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El 28 de julio de 1914 se inició la Gran Guerra fratricida en Europa

El fallecimiento de Francisco Fernando —que no causó conmoción entre autoridades de su tierra natal porque no gozaba de aprecio— fue visto por Austria como la oportunidad para restablecer autoridad en la vecina Serbia —aunque no está probado que su gobierno impulsó el atentado—, porque fomentaba una revolución.

Los campos de Flandes, un territorio que hoy ocupan Bélgica, Francia y Holanda, fueron escenario de la Primera Guerra Mundial.

Los campos de Flandes, un territorio que hoy ocupan Bélgica, Francia y Holanda, fueron escenario de la Primera Guerra Mundial.

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega Pérez, Miguel E. Gómez Balboa, Elisa Medrano Cruz y El País

00:00 / 28 de julio de 2014

Ni Nicky ni Willy pudieron ponerse de acuerdo a fines de julio de 1914 para detener la Gran Guerra. Los monarcas de Rusia y Alemania, respectivamente, eran primos hermanos y podían haber evitado la catástrofe que se comió más de 10 millones de vidas, solo entre los combatientes. Más aún, son el ejemplo de que el conflicto que se extendió hasta noviembre de 1918 fue fratricida porque provocó una carnicería entre hermanos, entre europeos.

Las potencias del Viejo Mundo de entonces se pusieron una venda en los ojos desde el 28 de junio, tras el asesinato del archiduque de Austria, Francisco Fernando, el heredero del Imperio Austrohúngaro, y su esposa Sofía Chotek, en Sarajevo. Cayeron en errores y usaron el magnicidio como el chivo expiatorio ideal para cobrar cuentas pendientes, cumplir sus afanes hegemónicos... Nicky y Willy vivieron en carne propia todo esto.

El fallecimiento de Francisco Fernando —que no causó conmoción entre autoridades de su tierra natal porque no gozaba de aprecio— fue visto por Austria como la oportunidad para restablecer autoridad en la vecina Serbia —aunque no está probado que su gobierno impulsó el atentado—, porque fomentaba una revolución. Precisamente la organización terrorista Mlada Bosna (Joven Bosnia), a la cual pertenecía el protagonista del crimen, Gavrilo Princip, promovía la unidad de los eslavos en un Estado: Yugoslavia.

Por ello, el 28 de julio Austria declaró la guerra a Serbia y de inmediato bombardeó Belgrado. No obstante, para dar este paso se había garantizado el apoyo del Imperio Alemán, para cubrirse las espaldas ante la intervención de Rusia, ya que la nación de los Balcanes era su protegida. El 5 de julio, el káiser Guillermo II y su canciller Friedrich Alfred von Bethmann-Hollweg entregaron a Austria, en secreto, lo que se llama “un cheque en blanco”, o sea, la promesa de la diplomacia germana de respaldo militar para reducir a Serbia; claro, si fuera necesario.

Los alemanes instaron a que los austriacos tomen acciones de inmediato, ya que estaba caliente la reprobación al magnicidio del archiduque. Aunque recién el 23 de julio llegó el ultimátum de Austria a Serbia, con un decálogo de puntos para subyugar a ese país, que dos jornadas después aceptó nueve de las exigencias. El único tema en el que no estaba de acuerdo era que debía permitir a la Policía austriaca operar en su territorio; no obstante, el mensaje enviado no cerraba las puertas para negociar el tema.

Envalentonada por el espaldarazo germano, Viena no tomó en cuenta la apertura de Belgrado y continuó con sus aprestos bélicos. Su posición no cambió pese al impulso de Rusia para entablar conversaciones que le pongan paños fríos a la situación, o el aval de Gran Bretaña para la celebración de una cumbre internacional. Es decir, todo apuntaba a que las cartas se encontraban echadas.

Incluso una luz de esperanza fue apagada por otra jugarreta del destino que aún no puede ser explicada por los historiadores. Ocurrió cuando Guillermo II cambió de postura y pidió a Austria que aceptase la respuesta serbia, o sea, debía estar contenta con las concesiones y dejar de lado sus ínfulas bélicas. Empero, su opinión no llegó a tiempo a Viena y en el ínterin el jefe del Estado Mayor alemán, Helmuth von Moltke, empujó a su homólogo austriaco Von Hötzendorf para que de una vez tome al toro por las astas.

Y se vino la declaratoria de guerra y el bombardeo a Belgrado. Ese 28 de julio se escribió una de las páginas más negras de la historia mundial. Austria tenía claro que le bastaba con la venia de su aliado. Y tras bambalinas, Alemania había atornillado la presión para que se asuman estas medidas que consideraba afines con sus intereses de sentar supremacía en el continente, para que de una vez su imperio tome las riendas del poder en Europa.

Las autoridades y militares germanos tenían elaboradas proyecciones de todo tipo. Estaba en sus planes someter a Rusia y Francia; aunque no prestaron mucha importancia al otro integrante de la Triple Entente: Gran Bretaña. La idea era que se mantenga neutral, pero la equivocación germana fue ingresar por Bélgica para invadir territorio galo, ante lo cual los británicos —que eran garantes de la neutralidad belga— dejaron de lado su pasividad el 4 de julio. Y así llegó más sangre al río. 

PRIMOS. El último intento fallido para frenar la escalada de violencia lo protagonizaron precisamente los primos hermanos Nicky y Willy, el zar Nicolás II y el káiser Guillermo II, respectivamente, nietos de la reina Victoria, quienes intercambiaron telegramas desde un día después de la arremetida de Austria. “Te ruego, que en nombre de nuestra vieja amistad, hagas lo que puedas para evitar la desgracia de una guerra europea”, le imploró Nicky la noche del 29 de julio, reseña la AFP.

Pese a su súplica, Nicky había ordenado movilizar sus tropas, lo que fue interpretado como una afrenta por Willy, quien le solicitó mantener a Rusia alejada del conflicto, “sin comprometer a Europa en la más horrible de las guerras”. El ultimátum alemán se oficializó el 31 de julio y se extendió luego a Francia. “Sobre tus hombros recae el peso de la decisión de la paz o de la guerra”, le culpó Nicky. Ello fue negado por Willy, quien exigió el repliegue de las tropas rusas. Así, a las 19.00 del 1 de agosto, Alemania le declaró la guerra a Rusia. Y la barbarie se apoderó de suelo europeo durante cuatro años, tres meses y 14 días.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 28 DE JULIO JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

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