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La desnutrición crónica se redujo de 20% a 9%

La Razón

00:00 / 04 de junio de 2012

La baja talla es sinónimo de desnutrición crónica. Y según datos del Programa Multisectorial Desnutrición Cero, del Minis- terio de Salud, los números de estos males en el país están en picada: las atenciones médicas que los detectan en niños menores de dos años disminuyeron, de 2009 al año pasado, de 20,7% a 9,7%.

Juan José López, responsable del Seguimiento a los Objetivos de este ente, señala que esta disminución refleja que las estrategias implementadas desde 2007 están dando resultados. Uno de los puntales son los subsidios prenatal y de lactancia, sobre todo sus nuevos productos: Nutribebé y el Suplemento Nutricional para las madres.

Aparte, está la Ley de Fomento a la Lactancia Natural y Comercialización de Sucedáneos que se aprobó en 2006. Esto inclusive repercutió en los 166 municipios priorizados por este programa, por ser los más vulnerables a la inseguridad alimentaria, donde la desnutrición crónica en su población de infantes de dos años se redujo de 16,6% a 8,9%, desde 2009 hasta 2011.

Estos logros son avalados por el coordinador regional de la Alianza Panamericana por la Desnutrición y Desarrollo de la Organización Panamericana de la Salud, Manuel Peña, quien explica que hace cinco años Bolivia tenía un “gran problema alimentario”: la desnutrición crónica afectaba a 30 de cada 100 infantes menores de cinco años, y en Potosí y Chuquisaca esta cifra alcanzaba a 40 de 100 niños. “Hasta mediados de 2011 ésta se redujo en cinco puntos, lo mismo que en Brasil y Perú”. 

El ministro de Salud, Juan Carlos Calvimontes, añade otro motivo para estos resultados: el pago del bono Juana Azurduy desde 2008. Por ello, disminuyó el porcentaje de mortalidad infantil en menores de dos años, de 54% a 43%; y de la mortalidad materna, de 280 a 180 muertes año. Esto abre esperanzas para cumplir con las Metas del Milenio que se revisarán en 2015.

No obstante, aún queda mucho por avanzar. De acuerdo con un boletín de Acción Internacional para la Salud, el país todavía aparece entre aquellos que tienen mayores índices de desnutrición en el planeta, según el Mapa del Hambre 2011 elaborado por el Programa Mundial de Alimentos, ya que figura en la “zona roja” con una tasa “moderadamente alta” de desnutrición, de entre 20% y 34%.

En la región, el caso más preocupante es el de Haití, que presenta un índice mayor al 35%, mientras que la otra cara de la medalla son Chile, Uruguay y Argentina, donde la tasa es menor al 5%; y Brasil, con un índice que se sitúa entre 5% y 9%. Sin embargo, el documento reconoce los avances en Bolivia, donde el número de personas que padece hambre cayó de 26% a 23%; aunque el 80% de la población infantil, entre seis y 23 meses de vida, padece anemia.

El subsidio posee cuatro nutrientes indispensables

Sin duda, los subsidios prenatal y de lactancia contienen alimentos de calidad para preservar la salud de las embarazadas, las nuevas mamás y sus bebés. Y cuando las beneficiarias venden estos productos, pierden nutrientes esenciales. El director del Instituto Nacional de Seguros de Salud, Miguel Ángel Suárez, explica que la elección de los artículos de estos paquetes está a cargo de nutricionistas, médicos, pediatras, tanto del Ministerio de Salud como privados, e ingenieros del Instituto Nacional de Laboratorios.

“Es innegable que todos tienen una razón de ser y cumplen con su principal objetivo: mejorar y reforzar la nutrición de una familia” de cuatro miembros: una madre, un padre de 30 años de edad, una niña de siete años y un niño de cuatro. No obstante, la autoridad reconoce que los principales obstáculos con los que se tropieza son la desinformación y el desconocimiento de las bondades de cada uno de estos alimentos, así como su preparación.

En esto sobresalen cuatro nutrientes necesarios durante el embarazo y la lactancia, de acuerdo con datos del Inases. En primer lugar están los lípidos, ya que el consumo de ácidos grasos esenciales (presentes en las almendras) apoyan el desarrollo del sistema nervioso del recién nacido. En el segundo escalón se encuentra el  hierro, que evita la anemia en las mujeres encinta y se halla en los productos fortificados como el Suprelac, los fideos, el arroz, la quinua y las galletas de amaranto, que deben ser ingeridos con bebidas cítricas.

Tercero, el calcio —mineral clave para tener huesos y dientes fuertes, ya que una mala dieta provoca que la mujer pierda su propio calcio óseo en la alimentación intrauterina de su bebé— de los lácteos, quesos, cereales, sésamo, carne de soya de los subsidios. Cuarto, el ácido fólico —vitamina del complejo B que ayuda a prevenir defectos de nacimiento y que es importante para el sistema nervioso y las neuronas—, presente en el producto Suprelac.

Por último, la fibra de vegetales —indispensable para el sistema digestivo porque disminuye el estreñimiento durante el embarazo—, que está en los cereales y leguminosas en grano, la avena, la quinua, el poroto, el sésamo y la carne de soya, y que debe consumirse a la par de frutas y verduras.

Nutricionista Eunise Barreda Luján

‘Con la venta, se perjudica a toda la familia’

Los subsidios son un complemento para la alimentación de la mujer embarazada y para la madre que da de lactar a su bebé. Por ello, debe ser consumido en la cantidad de alimentos que se otorgan cada mes, porque éstos no solamente se encuentran en su estado natural, sino que son suplementos complementados con vitaminas y minerales que resultan esenciales para estas dos importantes etapas en la vida de una mujer. Aparte, son también útiles para hacer sostenible la alimentación del lactante, es decir, para que no le falte leche a la mamá y no se deteriore su estado nutricional por esta actividad.

