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La materia prima sube de precio y carpinteros temen perder su trabajo

En las ciudades de La Paz y El Alto hay unos 10 mil artesanos que se hallan en crisis. Mientras que en las barracas tampoco hay oferta de madera

Lorenzo Valencia muestra las manchas de la madera gabú, de la que se hacen muchos muebles ahora.

Lorenzo Valencia muestra las manchas de la madera gabú, de la que se hacen muchos muebles ahora.

La Razón

00:00 / 13 de agosto de 2012

María Ulo pasa las tardes apoyada en una silla de madera. A veces dormita y cuando despierta ve un montón de muebles a su alrededor que esperan la llegada de algún comprador. La mayor parte de su vida, esta comerciante y carpintera estuvo allí, en la calle Vicente Ochoa de la ciudad de La Paz.

“El negocio de la venta de muebles ha decaído en los últimos cinco años”, comenta la mujer que heredó el oficio de su padre, quien a su vez lo aprendió de su abuelo. Explica que los carpinteros afrontan la peor crisis de su historia porque el costo de la madera se encuentra por las nubes. Cuenta que antes el pie cuadrado de madera de roble se cotizaba en Bs 6 y que ahora está en Bs 14.

Lorenzo Valencia, secretario general de la Asociación de Carpinteros 16 de Julio de El Alto, igual se queja por la elevación. “La madera más preciada es la del roble; antes costaba entre Bs 3 y 3,50, ahora vale hasta Bs 12 el pie”. La otra cara del problema son las barracas, donde la oferta está por los suelos, explican ambas personas. Esto ha repercutido en los precios de los muebles, que se han incrementado entre 50% y 100%.

Entre  2011 y el primer semestre de este año se organizaron marchas de protesta en las urbes de La Paz y El Alto para pedir al Gobierno que evite el alza de la materia prima. En territorio alteño, la furia de los carpinteros llegó a tal extremo que quemaron una barraca. En septiembre del año pasado, la Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierras (ABT) entregó a los artesanos 35 mil pies de madera ochoó a un valor de Bs 4,50 bolivianos la unidad; pero la cantidad fue considerada insuficiente.

Ulo, que también es secretaria general de los 150 afiliados al Sindicato de Carpinteros Mixto Vicente Ochoa, daba trabajo a ocho obreros, pero hoy sólo tiene dos colaboradores. Estos días, su esposo también dejará la microempresa y se irá a trabajar a la mina, donde los vientos que soplan son más lucrativos. “Nosotros trabajamos para el día y si no hay dinero no comemos”, dice.

De continuar esta situación pueden darse dos fenómenos que ya han sucedido en países vecinos, sentencia el especialista en proyectos ambientales Víctor Hugo Gutiérrez: “La subida del precio de la madera de bosque tropical puede ocasionar que sea sustituida por madera importada aserrada, seca y predimensionada o incluso por paneles alistonados de maderas coníferas de plantaciones, a precios más competitivos, o que se incremente la importación (o el contrabando) de muebles o productos terminados en tablero aglomerado, melamínico o de densidad media”.

En ambos casos, continúa el experto, el resultado es la eliminación de puestos de trabajo en la cadena productiva, empezando por los que involucran a los bosques y terminando en las industrias y la comercialización. Todo ello desincentiva la actividad forestal legal y promueve la informalidad. Al respecto, el dirigente René Quispe comenta que en La Paz hay unos 6.000 artesanos de la madera, mientras que en El Alto llegan a 4.000, o sea, 10 mil personas corren el riesgo de perder su fuente de ingresos económicos.

El sector empresarial maderero formal también se vería afectado en el futuro. “Una crisis de orden económico y social afectará sobre todo a las empresas exportadoras (de madera) que generan la mayor cantidad de mano de obra en el país y se aprovisionan de materia prima de  comunidades indígenas y agrupaciones sociales del lugar”, manifiesta el gerente de la Cámara Forestal de Bolivia, Jorge Ávila.

El director nacional de la ABT, Cliver Rocha, señala que un motivo para la elevación de estos costos es que hay más control y los artesanos ya no se aprovisionan de madera de contrabando, que era más barata. “La madera con Certificado Forestal de Origen se compra, según la especie, hasta en Bs 4,50 y la ilegal en Bs 3. Esa diferencia es a la larga perjudicial para el carpintero, a quien hoy se le exige la certificación para vender el mueble terminado”, indica Filemón Hinojosa, de la Unidad de Bosques y Tierras.

Ante la escasez de la materia prima y el alza de costos, y ante la desaparición de la madera mara, muchos artesanos decidieron cambiar el roble por el ochoó y el gabú, aunque sean de menor calidad. También se impuso la comercialización de muebles hechos con trupán, un material sintético que ha comenzado a propagarse por los mercados de muebles que languidecen por la falta de madera; un problema que no halla solución.

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