informe

La venta de estupefacientes en escuelas se provee de 4 zonas

Microtraficantes tienen nexos con alumnos de las ciudades de La Paz y El Alto

La Razón

00:00 / 19 de noviembre de 2012

El timbre suena cuando faltan diez minutos para las 11. Algunos alumnos corren hacia el baño para aprovechar los minutos muertos que existen en cada cambio de turno.

Tres están cerca de una estatua, el regente se acerca a ellos y ordena que vayan a sus aulas. Dos se alejan despacio y el tercero duda entre quedarse, correr o hablar con él. Lanza un paquete al piso y después emprende carrera a su curso.

El regente levanta el envoltorio de unos cinco centímetros cuadrados y dentro descubre restos de marihuana. El hecho aconteció a mediados de año en una escuela de la zona Central de La Paz y los profesores que siguieron el caso aún lo recuerdan con preocupación: “Lo primero que hizo el regente fue contarnos”, explica una maestra que pide la reserva de su nombre y del colegio, porque hablar de la relación de estupefacientes y estudiantes es un secreto cerrado bajo siete llaves en las unidades educativas, para no dañar su imagen y salvaguardar a los involucrados.

El alumno fue llevado a la Dirección y dos profesores le preguntaron dónde había conseguido la hierba y si la había fumado en el baño. Él negó toda acusación y respondió que alguien puso la mota en su mochila. Sus progenitores fueron convocados y el director les mostró lo descubierto, envuelto en un pedazo de hoja de cuaderno. “La primera reacción de los padres es la negación”, comenta otro maestro que forma parte de la comisión disciplinaria y que igualmente solicitó el anonimato.

Encubrimiento. No fue la primera vez que se hallaron sustancias controladas en esta escuela. “Tenemos que hacer batidas sorpresivas en las mochilas y encontramos también algunos frasquitos de alcohol y de clefa”. En los últimos dos años hubo cinco estudiantes reincidentes que fueron suspendidos temporalmente por portar sobres de marihuana y frascos de thinner, para su consumo y su comercialización. Otro de los “hechos graves” sucedió un sábado antes de las vacaciones de invierno de esta gestión.

Un alumno fue delatado por uno de sus compañeros. El pedagogo con el que habló Informe La Razón se encargó de abrir la mochila del denunciado y encontró una botella de thinner (disolvente que afecta al sistema nervioso central). El envase era de un litro pero, además, se hallaron frascos de alcohol medicinal en las que el joven echaba raciones de thinner; cada uno era vendido a Bs 5 entre sus amigos de la prepromoción y de los cursos inferiores.

“Los muchachos se denuncian cuando tienen una bronca entre ellos y quieren perjudicarse entre sí”, relata el maestro. La comisión disciplinaria de aquel colegio brindó todos los detalles de lo ocurrido a Informe La Razón y señaló que las drogas incautadas fueron a parar a la oficina del director, quien niega ante la grabadora las historias de párrafos arriba.

“Este año encontramos un envoltorio de marihuana, como cigarrillo, pero no contenía nada. Agarramos a un joven y dijo que compró (el thinner) para barnizar. Yo trabajaba en carpintería y sé que se usa este material para efectos de barniz”, explica el funcionario, quien para evitar el tráfico de estupefacientes en su unidad educativa solicitó a la Policía que envíe dos agentes en la puerta de ingreso; los cuales hoy brillan por su ausencia.

Como se dijo, cuando se presentan problemas de este tipo, directores, pedagogos, padres y alumnos prefieren “arreglarlos” internamente, mantenerlos en la confidencialidad; o los involucrados son expulsados o abandonan voluntariamente el establecimiento. Tampoco los encargados de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) se animan a hablar sobre la venta de drogas en escuelas de la ciudad de La Paz, tema que saltó a la palestra en Santa Cruz, donde se develó recientemente que los tentáculos del microtráfico se han extendido hasta las aulas escolares.

Informe La Razón consultó a más de 25 fuentes —entre autoridades, efectivos antinarcóticos, directores, regentes, profesores y expertos en el asunto— que validaron que este flagelo está presente en colegios paceños y de El Alto y que va ganando terreno. Por ejemplo, el psiquiatra Ricardo Ramos —que fue parte de la Dirección Nacional de Prevención que se creó en 1987 y hoy está encargado del Psiquiátrico San Juan de Dios de la zona Sur de La Paz, donde a diario atiende casos de dependencia— opina:

“Los muchachos que trato dicen que la droga es común en escuelas. Uno de 12 o 13 años ya sabe a quiénes va a pertenecer: a los marihuaneros o a los farrosos. Y no es un fenómeno que se da sólo en clases sociales bajas”.

