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Desde 2005 no hay flujo ferroviario en la ruta desde Visviri hasta Arica

La mañana del lunes 13 de mayo, el presidente chileno, Sebastián Piñera, trepó al andén de un ferrocarril rojo en la ciudad de Arica y declaró la rehabilitación de la vía ferroviaria hasta la localidad de Visviri, sin funcionamiento durante ocho años. Saludó con la mano derecha a una multitud que se dio cita para la celebración de los 100 años de inauguración de la obra que se une con Bolivia.

La Razón

09:21 / 03 de junio de 2013

La mañana del lunes 13 de mayo, el presidente chileno, Sebastián Piñera, trepó al andén de un ferrocarril rojo en la ciudad de Arica y declaró la rehabilitación de la vía ferroviaria hasta la localidad de Visviri, sin funcionamiento durante ocho años. Saludó con la mano derecha a una multitud que se dio cita para la celebración de los 100 años de inauguración de la obra que se une con Bolivia.

Casi una hora después del inicio del recorrido —en el que también participaron otras autoridades nacionales, exferroviarios, estudiantes, periodistas—, la máquina se detuvo en Poconchile. Hasta allí llegó el Mandatario, quien brindó un discurso dirigido a su colega boliviano, Evo Morales, quien en la cita de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), en enero, lamentó que el proyecto binacional no esté en pleno funcionamiento. 

“Para mí, es una tremenda satisfacción demostrar a los chilenos, a los bolivianos y al mundo entero que (cumplimos con) el compromiso que asumió Chile en (el Tratado de Paz y Amistad de) 1904 y que pudo inaugurar el año 1913. Hoy estamos reinagurando este ferrocarril que permitirá facilitar el comercio de Bolivia y la integración de ambos países”. Y abandonó a la comitiva que, por la noche, arribó a la estación fronteriza situada en Visviri.

OLVIDO. Ocho días después, Informe La Razón visitó la red de carriles en Chile. Algo es evidente: no hay flujo regular de viajes. Más todavía, el olvido impera en las paradas y otras construcciones ferroviarias del país vecino. Incluso hay pueblos fantasma. Eso no es todo, continúan las tareas de remediación ambiental en estaciones y queda por esperar el interés de los empresarios para hacerse cargo de la administración de esta vía.

La noche del martes 21 de mayo, un regordete y aburrido portero se asoma a la puerta enrejada de la antigua sede del Ferrocarril de Arica a La Paz, que radica en la urbe portuaria. Aclara que el sitio está cerrado y sonríe cuando se le pregunta dónde se pueden comprar boletos para el tren. “No sé”, responde, y se aleja por el inmueble que es un mero recuerdo de los años gloriosos de las máquinas que avanzaban a unos 20 kilómetros por hora.

Desde 1997 el lugar dejó de recibir y despachar a los viajeros, comenta José Barraza, secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales de Arica. “En forma esporádica volvió a tener su rol con actividades turísticas”. Tras una explicación técnica, añade que “la última vez que la estación fue usada como tal fue el 13 de mayo, con Piñera, así como fue utilizada el 13 de mayo de 1903”. Hoy el cuartel de operaciones del Ferrocarril de Arica a La Paz fue trasladado hasta Chinchorro, a tres kilómetros de allí.

El transporte de carga de minerales y granos continuó hasta 2005, cuando estaba operativo el ramal de Arica al poblado de Visviri (cercano a la comunidad boliviana de Charaña). Sin embargo, las lluvias y los deslizamientos se encargaron de inhabilitarlo. Como otra reminiscencia silenciosa, a pocos metros, para deleite de las cámaras de visitantes nacionales y extranjeros, se halla una vieja locomotora a vapor que recorría la ruta; de fondo el cerro ariqueño y, al costado, el mar.

La exestación es un monumento, a secas. Asomó la intención de convertirla en un centro cultural, pero los recurrentes sismos pusieron en riesgo su estructura. Por ello, el edificio está cerrado para el público, solamente fue abierto para el reciente acto del presidente Piñera, quien posó para las fotos y subió al tren turístico de color rojo que lo dejó en Poconchile. Varios de los exferroviarios que participaron en el evento tenían los ojos humedecidos por las lágrimas, cuenta Barraza, quien recorrió el mismo tramo. 

“El ferrocarril fue la actividad económica más importante que tuvo esta ciudad, sobre todo a partir de los años 50 del siglo pasado”, comenta con nostalgia. Su opinión es compartida por Eduardo Espinoza, otro extrabajador ferroviario chileno, quien rememora, con cariño, a las locomotoras que iban de Chile a Bolivia, y viceversa; aparte, se queja de que la vida en suelo ariqueño ya no es la misma desde que estos vehículos son parte del pasado.

A media hora de viaje en coche se encuentra la estación de Rosario. El inmueble es lo más parecido a una casita antigua con un techo de dos aguas cubierto por calaminas. Las paredes son de piedra y las puertas blancas son altas. La mayor parte de los ventanales verticales luce quebrada y no existe una persona que se ocupe del cuidado del predio. Es uno de los ejemplos de que las paradas ferroviarias trasandinas lidian con el abandono.

