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El microchip, una opción para identificar a los canes extraviados

El Kennel Club Boliviano coloca el dispositivo por entre $us 5 y 10 y los veterinarios particulares certificados por esta institución, por $us 15.

Un dispositivo que es el preferido por amos de canes con pedigrí. Infografía: La Razón

Un dispositivo que es el preferido por amos de canes con pedigrí. Infografía: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / La Paz

00:00 / 31 de diciembre de 2013

Carla Soliz ha hecho de detective para hallar pistas de Perlita, su schnauzer de cinco años que se perdió en agosto en la ciudad de Santa Cruz. “Dicen que puede estar en Cochabamba o La Paz”. La joven no declina en su empeño por recuperar a su mascota. Y sabe que si ella o alguien la encuentra, el microchip que le hizo colocar cuando cumplió un año, puede ayudarla a demostrar que es su perra.

Éste es el método más empleado por los propietarios de canes de raza, para que sus ejemplares sean reconocidos en caso de extravío o sustracción por parte de mafias de delincuentes que operan en el país. “Al tener un microchip, los animales cuentan con un número de identificación que les brinda la opción de ser rescatados en caso de haber sido robados”, explica el presidente de la organización Educación y Bienestar Animal (EBA), Enrique Mendizábal.

El sistema electrónico es implantado por debajo de la piel, en una parte del cuerpo, describe el también veterinario. Está conformado por el microchip y la cápsula que lo recubre, que es de un vidrio suave y biocompatible que no provoca alergias, tan pequeña como un grano de arroz. Gary Barrios, representante nacional de Zoonosis, del Ministerio de Salud, añade que es como un carnet de identidad canino, porque almacena un código de números único, con el nombre del dueño, su dirección y teléfonos de contacto.

En el territorio nacional, los microchips son colocados por especialistas del Kennel Club Boliviano, institución que aglutina a criadores de perros de raza, reconocida por la Federación Cinológica Internacional (que consta de 86 miembros) y que se encarga de fomentar la cinología, es decir, el estudio de la genética, morfología, psicología y función de los cuadrúpedos. El procedimiento tiene un costo de entre $us 5 y 10.

Desde hace seis años, esta organización ha asumido la atribución de otorgar el pedigrí a animales de raza pura, y lo certifica con la instalación del microchip. El mecanismo cuenta con lectores especiales y scanners que envían al chip una señal de radio para leer el número personalizado y los datos de referencia. La Paz, Cochabamba y Santa Cruz cuentan con oficinas del Kennel Club, y Oruro y Tarija serán los próximos departamentos en los que instalará dependencias.

“Todos los perros puros tienen, sí o sí, pedigrí, que es el certificado de pureza del ejemplar, allí está su árbol genealógico de cuatro generaciones, su número de registro, tatuaje, datos del criador y del propietario. Este certificado es expedido exclusivamente por el Kennel Club Boliviano en el caso de los ejemplares nacidos en Bolivia y en el caso de un ejemplar extranjero, es emitido por el Kennel Club oficial del país donde el ejemplar fue adquirido”, señala la información de la página electrónica de la entidad.

Mendizábal es uno de los contados veterinarios que poseen la autorización para colocar el sistema electrónico fuera de las dependencias del Kennel Club. Lo hace cuando el amo del perro —sea o no de raza—, tiene que viajar al exterior junto a su mascota y debe cumplir uno de los requisitos exigidos en naciones como Estados Unidos y del continente europeo. “En esos lugares se exige que los canes tengan microchip y que éste haya sido implantado por un médico certificado en su nación”. La cotización de este trabajo es de $us 15.

Barrios informa que el “microchipeado” se está promoviendo en los municipios con precios más económicos. No obstante, para que el dispositivo rinda sus frutos cuando se presenta un extravío, el dueño del cuadrúpedo, generalmente, realiza pesquisas particulares para exigir la verificación. “El animal casi siempre va a estar encerrado y para ingresar a una vivienda se necesita una orden de allanamiento. De hecho, entrar a un criadero clandestino me imagino que es muy difícil”, lamenta el representante de EBA.

En el extranjero, el microchip tiene aplicaciones más sofisticadas. En Estados Unidos, por ejemplo, mide la temperatura corporal del can a través de un sensor y está provisto de GPS o sistemas de posicionamiento global, que rastrean la ubicación de éste por si se pierde o es robado, a través de coordenadas de latitud, longitud y altura.

Al respecto, para prevenir hurtos, Mendizábal aconseja que el propietario que recurra a este método debe hacerlo saber a los demás colocando un letrero en la puerta de su casa, que diga: “Aquí vive un perro con microchip”, para que quien pretenda hurtarlo sepa que será más difícil venderlo y reproducirlo en el mercado formal. Barrios agrega que “una reproducción controlada y esterilizar al perro de raza disminuirán riesgos, porque el can no dará camadas”.

El microchip ha venido a reemplazar a los tatuajes que se hacían en los animales con pedigrí con un código en una parte visible del cuerpo (casi siempre en la oreja); sin embargo, los delincuentes los borraban para eludir las pesquisas de los amos. “En otras ocasiones se clonaba el número para vender a un perro común como si fuera otro con pedigrí”, manifiesta Roberto Sandóval, que tiene un criadero de cuadrúpedos en la zona Sur de la ciudad La Paz.

Norman Andia, presidente de la filial del Kennel Club en Cochabamba, complementa que el tatuaje era más traumático para los animales, porque les provocaba dolor y era muy fácil de falsificar o alterar porque hay tatuadores que son expertos en ello. Por ello, los microchips han ganado terreno tanto en Bolivia como en el mundo.

Sociedades protectoras son las únicas que reciben denuncias

La mayoría de las personas que pierde a sus mascotas no sabe a dónde acudir en busca de ayuda. Aquellas que presumen que el animal se extravió recorren las calles con la esperanza de encontrarlo. Con el paso de los días desisten y verifican si fue recogido por la perrera (dependiente de la alcaldía de su ciudad) o por albergues. Lo mismo ocurre con los amos que creen que sus canes fueron robados. “Encontramos mi reja con pelos y sangre de mi Peluche, por eso sabemos que lo sacaron a la fuerza de la vivienda”, narra Óscar Estévez, mientras recuerda cómo se llevaron a su pastor alemán.

Representantes de las sociedades protectoras de animales consultadas, en La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, informan que cada vez más gente que extravió a sus animales acude a éstas. Por ello, sus paredes están llenas de hojas con fotos y datos de perros y gatos perdidos, la mayoría de raza, con pedigrí. “Al día recibimos muchas denuncias con fotografías, pero muy pocos son encontrados”, cuenta Isabel Choquehuanca, encargada de Animales SOS en La Paz.

Pero estas organizaciones, así como las dependencias de cada ciudad capital de Zoonosis y del Servicio Nacional de Sanidad Agropecuaria e Inocuidad Alimentaria (Senasag), muy poco o nada pueden hacer en el tema. Ambas coinciden en que la Policía debería investigar los casos.

“Pero los policías ni siquiera quieren tomar los datos de las mascotas extraviadas”, manifiesta Lili Orellana, coordinadora del Centro de Adopciones San Martín de Porres.

Susana del Carpio, titular nacional de Animales SOS, aconseja que si se conoce quién perpetró el robo, se tiene que sentar una denuncia, incluso verbal, en la división Delitos contra la Propiedad de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCC). “El uniformado está obligado a recibirla; si no lo hace, se debe denunciar su nombre y apellido en la oficina de responsabilidad social”.

Al respecto, el capitán Wilson Miranda, encargado de esta repartición en La Paz, indica que no les compete averiguar este asunto. “Los agentes se encargan de dar con los autores de hurto, robo, daño y robo frustrado, pero de objetos que fueron propiedad de alguien”.

Gary Barrios, representante de Zoonosis del Ministerio de Salud, comenta que la Policía ya está rebasada en sus funciones y que les comunicó que su principal función es la seguridad ciudadana. “La responsabilidad es de los dueños, más que de la Policía y de las alcaldías, que deben cumplir las normas de tenencia responsable ”.

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