Johnny Huanto, quien desde hace 15 años se encuentra inmerso en la prevención de estupefacientes, comparte lo anterior y advierte que cada vez hay más consumidores que tienen menor edad. “Entre 1993 y 1995 veíamos a jóvenes de entre 16 y 17 años con problemas de dependencia, pero actualmente existen niños que empiezan a los 10 y 11 años”.

Las fuentes reconocen a cuatro zonas rojas de las urbes de La Paz y El Alto en las cuales estudiantes adquieren sustancias controladas de microtraficantes, sea para consumo y/o comercialización en establecimientos. En suelo alteño, según el director de la FELCN de esa urbe, Wilder Ledezma, el punto crítico es el reloj de la Ceja, donde se venden drogas “baratas” como el vuelo (mezcla de gasolina, thinner, clefa y diésel) y la marihuana, y hay farmacias que expenden pastillas peligrosas para el sistema nervioso, como los psicotrópicos flunitrazepam y diazepam.

Microtraficantes. En la ciudad de La Paz se halla la plaza Riosinho, en la zona Norte, donde operan distribuidores que ofertan o tienen nexos con alumnos a los que, sobre todo, entregan marihuana y pasta base de cocaína; inclusive, según denuncias de profesores, las dosis son acomodadas en cajetillas de fósforos. Otro lugar en la mira es la plaza Eguino, en la zona Central, donde se reparten las mismas mercancías. Allí, comenta la presidenta de la Junta de Vecinos, Mary Hermosa, “se ofertan drogas todos los días”.

En la zuna Sur, los alrededores de la calle 21 de San Miguel son centros de distribución de marihuana, pasta base de cocaína y cocaína para colegiales. Paralelamente, de estos barrios parten grupos de muchachos hacia las montañas cercanas de Achumani para consumir estas sustancias controladas: uno de los terrenos más conocidos es Las Agujas, así lo denuncian alumnos de unidades educativas y la experta de una entidad internacional que trabajó varios años en el tema.

Tanto en el centro como en el sur paceños, los jóvenes igualmente recurren a psicotrópicos. Además, el relevamiento de datos de las fuentes entrevistadas muestra que las drogas comercializadas en las urbes de La Paz y El Alto responden a las posibilidades económicas de estratos sociales. O sea, mientras en territorio alteño hay estudiantes que pagan Bs 2 por un sobre de marihuana, en la zona Sur de La Paz hay alumnos que cancelan hasta Bs 100 por una dosis de cocaína, de acuerdo con su pureza.

No obstante, según las fuentes, los microtraficantes no se contentan con expender estupefacientes a estudiantes, sino que han adoptado la tarea de reclutarlos —muchos de ellos son adictos— para promocionar sus productos en unidades educativas, evitando así los riesgos de ser atrapados por la Policía. Otra de sus estrategias para penetrar en las escuelas son las pandillas. Incluso hay clanes familiares que recurren a sus hijos menores de 16 años para cumplir con esta labor, ya que no pueden ser procesados penalmente.

La directora Rocío —se resguarda su apellido por razones obvias— se topó con un lío de consumo y comercialización de cocaína en su colegio cercano a la plaza Riosinho. Sucede que había estudiantes varones que corrían al baño y permanecían encerrados durante el recreo. Ella ordenó seguirlos. Una administradora fue al patio, se acomodó frente al ambiente y se puso a esperar. De repente, un adolescente salió, miró a los costados y comenzó a reír sin ningún motivo.

Enfundó las manos en los bolsillos, caminó hasta las gradas y se encontró con la mirada de la funcionaria, que le preguntó qué guardaba, pero no respondió. La educadora lo amenazó con llamar a sus padres y el muchacho sacó despacio una pipa artesanal para fumar marihuana. Más aún, agachó la vista y sacó un paquete envuelto cuidadosamente. “Se puso nervioso, fue vaciando sus bolsillos, calladito. Alguna gente se dio cuenta de lo que pasaba y se quedó mirándonos”, relata la mujer, que fue cambiada de establecimiento.

La directora llamó a su despacho a la administradora y habló a solas con ella: “Usted también es madre, no hay que hacer más escándalo”. No obstante, ya era tarde, el profesor de Educación Física decidió llamar a la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen (FELCN). Frente a los educadores, el joven dijo que era inocente y que halló el paquete. Pero nadie le creyó. Llegaron dos agentes antinarcóticos, abrieron el envoltorio y descubrieron casi cinco gramos de cocaína. Luego, un teniente le habló con tono paternal: “Ven acá, seamos amigos y me cuentas todo”.