O sea, al no consumir los productos de los subsidios prenatal y de lactancia, la mujer estaría perdiendo, fundamentalmente, alimentos de alto valor nutritivo que van a ser beneficiosos para su organismo, los mismos que luego serán transmitidos al niño en la etapa de embarazo y a través de la lactancia. Por ejemplo, si las involucradas consumen “comida chatarra”, están sustituyendo lo beneficioso de estos paquetes subsidiados por alimentos de determinado valor calórico que no contienen todos los nutrientes completos.

Los nutricionistas tenemos conocimiento de que en los últimos años los subsidios igualmente están destinados a los integrantes del núcleo familiar. El objetivo sería que la madre tenga la posibilidad de compartir algo de los nutrientes de estos alimentos, que no solamente consisten en la leche y sus derivados, sino en harinas fortificadas y otros alimentos. Por ello, cuando se comercializan estos productos, también se priva de éstos al esposo y a los hijos que se encuentran en desarrollo.

Es necesario hacer énfasis en que si este suplemento presente en los paquetes de los subsidios es otorgado de manera gratuita, debe ser consumido y no empleado para realizar transacciones económicas. Más bien se debe pretender el fortalecimiento del organismo de la embarazada o de la nueva mamá, lo que le servirá inclusive para cuando empiece a perder el calcio de sus huesos o ingrese en el difícil periodo de la menopausia.

El nuevo paquete es de mil bolivianos

Azúcar, sopas deshidratadas, palmitos y arvejas enlatadas, linaza, granola, maní,... son alimentos que desde este mes forman parte de los nuevos subsidios prenatal y de lactancia que regirán en esta gestión. Así, se eleva de 30 a 38 el número de productos de los paquetes, que en su costo ahora equivalen al nuevo salario mínimo nacional: 1.000 bolivianos.

La noticia ya ha llegado a las beneficiarias y genera expectativa. “Nos van a aumentar el paquete del subsidio, va a ser todavía mejor del que recibimos ahora”, expresa María Elena Espinoza, con una enorme sonrisa, mientras espera en la fila de la distribuidora de la empresa PIL Andina de la ciudad de La Paz, en la calle Coroico.

Certificación. El director del Instituto Nacional de Seguros de Salud (Inases), Miguel Ángel Suárez, dependiente del Ministerio de Salud, explica que el flamante paquete de 1.000 bolivianos genera una diferencia de 184,60 bolivianos con relación al que estaba vigente hasta mayo, que ascendía a 815,40 bolivianos, o sea, ello implica 22,6% de incremento.

Informa que este beneficio se otorgará dividido de la siguiente forma: paquete nacional, paquete Beni (urbano y rural) y paquete Pando (urbano y rural). Los dos últimos poseen productos diferenciados del primero: más alimentos secos que tienen más duración por su ambientación al clima de esos departamentos orientales, con temperaturas superiores a 25 grados.

Para conformar estos subsidios se tomaron en cuenta las necesidades en energía y en nutrientes (proteínas, grasas, carbohidratos, minerales y vitaminas) de las mujeres durante el embarazo y en etapa de lactancia, así como de los niños de seis a 12 meses de vida. “Ningún alimento por sí solo proporciona todos los nutrientes que se necesitan diariamente, por ello la alimentación debe ser variada”, alega Suárez.

Recalca que la mujer en estado de gestación tiene un aumento de demanda energética, por las exigencias del crecimiento fetal y al esfuerzo físico. Por esto, necesita unas 2.210 calorías al día. Asimismo, los alimentos administrados fueron sometidos a un análisis químico nutricional y todos tienen la certificación del Instituto Nacional de Laboratorios de Salud.

El contenido de los paquetes es aprobado sin intervención de entes internacionales como la Organización Panamericana de la Salud o la Organización Mundial de la Salud, ya que responde a una política estatal. “Tenemos la capacidad para ello, la información está dada en base al informe de cuánto requiere cada persona por día, considerando una familia de cuatro personas”. 

Así como el nuevo salario mínimo nacional tiene aplicación retroactiva desde enero, las 45 mil adjudicatarias a nivel nacional recibirán este mes una especie de “subsidio retroactivo”, que involucra a productos alimenticios equivalentes a 184,60 bolivianos por enero, febrero, marzo, abril y mayo; en total, 923 bolivianos.

Este monto será cubierto con una ración adicional de hojuelas de cebada precocida y de quinua, fideo fortificado, arroz, api, azúcar, sopa deshidratada, maní, linaza molida, castaña, yogur probiótico y quinua real en grano, detalla  Suárez, lo que igual eleva la lista de más de 45 proveedores de estos alimentos.

El Fondo Pro Leche recibe ya ingresos

El Fondo Pro Leche que se instituyó el año pasado, y que busca fomentar el consumo de este producto lácteo, ya aplica desde mayo la retención de 10 centavos de boliviano en la comercialización de cada litro de cerveza y 40 centavos a las bebidas alcohólicas importadas. El monto de lo recaudado será conocido a mediados de este mes, según la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Empresas. Esta medida fue asumida por el bajo nivel de consumo de leche entre los bolivianos: 30 litros anuales por habitante, cuando la media en América Latina es de 104 litros. Un estudio realizado por Acción Internacional para la Salud (AIS), en junio del año pasado, determina que para alimentar a un lactante durante un año se necesita hasta 80 kilogramos de leche, es decir 40 tarros de 2 kilogramos. “Significa alrededor de tres tarros de leche al mes y 4.800 bolivianos al año (según el precio promedio de este producto en el mercado), que pueden llegar a consumir el 20% de los ingresos” económicos de las familias.

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