informe

Se invirtió más de $us 122 MM para que La Paz sea más segura

La tormenta de granizo del 19 de febrero de 2002,  que dejó 74 muertos y 69 familias sin techo, puso en evidencia la enorme vulnerabilidad de La Paz. La tragedia reencaminó la inversión edil y, en el último decenio, la Alcaldía destinó más de $us 122 millones a la gestión de riesgos. 

Inversión de la alcaldía de La Paz en gestión de riesgos (periodo 1987 - 2011)

Inversión de la alcaldía de La Paz en gestión de riesgos (periodo 1987 - 2011) Gráfico: Fuente, Gobierno Autónomo Municipal de La Paz

La Razón / Guadalupe Tapia / La Paz

14:42 / 17 de febrero de 2012

“Luego de 10 años han cambiado las prioridades de la gestión municipal. Por ello se han destinado más de $us 122 millones para obras de prevención estructural del sistema de drenaje en la ciudad”, resalta el alcalde Luis Revilla.

Por la urbe paceña cruzan más de 300 ríos y riachuelos de la Cuenca del río La Paz, que reciben además las descargas de aguas residuales domiciliarias. Estos colectores desembocan en cinco cursos de agua principales: el Choqueyapu, Orkojahuira, Irpavi, Achumani y Huayñajahuira.

Para Juan del Granado, que estaba al mando de la comuna cuando ocurrió la tragedia, los factores fundamentales tienen que ver con las características de la ciudad —que tiene una estructura irregular de quebradas, ríos, riachuelos—, sumada a la falta de planificación urbana y de políticas sobre la gestión de riesgos.  

“Las cuencas, en el 80%, no estaban acompañadas de trabajos hidráulicos. Esta característica, sumada a la falta de cultura ciudadana sobre la gestión de riesgos —debido a la ausencia de planes de prevención de la Alcaldía—, fueron los factores determinantes”, sostuvo Del Granado, quien considera que la granizada marcó un antes y un después en la planificación urbana de La Paz.

Cifras. Antes de 2002, cuando se produjo el fenómeno, las inversiones en gestión de riesgos eran mínimas, y la mayoría estaba destinada sólo a la atención de emergencias.

En el periodo 1987-2001, la inversión en promedio alcanzaba a poco más de Bs 14 millones (aproximadamente $us 2,2 millones).

A tal punto llegó el descuido de las autoridades municipales que entre 1992 y 1994 (gestión de Mónica Medina) no se destinó ni un centavo a la prevención de riesgos.

Sin embargo, en el periodo 2002-2004, después de la tragedia del 19 de febrero, aumentaron los montos  asignados a políticas de prevención.

Desde el año en que cayó la tormenta de granizo hasta 2011 se mantiene una inversión anual promedio de Bs 87 millones ($us 12,5 millones), seis veces más que las inversiones de los 15 años anteriores (ver cuadro).

“La doble bóveda del Orkojahuira es una las obras que se hicieron luego del desastre. Por ese lugar ahora pasa la avenida Zavaleta y hay un centro recreacional que está construido sobre la estructura”, cuenta Del Granado.

Otras  obras encaradas para mitigar los riesgos son: la construcción de la bóveda del río Apumalla, desde la Plaza del Electricista hasta San Francisco; y la reparación integral de la bóveda del Choqueyapu, desde la Cervecería hasta el mercado Camacho y desde ahí hasta la Avenida del Poeta, donde se alza el Campo Ferial Bicentenario.  

También se hizo la canalización de los ríos Irpavi y Huayñajahuira. “El nombre del segundo significa río seco, pero cuando llueve se convierte en un turbión fuerte. Hemos hecho la canalización, que nos permite llegar con la avenida Costanera hasta el puente de Apaña”, señala Del Granado, quien considera que un decenio después de febrero de 2002, más del 60% de las cuencas de La Paz cuenta con protección hidráulica.