Otra maestra de la misma institución cuenta: “Vinieron los policías y se llevaron a dos chicos. Después nos enteramos que fueron llevados a un centro de rehabilitación”. Ambos tenían 15 años a la hora de su aprehensión. Así se conoció toda la ruta de las drogas que empezaba en la plaza Eguino y llegaba hasta la Riosinho.

Estrategias. En cercanías de la plaza Triangular de la zona de Miraflores se presentó una situación similar. El regente de un colegio rememora que encontró pitillos de marihuana en la mochila de un alumno. “Mediante él hemos cernido la escuela y apartamos a muchos sospechosos que andaban en grupo. Obviamente no somos de la Policía, somos la parte educativa, sólo hemos tratado de indagar quiénes andan con ellos y (saber si) también manejan (drogas). Hemos separado siete u ocho alumnos que vendían drogas. Hemos manejado con pinzas el asunto”.

Más que con pinzas, el caso se trata en reserva absoluta. La directora no quiere brindar detalles. Es más, en el tiempo que está en la unidad educativa advierte que sólo descubrió un hecho “supuestamente” relacionado con estupefacientes, y el estudiante involucrado se retiró voluntariamente. Pero hay más, en la zona Sur, Informe La Razón obtuvo datos sobre cinco colegios que tuvieron problemas con sustancias controladas. Hace dos meses, en uno de ellos fue expulsado un muchacho de 15 años por ofertar marihuana. Dicho alejamiento se conoció en el ámbito estudiantil; aunque el regente negó, en un principio, tal extremo.

Ante la insistencia de este medio y con la información expuesta, aceptó lo sucedido y justificó que “el joven salió un día en forma sospechosa (del colegio) y como estamos tras la gente, lo seguimos. Posteriormente entró con un pequeño sobrecito que le entregaron y lo agarramos (...). Sugerimos que lo mejor sería que sus padres se lo lleven porque es difícil tramitar una expulsión ante el Ministerio de Educación”.

Un documento remitido por la FELCN señala que la lucha contra los microtraficantes es desigual. “Operan y realizan su actividad ilícita a pie y en vehículos, motocicletas, radiotaxis, taxis y motorizados particulares. Emplean la tecnología para contactarse a través de llamadas telefónicas por celulares o la utilización  de las redes sociales entre los posibles distribuidores y consumidores, fijando distintos puntos de la ciudad para la compraventa”.

La prevención y las charlas con los padres son dos vías usadas para lidiar contra este flagelo. Pero el psiquiatra Ramos arguye que nada de esto ha dado resultado y que cada vez aumentan más los adolescentes con problemas de adicción. Una profesora de un colegio de La Paz donde se halló marihuana y thinner explica que “cada vez el asunto está peor porque hoy son los propios alumnos los que venden drogas y tenemos que ser policías y educadores, parece una tarea imposible”.

El consumo de alcohol crece

En 15 colegios visitados por este medio, las autoridades estudiantiles negaron tener problemas con las drogas, pero sí con las bebidas alcohólicas. La Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas confirma que hubo un incremento de este problema en los últimos años.

En 2006 se publicó el estudio “Jóvenes y drogas en países sudamericanos: un desafío para las políticas públicas”, en éste se establece que el alcohol es la droga de mayor consumo entre los estudiantes secundarios de Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú y Uruguay (todas naciones sudamericanas, menos Venezuela). Los datos develaban que 16,4% de los alumnos ingería bebidas alcohólicas y existía un “uso precoz” de éstas en 6,4% de los encuestados.

El Informe Subregional sobre uso de drogas en población escolarizada 2009/2010 señala que 25% de los alumnos entrevistados afirmó que tomó bebidas alcohólicas en el último mes antes de la encuesta. Una de las conclusiones del informe reza: “Más de la mitad de los jóvenes en 4° de Segundaria consume alcohol o tabaco, esta cifra se reduce al 40% de jóvenes en 2° de Sencundaria y 25% en 8° de Primaria superior”.

‘El vuelo’, la marihuana y el ‘fluni’ son los más demandados en la Ceja

E n agosto, Mauricio desapareció de su hogar. Salió a clases y ya no retornó. El día en que se perdió, alguien robó dos mil dólares de su casa y su mamá denunció ambos extravíos a la Policía de  El Alto. La búsqueda del muchacho y del ladrón fue intensa. Durante 15 días no se consiguió ninguna pista.

