar los poderes y funciones que atañen al máximo representante de la Iglesia Católica, elegido mediante el ritual del cónclave de cardenales.

La historia señala que los antipapas aparecieron por tres factores: por discordancia con la doctrina proclamada por la Curia, por el exilio o el encarcelamiento del Pontífice y por doble elección. El primero fue San Hipólito de Roma, que se autoadjudicó el trono de San Pedro entre los años 217 y 235, y el último reconocido canónicamente fue Félix V (1440-1449).

De acuerdo con los datos manejados por la Iglesia Católica, entre 217 y 1330 hubo 31 antipapas. Luego, en el periodo denominado como la “gran cisma de Occidente”, de 1378 a 1415, se presentaron cinco: Clemente VII, Benedicto XIII, Alejandro V y Juan XXIII. En la lista no oficial igualmente figuran otros tres: Clemente VIII, Benedicto XIV y Félix V.

No obstante, aún hay antipapas en la historia contemporánea, que son observados por la Santa Sede por arrogarse la autoridad del Sumo Pontífice y sus facultades religiosas. En el listado figuran 28 nombres, entre líderes de sectas desconocidas, iglesias cristianas o renovadas, facciones disidentes de congregaciones católicas o seminarios eclesiásticos.

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