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Hay 95 criaderos certificados de perros de raza en tres ciudades

Los dueños recurren a una inversión millonaria, la inseminación artificial, la importación de hembras preñadas, entre otros métodos, para obtener buenas camadas.

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:00 / 31 de diciembre de 2013

La crianza de un perro de raza es considerado un arte por aquellos que dedican su vida al mejoramiento del estándar o las características de un animal, pero para la mayoría de los propietarios de criaderos es un negocio redituable. Roberto Sandóval se inscribe en el primer grupo, ya que esta actividad es su hobby durante 14 años y su principal motivación es obtener reconocimientos nacionales y extranjeros junto a sus pastores alemanes, huskies y cockers de La Paz.

Para conseguir esto, admite que a veces la inversión es mayor a las ganancias, ya que estos animales requieren comodidades, adiestramiento y buena alimentación. Por ejemplo, Sandóval compró en $us 4.000 un cachorro macho a fin de que sea un reproductor, y en $us 1.500 una hembra, base de la crianza. “No se necesita la pareja, hay gente que trae reproductores y paga por la ‘monta’ o el cruce con una hembra, y otros alquilan la suya para que cumpla ese fin. El pago puede ser en dinero o con un cachorro”.

Estatus. El hombre que cuida a sus canes en su casa de la zona Sur de La Paz rememora que Muñeca, su pastor alemán, parió hace poco dos camadas de cuatro perritos cada una. El precio de las crías se estipuló de acuerdo con sus características. “En la camada puede nacer uno de $us 500 y otro de $us 100, que ya no sea de exposición sino de compañía”.

Si el cuadrúpedo es calificado en los concursos con una nota excelente, obtiene un certificado, y la acumulación de varios le otorgan el título de campeón, que involucra un estatus para él y su dueño. Sandóval señala que en varias oportunidades recibió reconocimientos económicos o alimentos de auspiciadores, algo importante porque sus dos perras consumen cada mes el equivalente a $us 50 y los tres machos, aproximadamente Bs 500.

Armando Tórrez, que maneja desde hace 18 años, en Cochabamba, un criadero de las razas rottweiler, schnauzer miniatura, doberman y american staffordshire terrier, comenta que su objetivo es obtener el estándar deseado: un cachorro de primera selección o de show que se cotiza entre $us 600 y 800, que no se compara con aquél destinado a cumplir el papel de mascota, que vale entre $us 50 y 200 y que se entrega con “garantía de reposición”, o sea que puede ser devuelto en caso de inconformidad del comprador.

Hay posibilidad de mayores ganancias si la hembra es más grande, porque puede tener hasta 15 crías cada seis meses, ya que lo aconsejable es que descanse medio año. Sin embargo, los gastos se amplían si los amos toman la decisión de importar a la incubadora para obtener la pureza anhelada, porque las razas que tienen mayor aceptación en territorio boliviano provienen, sobre todo, de Argentina, Brasil, Estados Unidos, Alemania y Europa.

La perra preñada que es importada del exterior se cotiza entre $us 4.000 y $us 6.000, informa Tórrez. Mientras que Sandóval agrega que con las nuevas normas aeronáuticas que prohíben que el animal viaje solo, esta opción se ha tornado más engorrosa. “Conozco fanáticos que trajeron sus pastores alemanes desde Alemania invirtiendo entre $us 10 mil y 12 mil, y otros desde Argentina, con $us 40 mil”.

Otro método al que recurren los criadores es la inseminación artificial; aunque es poco usada por su costo y consiste en enviar a la hembra o incubadora al extranjero. “Se la manda por lo menos tres meses antes de que entre en celo y vuelve cuando se confirma que está encinta. En ese tiempo el dueño paga entre $us 3.000 y 3.500 por su manutención. A ello se suman entre $us 1.000 y 2.000 del procedimiento médico, que varía según la raza y el tamaño del animal”, indica Tórrez.

En el caso de los rottweilers, continúa el experto, se apuesta igualmente por importar el esperma congelado, que cuesta entre $us 1.000 y 1.200, y está garantizado por un banco de esperma. La fecundación debe ser aplicada por un médico veterinario certificado, que cobra entre $us 600 y 700 por sus servicios. En las demás razas, es necesaria la copulación.

Garantía. El Kennel Club Boliviano es una organización reconocida por la Federación Cinológica Internacional y cuenta con el aval para certificar con pedigrí a los perros de raza y a los lugares donde éstos nacen, crecen y se reproducen. Aglutina a casi un centenar de criaderos en el eje troncal del país: 50 operan en Cochabamba, tres decenas en Santa Cruz y 15 en La Paz, según el presidente de la regional cochabambina, Norman Andia.

Para que un criadero consiga la acreditación de esta entidad, basta con que el interesado remita a sus oficinas una solicitud que incluya su nombre. “Aquí tenemos una comisión que va a verificar que las instalaciones tengan espacio adecuado y estén al aire libre”. Cochabamba tiene las condiciones ideales para esta labor, porque Santa Cruz tiene un clima muy cálido y proliferan los bichos, y el frío y la altura de La Paz afectan a los animales.

En cuanto al registro de una camada, explica Andia, los ejemplares adultos (hembra y macho) tienen que pasar por un examen de aptitud de reproducción, que mide su temperamento y que no tengan “elementos descalificantes” como la agresividad. Luego se evalúa que no exista consanguinidad extrema (que sean hermanos) y, al final, se llena un formulario con la fecha del apareamiento.

Al nacer los cachorros, una comisión los inspecciona y verifica su salud y que tengan las características de su raza, y al mes se les implanta un microchip para su identificación. “Cuando los cruces incumben a ejemplares extranjeros, solicitamos una nacionalización del pedigrí de donde venga el animal y revisamos que no tenga defecto, y emitimos el pedigrí de exportación para nuestros animales”, dice Andia.

Ilegalidad. Los entrevistados coinciden que vendedores ambulantes de ferias y mercados del eje troncal boliviano se alimentan de canes que nacen de una pareja en la que solamente uno es de raza, o que aparentan tener pedigrí, o que se aparean sin importar los resultados. Si hay casi 100 criaderos reconocidos por el Kennel Club, los informales pueden igualar o inclusive superar este guarismo.

Los criaderos sin certificación son armados en pequeños espacios cerrados, ubicados en casas particulares de zonas alejadas de las principales urbes del país. En éstos se mantiene a los animales en malas condiciones, denuncian los entrevistados. Por ejemplo, las crías están apiladas en jaulas de un metro cuadrado, describe Gary Barrios, representante nacional de Zoonosis, del Ministerio de Salud.

"El lucro es lo que nos diferencia de estos productores”, opina Roberto Sandóval, “porque nuestro objetivo es mostrar nuestros logros en exposiciones, las otras personas sólo reproducen y venden a los cachorros, sanos, enfermos o con defectos físicos, y con o sin vacuna; venden gatos por liebres”. Susana del Carpio, titular de Animales SOS, advierte que los criaderos informales ofrecen a “perros descartados” en el exterior, que no tienen el estándar de una raza y no obtienen el pedigrí, por más que sus padres posean la certificación.

Actualmente no existe mayor control sobre estos espacios; no obstante, el proyecto de Ley de Protección y Bienestar Animal que se encuentra en tratamiento en la Cámara de Diputados, plantea la prohibición de la comercialización de animales en vías públicas y en ferias eventuales, así como en establecimientos o lugares no autorizados para ese fin. El Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag) se encargaría de hacer cumplir la norma.

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