informe

Hay ‘sacerdotes truchos’ en la mira eclesiástica

Hay casos en La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y Beni; exclérigos, exseminaristas y laicos están involucrados

‘Sacerdotes truchos’

‘Sacerdotes truchos’ Fotos: Alejandra Rocabado, Pedro Laguna, Marilyn Choque, archivo La Razón e internet.

La Razón (Edición Impresa) / Marilyn Choque Condori

17:16 / 03 de mayo de 2016

Llevan la palabra de Dios vestidos de sotana. Ofician misas rezadas, de primera comunión, de confirmación, bautismos, bendicen velorios... Cobran por sus servicios, en efectivo. Pero sus celebraciones litúrgicas no tienen validez eclesiástica porque son considerados “sacerdotes truchos” o “falsos”, denuncian autoridades de la Iglesia Católica Apostólica Romana de Bolivia, quienes identificaron a unos 35. Y operan en al menos cinco departamentos: La Paz, Cochabamba, Santa Cruz, Oruro y Beni.

Las fuentes indican que éstos celebran con “simpatía, habilidad y don de convicción” los rituales católicos en casas, salones de fiesta, jardines, funerarias, cementerios y/o en otros sitios que son preferidos por los creyentes, por sus “clientes”. Se trata de curas alejados del ejercicio presbiteriano; personas que estudiaron en algún seminario, pero por diversas razones dejaron su preparación; otros fueron sacristanes. Igualmente hay gente que nunca estuvo vinculada con la Iglesia Católica, pero dirige ritos con los que lucra.

Estos individuos tienen un “objetivo económico”, lo único que les interesa es “el show, que les paguen y nada más”, sentencia el secretario adjunto de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB), padre José Fuentes. Rememora que el objetivo de la Iglesia Católica Apostólica Romana es evangelizar, o sea, que las personas conozcan a Jesucristo. Y comenta que este fenómeno se rige por la oferta y la demanda, porque “nuestro pueblo no repara en la autenticidad, se preocupa más en la estética de las ceremonias porque quiere celebrarla en lugares que las normas de la Iglesia Católica no lo permiten”.

Según Fuentes, los 800 religiosos que hay en el territorio nacional no son suficientes para atender a millones de fieles. “Es algo complicado”. Ello puede ser una explicación para que los devotos sean engañados por estos “clérigos truchos”. De acuerdo con sus datos, el 80% de los bolivianos profesa el catolicismo. Sin embargo, el último reporte estadístico sobre la doctrina religiosa de preferencia de la población proviene del Censo de 2001, cuando el 77,99% se declaró católica, es decir, 6,4 millones de un total de 8,2 millones de habitantes. Actualmente la nación posee 10,05 millones de personas. Mientras que en el planeta, el 17% de la población es católica, informa el Anuario Pontificio 2015.

Las autoridades eclesiásticas entrevistadas coinciden en que hay “curas falsos” que son más convincentes que otros porque ejercieron el sacerdocio en parroquias, aunque fueron inhabilitados por rebeldía ante su obispo, por haber roto la promesa de celibato (voto de castidad), entre los principales. Y en cuanto a esto, apuntan sobre todo a los seguidores que se reunieron y fundaron la Iglesia Católica Apostólica Nacional de Bolivia (ICANB) en La Paz, y a los que se fueron a la Iglesia Católica Apostólica del Estado Plurinacional de Bolivia, que se asienta en Cochabamba. De estos grupos “lo único que varía son algunos detalles de su ropa, en cuanto a la forma de celebrar es idéntica” como las ceremonias de la Iglesia Católica Apostólica Romana, dice el párroco de la Iglesia de San Pedro de La Paz, padre Hugo Trujillo.

Y Richard Lipacho, de 41 años, padre de dos hijos menores de siete, es uno de esos clérigos que fue excomulgado automáticamente, es decir expulsado. El 15 de noviembre de 2015 fue investido “Arzobispo Metropolitano, Primado y Patriarca” de la ICANB en la República Federativa de Brasil. La Iglesia Católica Apostólica de Brasil (ICAB) fue instaurada por el también excomulgado obispo de la Diócesis de Botucatu, San Carlos Duarte, el 6 de julio de 1945.

Desde entonces, Lipacho se hace llamar el “primer obispo casado” de Bolivia y es el máximo representante de esa organización en el país, hasta su muerte.

Mientras acomoda la cadena del crucifijo de oro de $us 8.000 que luce en el pecho, sobre su impecable atuendo plomo sin plisado, postula que todos los sacerdotes casados, ordenados, con siete años de antigüedad y que fueron “desterrados” de la Iglesia Católica Apostólica Romana para constituir una familia o que aún son célibes “están convocados” a ser parte de su legado.

Es inevitable ver el anillo de $us 10.000 que ostenta en el dedo anular de su mano derecha, que mueve para develar que el ropaje que lleva puesto le costó más de $us 20.000. “No estaba preparado. Hice confeccionar mi ropa a la rápida. Ni capilla tengo, pero vamos a construir iglesias, primero en La Paz, luego en Cochabamba, Santa Cruz y Sucre”. Sin tapujos, confiesa en su oficina de la zona de Sopocachi que sus joyas de oro son para acontecimientos especiales; las de plata, para jornadas comunes.

Distribuye tarjetas de presentación en las calles. Dirige la celebración de misas, bautizos, primera comunión y confirmación. “Estamos donde nuestros hermanos nos digan. Reparto tarjetas para que me llamen. Todo el día suena mi teléfono. No hacemos daño a nadie”. Precisa que los 30 integrantes de su iglesia, y otros cinco que están por ordenarse como diáconos y tres postulantes, no cuentan con riquezas y reciben el apoyo de sus esposas que trabajan o cuentan con negocios.

“Mi esposa es abogada, tiene sus clientes y algunas veces vivo de ella”, admite, y posteriormente muestra unos 50 recibos de las ceremonias que solemnizó en los últimos cuatro meses. Asegura haber realizado liturgias gratuitas y que solamente una vez recibió $us 100. Pone énfasis en que no tiene una tarifa por sus servicios y que solo espera aportes voluntarios. No obstante, el padre Trujillo señala que tiene información de que estas personas cobran por encima de los Bs 200 y 250 por las celebraciones que ofician.

En la Iglesia Católica Apostólica Romana igual hay cobros. Por ejemplo, la Arquidiócesis de La Paz solicita Bs 30 por bautizos, similar monto por los rituales para la confirmación; Bs 300 por matrimonio y Bs 350 por misas de fiestas, es decir, prestes, entre otros servicios. No hay tarifas fijas, sino varían en cada una de las 18 jurisdicciones eclesiásticas.

Aparte, se impulsan emprendimientos de educación, salud, comunicación y asistencia sociales. Se estima que hay cerca de estas 500 obras, entre asilos, hogares de niños, comedores, casas de refugio... que benefician a más de 4,3 millones de ciudadanos, informa la coordinadora de las Obras Sociales de la Iglesia Católica Apostólica Romana, Carmen Bocángel (ver infografía de las páginas 8 y 9).

RECONOCIMIENTO. La autoridad de la congregación de Lipacho y de los miembros de la Iglesia Católica Apostólica del Estado Plurinacional de Bolivia está en la mira del clero, porque es “ilegítima y todas sus acciones litúrgicas y celebraciones de sacramentos son ilícitas y algunas inválidas”, pues no están reconocidas por la Santa Sede de la Ciudad del Vaticano, ni por el papa Francisco, afirma un comunicado de prensa de los obispos de Bolivia, del 10 de noviembre de 2015.

Enfatiza en que autodenominarse “Iglesia Católica” confunde a muchas personas que, quizá, no se detienen a analizar estas denominaciones, creyendo que son parte de la “verdadera Iglesia” y que “al crear nuevas congregaciones cismáticas (separadas) con la denominación de católicas, privan el derecho de los fieles de ser atendidos por sus legítimos pastores”.

Sobre este asunto, el canon 216 del Código de Derecho Canónico establece que: “Todos los fieles, puesto que participan en la misión de la Iglesia, tienen derecho a promover y sostener la acción apostólica también con sus propias iniciativas, cada uno según su estado y condición; pero ninguna iniciativa se atribuya el nombre de católica sin contar con el consentimiento de la autoridad eclesiástica competente”.

El vicario judicial del Arzobispado de La Paz, padre Roberto Boceta, postula que el representante de la ICANB ya no es un eclesiástico genuino porque “fue excomulgado automáticamente al ser consagrado como obispo de otra iglesia en Brasil”. Entre los motivos para ese castigo están la consagración episcopal sin mandato del Papa y la apostasía (abandono de la religión), la herejía, la cisma (separación), el sacrilegio de la eucaristía, la violencia física contra el romano pontífice, el adulterio y el aborto.

En consonancia, el padre Fuentes indica que desde San Carlos Duarte hasta Lipacho son “curas truchos” porque están excomulgados. “No somos truchos”, replica el “primer obispo casado” de Bolivia, quien precisa que, en su momento, él y otros seguidores de su organización religiosa fueron ordenados por pastores romanos. Más aún, recuerda que para consagrarse como presbítero estudió en el Seminario Mayor San Jerónimo de La Paz, entre 1997 y 2004; el 29 de junio de 2005 recibió la ordenación diaconal y el 18 de mayo de 2006, la sacerdotal.

Moral. Con tono sereno y con un lenguaje simbólico, subraya que su legado es legítimo, porque la ordenación de obispos, sacerdotes y diáconos es eterna.

Además, manifiesta que su grupo acepta actualmente a Francisco como Obispo de Roma, o sea, reconoce la supremacía papal sobre todas las iglesias cristianas católicas, su régimen de promover la paz y la comunión en el mundo, en especial entre todas las iglesias, aunque no su “superioridad universal”. 

Añade que lo califican de “trucho” porque decidió dejar la Iglesia Católica Apostólica Romana tras cansarse de vivir con una doble moral, pues le daba vergüenza caminar por las calles y que su hija mayor le diga “papi”. Su organización está conformada por exclérigos que fueron procesados ante la Curia Vaticana (dimitidos) y/o inhabilitados por sus obispos (suspendidos). Aparte, dice que recibe solicitudes de alistamiento de exseminaristas, quienes son aceptados por él y concluirán sus estudios en México.

Sin embargo, hay algo en lo que Lipacho coincide con las autoridades que responden a la Santa Sede: los de la Iglesia Católica Apostólica del Estado Plurinacional de Bolivia sí son “religiosos falsos”. Claro, él afirma que ello se debe a que su líder, Javier Ticona, quien fue consagrado por obispos peruanos, no pertenece a la ICANB y que aunque intentó comunicarse con los jerarcas en Brasil, no tuvo éxito. Informe La Razón buscó a este personaje, quien no respondió a mensajes enviados a su cuenta de Facebook, ni las llamadas telefónicas.

Pese a ser desconocido por el clero eclesiástico, Lipacho alberga la esperanza de que el papa Francisco muy pronto abolirá el celibato porque, en su criterio, más del 90% de los curas en Bolivia viven con una “doble moral” dentro de la Iglesia Católica Apostólica Romana y pese a ello continúan celebrando liturgias. “Al parecer gozan de algún privilegio. Cuando algún obispo se entera, solamente son cambiados de parroquia”. Esto es rechazado por las fuentes entrevistadas que están en contra de las labores de la ICANB.

Frente a esto, el Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal Boliviana explica que “si un sacerdote tiene problemas sentimentales, puede ser positivo distanciarlo del problema. Si tiene hijos, tiene obligaciones paternas incompatibles con el ejercicio sacerdotal. En el primer caso puede ser superable y puede venir bien un traslado; en el segundo, debe dejar el ministerio”.

Las dos iglesias acusadas de “truchas” no se encuentran registradas ante la Unidad de Cultos, dependiente de la Dirección General de Ceremonial del Estado de la Cancillería. Lo mismo pasa con la Iglesia Católica Apostólica Romana, aunque para ello hay un acuerdo con el Estado boliviano que rige desde 1851 (más datos en la nota de la página 7). La Ley 351 de Otorgación de Personalidades Jurídicas garantiza el derecho a la creencia religiosa y espiritual. Pero para acceder a estas autorizaciones, el primer requisito es que no haya similitud del nombre con otra congregación. Lipacho está a la espera de que los patriarcas de la ICANB en Brasil firmen los documentos y acuerdos necesarios. “Están en papeleos”.

¿Cómo entender esta dispersión de la Iglesia Católica en Bolivia? Es un fenómeno mundial, o sea, la causa no es el artículo 4 de la Constitución Política del Estado que establece a Bolivia como un Estado Laico, independiente de la religión. Más bien, indica Érika Aldunate, doctora en Historia de la Iglesia, esto responde a caprichos de clérigos que desacatan el mandato de no casarse de la Iglesia Católica Apostólica Romana, el respeto del celibato. “Al contraer matrimonio saben que son suspendidos, pero no obedecen, se reúnen y forman su propia iglesia”.

“Son pequeñas agrupaciones rebeldes e individualistas que reflejan la realidad social en la que vivimos, donde aceptamos solamente una parte de las normas”, complementa el presidente de la Organización de Seminarios de Bolivia (Osbol), padre Renán Aguilera. “La Iglesia es libre si no quieren respetar las reglas, se van, sin embargo ya no son parte del clero romano”.

Eso sí, Aldunate remarca que estos “religiosos truchos” abusan de la confianza de los feligreses. “Estos grupos están rompiendo la unidad que la Iglesia busca tener siempre. Las personas que aceptan sus servicios lo hacen más por desconocimiento de esta ruptura, no averiguan si los sacerdotes están bajo la obediencia del obispo”. Al respecto, el obispo de la Diócesis de El Alto, monseñor Eugenio Scarpellini, sostiene que son curas suspendidos de sus ministerios.

Norma. Mientras el obispo auxiliar de Cochabamba, Robert Flock, los tilda de “impostores”, por engañar a los fieles, actividad que puede encajar en el delito de “usurpación de funciones”. No obstante, Bolivia no tiene una norma que regule el funcionamiento de las organizaciones religiosas y espirituales, según un informe de la Dirección General de Ceremonial del Estado. “No hay que darle importancia a la aparición de esas iglesias”, dice el sacerdote jesuita Xavier Albó, quien enfatiza que son “ideas tontas” que no tendrán éxito, y sugiere evitar las leyes para regularlas, porque pueden aparecer más.

Si bien este fenómeno merodea en varios puntos del planeta, una denuncia reciente fue presentada por la Iglesia Católica Apostólica Romana de México, que lanzó una alerta, en julio de 2015, ante la proliferación de “presbíteros piratas”; en otras palabras, grupos de laicos que se disfrazan de clérigos para oficiar ceremonias, especialmente en cementerios, panteones, funerarias y hospitales. En Bolivia también hay denuncias de este modus operandi llevado a cabo por individuos sin relación alguna con los estudios sacerdotales, quienes no pertenecen a la Iglesia Católica Apostólica Nacional de Bolivia o a la Iglesia Católica Apostólica del Estado Plurinacional de Bolivia, menos a la Iglesia Católica Apostólica Romana. Personajes que merodean por diversos lugares, inclusive en alianza con exclérigos.

El cementerio La Cuchilla, de Santa Cruz, fue tomado por “usurpadores de funciones”, señala el vicario general de la Arquidiócesis de esa región, padre Juan Crespo. Los describe como hombres con sotana que esperan en la puerta de ese camposanto a que llegue un carro fúnebre para ofrecer una misa. Afirma que son agrupaciones lideradas por sacerdotes y diáconos que fueron suspendidos del ejercicio clerical. “Hablamos con ellos para que dejen de engañar a la gente. Realizaron 10 bautizos y entregaron certificados que no son válidos”.

“No se dejen sorprender por aquellos que se autodenominan sacerdotes u obispos, algunos son exseminaristas que en ningún momento llegaron a ser sacerdotes”, advierte Scarpellini. Una historia se presentó entre octubre de 2013 y noviembre de 2014, cuando un exseminarista se hizo pasar por cura y dirigió ceremonias en Radio San Gabriel, en Villa Adela de El Alto.

“Dijo que era sacerdote, confiamos en él. Quién iba a dudar. Era una persona muy buena. Venía todos los jueves para grabar la misa que transmitíamos los domingos. Era muy dinámico, alegre. Luego nos enteramos de que no era clérigo y desapareció”, recuerda, entre sonrisas, el administrador de ese medio de comunicación, José Copaya. El vicario pastoral de la Diócesis de El Alto, padre Tomás Cornejo, complementa que “legalmente no hay víctimas”, pero las personas que escucharon la emisora fueron engañadas por estas celebraciones litúrgicas ilegales.

Eso no es todo. En Oruro, hace pocos años, un hombre de 80 años recorrió varias comunidades oficiando bautizos. “Se presentó la denuncia a la Policía, pero al ser de la tercera edad quedó libre”, relata el comunicador de la Diócesis de Oruro, René Cueto, quien vio grupos que operan de manera similar en las puertas de cementerios. Para el obispo de la Prelatura de Aiquile, en Cochabamba, padre Macario Zurita, esto ocurre en las grandes ciudades porque la gente no frecuenta sus parroquias y no conoce a los curas, por tanto “son vulnerables a ser estafados por estos profanadores de fe”.

Una anécdota es contada por el vicario general del Vicariato Apostólico de Camiri, en Santa Cruz, padre Marcos Vargas. Ocurrió en 1992, cuando una procesión pasó por esa localidad y los devotos católicos, “sedientos de fe”, la acompañaron hasta Yacuiba, en suelo tarijeño. Sin embargo, se descubrió luego que los “religiosos” que la lideraban resultaron traficantes de droga.

Su colega de la Diócesis de Coroico, en La Paz, Freddy del Villar, indica que estas personas “ven el sacerdocio como una profesión, no como una vocación”, y al tener necesidades económicas ven como una oportunidad disfrazarse de presbíteros. Arguye que, quizá, la Iglesia Católica Apostólica Romana descuidó sectores a falta de clérigos, porque en los últimos años bajó el interés para estudiar en los seminarios (leer nota de páginas 10 y 11) y hay grupos que están llenando esta demanda de la gente.

Carnet. Un cochabambino se hizo pasar por cura en el Vicariato del Beni, según el obispo auxiliar Roberto Bordi, quien comenta que se trataba de una persona que no cumplió con la orden sacerdotal, pero su actitud cumplía con la de un religioso consagrado. No lograron atraparlo, desapareció.

Frente a este fenómeno, el padre Fuentes, de la CEB, recomienda a la población percatarse de que los presbíteros tengan su carnet de autorización para el ejercicio del sacerdocio, que se renueva cada cinco años, en el cual se detalla la Diócesis a la que pertenecen o si están autorizados para predicar, oír confesiones, entre otros. “Si un sacerdote en ese lapso hace algo malo, no le renuevan su permiso. Esto significa que dimitieron o fueron suspendidos.

Actualmente en el país existen 150 sacerdotes inhabilitados para realizar ceremonias litúrgicas” (leer la nota de las páginas 12 y 13).

Postula que en algunos barrios donde operan hay una especie de “complicidad”, porque hubo casos en que los párrocos se vieron sorprendidos al descubrir que la fiesta patronal fue celebrada sin ellos, sino con “religiosos truchos”. Entretanto, Lipacho sigue oficiando eucaristías. No tiene templo, lo hace en el barrio Minasa, en la casa de doña Aurora, una secretaria jubilada de 81 años que donó su vivienda para que sea “la casa de Dios”. Las reuniones son de 08.30 a 09.30, todos los domingos. Informe La Razón asistió al bautizo de un joven, quien fue ungido como “sacerdote, profeta y rey de la ICANB”. Por ahora, a Lipacho le importa que lo cataloguen como un “cura trucho”, mientras que la Iglesia Católica Apostólica Romana no puede ocultar su preocupación.

EL REPORTAJE COMPLETO EN LA EDICIÓN ESPECIAL DE INFORME LA RAZÓN, QUE CIRCULA ESTE LUNES 2 DE MAYO JUNTO A NUESTRA EDICIÓN IMPRESA.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia