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Los paceños carnavalean con ‘los cuatro fantásticos’

El Ch’uta, el Pepino y el K’usillo son el alma de la fiesta carnavalera en La Paz. Ellos se pelean por el amor de la Cholita, la reina que acompaña todas las celebraciones

La Razón / Jorge Quispe

00:00 / 13 de febrero de 2012

No hay Carnaval en La Paz sin los “cuatro fantásticos”. Si bien sólo uno de ellos, el Pepino, tiene el poder de regresar a la vida, los otros tres no se quedan atrás en las carnestolendas de la sede de gobierno. La imaginación nos permite conocerlos.

“No somos ‘Los Magníficos’, pero de algo estamos seguros: no hay carnaval sin nosotros; sino, pregúntenle al Ch’uta Cholero, ese bandolero anda siempre acompañado de sus dos cholitas; kory panqaritas, pues”, suelta con su voz de pipiripi el Pepino a poco de ser desenterrado en el Cementerio General.

A su lado, el Ch’uta, que ha llegado cansado después de bailar en Caquiaviri, ahora está afinando el paso del Kututu para conquistar a las lindas palomitas. Una de ellas adelanta que al Ch’uta no le será nada fácil atrapar su corazón. “Eso, pues, cree este Ch’uta Cholero, sin embargo, nosotras no somos fáciles de conquistar. ¿Se imaginan verle al Ch’uta sin sus dos cholitas?”, pregunta.

Quien está seguro de sus atributos de galán es el Pepino, chorizo sin calzón. “Estas blancas palomitas bien exageradas siempre son, pero eso sí, nadie se va a librar de mi matasuegra ‘made en China’, porque yo soy, pues, el Pepino. Por eso el oficial mayor de Culturas, Wálter Gómez, bien harto me quiere y hasta ha bailado con mi disfraz. Ahora ya estoy practicando mi pasito ‘tun tun’ versión 2012 para entrar en el Domingo de Carnaval”.

En el Carnaval de La Paz, el Pepino y el Ch’uta tienen el alma de un don Juan. “Mira nomás, a ver, dicen que soy un cholero, pero no es así, yo le soy bien fiel a mis dos cholitas. Por eso a mí me llaman, pues, el Cholero, el Súper Papi, el Fiesta Cohetillo y el Wist’u Vida”, refrenda el Ch’uta o “Ponguito”, como también es descrito por la antropóloga del Museo de Etnografía y Folklore Luz Castillo.

Este personaje asume su rol ya antes del Domingo de Tentación. “Yo soy, pues, el eterno soltero y el más codiciado; a mis pies caen “Las Chicas Holandesas” o las “Cero Kilómetros”. “‘¡Bien lindo y bien coqueto eres ch’utita!’, suspiran al verme”, dice el carnavalero.

Un paceño que baila con este disfraz es Víctor Quispe, de “Los Recordados Ch’utas de Antaño” y que además de ser un hualaycho del Carnaval paceño es compositor del huayño “Ch’utach’ukuta”, que inmortalizó el grupo Hiru Ichu. 

“Este año, junto a mis 20.000 ch’utas, bailando voy a subir toda la zona del Cementerio con “Los Siempre Aljeris”, “Los Intocables” y “Los Fanáticos”; conmigo hasta los muertos salen de sus tumbas para meterle un huayñito”, dice Quispe.

Así es el Ch’uta, pero los k’usillos son diferentes. “Nosotros bailamos todo el año y en la fiesta de los carnavales hartas cholitas me persiguen por mi linda nariz en forma de ‘S’. Yo soy, pues, trilingüe y aunque algunos dicen que mi abuelo era el arlequín europeo, yo soy más boliviano que el chuño, por eso en el campo bailo y salto con mi zorrito en la cintura junto a mis wawa k’usillitos (hijos)”.

Castillo recuerda que antes los k’usillos participaban de las corridas de toro como bufones. “Después ya entré en los carnavales de La Paz, porque si esta fiesta se pudiera medir por la agilidad, yo les gano a toditos, sino pregúntele al Germán Guzmán Jiménez, que a sus 70 años era el más alegre”, añade el K’usillo.

El Ch’uta, el Pepino, la Cholita y el K’usillo están casi listos para divertir hasta a los más k’aimas. “Saltar, hacer reír a la gente, endulzar los oídos de mis amadas, en eso soy bien capo, por eso soy el hualaycho, el más atrevido de los bailarines”, advierte el alegre K’usillo.

La diversidad es la soberana de los carnavales en la ciudad de La Paz

Un Ch’uta conquistador, un juguetón Pepino, un irreverente K’usillo, una hermosa Cholita y el Martes de Ch’alla forman parte de la tradición carnavalera de La Paz, una fiesta en la diversidad es la reina de la celebración.

Mientras Oruro libera al diablo y Santa Cruz baila con sus bellezas, el menú del Carnaval paceño no sólo es sazonado por un delicioso puchero, sino también por la presencia de estas inolvidables figuras.

“La diversidad, el encuentro urbano y rural, como el Jisk’a Anata y los personajes, que son el Ch’uta, el Pepino, el K’usillo y la Cholita, forman la identidad paceña del Carnaval”, cuenta el oficial mayor de Culturas de La Paz, Wálter Gómez.

Javier Escalier, presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño, es más puntual: “Esta festividad es para toda la familia boliviana”.

Variedad. Mientras el Ch’uta Cholero llega desde Pacajes, el Pepino es desenterrado con banda en el Cementerio, el K’usillo arriba con sus wawa k’usillitos (hijos) desde el campo y la Cholita estrena sus mejores ajuares. 

Ellos son los anfitriones del Carnaval paceño. Por un lado, el Ch’uta, hoy por hoy el personaje central, apela a su voz en falsete para lucirse. “Cada vez se reinventa”, afirma sin dudar Escalier.

A la figura se le suma el Pepino, que con su hablar de pipiripi y su espíritu de sátiro se burla de medio mundo. En el mismo tono y con brincos por los aires, el K’usillo intenta seducir a las cholitas con su enorme nariz en forma de “S”. A él no le entierran ni le desentierran. Luego todos se reúnen en el  tradicional Martes de Ch’alla. Ese día, desde el más rico hasta el más pobre ch’alla o rocía con cerveza y alcohol sus bienes con el deseo profundo de que el próximo año tenga mucha prosperidad. “El rito coincide con la época de la aparición de los primeros frutos”, dice Édgar Pomar, docente de Comunicación de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).

Escalier aclara que en La Paz “el Carnaval es tradición, no es devoción”, como reza el lema de la celebración para las festividades de este año.  

Para Pomar, la ch’alla está tan enraizada, que muchos administrativos públicos ch’allan sus oficinas el viernes de Carnaval. “No falta la serpentina, el confeti, el vino azucarado para que el dulce se quede ahí, la mixtura, las flores, el cohetillito y alcoholcito”. 

Todo ello sin contar el Sábado de Carnaval, reservado para el Corso Infantil, y el Domingo de Farándula, para los centenares de pepinos. Y si todavía hay fuerzas, la semana de festejos llega a su fin con una de sus máximas demostraciones con el Domingo de Tentación, donde el rey es el Ch’uta.

“Van a participar 26 comparsas y 15.000 ch’utas”, anticipa Escalier. “Y eso que nos estamos olvidando de las retretas y estudiantinas que están presentes con Los Olvidados”, añade el oficial mayor de Culturas, Wálter Gómez.

De ‘Terroristas’ y ‘Fascistas’   a los tiempos del Pepino y los Ch’utas

La Paz, 1913. “Los Terroristas” con uniformes blancos, gorras del mismo color y letras “T” pintadas en el pecho descienden en medio de aplausos por la angosta calle de la Evaristo Valle en el Domingo de Carnaval.

Estos terroristas no atentan contra el Estado que preside el sacabeño Eliodoro Villazón (1909-1913), pero son los más esperados en la farándula carnavalera paceña en los tiempos del liberalismo, a principios del siglo XX.

“Era un carnaval casi importado, una réplica quizás de Europa y en el que participaban básicamente las clases altas”, describe la antropóloga del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef) Luz Castillo. Una fotografía del archivo Cordero corrobora cómo los indígenas miraban ajenos la celebración.

La concertina alegraba el paso de los primeros carruajes todavía arrastrados por caballos, para luego rendirse ante los carros alegóricos en la década de los años 20. Eran tiempos en los que también pocos querían perderse el ingreso de “Los Fascistas”, otros carnavaleros.

REINADO. Tras la Revolución Nacional de 1952, el Voto Universal y la Reforma Agraria, la migración a las ciudades trajo, además, la presencia del “ponguito” o ch’uta a la fiesta del Carnaval de La Paz, como describe Castillo.

A medida que pasaban los años, la celebración se hizo urbano-rural. Una imagen de 1964 captada por el recordado fotógrafo Lucio Flores muestra cómo centenares de pepinos bailaban en El Prado. Unos llevaban máscaras de luchadores mexicanos; otros, disfraces de King Kong, y había incluso monolitos de Tiwanaku.

A finales de los 60 y principios de los 70 empezaron a participar otros sectores sociales y el Carnaval dejó de ser únicamente de las clases altas. “Los gremiales, los fabriles y otros grupos se incorporaron y la fiesta se hizo más participativa. Esta vez los disfraces están vinculados incluso a las fuentes laborales”, menciona el historiador Fernando Cajías.

El exfabril Roberto Quispe Paquiri recuerda que entre 1973 y 1974, los cerca de 1.200 fabriles de la empresa de telas Said diseñaban sus propios trajes de pepinos: primero con el cotencio o gangocho y luego con las telas sanforizadas. 

El oficial mayor de Culturas de La Paz, Wálter Gómez, destaca la creatividad de los disfraces y las visitas que hacían las comparsas a las casas. “Eran espacios para el encuentro de la comunidad. Si bien muchos bailaban ese domingo, otros se iban de día de campo hasta la zona Sur donde se comía y se bailaba”.

Si eso pasaba el domingo, al día siguiente esperaban las recordadas “mascaradas” con la orquesta Swingbaly, de moda en los 60 y 70, que se presentaba en el “Suma Aruma”, “El Ferroviario” y “El Fantasio”, los locales de moda. 

Los tiempos han cambiado. “Antes el Pepino era el rey, ahora el Ch’uta es el rey del Domingo de Tentación”, dice Javier Escalier, presidente de la Asociación de Comparsas del Carnaval Paceño (ACCP).

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