informe

Un hombre entrenado para matar y sobrevivir

Experto  antiterrorista y para lidiar con los escenarios más adversos. Cariñoso hermano y bombero temerario.  Un hombre violento, un ‘animal con instintos e impulsos’. Jorge Clavijo era todo esto... y más

La Razón

00:00 / 25 de marzo de 2013

Quién fue Jorge Clavijo Ovando. Es la pregunta que ha tenido infinidad de hipótesis y respuestas desde el 11 de febrero. Verdades y rumores se mezclaron después del asesinato de la periodista Hanalí Huaycho Hannover y varios adjetivos han acompañado a su nombre: callado, explosivo, voluntarioso, violento, cariñoso. El teniente que asestó 13 puñaladas a su esposa era todo esto... y más. Informe La Razón habló con personas que elaboraron un perfil de quien fuera el hombre más buscado de Bolivia.

EL HERMANO. “Siempre, pero siempre, Coquito pensó ser policía”, comenta Karelia Clavijo Ovando (31) mientras toma una taza de café en un local bohemio de la zona de Sopocachi. Ella es alta, pecosa y en el rostro tiene un guiño de parecido a su hermano. Según la mujer, él falleció en el bosque del pueblo yungueño de La Calzada y su cadáver fue rescatado a inicios de mes.

Él nació el 22 de enero de 1981 en La Paz. Era del signo de Acuario, mayor de Karelia por un año y, desde la niñez, se ganó la fama de ser su ángel protector. Una vez, por ejemplo, cuando vivían en Argentina, ella volvió del kínder y le dijo a su mamá que la golpearon. “Coquito se paró, estaba enojado y dijo: ‘¿Quién ha pegado a mi hermana?’. Me miró y dijo: ‘Yo te voy a defender’. Cada vez que me miraban feo, yo decía: ‘No molesten, que mi hermano me va a defender’”.

Jorge tenía dos hermanas menores. Karelia y Coquito (como le decía su parentela) vivían en la ciudad de La Paz. Su mamá y su otra hermana están en Europa. La infancia de Jorge estuvo marcada por las disputas familiares. Cuando cumplió cinco años se fue a vivir con su papá, mientras que sus dos hermanas se quedaron en el hogar materno. Unos cuatro años después, su papá murió y él quedó bajo la tutela de su tío, Arturo. Esta parte de su vida lo marcó a fuego lento, según sus allegados.

En el colegio no era un buen alumno y cuando tenía edad para ingresar a la Academia Nacional de Policías (Anapol), tuvo que sudar la gota gorda para ser parte de la institución. Se aplazó dos veces y la tercera fue la vencida.

En los años noventa, apenas pasada la adolescencia, él se enamoró de una muchacha y se casaron en secreto. Mucho después Hanalí Huaycho —con quien contrajo nupcias el 27 de agosto de 2007— se enteró de aquel matrimonio juvenil.

Eso sí, Jorge nunca dejó de cuidar a Karelia. Ella recuerda que cuando él iba a hacer un operativo y estaba caminando cerca de su casa, iba y tocaba su timbre sólo para preguntarle: “¿Cómo estás?”.

El más grato recuerdo que atesora su hermana sucedió en agosto de 2010. Aquel ventoso mes llegó su mamá de Europa y cuando Jorge la vio, él corrió hacia ella, la levantó del piso y la llenó de abrazos y besos. Ella sólo le decía: “Coquito, Coquito, mi Coquito”. En Facebook hay fotos del encuentro. “Me encanta, fue un día espectacular y vendrán días mejores, claro que sí, así será siempre”, escribió Jorge cuando su hermana puso las fotos en la red social.

Una noche, hace un par de años, Karelia y él se reunieron. Ella cuenta: “Lloramos amargamente hasta el amanecer. Hemos recordado las cosas lindas y tristes de nuestra niñez. Fue la primera vez que hablamos de lo triste y de lo solo que él se sentía tras la separación de nuestros padres. Ha sido la primera vez que lo he visto llorar por su dolor de que no hemos podido crecer juntos”. Y cuando acaba de hablar, la mujer se seca las lágrimas.

EL POLICÍA. “Clavijo era un hombre fuerte, muy  fuerte —explica uno de sus exinstructores, que pide guardar su nombre en reserva—, comprenderá que es un tema tan delicado y nadie quiere decir nada porque Clavijo era importante”.

El oficial comenta que todos sus alumnos de la Anapol tenían un rasgo especial. Algunos eran inteligentes, otros altos, y Clavijo era fuerte. Y propenso a la ira. Según datos de la entidad, la más grave falta que cometió fue cuando encerró a un subteniente de grado inferior en el coliseo de la institución y comenzó a pegarle. “Lo llevó al coliseo y cerró la puerta, después empezó a golpearlo hasta cansarse. Tardó en cansarse”, señala el exinstructor.

Una agravante de la golpiza fue que Clavijo ya no era alumno de la Anapol. Por aquel hecho, el muchacho se enfrentó a un proceso disciplinario en la Policía. Su currículum señala que en la academia recibió clases de casuística en las que mostró ingenio. En las prácticas, él se ponía en una situación extrema y estudiaba de qué manera responder adecuadamente a todas las pruebas. Hubo dos especialidades que le atrajeron: bombería y seguridad.

De acuerdo con datos de una institución extranjera que recibió sus servicios de seguridad, Clavijo era el mejor entre los mejores. Las palabras exactas para definirlo eran: “Profesional y responsable”.

Más allá de los halagos, el exinstructor contactado cuenta que percibió dentro de Clavijo un animal con instintos e impulsos. “Tenía un carácter fuerte y era de muy pocas palabras”. Otras dos personas que lo conocieron afirman que era un hombre callado aunque violento, además tenía una personalidad cercana a la locura. No dudan en decir que este policía “estaba loco”.

EL ESPECIALISTA. Tras su egreso de la Anapol, Clavijo buscó ser mejor policía y se inscribió a distintos cursos. Fue especialista en Inteligencia y Contrainteligencia. Era capaz de resolver, armar y desarmar conflictos. Y su habilidad fue llevada al extremo cuando pasó clases de sobrevivencia en dos entes que están entre las más avezados del orbe: Sinchis y BOPE.

En Perú se dictan los cursos antiterroristas de los “sinchis”. Los oficiales aprenden a sobrevivir en la selva más espesa. Se les enseña a abastecerse de agua y de elementos vitales escondidos en el monte.

Una fuente que pidió reserva en su identidad cuenta que en estos cursos el alumno debe meterse en la selva junto a un perro; y, además, avanzar hacia una meta. En el camino tiene que ir cercenando partes del cuerpo del animal para comérselas. El cadete tiene que avanzar lo más que pueda llevando al can herido.

La misma persona revela que pocos alumnos podían aprobar este duro entrenamiento. El ahora exteniente fue uno de los sobrevivientes que alcanzó ese logro.

La otra nota alta de su file profesional fue la aprobación del curso del Batallón de Operaciones Policiales Especiales (BOPE), en Brasil. Se trata de uno de los más calificados de la región en el rubro de la sobrevivencia y el manejo de armas, y del enfrentamiento con grupos de combate. Para ingresar, el postulante debe ser policía o militar con una antigüedad mínima de dos años. Antes de ser admitido, tiene que pasar una serie de test físicos, exámenes médicos y psicológicos. Los “egresados” del BOPE en suelo brasileño luchan contra el narcotráfico en las favelas, especialmente de Río de Janeiro.

El exinstructor de Clavijo remarca que en estos cursos se intenta “despersonalizar a los agentes”. Además, se busca controlar la mente de los policías para que vivan en situaciones de extrema adversidad.

En resumen, cuando Clavijo se tituló de Sinchis y BOPE era todo un experto en tácticas de sobrevivencia y para lidiar contra terroristas. Por ello tenía el perfil ideal para formar parte de un comando de élite: la Unidad Táctica de Articulación, Reacción y Control de Crisis (UTARC), que desbarató al supuesto clan terrorista encabezado por Eduardo Rózsa, en abril de 2009.

Pero tras el operativo en el hotel Las Américas de la ciudad de Santa Cruz, la UTARC se desarticuló y sus miembros se desperdigaron. Fue entonces que Clavijo formó parte del equipo de Bomberos en La Paz. Dos de sus excompañeros rememoran que era osado, que no medía las consecuencias de sus actos y, aparte, era amante del peligro.

Sus tareas de rescate fueron su más importante carta de presentación, especialmente cuando atendió accidentes vehiculares en Yungas.

Eliozo Huallpa, periodista de Chulumani, indica que quedó asombrado cuando vio a Clavijo en acción. “Yo lo admiré por su valentía. Él cruzaba ríos y trepaba por la selva como ninguno”. Cuando nadaba y rescataba cadáveres o salvaba a personas con vida, el policía era considerado un héroe y los pobladores yungueños lo aplaudían. Por su labor estaba en la mira de la Anapol y tres días antes del asesinato de Huaycho fue nombrado instructor.

La designación evaluó su experiencia académica y sus cursos de especialización. Las quejas de maltrato contra su esposa no fueron consideradas en la Dirección Nacional de Personal de Policía porque estaban archivadas. Pero su exinstructor tiene otra lectura: la vida personal no tiene relación con el trabajo. “Pueden haber buenos policías con problemas en su casa. Pueden haber buenos profesionales con problemas personales. No existe relación entre ambas cosas”.