La inversión de más de $us 122 millones no sólo fue destinada a obras de canalización. También sirvieron para fortalecer la institucionalidad municipal.

El Retén de Emergencias —que tuvo a su cargo la atención de las emergencias durante la tragedia—,  dio paso a la Dirección Especial de Gestión Integral de Riesgos (DEGIR), la cual cuenta con un Sistema de Alerta Temprana, unidad equipada con tecnología de última generación, que le permite medir en tiempo real los caudales de los ríos cuando se producen torrenciales lluvias, y anticipar las acciones de prevención.

También se financió la elaboración de dos mapas de riesgos de la ciudad. El primero, presentado en 2004, sirvió para orientar las políticas municipales en gestión de los riesgos. Y el último, de 2011, que identificó 36 zonas de riesgo, servirá para tomar medidas a mediano y largo plazo.

 Durante los días que siguieron a la fatal granizada de 2002, se creó un Comité de Emergencias, que luego se convertiría en el Comité de Operación de Emergencia (COE).

Institucionalmente se creó, además, el Grupo de Atención de Emergencias Municipal (GAEM).

“Esos pasajes de 2002 duelen todavía a los paceños. Nunca tuvimos esa cantidad de muertos. Si bien se han realizado muchos trabajos para prevenir riesgos, todavía falta por hacer porque la ciudad es bastante complicada por sus ríos, quebradas y cerros”, dice el concejal Freddy Miranda,  exjefe del Retén de Emergencias, que atendió la emergencia.

Educación. Miranda considera que aún se tiene que trabajar mucho en educación ciudadana en gestión de riesgos.

Sobre el tema,  Revilla y Del Granado consideran que la población ha tomado conciencia de que vivimos en una ciudad de riesgos. Sin embargo, en la atención cotidiana de emergencias por las lluvias la realidad es otra. (ver nota de la derecha).

Para el presidente de la Cruz Roja Boliviana, Abel Peña y Lillo, la granizada del 19 de febrero sirvió de estímulo para mejorar el sistema de respuesta y prevención no sólo de la Alcaldía, sino de otras instituciones. “Nosotros también tuvimos que adecuarnos y, a la fecha, estamos manejando temas de prevención. Lo sucedido fue una dura lección de la que todos aprendimos”, manifiesta.

Y si bien la inversión de los últimos 10 años en la prevención de riesgos fue importante, Revilla calcula que aún se requiere inyectar otros $us 100 millones para certificar que La Paz “es una ciudad más o menos segura”.

El plan de drenaje pluvial  II

El Plan de Drenaje Pluvial II incluye obras de control de la erosión en las cuencas de los ríos Huayllani y Quellumani en la parte alta de Achumani; control de erosión en la cuenca Aruntaya (Irpavi II); embovedado del río Panteón entre el Cementerio General y la calle Aliaga; y el embovedado del río Jankokollo hasta el río San Isidro. Además, del realineamiento del embovedo del río Huallpajahuira antes de que confluya con el río Orkojahuira.

La coordinación es una asignatura pendiente

La falta de coordinación entre las instituciones locales, departamentales y nacionales se visibilizó en la granizada del 19 de febrero de 2002  y es un tema que todavía está pendiente, según detalla el informe de Vulnerabilidades urbanas en los países andinos (Bolivia, Ecuador, Perú), elaborado por el Instituto Francés de Estudios Andinos publicado en 2009.

Abel Peña y Lillo, presidente de la Cruz Roja Boliviana (CRB), coincide con el informe y considera que en tiempos de prevención de desastre y emergencias la “coordinación” se convierte en la palabra mágica.  

Para el entrevistado, si las instituciones —locales, departamentales y nacionales— buscaran menos protagonismo aislado y personal, y más protagonismo colectivo, la atención a los afectados de cualquier evento adverso sería mejor.  El estudio Vulnerabilidades urbanas en los países andinos, que tiene un capitulo sobre la “Granizada e Inundación del 19 de febrero de 2002.” identifica a  diferentes organismos y actores que intervienen en la gestión de riesgos y que no comparten información, lo que dificulta el apoyo durante las emergencias.

“Esta vulnerabilidad institucional explica la inexistencia, en febrero de 2002, de un procedimiento de transmisión de los boletines meteorológicos del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología a las instituciones encargadas de afrontar una eventual crisis, como el   Municipal  de La Paz (GMLP) o Defensa Civil (...). La ausencia de transmisión sistemática de información no permitió a los gestores de crisis estar listos para intervenir”.

Además, a pesar de eventos anteriores (granizada de enero de 1973, de enero de 1976, de enero de 1982, de abril de 1988), cuando ocurrió la granizada del 19 de febrero, el GMLP —sostiene el estudio—, no tenía una organización prevista para enfrentarse a una crisis: responsabilidades definidas de los actores, cadena de decisiones, procedimientos preestablecidos. La misma constatación vale para los otros actores, como Defensa Civil, agrega.

En 2002, según la citada publicación, la gestión de la urgencia se operó desordenadamente, tanto así que muchos actores intervinieron simultáneamente: personal de diferentes direcciones del GMLP, policías bomberos, voluntarios del grupo SAR (Search and rescue), militares, entre otros.

Sin embargo, el director de  Gobernabilidad de la Alcaldía paceña, Pedro Susz, sostiene que durante la granizada se estableció un Comité de Emergencias, como lo establecen las normas.

“Todas las unidades operativas, Policía, Cruz Roja, Prefectura, tenían responsabilidades específicas, incluso había un representante del Ejecutivo. Sin embargo, se pueden realizar ajustes para un mejor trabajo”.

Exjefe de  Bomberos cree que nada cambió

Han pasado 10 años desde que la tormenta de granizo del 19 de febrero de 2002 trajo luto y temor a los moradores de La Paz. Sin embargo, a diferencia de autoridades de la Alcaldía de La Paz, el excomandante de la Unidad de Bomberos Rolando Viscarra cree que “no ha cambiado nada”.   

“Seguimos con las mismas emergencias, con los mismos casos. Antes de cualquier obra, se debería trabajar en buenos sistemas de alcantarillado y en la educación de la gente. No olvidemos que los daños causados por la granizada fueron, en parte, responsabilidad de los mismos ciudadanos”, afirma.

Viscarra —uno de los héroes entre los rescatistas de febrero—, cree que es fundamental que la gente tenga más cuidado con la disposición de la basura y los escombros. “Por no botar una bolsa de basura en su lugar, podemos hacer perder la vida de alguien”.

Alcaldía. Sin embargo, el alcalde paceño, Luis Revilla, tiene una  visión diferente.  Él cree que existen grandes avances de la ciudadanía respecto a la gestión de riesgos. “Hay todavía mucho trabajo que hacer, y estamos enfocados a trabajar con los niños”, indica.

El jefe de la Dirección Especial de Gestión Integral de Riesgos (DEGIR) del Gobierno Municipal,  Vladimir Toro, adelanta que, a través del programa de cultura ciudadana, se busca llegar con información a escuelas (niños y jóvenes) y barrios (para adultos).

“A partir de este año estamos conformando Centros de Operaciones de Emergencias (COE)  escolares”, agrega.

La DEGIR ya ha constituido los COE barriales y macrodistritales, uno de cuyos pilares es inculcar la cultura de la prevención de riesgos entre los vecinos, y eso incluye un manejo adecuado de los desechos.

Toro advierte que todavía hay dejadez de los ciudadanos en la revisión de sus sistemas internos de drenaje. “Cuando no se hace mantenimiento de los sistemas de alcantarillado, las aguas saturan el suelo y lo debilitan, lo que se convierte en una gran amenaza”.

Nadie aborda el uso de los desagües pluviales como basureros, cuya limpieza antes de la época de lluvias le cuesta a la ciudad millones de bolivianos cada año.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia