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La corrupción y la falta de fiscalización salpican al Prosol

Una panificadora a la que se destinó Bs 139.500 luce abandonada a dos años de su apertura; la construcción de un centro turístico está bloqueada, pese al desembolso de Bs 877.500 en 2010

Ambiente que albergaba a la panificadora en San Blas.

Ambiente que albergaba a la panificadora en San Blas. Fotos: Erick ortega, archivo La Razón y El nacional de Tarija

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega y Miguel Gómez

00:00 / 23 de diciembre de 2013

Algo no cuaja en  San Blas. En la comunidad de la provincia tarijeña de Cercado, la carretera se desliza serpenteante, sube y baja, hacia y desde la ciudad de Tarija. Se encuentra a unos 20 minutos de viaje en vehículo y desde el camino se pueden observar los restos de una infraestructura que debía ser el complejo deportivo más grande del departamento.

Es mediodía y hay un par de tiendas abiertas, pero en ninguna se vende pan. No es un dato menor porque se supone que en el sitio se instaló una panificadora industrial con la capacidad de proveer este alimento a los lugareños e inclusive a la urbe chapaca. Los impulsores de la mentada fábrica recibieron recursos económicos del Programa Solidario Comunal (Prosol), una iniciativa que nació en 2008 y que utiliza parte del dinero de las ingentes regalías hidrocarburíferas que percibe la región, para depositarlo en los bolsillos de familias del área rural que plantean emprendimientos productivos.

Horno. Sin embargo, en San Blas solamente se recuerdan las buenas intenciones del proyecto de marras. La historia de éste señala que hace dos años, 31 parentelas solicitaron el apoyo para el armado de la panificadora. La Gobernación no puso obstáculos al requerimiento —como hizo con centenares de carpetas que llegaron a sus oficinas en el marco del beneficio— e hizo un desembolso de Bs 139.500. Un par de pobladores abordado por Informe La Razón, comenta que la fábrica se encuentra en el sector izquierdo de la escuela que lleva el nombre de la aldea, en un pequeño galpón.

Al llegar al lugar, se nota que el olvido le ha pasado factura, que es poco frecuentado porque las plantas miden aproximadamente medio metro de alto y ocupan la parte central del garaje de ingreso. No existen rastros de que un horno o cualquier otro instrumento que elabore pan se encuentre operando. José Yarbi vive a menos de media cuadra de  allí. Se presenta como dirigente de la zona y principal responsable de la panificadora industrial. Es un hombre amable, de palabra fácil y aclara que no tiene nada que esconder. Por ello, acepta abrir las puertas de la “empresa multifamiliar”.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 23 DE DICIEMBRE JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA

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