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La mejor generación de atletas apareció en los años 70

Los mejores atletas del país adoptaron la misión de alistarse para los juegos Bolivarianos de 1977 y Sudamericanos (Odesur) de 1978, bajo la atenta mirada de instructores extranjeros.

La Razón

00:00 / 24 de septiembre de 2012

En los años 70, una “Torre de Babel” se instaló dentro del deporte boliviano. Entrenadores de Estados Unidos, Unión Soviética (hoy Rusia), Ecuador, Alemania, Chile, Japón, China, Taipéi, República Popular de China y Venezuela acompañaron un ambicioso proyecto, sin parangón hasta ahora.

Liderados por José Gamarra Zorrilla, entonces presidente del Comité Olímpico Boliviano (COB), los mejores atletas del país adoptaron la misión de alistarse para los juegos Bolivarianos de 1977 y Sudamericanos (Odesur) de 1978, bajo la atenta mirada de instructores extranjeros.

Y los resultados fueron exitosos. Si entre 1951 y 1973 Bolivia había obtenido sólo cinco medallas de oro en el ámbito sudamericano y faltó a tres Juegos Olímpicos, en la cita bolivariana de 1977 ganó 71 preseas: 15 de oro, 20 de plata y 36 de bronce,  logro que nunca más repitió. Pero, ¿qué se hizo para conseguir este gran salto deportivo?

“Gamarra convenció al presidente anticomunista (Hugo) Banzer a ‘establecer lazos deportivos’ con algunas naciones socialistas, para que envíen a sus mejores entrenadores”, explica el peruano Alejandro Guevara Onofre en la revista Athletics, en una nota titulada José Gamarra Zorrilla, el Barón Pierre De Coubertin boliviano.

Si en el fútbol la generación de los Etcheverry, Sánchez, Borja, Ramallo, Baldivieso... conquistaron el histórico boleto al mundial de Estados Unidos en 1994, en el resto de los deportes, la mejor generación de atletas apareció en los años 70 y se colgó de decenas de medallas, asistió a dos campeonatos mundiales y accedió a otros lauros que no se repitieron en décadas. 

Como señalan Guevara y Rolando Diez de Medina, exdirigente que trabajó junto a Gamarra Zorrilla, la clave no fue únicamente traer preparadores internacionales para capacitar a sus colegas y a gimnastas nacionales, sino el apoyo estatal en el incentivo de la educación física en las unidades educativas fiscales, la construcción de infraestructura y el envío de deportistas a otros países para su entrenamiento.

Dos atletas que fueron parte de esta “época de oro” son Édgar Cueto y Wálter Tatake Quisbert, que lograron en el evento de 1977 preseas doradas en ciclismo y boxeo, respectivamente; aunque antes de ello se sometieron a una ardua preparación.

El primero participó en 1975 en los Juegos Panamericanos de México y accedió a una beca para su adiestramiento. Más de tres décadas después, Cueto recuerda que su entrenador era el mexicano Heriberto Díaz y su jornada rutinaria comenzaba a las 05.00 con la especialidad de ruta, y recorría por lo menos 180 kilómetros; luego desayunaba, por la tarde hacía pista, algo de físico y se retiraba a descansar a las 23.00.

El esfuerzo valió la pena: participó en los Juegos Olímpicos de Montreal en 1976, se colgó en el cuello dos medallas de oro y una de bronce en los Bolivarianos de 1977, e inclusive tuvo la posibilidad de formar parte de un equipo profesional de ciclismo en Italia. “Pero los dirigentes del ciclismo nacional de ese entonces no querían liberarme”, cuenta.

Por su parte, Quisbert tenía 20 años cuando logró la presea dorada en los Bolivarianos de 1977. Dos años antes había empezado su preparación, cuando era un boxeador amateur. Rememora que en 1976, el entrenador soviético Stanislav Golubkov ejercitó a Tatake y a otros diez pugilistas bolivianos, entre ellos el recordado Isidro Guarachi, que fueron concentrados en un hotel durante todo el año.

“En la mañana corríamos 10 kilómetros, después íbamos al gimnasio del coliseo cerrado, luego almorzábamos y volvíamos al gimnasio. Así fueron todos los días, por eso también, quizás, logramos la medalla de oro”. Tras los Juegos Odesur de 1978 y otros torneos internacionales, Quisbert se retiró en 1985 . “Ya no hubo ese apoyo que tuvimos en los años 70 y dejé el boxeo a mis 28 años”, señala con nostalgia.

Otros atletas como él, tal es el caso del gran marchista Esteban Quelale, el maratonista Johnny Pérez, el ciclista Édgar Cueto o las “chicas de oro” del básquetbol se retiraron a mediados de los años 80. Y muchos de ellos quedaron en el olvido, porque como dice el exdirigente olímpico Diez de Medina: “Durante esa década de los años 70 trabajamos y pusimos la semilla para los futuros atletas, pero no hubo seguimiento y se rompió ese proceso olímpico”.

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