Un hombre con varios rostros. Lo claro es que el 11 de febrero, el Clavijo violento no pudo con su ira. Y luego, pese a su entrenamiento para sobrevivir y contrarrestar los escenarios más adversos, se suicidó —según informe oficial— en Yungas, región que conocía al dedillo por sus proezas de bombero. Por lo menos eso es lo que demuestra el cadáver hallado el 4 de marzo.

Cronología del caso que puso en vilo a la Policía y al país

  • El lunes 11 de febrero hay un lío conyugal en la casa de Hanalí Huaycho    y Jorge Clavijo. El teniente apuñala a la periodista y huye en el auto de ella. Hiere a su suegra, Martha Hannover, con dos navajadas. Hanalí muere.
  • El miércoles 13 de febrero la Policía Nacional cataloga a Clavijo como “asesino y prófugo”. Después, el uniformado es dado de baja con ignominia y sin derecho a reincorporación.
  • El martes 12 y el lunes 18 de febrero, Víctor Foronda, cabo y yatiri de la entidad verde olivo, recibió llamadas telefónicas de Clavijo. Según la declaración del subordinado, el exteniente le pidió que le prenda velas.
  • El lunes 25 la Unidad de Bomberos halla el Toyota Vitz de Hanalí Huaycho en el que escapó Jorge Clavijo. El coche estaba en el río Bopi, cerca de La Asunta, en los Yungas. El motorizado se hallaba desmantelado, presumiblemente por los lugareños.
  • Un comunario yungueño descubre un cuerpo colgado en un árbol, cerca  de la comunidad La Calzada. Se presume que el cadáver es del prófugo Jorge Clavijo. El lunes 4 de marzo la Policía encuentra el cadáver.
  • La familia Huaycho y su abogado Eduardo León cuestionan que el cuerpo hallado sea del esposo de la periodista. La institución policial y la Fiscalía anuncian pruebas de ADN para la identificación del cadáver.
  • El cuerpo es llevado a la morgue de  la ciudad de La Paz. Allí los peritos forenses realizan estudios científicos para determinar su identidad.
  • El lunes 11 de marzo el ministro Carlos Romero anuncia que los análisis del Instituto de Investigaciones Forenses (IDIF) establecen en 99,9% que el cadáver encontrado en los Yungas pertenece a Jorge Clavijo.
  • La familia de la periodista Hanalí Huaycho protesta por los resultados de los exámenes y se toma otra muestra del cadáver para enviarla a España. Los resultados finales se conocerán aproximadamente en abril.

Las contradicciones del yatiri y la familia Clavijo

La sangre corría por el cuerpo de Hanalí Huaycho y ella no pudo sostenerse. Cayó, a los pies de su hijo de cinco años y empezó una batalla perdida contra la muerte. Su mamá, Martha Hannover, también tenía dos cuchilladas en el cuerpo, pero sacó fuerzas para llamar a sus hermanos y llevar a su hija a un hospital.

En el Boliviano Holandés de El Alto no atendieron a la periodista porque los médicos informaron que el centro médico no contaba con unidad de terapia intensiva. Hanalí y su mamá visitaron otros dos nosocomios sin resultados. Al final, llegaron al Hospital Obrero. Hanalí falleció allí. Ya era el martes 12 de febrero.

Uno de los hermanos de Martha atendió a su llamado y arribó a la casa de Ciudad Satélite, donde se encontró con el garaje destrozado por Jorge Clavijo. Vio un carro policial de Radiopatrullas 110 con placa A-8. Lo detuvo. El hombre les dijo a los policías: “Por favor, ayúdennos, hay un caso de intento de homicidio y robo de movilidad”.

Según la familia Huaycho, los oficiales del auto señalaron que la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC) se encargaría. Molesto, el tío de Hanalí insultó al cabo y al sargento, que se ocupaban de meter en el vehículo a un borracho que ocasionaba problemas en la calle. Antes de irse, prometieron que pedirían ayuda por celular. No lo hicieron.

En el Distrito Policial 3, a pocas cuadras de la vivienda donde ocurrió el crimen, otros uniformados levantaron las manos porque alegaron que si la víctima fue llevada al hospital, el caso no era de su competencia. Y la responsabilidad, nuevamente, fue derivada a la FELCC.

La familia de la periodista envió una nota al Ministerio Público pidiendo que se entregue información sobre quiénes estaban en el coche con placa A-8, de Radiopatrullas. Se solicitó conocer la razón por la que no se atendió el pedido de auxilio las primeras horas de aquel martes 12. Pasaron seis semanas y no hay respuesta.

Tras el asesinato, la Policía no tenía pistas para hallar el paradero de Clavijo. La única certeza era que escapó en el motorizado de Hanalí. Casi dos semanas más tarde, un comunario de los Yungas avisó que un coche Toyota estaba en una orilla del río Bopi, cerca de la población de La Calzada. Fue así que el lunes 25 de febrero, agentes rescataron el vehículo que aún tenía las llaves de contacto puestas; otras piezas fueron sustraídas, presumiblemente por lugareños.

El comandante de la Policía, Alberto Aracena, aseguraba: “Encontraremos a Clavijo vivo o muerto”. Y fuentes del Ministerio de Gobierno afirmaban que no se tardaría ni diez días en cerrar las pesquisas. Hasta que el 4 de marzo fue detenido el cabo Víctor Foronda, quien fungía como yatiri o “brujo” de la entidad policial. Un día antes, Aracena había anunciado que dos personas fueron acusadas de encubrimiento: un policía de bajo rango y un familiar del prófugo.

DUDAS. Al fiscal del caso, Harold Jarandilla, nadie le saca de la cabeza que Clavijo fue a su casa de Següencoma, en la ciudad de La Paz. “Él tenía una buena relación con el tío y el primo. Este último, incluso, le prestaba dinero”. Ambos negaron haberlo visto tres meses antes del crimen. Pero aquella mentira tenía las patas cortas, según el fiscal, porque en el celular de Karelia Clavijo —hermana de Jorge— se encontró una foto reciente de la familia en una fiesta, en un pueblo.

Otro punto polémico. Cuando se detuvo a Foronda, él reveló que habló con Clavijo el martes 12 de febrero. Declaró que éste lo llamó llorando y le pidió que encienda dos velitas para ayudarlo en su problema. Sin embargo, según datos recolectados, el cabo no dio a conocer voluntariamente el hecho. Al contrario, en el Distrito Policial 5 de El Alto, donde él trabaja, los agentes sabían de aquel contacto y el rumor llegó hasta el director, Willy Prudencio.

Éste preguntó a Foronda, quien admitió el diálogo con Clavijo. Gracias a ello la noticia aterrizó en el despacho del coronel Aracena. Más todavía, una vez que habló, Foronda afirmó que Jorge le comentó que estaba en la localidad de Patacamaya. “Aquello es una simple mentira, no creemos que haya estado por allá y el cabo lo dice para confundirnos”, arguye el fiscal.

No fue lo único que dijo este uniformado. Tras el hallazgo del vehículo siniestrado en los Yungas, aseveró que con ayuda esotérica supo que Clavijo rondaba por los Yungas. Pero el periodista local Edwin Cruz explica que los lugareños descubrieron el motorizado. O sea, Foronda no tuvo nada que ver en ello.

RASTREO. Eso sí, la Policía trabajó intensamente por la zona. Dixon, un poblador de Chulumani, relata que agentes vestidos de civil llegaron hasta aquel poblado de Sur Yungas y estuvieron algunos días. “Preguntaron a los pobladores varias cosas”. Además, colocaron afiches con el rostro de Clavijo junto a la palabra “buscado”. También requisaron los hoteles y pidieron el registro de los alojados.

El periodista chulumaneño Eliozo Huallpa cuenta que él también se topó con “personas diferentes”. Cuando un grupo de comunicadores quiso hablar con ellas, un oficial de alto rango remarcó que estaban en misión especial y no querían causar revuelo. No obstante, el revuelo se armó antes con la presencia de camionetas y vehículos policiales.

Un movimiento similar hubo en La Asunta. Entre esta comunidad y Chulumani se encuentra La Calzada, el sitio donde fue hallado el motorizado robado por Clavijo. El fiscal Jarandilla informa que estuvieron haciendo rastrillajes por el sitio durante dos jornadas y hablaron con pobladores que juraron ver al prófugo.

Alguno indicó que él estaba buscando compradores para el vehículo y que tenía la placa del auto en la mano. Otro señaló haberlo visto en motocicleta junto a un supuesto amigo. Un tercero, que lo vio manejando moto con un cubrecaras. Incluso, Informe La Razón supo de una señora que declaró que cuando lo miró, sintió tanto miedo que casi quedó petrificada.

La noticia de la supuesta presencia de Clavijo en Yungas removió aquella tierra. El 4 de marzo, a unos 120 metros de distancia de un árbol con el afiche de Clavijo, fue hallado un cadáver que la Policía y exámenes forenses aseguraron que era del exteniente. Pero aún existen más incógnitas.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia