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El principal reto del futuro líder es la reforma de la Curia

El sacerdote jesuita Xavier Albó remarca que lo más urgente es la renovación de gobierno eclesiástico interno, y dentro de ello el manejo de las finanzas de la Santa Sede.

La Razón

00:00 / 11 de marzo de 2013

El sucesor de Benedicto XVI tiene una agenda de retos y reformas nada fácil. Ya lo dijo el ahora expontífice alemán: la Iglesia Católica requiere renovarse, unirse, dejar la hipocresía, renegar del egoísmo... Religiosos y expertos de Bolivia y el extranjero coinciden en que una de las tareas inmediatas y cruciales del futuro líder implica una operación de limpieza y de cambios en la Curia romana.

El sacerdote jesuita Xavier Albó remarca que lo más urgente es la renovación de gobierno eclesiástico interno, y dentro de ello el manejo de las finanzas de la Santa Sede. Para sustentar su opinión, se apoya en los planteamientos del teólogo brasileño Leonardo Boff, que fue silenciado en 1985 por el Vaticano, precisamente por Joseph Ratzinger, por pertenecer a la corriente de la Teología de la Liberación en el ámbito latinoamericano.

Boff postula en una entrevista con El Universal de Venezuela, que la Curia se ha convertido en un “antro de personas ávidas de poder, llenas de intrigas y maledicencia” para rescatar a la Iglesia de esta etapa de “gran desmoralización”, debido a los escándalos de corrupción y pedofilia. “Hay criminales en las altas esferas que deben ser llevados a los tribunales, porque violaron sexualmente a inocentes. Los casos se cuentan por miles”.

Bernardo Barranco, sociólogo y presidente del Centro de Estudios de las Religiones en México, señala a Informe La Razón que el pontificado de Benedicto XVI fue impotente al poder de la Curia del Vaticano, que ante esta debilidad adquirió un poder desmesurado. “La renuncia del Papa no ha generado la crisis de la Iglesia, es la crisis de ésta, acumulada en los sectores más conservadores, que ha provocado que el Sumo Pontífice abdique a su mandato”.

AGENDA. Este especialista asegura que uno de los documentos filtrados por el caso Vatileaks reveló que Ratzinger estaba aislado, se la pasaba tocando piano; más todavía, era autoridad de medio tiempo y prefería escribir libros, por lo que no asumía con fuerza su rol de controlar a los “enemigos internos”. No obstante, ahora que abandonó el cargo, estaría consciente de reformar a la Curia mediante su heredero, a quien entregará un informe confidencial que fue elaborado por tres ancianos cardenales.

Pero en el camino del futuro Vicario de Cristo hay otros desafíos no menos importantes, incluso propugnados por sacerdotes, religiosos y religiosas, que apuntan a que la Iglesia se adecúe a la modernidad. Es denominado el “cisma silencioso”, que busca más democracia interna, elección de las autoridades eclesiásticas, cambio de la regla del celibato sacerdotal y la ordenación de mujeres, o que se permita comulgar a los divorciados que se vuelven a casar.

Para Boff, una de las salidas inmediatas es la repartición de poder, que no todo se concentre en la administración de la Santa Sede; una palabra que resume esta propuesta es: decentralización. “No es posible que una sola persona con su equipo dirija una China entera de cristianos, es decir, 1.200 millones de fieles (...) Ni siquiera el Espíritu Santo lograría realizar esta hazaña”, para la “gran mayoría” de los católicos la Iglesia “dejó de ser un hogar espiritual”.

Un artículo de la agencia AFP también postula que el próximo Pontífice debe aplicar totalmente la “tolerancia cero” contra los casos de pedofilia, medida decretada por Benedicto XVI; a la par de la recomendación a todos los obispos de colaborar con la justicia civil. Asimismo, queda mucho por hacer en cuanto a la transparencia de las cuentas de la Santa Sede y la batalla contra el blanqueo de capitales, acusación que atañe al Banco del Vaticano.

Igual sobresalen entre las tareas pendientes el diálogo con el Islam, no siempre fluido, mientras las relaciones con el judaísmo han mejorado mucho; mayor apertura en temas como del matrimonio homosexual, la bioética, el aborto o la eutanasia, ya que Benedicto XVI y su antecesor Juan Pablo II pregonaron que los valores familiares no son negociables.

El padre salesiano Thelian Corona opina que el diálogo interreligioso es otro punto en la agenda. “La Iglesia tiene que ser solidaria con el mundo, tiene que vivir sus preocupaciones, responder a las exigencias del desarrollo de la sociedad. Se necesita un Pontífice sensible a las necesidades de los tiempos, un pastor que sepa interpretar estos signos y tenga la capacidad de dirigir a la Iglesia en las turbulencias que pudieran desprenderse de los peligros que el papa Benedicto XVI anunciaba”.

En consonancia, el sacerdote Guillermo Siles remarca que “lo primero que tiene que enfrentar la Iglesia es que necesita una mayor comprensión sobre los cambios estructurales de la sociedad”. El experto Jorge Velarde subraya que “quedó claro con Benedicto XVI que no se precisa una Iglesia inmensa y de masas como antes, sino gente convencida. No creo que la Iglesia necesite volver al pasado, sino que los católicos estemos bien convencidos de lo que queremos”.

Especialistas consultados por AFP plantearon que el siguiente Papa tiene que ser joven, buen comunicador para divulgar su mensaje más allá de los círculos católicos y con dotes de mando para poner orden en una institución lastrada por las divisiones. Al respecto, Albó igualmente pide un Pontífice joven, con profundo amor por la Iglesia y abierto a las nuevas corrientes religiosas.

Pero Barranco duda de que esto suceda. Según un estudio que realizó sobre los cardenales menores de 80 años que participarán en el ritual del cónclave, que ascienden a 115: los europeos son más, con 62, cuando la mayoría de la población católica se halla en América Latina (483 millones de los 1.200 millones del mundo), que sólo está representada con 19. “Por esta sobrerrepresentación, la agenda del Papa es europea, con polémicas por la secularidad, donde los temas sociales de pobreza, justicia y exclusión no son vitales en los debates”.

Además, este experto sentencia que para esta elección se requiere de “gente santa, intachable, con una formación espiritual profunda”, mientras que la mayor parte de los perfiles de los purpurados dictan que estudiaron derecho canónico, o sea, “son más rígidos, inflexibles, amantes del poder”. Y en cuanto a la edad de éstos, los más tienen 72 años y van a presentar pronto su renuncia o jubilación. “Una casta de ancianos a la que le cuesta entender la cultura moderna, que le tiene fobia a la tecnología”.

Ya lo comentó el sastre papal, el colombiano Luis Abel Delgado, el Vaticano le encomendó hilar tres vestimentas para pontífices europeos muy altos.

Tal vez esto entierra la posibilidad de un papa latinoamericano, una señal de reformas. “Los retos son aquellos que el Espíritu Santo presenta a la Iglesia; por eso, decir lo que pasará en un año o en diez no es posible”, aclara Giambattista Diquattro, nuncio apostólico de Su Santidad en Bolivia. Así visto, parece que solamente basta esperar que se cumpla la profecía de Benedicto XVI en su alejamiento del 28 de febrero: “Dios no dejará que la Iglesia se hunda”. Amén.

Los cinco papables favoritos

Odilo Scherer, la carta de Brasil

Cardenal brasileño de 63 años, arzobispo de Sao Paulo, la mayor diócesis de América Latina. Está considerado como un conservador moderado con carisma.

Christoph Schönborn, protegido del expapa

Cardenal austriaco de 68 años de edad, “protegido” de Benedicto XVI. Figuraba entre los grandes favoritos hasta que en 2010 pidió “abrir el debate” sobre el celibato.

Peter Turkson, artífice de la paz

Cardenal ghanés de 64 años. Está considerado como un artífice de la paz en su país, pero su aura de diálogo se ha visto empañada por sus críticas a los musulmanes.

José Robles, la apuesta de México

Cardenal mexicano de 63 años. Es conocido por su lucha contra la violencia del crimen organizado de su nación, para recobrar una sociedad que viva en paz.

Marc Quellet, apreciado en el sur

Cardenal canadiense de 67 años. Es conocido por su rigor, preside la Pontificia Comisión para América Latina y es apreciado por los países del bloque del sur.

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