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El poder económico colla en Cobija emerge en la política

Los comerciantes importadores del occidente del país conforman la ‘nueva burguesía’ en Pando y ganan espacios en la toma de decisiones

La Razón / Erick Ortega y Miguel Gómez

00:00 / 23 de septiembre de 2013

Lucio Villca es considerado el gremialista más poderoso de la capital Cobija, y tal vez de Pando. Su padre fue uno de los pioneros de la llegada del comercio con rostro colla, allá por los años 70 del siglo pasado.

“Sí, dicen que soy uno de los hombres más exitosos de acá”, comenta, con una sonrisa, el cochabambino de 45 años que tiene cachetes amplios, es de familia orureña y administra el famoso Bazar La Paz, que ofrece más de 6.000 artículos y es frecuentado por clientes nacionales y extranjeros, sobre todo brasileños. Su mercadería variada va desde juguetes, pasando por grabadoras hasta electrodomésticos.

Él es un símbolo del poder económico que los inmigrantes cochabambinos y del occidente del país, conocidos como “collas” —de La Paz, Oruro y Potosí—, tejieron durante décadas en base a la venta de productos y que hoy conforman una “nueva élite” en la Perla del Acre. Eso sí, Villca no quiere saber de política. No obstante, otros collas de la región han comenzado a ganar espacios en la arena política local y nacional.

El fenómeno inmigratorio no tiene estadísticas oficiales, pero pesa a la hora de evaluar la explosión demográfica en suelo pandino. El Censo Nacional de Población y Vivienda, comandado el año pasado por el Instituto Nacional de Estadística, señala que el departamento cuenta con 110.436 habitantes, o sea, creció en 110% si se toma en cuenta que hasta 2001 tenía a 52.525. Mientras que en 1992 su población ascendía a 38.072 personas.

El alza sostenida de estos números no se explicaría sin la llegada masiva de bolivianos de otras latitudes que desembarcan en Cobija y sus alrededores rurales para hacer dinero, especialmente con el comercio. La directora de Políticas y Programas Sociales de la Secretaría de Desarrollo Humano de la Gobernación de Pando, Carolina Araujo, revela que las estimaciones indican que 40% de los moradores de la región son inmigrantes del occidente, 30% benianos y 30% pandinos.

Los investigadores Juan Rojas, Hans Zampieri y Gabriel Aguilar publicaron en 2005 el libro Migraciones a Pando y su contribución al desarrollo regional, con el auspicio del Programa de Investigación Estratégica en Bolivia (PIEB). El estudio remarca que en Cobija, la mayoría de los inmigrantes arribó en los años 90 del siglo pasado (45% del total), mientras 41% lo hizo en los años 2000, otro 9% en los años 80, un 4% en los años 70 y 1% en los años 60.

La procedencia de estos residentes es la siguiente: 36% son del Beni, 32% de La Paz, 10% de Cochabamba, 9% de Oruro, 7% de Potosí, 3% de Santa Cruz, 2% de Tarija y 1% de Chuquisaca. Mientras que sus razones para haber dejado sus tierras de origen son: trabajo (61%), familiares (18%), otros/as (13%), comercio (7%) y tierras (1%). Además, el grueso de los que cuentan con una profesión es de La Paz (31%) y son seguidos por los de Oruro (13%), Beni (11%), Cochabamba (11%), Tarija (11%), Chuquisaca (10%), Potosí (10%) y Santa Cruz, con 3%.

Eso no es todo. La averiguación desvela que 33% de los inmigrantes en Cobija son comerciantes, 15% albañiles, 11% amas de casa, 11% transportistas, 5% empleados públicos, 5% carpinteros, 5% mecánicos, 4% castañeros, 1% empleadas domésticas y 1% profesores. Los Villca son parte del grupo del 33%. Patricio, el padre de Lucio, fue el orureño que inició la importación de mercadería hacia la capital pandina. Así armó una de las redes sociales collas de este poder económico.

Carol Carlo Durán es coordinadora de la investigación Migrantes, paisanos y comerciantes. Prácticas sociales y económicas en la Zona Franca de Cobija, que publicará pronto el PIEB y contó con la colaboración de César Aguilar, Laurimar Ecuari e Ignacio Arauz. La socióloga explica que la Zona Franca de Cobija, la cercanía a un mercado que goza de alta demanda de productos y las exenciones impositivas han permitido el auge de las importaciones incentivadas por estos inmigrantes.

Esta “nueva burguesía” se encuentra integrada precisamente por los comerciantes importadores, una cofradía económica emergente que está constituida, principalmente, por gente del occidente boliviano. Durán identifica tres períodos en el desarrollo de las redes sociales de estos actores. El primero, entre 1984 y 1997, se caracterizó por la llegada de los inmigrantes, sobre todo de Oruro y La Paz, y la conformación de clanes de familiares, compadres y amigos de la localidad.

Negocio. El segundo es denominado de “consolidación” (1998-2004) y resaltó por el trabajo en equipo para conseguir que los miembros de las redes tengan crecimiento económico, con “compras conjuntas” en el puerto de Iquique, en Chile, para trasladar, luego, las mercancías a Cobija; ello para reducir los costos y maximizar los beneficios. Los clanes también apuntaron a “monopolizar” zonas urbanas para instalar sus puestos de venta y al “reclutamiento” de trabajadores, incluso con personas de confianza que cuiden los negocios.

Y el último período (2005-2011) promovió un papel relevante de la mujer en la actividad comercial; sin embargo, las redes dejaron de mostrar unidad, se deterioraron porque cada miembro comenzó a actuar de forma individualizada, con afanes egoístas. Por ejemplo, los Villca se apoyaron en un comienzo y hoy sus integrantes compiten por los clientes. Son parte de la élite comercial colla que ha dejado en la historia a apellidos como Arab, Higa, Sotomayor, Tanwing y Becerra, para dar paso al dominio de los Mamani, Opi, Ramírez, Crispín, Condori, Barreto...

Hay personas que comenzaron con $us 2.000 de capital y actualmente cuentan con más de $us 100.000, según los cálculos de Durán. Lucio Villca no quiere hablar de dinero y cuenta que llegó a Cobija en 1996 e instaló una tienda pequeña. “De Cochabamba traíamos azúcar, papa, arroz y manteca. Íbamos hasta Puerto Villarroel en camión y de ahí en barco a Riberalta, en Beni, desde donde otra vez viajábamos en camión hasta llegar a Cobija”, recuerda el próspero vendedor.

El Bazar La Paz se encuentra en el llamado “Wall Street” de los comerciantes, la avenida Teniente Coronel Enrique Fernández Cornejo. La vía es una de las más codiciadas por los vivanderos, según el libro de Durán. Hay unas 65 tiendas en cuatro cuadras y el 85% de éstas es propiedad de orureños, que se ayudan entre familiares para comprar los espacios. En el sector gremialista, acceder a este lugar implica más prestigio económico y social, no en vano los Villca son parte del paisaje.

El economista pandino Michel Bravo establece que el aporte económico de los inmigrantes del occidente no sólo se traduce en el desarrollo cobijeño, sino en la creación de empleos, especialmente para los miembros de las parentelas inscritas en el comercio. “El principal motor económico de Pando es el comercio, que en 2011 generó ingresos más importantes que la madera y la castaña. Calculo que el 90 por ciento de esta actividad se encuentra en las manos de los collas”.

El grueso de los clientes de estos importadores informales es de nacionalidad brasileña. Por esta razón, es casi una regla hablar portugués para entablar las negociaciones y las transacciones. Los extranjeros incluso compran en los locales con su moneda, el real. Curiosamente, estos inversionistas occidentales no figuran en los listados de las organizaciones que aglutinan a los empresarios. Al respecto, Villca subraya de que son ámbitos en los que no les interesa tener participación.

“Tampoco en política”, confiesa. No obstante, ello ha ido cambiando en los últimos años. “Si bien antes de la irrupción del Movimiento Al Socialismo (MAS) los collas participaban en las tiendas políticas tradicionales —léase Acción Democrática Nacionalista (ADN), Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) y Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR)—, lo hacían en menor medida. Hoy, este grupo se identifica con el partido gubernamental”, opina Bravo.

Pero el economista aclara que los inmigrantes de occidente que pretenden copar espacios de poder político son los que llegaron recientemente a Cobija, no los antiguos. Sobre el tema, la investigadora Durán comenta que esta “nueva burguesía” aún no ha logrado intervenir en la toma de decisiones para beneficio propio o de la sociedad. “ La gente vinculada con el comercio no apunta a esto, no sólo porque no quiera, sino porque no tiene interés por vincularse en el espacio político”.

No obstante, el tablero político ha comenzado a tomar interés para los collas, incluso los que son gremialistas. Para muestra un botón. El senador suplente Félix Yapu es del MAS. Hace 13 años dejó su natal Achacachi, en la provincia Omasuyos de La Paz, y la cambió por Cobija. Lo primero que le impresionó fue el calor asfixiante. “Por aquel entonces, ya llegaba gente del occidente a Pando, pero no eran muchos”, rememora. Tiene dos tiendas, una de ropa y otra de celulares.

Ambas están ubicadas en el Mercado Central cobijeño, otro de los centros preferidos por los inmigrantes que apuestan por el comercio. “Me hice conocer con la gente y decidieron postularme para dirigente. Estuve varios años así y un día me propusieron ser candidato por el MAS”. Así, los gremialistas que antes apoyaban a postulantes pandinos que representaban a partidos tradicionales, ahora apuestan por miembros de su gremio para tener poder político y hacer valer sus demandas.

Emergencia. Manuel Limachi también nació en La Paz, es senador titular pandino por el MAS y estuvo ligado a los movimientos sociales e indígenas durante mucho tiempo. Inclusive el presidente de la Brigada Parlamentaria de Pando, Galo Bonifaz, proviene del departamento paceño. “Somos personas que tenemos la revolución en las venas y queremos cambiar Pando”, declara Yapu, quien añade que los collas están dando pasos cortos, pero seguros, para tener incidencia desde la arena política local.

Hasta 2005, de acuerdo con el documento de Rojas, Zampieri y Aguilar, los inmigrantes collas en Cobija no intervenían en política y 86% simplemente era militante de partidos; aunque algunos candidatearon para ocupar cargos públicos. Aparte del MAS, el Movimiento Amazónico de Renovación Democrática y el Poder Amazónico Social fueron otros frentes que abrieron sus puertas a estas personas, empero, no en la proporción del creciente fenómeno inmigratorio.

Eso sí, establece la investigación, “los inmigrantes han conformado federaciones, asociaciones y sindicatos de acuerdo al rubro laboral en el que se desempeñan. Las personas de tierras altas, que en general trabajan en el sector gremial y del comercio, se han organizado en sindicatos con las mismas características que se conoce en el occidente boliviano”. Estas organizaciones fueron la punta de lanza para que los collas accedan a la esfera política y la toma de decisiones en Pando.

“Es interesante que los representantes gremiales que tienen éxito económico en territorio pandino, ahora busquen poder político. Es una legítima aspiración. Además, los pandinos somos minoría en el departamento, la mayoría son inmigrantes cuyos problemas en sus sindicatos y comunidades los obliga a meterse en la política. En la anterior legislatura igualmente hubo un parlamentario paceño que salió del autotransporte”, opina el analista político pandino Pinki Landívar.

En criterio del politólogo pandino Lizardo Méndez, la inmigración colla en la Perla del Acre ha encontrado otro punto de reconocimiento en el campo de la política, lo que va de la mano con el reconocimiento de la plurinacionalidad establecida por la nueva Constitución Política del Estado; aunque maneja que con el vigente régimen de autonomías, los espacios para cargos políticos recaerán mayoritariamente en candidatos locales, porque los electores buscarán un fuerte sentido de identidad con éstos.

“El poder político de los inmigrantes, sobre todo de los de occidente, es reciente. Es gente que ha inmigrado en los últimos diez años y son parte de sectores sociales que se han fortalecido, como de los transportistas y, en menor proporción, de los comerciantes. Los senadores y diputados que han emergido de estos rubros son personajes que se han apoyado en el Movimiento Al Socialismo”, añade Durán.

La alcaldesa de Cobija, Ana Lucía Reis, remarca que el MAS tuvo la virtud de posibilitar el acceso a la esfera política de los residentes collas en suelo pandino, y mezclarlos en sus listas de postulantes con representantes locales. “Hay un importante aporte de la gente de Bolivia que llega a Pando, sobre todo en el crecimiento de este municipio. Tenemos su apoyo a las inversiones no sólo en comercio, sino en radiotaxis, restaurantes y otras áreas.

La mayor parte viene para invertir en negocios”.

Mientras tanto, los ingresos de Lucio Villca van viento en popa. Sus principales compradores arriban desde Brasil, tras cruzar el Puente de la Amistad. Es que el Bazar La Paz es una parada obligatoria para los que quieren adquirir productos baratos y novedosos. El cochabambino heredó el local de su progenitor, tal como ocurrió con otros collas de la zona. Él es un personaje de la flamante burguesía en la capital pandina, aquella que tejió su poder durante décadas de trabajo.

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