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Unas 80 entidades dan tratamiento a drogodependientes

La Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico movilizó a aproximadamente 15 mil estudiantes en La Paz, en octubre, en una cruzada antidrogas.

La Razón

00:00 / 19 de noviembre de 2012

Al menos 80 instituciones se dedican a trabajar en la prevención y el tratamiento de personas con problemas de dependencia de drogas, de acuerdo con los datos del Ministerio de Deportes y la Asociación Boliviana de Comunidades Terapéuticas. La mayoría está en el departamento de La Paz donde, además, confluyen pacientes de diferentes partes del país.

Entre las entidades está el Ministerio de Salud; sin embargo, generalmente éstas operan gracias a esfuerzos privados, tal es el caso de la Fundación Adulam ubicada en la zona de Alto Lima, El Alto, que igualmente colabora con internos de las urbes de Sucre y Santa Cruz de la Sierra, entre otras regiones. No obstante, el Centro Latinoamericano de Investigación Científica sólo cuenta con un rol de casi medio centenar de organizaciones en el rubro.

Hace aproximadamente tres décadas no había ninguna preocupación estatal respecto a políticas para evitar el consumo de estupefacientes, sobre todo en la juventud. Recién en 1987 se creó la Dirección Nacional de Prevención (Dinapre). Uno de sus integrantes fue el psiquiatra Ricardo Ramos, que actualmente está a cargo del hospital psiquiátrico San Juan de Dios, en La Paz.

Comenta que uno de los problemas   de las campañas era que, sin quererlo, hacían promoción y no prevención. “Se manejaba el problema igual que en los años 70 del siglo pasado, con una estrategia de terror para que la gente se asuste y tenga miedo a las drogas por sus efectos. Posteriormente se descubrió, con estudios bastante serios, que esto producía interés y deseo de conocer lo que está prohibido”.

Allá por los años 80 y comienzos de los 90, el lema era “No a las drogas”. Según Ramos, aquello despertaba la curiosidad de los muchachos “porque en el inconsciente no existe la negación y lo único que quedaba era ‘las drogas’”. Las estadísticas que muestran un aumento constante del consumo de narcóticos es uno de los argumentos en los que este psiquiatra sustenta su teoría. Por ello, sugiere hacer un trabajo multidisciplinario para ayudar a quienes están inmersos en el problema.

Actualmente, hay campañas dominicales y ferias en las que se habla de las drogas y que tienen como público objetivo a los niños y adolescentes, en las que participan varias instituciones. Por ejemplo, a comienzos de octubre, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) movilizó en la ciudad de La Paz a 15 mil estudiantes en el inicio de la cruzada nacional contra el consumo y tráfico de estupefacientes, que prevé llegar a 250 mil muchachos.

Al finalizar octubre, en Santa Cruz, se descubrió que más de 78 colegios tenían problemas con narcóticos. Extraoficialmente Informe La Razón supo que están en operativos similares en escuelas sospechosas de las urbes de La Paz, El Alto, Cochabamba y Sucre.

¿Qué hacer desde la escuela ante la evidencia del uso de narcóticos?

  • Si percibimos o recibimos información que un estudiante está consumiendo algún tipo de drogas (legales o ilegales), es importante reflexionar y considerar que el consumo puede ser un síntoma de situaciones o problemas más complejos, por lo que se debe actuar de manera discreta, evitando divulgar cualquier información ya que existe la posibilidad de que la misma no sea real y su estado se haya confundido por la presencia de ciertos signos debido a otro tipo de situaciones como enfermedad, problemas familiares u otros, que pueden prestarse a una mala interpretación.
  • De hacer pública la información recibida sin haber comprobado que es real, se dañará la reputación del estudiante quedando un estigma que le puede causar problemas posteriores, con su familia y su entorno inmediato, creándose un ambiente de desconfianza y malestar, y haciendo más difícil una intervención eficaz.
  • Dada que ésta es una situación delicada, el caso debe ser considerado por la Dirección en primer término; instancia que deberá garantizar la confidencialidad y reserva necesarias, determinando que el abordaje con el alumno sea realizado con una entrevista personal y semiestructurada.
  • El propósito de la entrevista es el de confirmar o descartar una situación de consumo de drogas, pero fundamentalmente es de conocer las causas que motivaron al estudiante a  involucrarse en esta problemática.
  • La entrevista debe concluir con la elaboración de un plan conjunto de acciones por parte del alumno y del maestro. Lo tratado en la entrevista debe ser confidencial.
  • La persona que hubiera realizado esta tarea debe asumir el acompañamiento del proceso de recuperación (tratamiento). Es evidente que unas cuantas conversaciones no   podrán modificar comportamientos.

‘Educar para prevenir. Abordando el tema de las drogas en las escuelas’

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