Cuando no se sabía dónde recurrir, un amigo de colegio le dijo a la mamá que posiblemente el adolescente se encuentre en un alojamiento de la Ceja. Efectivos de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN) de esa urbe, encabezados por el mayor Wilder Ledezma, requisaron la mayoría de los hostales clandestinos. En uno de éstos se halló a Mauricio junto a tres jóvenes. Entre todos rentaron dos habitaciones y se dedicaron solamente a consumir marihuana y pastillas.

Jornadas más tarde se supo que alguna vez salieron a la calle para comprar porciones de comida. La cuenta del hotel, los alimentos y las drogas estaba a cargo de Mauricio, que financió las “vacaciones” con los dos mil dólares sustraidos a su mamá. “La señora, que es una profesora, no sabía qué hacer y me comentó que de castigo iba a enviar al muchacho al cuartel”, relata Ledezma, quien tras este operativo no tuvo más noticias de los dos.

Sentado en su oficina de El Alto, el mayor antinarcóticos se otorga un respiro en lo que él considera un trabajo agotador. “Somos solamente 50 efectivos para una ciudad de más de un millón de personas y tenemos que combatir contra los grandes narcotraficantes que han construido fábricas que hemos desbaratado, y a la par contra los microtraficantes”.

Ledezma informa que la zona más crítica del expendio de estupefacientes para estudiantes es el reloj de la Ceja. Además, se halló droga, especialmente marihuana, en 25 colegios. La mota se comercializa en paquetes que cuestan desde Bs 2 hasta Bs 10. Y entre los muchachos las otras sustancias controladas preferidas, de acuerdo con el relevamiento de datos de la FELCN, son ‘el vuelo’ y las pastillas, principalmente psicotrópicos (agentes químicos que actúan sobre el sistema nervioso central).

‘Fluni’.  El flunitriazepam (conocido comúnmente como ‘fluni’) es una de las píldoras más requeridas entre jóvenes drogodependientes. “Es propia de los grupos sociales de clase media baja empobrecida y lo sorprendente es que cada vez baja más la edad de inicio, en la actualidad vemos a niños consumiéndola”, revela Ricardo Ramos, director del hospital Psiquiátrico San Juan de Dios, del barrio Irpavi II de la ciudad de La Paz.

Los adictos al ‘fluni’ se convierten en violentos y, por eso, es bastante demandado por pandilleros y quienes lo han probado aseveran que les “da valor”, según los entrevistados. El vicio es tal que se conocen casos de personas que tomaban hasta 30 píldoras. Mientras más tiempo de consumo, mayor la dependencia y se necesita de una cantidad superior de unidades para el efecto deseado.

Una joven que vive en el hogar de rehabilitación Adulam de la urbe de El Alto, que pidió mantener su nombre en el anonimato, cuenta que para conseguir esta pastilla sólo se debe dar una contraseña en farmacias de Villa Dolores y la Ceja. Desde mediados de este año, la Policía realiza operativos en boticas alteñas y en menos de dos meses descubrió que una decena de ellas vendía este medicamento que debe ser comercializado con receta. Paralelamente, hay distribuidores de estupefacientes que ofrecen esta píldora. Y por si fuera poco, ésta ingresa vía contrabando, señala la Policía antinarcóticos.

No obstante, una de las drogas que está causando preocupación entre autoridades de El Alto es ‘el vuelo’, un combo de gasolina, thinner, clefa y diésel que se expende en botellas medicinales de alcohol, mezcla que alcanza casi a la mitad del envase. Hasta hace unos tres meses, cada frasco costaba Bs 10, ahora vale Bs 15 y las redadas de la FELCN hallaron a vendedores con un centenar de botellas.

Es más, en el pasado ‘el vuelo’ se comercializaba libremente, como el thinner que es empleado por carpinteros. Algunos distribuidores de este estupefaciente, que es demandado por muchachos en edad escolar, también aumentaban un poco de pintura a las dosis, para que surtan más efecto. Así, cada frasco podía durar hasta un día entero, de acuerdo con la dependencia de cada consumidor.

‘El vuelo’ provoca alucinaciones (de ahí viene su nombre) y “hace olvidar el hambre”, relatan exdrogodependientes que fueron contactados por Informe La Razón. Su poder de adicción sería superior a pastillas como el ‘fluni’ porque, según los entrevistados, es más fácil dejar la marihuana o las píldoras. Los muchachos que la compran y consumen merodean el reloj de la Ceja, entre los cuales hay escolares con uniformes, denuncian las fuentes.

Se han descubierto botellas de ‘el vuelo’ en colegios. Ledezma arguye que en El Alto cada jornada hay incautaciones de drogas. Las víctimas son, sobre todo, menores, que incluso se atreven a robar para pagar su vicio, como el caso de Mauricio y los dos mil dólares que le sustrajo a su mamá.

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