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El mercado negro de subsidios mueve al año Bs 6,6 millones

Según la Intendencia paceña y el trabajo de campo de Informe La Razón, las primeras pagan entre Bs 400 y Bs 470 por un paquete de subsidios, que lo entregan a las últimas en Bs 600 y Bs 700, para que ganen otros 200 bolivianos con la venta “al raleo” o por unidad de los productos.

La Razón

00:00 / 14 de enero de 2013

El 4 de junio de 2012 Informe La Razón develó un secreto a voces, que los más de 30 productos nutritivos de los subsidios prenatal y de lactancia eran vendidos por las beneficiarias, incluso en la puerta de las distribuidoras de la empresa PIL Andina de La Paz y El Alto. Pero la investigación no sólo penetró en este negocio ilícito que mueve 6,6 millones de bolivianos anuales gracias al financiamiento de empleadores públicos y privados, además descubrió a los eslabones de la cadena y cómo operan.

La calle paceña Coroico, cerca del mercado Yungas de la zona Central, es el escenario donde personas, en su mayoría mujeres, portan una gran bolsa vacía, señal de que forman parte de clanes que a diario salen a la pesca de estos alimentos, para contrabandearlos e introducirlos en el mercado informal. En el argot del ramo, ellas son conocidas como “intermediarias”, que revenden el botín a “mayoristas” que poseen puestos en mercados populares. Contrabando. Según la Intendencia paceña y el trabajo de campo de Informe La Razón, las primeras pagan entre Bs 400 y Bs 470 por un paquete de subsidios, que lo entregan a las últimas en Bs 600 y Bs 700, para que ganen otros 200 bolivianos con la venta “al raleo” o por unidad de los productos. Otros personajes de este negocio son las “minoristas”, que sólo compran los alimentos con mayor demanda: tarros de leches o quesos, y los venden por las noches en calles como la Mercado, la Ballivián y la Comercio o la plaza Eguino.

“Compran la lata de leche hasta en 30 bolivianos, dependiendo de la necesidad del vendedor, y la revenden al precio de los mercados, es decir, en 80 o hasta en 120 bolivianos, con inclusive 300% de ganancia”, denunció el asesor jurídico de la Intendencia Municipal de La Paz, Boris Antezana, quien añadió que los dividendos son incluso mayores porque hay familias dedicadas a la compra de subsidios.

La mayor afluencia de beneficiarias en instalaciones de PIL Andina se presenta desde mediados y hasta fin de mes, cuando un intermediario puede acceder hasta a cinco paquetes al día, que se transformarán en hasta 1.000 bolivianos de rendimiento cuando los entregue a los mayoristas. Una fuente de PIL Andina reveló que hay tres mujeres que comandan grupos de compradores en la calle Coroico, integrados por familiares o terceros; ellas alegan que cada cofradía es una especie de “sindicato”. De acuerdo con vecinos de la zona, son las denominadas “capitalistas”, que disponen del dinero para la labor de sus “empleados”. Esto no sólo pasa en La Paz, sino en la avenida Juan Pablo II Km 15 de la zona de Río Seco, en El Alto, donde se halla la otra filial de PIL Andina.

Por los alrededores de la calle Coroico y del mercado Yungas, las contrabandistas de los subsidios prenatal y de lactancia alquilan cuartos donde acopian sus botines. Ello explica que éstas desaparezcan apenas cierran las transacciones y regresan al poco tiempo con las manos vacías, para volver a la carga. Informe La Razón identificó al menos cinco de ellos, que igualmente sirven como centros de expendio de los productos.

De acuerdo con el Reglamento de Asignaciones Familiares, los responsables de identificar a “los beneficiarios y/o terceros que comercialicen los productos del subsidio para proceder al decomiso son la Policía Nacional, en coordinación con el Inases y los gobiernos autónomos municipales a través de la Guardia Municipal, Intendencia y otros relacionados”. No obstante, el control de las autoridades brillaba por su ausencia en puertas de las distribuidoras de PIL Andina.

Los productos siguen a la venta

Este mes, Informe La Razón volvió a la calle Coroico, en La Paz, y la avenida Juan Pablo II Km 15 de la zona de Río Seco, en El Alto, para visitar las distribuidoras de subsidios prenatal y de lactancia de la empresa PIL Andina. Al igual como sucedió hace medio año, no había control para evitar la compra-venta de los alimentos de estos beneficios, o sea, el contrabando continúa imperando en ambas ciudades.

Más aún, la comercialización de estos productos nutritivos sigue intacta en los mercados informales de La Tablada, las calles Garcilazo de la Vega, Comercio y el pasaje Ortega (La Paz), y la Ceja y la feria de la 16 de Julio en El Alto. Lo que sí cambió fue la posición de autoridades de la Intendencia paceña; la nueva encargada de la Unidad de Control, Lenny Linares, afirmó que desconoce esta actividad y el intendente Mauricio Ruiz aclaró que sus personeros sólo pueden controlar que los alimentos estén en buen estado. Aparte, el Reglamento de Decomiso de Productos del Subsidio espera su aprobación del Ministerio de Salud para fiscalizar el rubro.

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