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La formación profesional se convierte en un pilar de la recuperación

La Razón

00:00 / 25 de febrero de 2013

Cuando Louissaint Israël fue secuestrado en el barrio de Cité Soleil, uno de los más peligrosos de la capital haitiana, nunca pensó que llevar el uniforme como alumno del Centro Piloto de Formación Profesional le salvaría la vida. 

“Esta ropa me salvó de morir. Caí preso, pero me identificaron y soltaron… podían matarme”, relata el muchacho de 19 años, contextura delgada, mientras realiza una instalación eléctrica en los talleres de este instituto que en Puerto Príncipe es apoyado por la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH).

Este programa es respaldado con la finalidad de reducir la violencia comunitaria y se ha ganado fama y respeto entre la juventud. Tal vez ello explica que Louissaint siga con vida. Él es uno de los 200 estudiantes que se capacitan en este centro que supervisa el Ministerio de Educación Nacional y de la Formación Profesional.

Esperanza. No sólo ello. A tres años del terremoto que sacudió a Puerto Príncipe y dejó luto, dolor y más pobreza, es una de las apuestas para la recuperación económica de la población, sobre todo aquellos que son asolados por la falta de recursos. A 100 metros del centro, aún se encuentran los escombros de dos aulas antiguas.

“En mi barrio a veces hay tiroteos, los bandidos atacan y la Policía no viene”, cuenta el joven haitiano, quien confiesa que le encanta la electricidad desde que era pequeño. “Ahora quiero tener una vida correcta, trabajar en una empresa y así ayudar a mi hermana y mis hermanos”.

El director del centro piloto, Jean Marie Béjoly, explica que se brindan también clases de plomería, albañilería, mampostería, refrigeración y cerrajería. “Después de culminar sus estudios, cinco muchachos pueden armar su taller”. Ahora, los alumnos egresados piden que la capacitación se amplíe, es decir, que la colaboración internacional les dote, además, de kits o juegos de herramientas.

La mayoría de los jóvenes haitianos no tiene acceso a formación profesional por razones económicas, situación que los predispone a la exclusión social y los transforma en una población vulnerable, que se integra a la delincuencia a través de las pandillas. Este panorama pretende ser cambiado. El jefe de la MINUSTAH y representante especial del Secretario General de Naciones Unidas, Mariano Fernández, destaca que estos muchachos representan “el símbolo de la esperanza de una Haití reconstruida y próspera”.

El Centro Piloto de Formación Profesional (CPFP) graduó el año pasado a 120 estudiantes, entre ellos 33 mujeres de Gonaives, otro barrio beneficiario. Los haitianos desplazados por el terremoto de 2010 son seleccionados mediante las redes comunitarias y llevan un uniforme con las iniciales del proyecto, como Louissaint. 

Orgullo. Charles Bernani tiene 30 años y dos hijos, es una mujer que sueña con instalar su taller de electricidad para colaborar a los jóvenes de su campamento.

“Ojalá que sigan apoyándonos y que después podamos conseguir trabajo”, sostiene, mientras pela un cable de metal, para luego instalarlo a un tomacorrientes en las instalaciones del CPFP.

Con dolor, recuerda el sismo que aplastó a familiares de cinco alumnos. No obstante, ha renovado su esperanza de ser profesional para sacar adelante a sus retoños. Cuando se le pregunta el nombre que le pondría al taller de electricidad con el que sueña, piensa un momento, gira la cabeza y asegura, en francés: Grâce à Dieu (gracias a Dios, en castellano).

A dos metros de ella, una muchacha muestra orgullosa una polera en la que se lee: La formation professionnelle le pilier de la reconstruction du pays (La formación profesional es el pilar de la reconstrucción del país). Una frase que irradia ilusión entre los jóvenes de la capital haitiana.

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