Un letrero anuncia el nombre de la comarca. Debajo de éste resalta una leyenda: “Visviri 117 km - Arica 28 km 352 m.s.n.m.” (metros sobre el nivel del mar). A pocos pasos de distancia sobresalen los rieles. No obstante, el pasto domina la zona, o sea, su altura y su espesor solamente permiten apreciar resquicios del color de las centenarias piezas de hierro. No existen rastros de mantenimiento.

Los cerros desérticos y un paisaje árido mandan en el trayecto carretero, que no se vincula con el ferroviario. La siguiente parada de Informe La Razón es Poconchile, pueblo pequeño donde una escuela destaca entre las casas. Es el paraje donde Piñera dejó el viaje del lunes 13 de mayo. La desolación reinante contradice a la numerosa comitiva que acompañó la rehabilitación del ramal. Eso sí, la estación está más cuidada que la de Rosario.

Los muros se encuentran formados por tablones horizontales pintados de colores anaranjado y blanco. Las ventanas modelan cortinas y las gradas del ingreso están limpias; pistas de que el inmueble es o fue frecuentado. Pero nadie contesta al tocar la puerta. Un cartel lleva el nombre de la localidad y en la parte inferior figuran las distancias a Visviri (158 kilómetros) y a la ciudad de Arica (37 kilómetros). El sitio se halla a 540 metros sobre el nivel del mar.

En uno de los flancos de la parada, el ambiente está habitado por rieles amontonados, restos de fierros y de vagones, y algunos juguetes que demuestran que los niños de la región aprovechan este espacio como si fuera un parque. Destaca un común denominador con el poblado de Rosario, la hierba también luce bastante crecida en la red ferroviaria y, por ello, los carriles y los durmientes son opacados por el verdor que emerge del suelo.

ALEGATOS. Sólo un vecino, Nelson Gregorio, aparece en ese confín chileno y ratifica que las idas y las venidas del tren son cosas del pasado. “Estaría bien que vuelva a pasar por Poconchile. Habría más movimiento, más turismo, se va a llevar carga”. Años atrás vio cómo el traqueteo de la locomotora resucitaba este lugar. “Pasaba seguido, todos los días con carga. Estaba bien, nos servía mucho porque ayudaba cuando no había carreteras y llevaba a los agricultores a Arica”.Guarda en su memoria la visita de Piñera y espera que el acto que presidió allane la recuperación de este medio de transporte. Al respecto, el gerente general del Ferrocarril de Arica a La Paz S.A., Fernando Peña, aclara que dos “razones de fuerza mayor” obligaron a suspender la operatividad en el tramo: el severo invierno altiplánico de 2005 y la bancarrota de la arrendataria del servicio. Y sostiene que la vía está disponible desde el 9 de enero.

Su homólogo de la Empresa Portuaria Arica, Rodolfo Barbosa, ahonda más sobre los contratiempos. “La sección chilena del ferrocarril está ubicada en una zona sometida a difíciles condiciones climáticas y geográficas. En un tramo de 205 kilómetros, asciende desde el nivel del mar a más de 4.000 metros, lo que hace que parte de su trazado alcance una pendiente de 6%. A lo anterior deben agregarse los efectos de los inviernos altiplánicos que, cada verano, provocan importantes daños debido al aumento del caudal de los ríos. En 2005, la Administradora Ferrocarril Arica-La Paz SA, que desde agosto de 1997 era la arrendataria de la sección chilena, declaró su quiebra”.

Esta compañía estaba en manos del desaparecido empresario boliviano José Saavedra Banzer. Una fuente de la Empresa Ferroviaria Andina —que actualmente opera con el buscarril en el ramal boliviano— revela que “en octubre de 2005 quebró aquella firma y no le quedó más remedio que entrar a remate judicial porque debía salarios y beneficios sociales. A partir de entonces ya no se pudo llegar a la ciudad portuaria de Arica en el tren y no había cómo pasar al otro lado (Chile) porque no había una operadora”.

No obstante, Peña remarca que esto no interrumpió el transporte internacional entre Bolivia y Chile, y el tránsito de bienes hacia y desde el puerto de Arica, porque existen rutas y pasos fronterizos habilitados. Complementa que el Estado chileno financió la rehabilitación de la red mediante sus firmas estatales. En 2006, la Empresa de Ferrocarriles del Estado —dueña del tramo en territorio de Chile—, ordenó a la Empresa Portuaria Arica que se haga cargo del proyecto.

Aparte de esta reactivación, obreros diseminados en diferentes puntos de la ruta del país vecino realizan labores de remediación ambiental. Por ejemplo, se cambian más de 58.000 metros lineales de rieles y 83.000 durmientes de madera, y en la estación de Puquios se pretende remover aproximadamente 83.000 metros cúbicos de material. El objetivo es que circulen trenes de carga a una velocidad máxima de 40 kilómetros por hora.

El costo de la reparación requirió una inversión de $us 45 millones, informa Peña. Sin embargo, resta un tema pendiente para que el tren opere regularmente en el trayecto chileno, que una compañía tome las riendas de la administración de éste. Para ello, afirma el Gerente General del Ferrocarril de Arica a La Paz S.A., el 23 de abril se publicó las “Bases para los Contratos de Acceso Ferroviario”, documento que detalla las obligaciones y las garantías para el uso de la vía férrea.

VISVIRI. Peña recalca que los carriles chilenos están listos para la operación comercial y explica que el modelo de adjudicación es un esquema multioperador para los interesados en suscribir el pacto. “Éste es abierto para operadores de cualquier nacionalidad y establece condiciones de entrada y obligaciones predefinidas e igualitarias, otorgando al mismo tiempo garantías de trato no discriminatorio a la carga que por allí se transporte”.

“Bienvenidos a Visviri donde comienza Chile”, es el eslogan que se lee en un cartel ubicado a la entrada del pueblo, sobre la carretera de tierra que se enlaza con la comunidad boliviana de Charaña. La plaza llama la atención por la ausencia de personas que tomen un descanso o que paseen. Es por el frío que cala los huesos. Ni siquiera las autoridades locales radican permanentemente; hacen gestión desde Arica, donde están sus oficinas.

Una de las bromas más comunes es que esta localidad limítrofe chilena se llena de gente solamente cuando hay fiestas. O que los únicos que pasan a ese territorio son los charañeños. Cuatro carabineros, además de un par de funcionarios aduaneros y dos operarios de Migración son los únicos vestigios de vida en la región. Hay jornadas en las que simplemente una persona pasa por aquel sitio. Por ello, el aburrimiento es moneda común en el poblado.

Para matar las horas, los trabajadores fronterizos revisan páginas de la red de internet. Se reúnen en contenedores que les sirven de oficinas y de dormitorios en Visviri. En el lado boliviano, hay dos vehículos similares y dos funcionarios en cada uno. Lo que no falta en ninguno de estos ambientes son las estufas. Chilenos y bolivianos lidian con el frío diario. Por eso, apenas llega la noche, se van a sus “casas”. El cierre del paso limítrofe rige desde las 20.00, y la apertura, a las 08.00

La vía del ferrocarril aglutina la otra parte del trajín presente en ese confín chileno. Una cuadrilla de ocho operarios trabaja para poner los carriles en buenas  condiciones de operatividad, para cuando las locomotoras comiencen a circular con frecuencia. La mayoría de los obreros son  bolivianos. Uno de ellos es Javier Salgado, paceño que hace tres años labura en suelo extranjero. Él también guarda recuerdos del paso del tren Arica-La Paz.

“Hace tiempo que no ha transitado el ferrocarril por acá. Todo se encuentra olvidado y parece que está viejo y oxidado”, comenta el empleado de más de 60 años de edad, quien acepta posar para algunas fotografías. La estación de Visviri tiene una apariencia similar a las de Rosario y Poconchile. En el horizonte ventoso hay rieles y vagones desamparados. Las casetas de madera que alguna vez transportaron pasajeros se encuentran sin vidrios.

En resumen, el lugar es como un cementerio de metal, palos y piedras. Los compañeros de Javier —siete de los ocho son bolivianos, sólo uno tiene nacionalidad chilena— preguntan a Informe La Razón sobre las posibilidades efectivas de que las máquinas vuelvan a moverse sobre las piezas de hierro. Eso sí, ellos calculan que en tres o cuatro meses las locomotoras y sus accesorios estarán en condiciones de retomar sus funciones gracias a la tarea que les encomendaron.

Por eso están preocupados y quieren asegurarse de que su labor pueda beneficiar a las poblaciones que están en Bolivia y Chile. Es que el ferrocarril es visto como una esperanza de desarrollo económico y de prosperidad social, según el administrador edil de Visviri, Álex Castillo, cuyo cargo se asemeja al de los subalcaldes bolivianos. “Cuando el tren iba por esta ruta había más vida en el pueblo y todo era mejor”, opina, vía telefónica.

Cuando se consulta a los obreros bolivianos si alguno de ellos estuvo en Visviri cuando llegó el ferrocarril chileno rojo que dejó al mandatario Sebastián Piñera en Poconchile, ríen al unísono, y niegan con la cabeza. Uno de los trabajadores aclara que esa escena aconteció cerca de la medianoche del 13 de mayo, cuando no hay un alma en la comarca. “Si de día es vacía, mucho más es en las noches”.

Los carabineros son amables en el puesto fronterizo y señalan que igual esperan que el tren que unía a Arica y La Paz vuelva a recorrer esta comunidad... Así fluye el trajín en Visviri, que luce descuidada tras sus mejores épocas que coincidieron con el traslado ferroviario de pasajeros, y de toneladas de metales y de granos. Ahora sólo quedan las añoranzas. Han pasado ocho años de la suspensión del servicio, aunque para los lugareños es como si hubieran sido décadas, por el abandono que impera en la región.

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