informe

Una investigación con varias irregularidades

Los dardos apuntan a la recolección y custodia de las pruebas, desde el levantamiento del cadáver del martes 31 de agosto de 1999. 

La Razón

00:00 / 21 de mayo de 2012

Doce años atrás, cuando Martha Velásquez, el fiscal Rodolfo Gutiérrez y el sospechoso Odón Mendoza subían por un ascensor de la Corte Superior de Distrito, el representante del Ministerio Público habría encarado al exregente de la escuela Vicenta Juaristi Eguino con la acusación: “Tú eres el asesino”.

Martha recuerda algunas palabras del fiscal. “Me ha dicho: ‘Ya lo hemos agarrado, éste es el culpable, ya lo tenemos’”. Aquel día, en el ascensor, rememora la madre de Patricia Flores, el acusado habría mirado a Gutiérrez y le dijo: “Compruébame entonces que yo he sido”. Han pasado 13 años desde el asesinato de la pequeña y todavía no se puede comprobar nada.

Errores. Para que ocurra esto, según abogados y autoridades del proceso entrevistados por Informe La Razón, influyeron irregularidades que apuntan a la recolección de las pruebas desde la medianoche del martes 31 de agosto de 1999.

La primera persona que descubrió el cuerpo sin vida de Patricia fue Elba Fernández; tenía 13 años la noche que abrió la puerta del depósito de la unidad educativa. En la oscuridad, la menor dio tres pasos y gracias a un resquicio de luz pudo ver la silueta de la niña. Gritó, se puso a llorar y salió en busca de su mamá: la portera del turno de la noche, Lucía Carrillo.

A las 23.35, el oficial patrullero Sergio Sillerico Blatnik recibió la orden de Radio Patrullas de ir hacia el colegio para verificar la existencia del cadáver. En su reporte del 1 de septiembre indica las características físicas de la niña, la posición en que la encontró y señala: “Data de la muerte de tres días aproximadamente”.

Fue él quien llamó a efectivos de la División de Homicidios de la Policía Técnica Judicial (PTJ). El siguiente informe data del 31 de agosto y está firmado por el cabo Alfredo Machaca, quien determina: “Data de muerte de aproximadamente cuatro días”.

Cuando los padres de Patricia llegaron a la escuela (poco después de la medianoche) se habían llevado el cadáver en una ambulancia. Es decir, fue un “levantamiento express”, que no siguió protocolos de las técnicas forenses.

“Cuando se encuentra el cuerpo de Patricia al interior del depósito, acude una persona que recién estaba tres semanas como investigador y no tenía la mínima experiencia para hacer un levantamiento. Hizo un trabajo pobre, con elementos muy básicos”, explica la abogada de la familia, Paola Barriga.

Señala que debían sacarse fotografías de la escena del crimen, desde todos los ángulos, y tenía que recopilarse con sumo cuidado cada elemento. Además, los policías debían emplear barbijos y guantes de goma en su labor. Un ejemplo de la informalidad es que la falda de la menor fue entregada a su familia por un morguero.

De acuerdo con la versión de César Flores, papá de Patricia, días después la Policía recién pidió bolsas nylon y guantes para la recolección de las pruebas. Y los familiares tuvieron que comprar estos objetos para que continuara la investigación.

Otro hecho llamativo son dos informes contradictorios del médico forense Alberto Sagárnaga, que tras la autopsia de ley del miércoles 1 de septiembre calcula, primero, que la fecha del fallecimiento fue 48 horas antes, y posteriormente, “72 horas aproximadamente”.

Se tomaron muestras de sangre, semen y otros fluidos de los acusados para mandarlas a investigar al FBI (Oficina Federal de Investigación de Estados Unidos). “En todos los informes el FBI señala que la cantidad de muestras que se han derivado resultan insuficientes. Es decir, las pruebas han sido mal tomadas, contenían mucha tierra, por dar un ejemplo”, dice Barriga.

Otro hecho que raya lo anecdótico es relatado por la jueza instructora que tomó el caso, Betty Yañíquez —hoy fiscal de Distrito de La Paz—, que señala que le comentaron que, en la escena del crimen, el fiscal asignado habría tomado un vello púbico entre sus manos y lo mostró a los medios de comunicación.

Pero no solamente eso. Vladimir Sosa, exabogado de Reynaldo Flores, uno de los sospechosos junto a Odón Mendoza y José Luis Flores, cuenta que a su exdefendido, los investigadores le sacaron sangre en dos oportunidades, porque alegaron que se les extravió un frasco.

José Luis Flores (quien según las pruebas del FBI es responsable de la muerte de Patricia) dice que sus pruebas de ADN “entraron” de forma irregular a los análisis y que “todo ha sido manipulado”.

Eso sí, el único que pide que se respeten estas pruebas es Odón Mendoza, porque lo exoneran de toda culpa. Pero sus abogados, Juan Carlos Garfías y Mabel Casanovas, coinciden en que el levantamiento de éstas fue insuficiente y, aparte, denuncian que se tomaron de forma ilícita prendas de vestir de su cliente para incriminarlo.

Y hay otras valoraciones que, según los entrevistados, “contaminaron” las investigaciones. Por ejemplo, el lunes 30 de agosto, un día antes del descubrimiento del cadáver de Patricia, dos pequeñas afirmaron que la vieron en la calle. Coincidieron en la vestimenta de la supuesta acompañante; pero no en la de la niña. “¿Por qué dijeron eso?”, se pregunta la mamá de Patricia de las dos testigos que no dejaron rastro de su paradero.

Los expertos cuestionan que no se haya hecho un seguimiento a esta pista. Es más, incluso se dibujó un identikit de la supuesta adolescente que llevó a Pati por el mercado Uruguay de la avenida Buenos Aires y la plaza Pérez Velasco.

Además, Sosa critica que (a pesar de su pedido) no se haya convocado a declarar a un familiar de la ahora exdirectora de la escuela Vicenta Juaristi Eguino. Afirma que este pariente ingresaba al inmueble. “Si había dudas, ¿por qué no se lo llama?”.

La fiscal Betty Yañíquez arguye que aún pueden colectarse pruebas. No obstante, tras más de una década, aún quedan más dudas que respuestas en este proceso.

El forense que firmó informes contradictorios se suicidó

Ocho meses después de emitir documentos contradictorios respecto a la hora de la muerte de la niña Patricia Flores, el forense Alberto Sagárnaga se suicidó con un disparo en la cabeza. Fue el 4 de abril de 2000.

Parte de un informe dice: “El suscrito médico forense certifica haber efectuado la autopsia de ley en el cadáver identificado como Patricia Jakeline Flores Velásquez, de diez años de edad, con el siguiente diagnóstico de fallecimiento: asfixia por estrangulación, politraumatismo y violencia sexual. Data del fallecimiento 48 horas. La Paz septiembre 1, 1999. Alberto Sagárnaga, médico forense Corte Superior de Justicia”.

El acta de autopsia indica que a horas 15.30 del miércoles 1 de septiembre de 1999, personal de Homicidios, asignado al caso (junto al doctor Alberto Sagárnaga), procedió a la autopsia de ley. El texto señala cómo se halló el cuerpo de la víctima.

Otro más. El protocolo de autopsia determina: “Fecha: 01-01-99 / Hora: 17.00. Morgue del Hospital General. Médico forense Alberto Sagárnaga”. También se hace una descripción del cadáver. La data de muerte “se estima en 72 horas aproximadamente”. El diagnóstico y la causa de muerte son “asfixia por estrangulación / politraumatismo / violencia sexual”.

La abogada de la familia afectada, Paola Barriga, comenta que el suicidio de Sagárnaga está relacionado con su labor en este caso, pero la duda murió con el médico forense. Sin embargo, hay otras personas que también avalaron las actas. Pero ninguna quiere hablar por el momento.

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