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La ‘maquinaria bélica’ del Ejército se activó el 11 de septiembre

La ‘guerra del gas’ comenzó con cinco muertos bajo la omnipresencia del Plan República

La Razón / Miguel Gómez Balboa, Jorge Quispe Condori, Erick Ortega Pérez y Mariana Pérez Callejas

00:00 / 14 de octubre de 2013

La bala de fusil la destrozó. Traspasó el cristal de la ventana, le perforó el pecho y salió por su espalda. Marlene tenía ocho años  y sólo quería ver el helicóptero que volaba por Warisata. 

Han pasado diez años y en la casa de los Rojas-Ramos aún permanece la abolladura en la pared que dejó el proyectil que asesinó a la pequeña. Era la tercera de cinco hermanos. La niña mimada del hogar. Una de las cinco víctimas fatales de ese 20 de septiembre de 2003 que marcó, a sangre y fuego, el comienzo de la denominada “guerra del gas”, un conflicto que llevó la impronta del Plan República.

Informe La Razón habló con exautoridades, políticos, militares y policías que pidieron reserva en su identidad, exdirigentes, víctimas y familiares, y revisó libros, periódicos y pruebas del juicio sobre lo sucedido entre septiembre y octubre de 2003, masacre que dejó 58 muertos y más de 400 heridos. Es que Gonzalo Sánchez de Lozada creía que Bolivia vivía una contienda bélica subversiva. Y armó una estrategia represora que no midió consecuencias.

El 9 de abril de 2003, Sánchez de Lozada recibió otro rumor de desestabilización en su contra. Provenía de la Embajada de Estados Unidos y apuntaba al diputado Evo Morales. Por ello, en pleno cumpleaños del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el Presidente lanzó un discurso furibundo: “Nadie nos va a quitar el gobierno, porque lo vamos a defender con las armas si es necesario”.

No pasó nada. Fue sólo un cotilleo diplomático. Pero la advertencia del gobernante no fue gratuita. El enfrentamiento de febrero entre policías y militares le había dejado secuelas traumáticas. “Estaba seguro de que buscaban derrocarlo”, señala una fuente palaciega del MNR. Un viceministro de entonces revela que su desconfianza hacia el ente verde olivo le llevó a despojarlo de sus armas de guerra.

Tanto fue su recelo con la Policía, que Sánchez de Lozada confió su seguridad personal a un especialista israelita. También sospechaba de su partido. Ello explica que se haya reunido una sola vez con la cúpula orgánica emenerrista en el año y 72 días que duró su gestión. Eso sí, era un ferviente creyente de los consejos de su lugarteniente Carlos Sánchez Berzaín y de su yerno, Mauricio Balcázar.

Disfrutaba de las charlas filosóficas (incluso se inventó que era graduado de Filosofía y Letras de la Universidad de Chicago, tal como lo demuestra Andrés Soliz Rada en La fortuna del presidente) y de los números. “Decía que todo se podía lograr con cifras”, relata otra fuente del MNR. Aunque había un guarismo que le atormentaba: de agosto de 2002 a agosto de 2003, su mandato cargaba la culpa de más de 60 decesos en conflictos sociales. 

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 14 DE OCTUBRE JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

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