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Los militares bolivianos conquistan con música y alegría

La Compañía de Infantería Mecanizada CIMB-XI está formada por 205 compatriotas, entre oficiales, sargentos, soldados y civiles; ellos no sólo brindan ayuda a 2.500 desplazados del sismo de hace tres años en Haití, en el corazón de la capital Puerto Príncipe, sino que alegran sus días con tonadas del folklore nacional.

La Razón

00:00 / 25 de febrero de 2013

A más de 4.000 kilómetros de La Paz, los contagiosos acordes del t’inku Celia interpretados por la banda militar de “cascos azules” bolivianos compiten con el ritmo afrocaribeño del kompa y provocan que impere el baile entre los niños haitianos que habitan el campamento de refugiados de Tabarre Issa.  

La Compañía de Infantería Mecanizada CIMB-XI está formada por 205 compatriotas, entre oficiales, sargentos, soldados y civiles; ellos no sólo brindan ayuda a 2.500 desplazados del sismo de hace tres años en Haití, en el corazón de la capital Puerto Príncipe, sino que alegran sus días con tonadas del folklore nacional. 

Al mando del teniente coronel DEM Richar Valencia, los efectivos escoltan convoyes, otorgan seguridad en campamentos de damnificados y un hospital, proporcionan cooperación médica y están siempre listos para atender desastres naturales; son la primera fuerza de acción inmediata entre sus similares. Pero, ante todo, son un brazo social, muy apreciado y querido en suelo haitiano.

“Con Bolivia aquí no nos hace falta nada. Hay agua y atención médica, por acá han pasado tres contingentes, pero el de Bolivia es el mejor, hay más seguridad”, comenta Leonardo Martínez, a quien llaman el “alcalde”, algo así como el líder de la junta de vecinos de Tabarre Issa. Lo hace en perfecto español y también habla créole, el idioma nativo de Haití, y francés.

Mientras el personaje conversa con Informe La Razón, un grupo de 30 infantes baila t’inku en una carpa adornada con la tricolor boliviana y dominada por las notas de la orquesta boliviana, en la ciudad donde se erige la Base Tiwanaku, donde los militares han levantado un pequeño rincón del país en pleno Caribe. Allí, los complejos habitacionales están divididos por calles que recuerdan a héroes de la Guerra del Chaco como Víctor Ustariz o Germán Busch, entre otros.

Corimex, así son denominadas las habitaciones donde duermen entre siete y diez personas. En el sector hay, además, cancha de Fútbol-8, gimnasio, sala de internet, comedor, hospital de nivel 1 y un ambiente con al menos dos decenas de trajes para bailar caporal, t’inku, morenada, diablada, kullawada, danza mojeña, chacarera y hasta un disfraz de pepino.

Por las venas de la Base Tiwanaku transitan pandinos, tarijeños, caranaveños, punateños, paceños, cruceños... todos listos para extender sus manos a los estantes de Tabarre Issa. “Bolivia es el único contingente militar que tiene su propia banda, por eso es que el resto siempre pide que pueda ayudar en actos y otras actividades”.

Las palabras de elogio provienen del jefe de la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) y representante especial del Secretario General de la Organización de Naciones Unidas, el chileno Mariano Fernández. Es que los “cascos azules” bolivianos se han ganado fama y respeto en ese territorio que resucita de entre los escombros.

Repertorio. El capitán Enrique Peña es paceño e integra la Unidad de Comunicación de la CIMB-XI. Ratifica que otros militares de la Misión de Paz que radican en suelo haitiano, hacen pedidos para que la banda boliviana asista a sus eventos y, con partituras en mano, solicitan que les interpreten melodías de sus países.

Y cuando le toca hablar de los integrantes de la orquesta, el teniente coronel Valencia lo hace con sumo orgullo. “Siempre nos hacen quedar bien al contingente y a todo el país”. La banda es dirigida por el suboficial paceño Vidal Marce, que lleva 17 años en el Ejército y dio sus primeros pasos como intérprete.

En un camión, los cinco músicos bolivianos llegan vestidos con trajes camuflados y armados de un bombo, trompetas, trombones y tambores que destilan acordes del folklore nacional; aunque el repertorio puede variar de acuerdo con los anfitriones. Por ejemplo, cuando el público es en su mayoría infantil, la versátil orquesta puede interpretar desde un t’inku hasta una Viborita chis, chis, chis….

Durante la visita de Informe La Razón a Tabarre Issa, los pequeños danzan felices en el escenario de tierra, mientras sus padres los observan y, arriba de la tarima, dos t’inkus lucen trajes impecables, traídos desde la calle Los Andes, de la ciudad de La Paz, y desafían los 35 grados centígrados del invierno haitiano. “Los bolivianos nos levantan la moral, cada vez que los oímos nos ponemos a bailar porque, pese a todo, somos gente muy alegre”, señala el “alcalde” Martínez.

Paralelamente, la cooperación médica que brindan los compatriotas a los niños es ampliamente reconocida por los desplazados que perdieron sus casas en el terremoto de 2010. “Sí, ahora me han revisado los dientes y estoy bien”, cuenta Wedne, un infante de ocho años que porta, orgulloso, una pasta dental y un cepillo de dientes que le obsequiaron las enfermeras. “Casi la mayoría de ellos tiene sus dientes sanitos y eso es, quizás, porque no conocen de dulces”, diagnostica la doctora Nancy Mónica Apaza, paceña de 29 años.

Mientras una treintena de pequeños baila con la banda de “cascos azules”, unos 20 reciben atención médica en el mismo sitio. “Hacemos curaciones, ellos a veces vienen con honguitos”, manifiesta Carolina Peña, médico general boliviana. Los niños presentan, sobre todo, cuadros clínicos de desnutrición, de parasitosis y de infecciones estomacales, y los adultos, de infecciones urinarias y de principios de enfermedades venéreas. 

En Tabarre Issa, los bolivianos —sean efectivos castrenses o civiles— destinan al menos un día de la semana para acompañar a la orquesta y brindar cooperación médica a los infantes. “La sonrisa de un niño es el mejor regalo que podemos recibir”, precisa Peña. A unos metros de ella, el médico general tupiceño Omar Ramírez confiesa que su mayor satisfacción en la última Navidad fue atender a 95 pequeños haitianos desde las 08.00 hasta las 13.00.

Mientras Ramírez habla, a unos metros de la carpa donde se otorga atención médica, familias enteras hacen fila, sujetan varios recipientes para recibir una ración de los 15 mil litros de agua potable, purificada en una planta que se encuentra en la Base Tiwanaku. Es que el líquido es un artículo que escasea y si bien hay bastantes ríos, sus aguas no son para consumo y pueden provocar enfermedades.

Papá noel. “Hay un Papá Noel entre los bolivianos y tiene que conocerlo”, comenta un oficial francés al periodista de Informe La Razón. Se refiere al capitán Peña, que engrosa la Misión de Paz desde octubre del año pasado y que también es reconocido en la urbe de Puerto Príncipe porque le dio vida a la Nochebuena de 2012, ataviado con su traje rojo y luciendo una barba blanca. Incluso su fama trascendió los límites de la Base Tiwanaku.

Peña relata que cuando le preguntaron si podía disfrazarse de Viejito Pascuero, no lo pensó dos veces. “Lo hice por los niños, por la Navidad y porque aquí todos nos brindamos y ayudamos para lo que sea necesario”. En las fiestas navideñas del año pasado, los militares bolivianos hicieron una cuota para comprar regalos, prepararon una chocolatada y llamaron a la banda musical; otros se disfrazaron de payasitos y hasta hubo una pepina para la entrega de obsequios a los pequeños de Tabarre Issa. “Quisiéramos llegar a todos, es difícil, sin embargo, algo es algo”, recuerda Peña.

La tarde del jueves 10 de enero, además de la orquesta, de las enfermeras y de los médicos, también se encontraban dos payasos: el sargento Gonzalo Rojas y el soldado Edmundo Morales, que por unas horas se convirtieron en verdaderos “clownes” y dibujaron más de una sonrisa entre los infantes. No en vano, uno de los lemas de los “cascos azules” bolivianos destinados en Haití reza así: “Ganar la mente y el corazón de la población haitiana es nuestra única recompensa”.

El CIMB-XI está listo en 15 minutos

L a capacidad de eficiencia del contingente boliviano en Haití le permite estar listo en 15 minutos y, así, ser desplegado en cualquier punto del país, según el teniente coronel DEM Richar Valencia.

“Podemos ser desplazados por vías aérea, marítima y/o terrestre en cualquier sitio de Haití y ésa es la principal particularidad del contingente boliviano como primera fuerza de acción inmediata”, añade el uniformado. Por ello, el grupo fue felicitado por el comandante de Fuerza, el general brasileño Fernando Rodrigues.

“Nuestra base está en Puerto Príncipe, pero somos la reserva del Comandante de Fuerza y del componente militar de las Naciones Unidas”, expresa el efectivo castrense nacido en La Paz, sobre el destacamento de 205 “cascos azules” a su mando.

Los compatriotas poseen fuerzas especiales, brindan protección a personas importantes, proporcionan seguridad a un hospital, brindan cooperación médica, a la par de acciones comunitarias en las que también distribuyen agua potable y están siempre listos ante cualquier desastre como una Unidad de Defensa Civil. 

La Compañía de Infantería Mecanizada CIMB-XI, nombre de la tropa boliviana desplegada en Haití, efectúa el mantenimiento constante de todos sus equipos de transporte. “Deben estar en el máximo de su eficiencia para cualquier emergencia”, remarca Valencia.

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