informe

No hay vestigios de las diez plantas ni la ciudad de hierro

Una visita al yacimiento de Puerto Suárez   revela que el complejo de la Jindal está en pañales

La Razón / Jorge Quispe

00:00 / 30 de julio de 2012

Han pasado tres horas del allanamiento militar y policial  a las oficinas de la Jindal Steel Bolivia (JSB) —filial de la transnacional india Jindal Steel & Power Limited— en el cerro Mutún, a una hora de viaje de la ciudad cruceña de Puerto Suárez. El viento recorre las pequeñas colinas donde el hierro a flor de piel debe esperar aún para salir a los mercados extranjeros.

Son las 12.30 del viernes 20 de julio. Unos 20 policías militares del Batallón de Infantería V de Calama de la Armada vigilan que nadie entre ni salga del yacimiento que ha despertado durante décadas las esperanzas de desarrollo de la provincia Germán Busch, uno de los reservorios más grandes del orbe, con más de 40 mil millones de toneladas de hierro y otras 10 mil millones de manganeso en sus entrañas.

En esa región calurosa no hay señales del paradero de los ejecutivos asiáticos que anunciaron su partida del país el 16  de julio, aquellos que debían garantizar    la construcción del complejo siderúrgico con al menos diez plantas para la industrialización, con una inversión de $us 2.100 millones y la generación de unos 21.700 empleos directos e indirectos. Más aún, no hay señales de los avances de este proyecto. Y en el ingreso a los predios, el laboratorio luce desmantelado. “Sólo han dejado un par de tubos de ensayo”, manifiesta un oficial militar a cargo del control.

Sólo una orden de la Fiscalía, que ave-rigua el supuesto incumplimiento en el plan de inversiones de la compañía, permite el acceso a la veta. Han pasado las 16.00 y tras varias gestiones ante los uniformados y el compromiso de no penetrar al antiguo laboratorio de la Jindal, pisamos el Mutún, caminamos por parte de las más de 5.000 hectáreas de la concesión que se le entregó a los empresarios indios hace cinco años exactos.

Hay que ascender al menos unos 300 metros para arribar a la zona de explotación. Se necesitan vehículos de doble tracción y rezar que ningún pedazo de hierro que abunda en la serpenteada vía pinche los neumáticos.  

Hay sectores donde sólo quedan rocas. Mientras que decenas de promontorios ferrosos de unos diez metros de altitud están sembrados a izquierda y derecha. Son parte de las pocas evidencias de que la Jindal estuvo operando en esa área fronteriza con Brasil, además de las vallas de seguridad industrial que aparecen desde la salida de Puerto Suárez y nueve máquinas móviles. Muy poco, casi nada, si se toma en cuenta que allí debía edificarse el tan ansiado complejo siderúrgico del Mutún.

Las cribas y chancadoras o seleccionadoras del mineral llevan las marcas Extec y Sandivk. Sin embargo, los cerebros de estas nuevas máquinas están desaparecidos. Mientras el Ministerio Público realiza sus investigaciones, el ingeniero Enrique Vera, de la estatal Empresa Siderúrgica Mutún (ESM) —encargada de explotar el 50%    del yacimiento que no fue dotado a la Jindal—, emite una hipótesis sobre el destino de esos pequeños aparatos electrónicos.

“Sí, parece que se han llevado los cerebros (de las máquinas). Ahora esto corresponde (que sea investigado por) la Fiscalía; si es así, va a ser muy difícil ponerlas nuevamente en funcionamiento, porque son computarizadas”, sostiene el responsable de la Gerencia de Operaciones de la ESM. En el lugar, yacen unas pequeñas cajas que habrían el albergue del material extraviado. “Sin estos cerebros, las máquinas se quedarán como simple chatarra”, señala, por su lado, Jhonny Espinoza, que es operador de máquinas de la ESM.

La hipótesis es que trabajadores de la multinacional que frenó sus actividades en mayo de este año por las divergencias con el Gobierno, enterados de la intervención militar y policial en las instalaciones, vinieron y se llevaron los artefactos electrónicos. Asimismo, en el sitio brillan por su ausencia los cuatro funcionarios indios que lo frecuentaban y que dirigían las labores diarias. El rumor que corre en Puerto Suárez es que se habrían ido al otro lado de la frontera, a la ciudad brasileña de Corumbá.Informe. Las máquinas tienen unos 25 metros de largo por cinco de alto y se destacan en el paisaje. En una destaca una placa metálica que reza: “Buenos Aires 2008”. Al respecto, desde la ciudad de La Paz, el diputado oficialista Jaime Medrano (MAS), quien, junto a los asambleístas Pascual Huarachi (MAS) y el opositor Alcides Gallardo (CN), visitó el Mutún en junio y escribió un informe, postula que la maquinaria de la Jindal no era nueva. “Extec ofrece maquinaria a medio uso”.

Medrano recuerda que, según el contrato de riesgo compartido firmado en 2007, la “maquinaria debe ser de punta. Parece que las que tienen en el Mutún son antiguas”. Pero las objeciones van más allá, porque en el cerro que se erige a unos 25 kilómetros de Puerto Suárez no se aprecia ninguna prueba de la edificación de las diez plantas que se comprometió la empresa, menos puntales o pilares sobre futuras construcciones en este yacimiento.

En la parte plana de la concesión no se nota vestigio alguno de la planta siderúrgica principal, tampoco del prometido campamento para los trabajadores. “Eso de la gran ciudad de acero no existe. No-sotros vivimos todavía aquí en estas viviendas que la Corporación Minera de Bolivia (Comibol) nos dejó hace casi 20 años”, critica el minero porteño Gualberto Ardaya, que hasta hace dos semanas trabajaba en la Jindal y ganaba Bs 1.150 mensuales.

El Estado entregó hace dos años el 95% de las 5.225 hectáreas de terreno que precisaba la transnacional para correr con el emprendimiento, es decir, 4.981 hectáreas, por lo que sólo restaban unas 244 hectáreas, de acuerdo con el documento elaborado por los diputados Medrano, Huarachi y Gallardo a pedido expreso de la Asamblea Legislativa Plurinacional.

En esta superficie, entre este año y el próximo, debían estar funcionando las plantas de industrialización. “Hasta octubre de 2014 debían estar las diez plantas, eso dijeron ellos (Jindal), y parece que recién firmaron un contrato con una firma norteamericana para que las hagan, pero este año ya deberíamos estar conociendo las plantas. Ya debería estar la ingeniería de planta en obra bruta, pero no hay nada, ni una excavación”, denuncia Medrano.

En donde sí hay resabios de obras es  en el ingreso a la veta, donde además del laboratorio desmantelado, se armaba una infraestructura para el personal administrativo, que igual ha quedado inconclusa. Sin embargo, a pesar de los retrasos, el presidente del Comité Cívico de Puerto Suárez, José Luis Santander, defiende a la Jindal Steel Bolivia. “Se iba a construir una gran planta, pero con este allanamiento lo único que estamos haciendo es postergar una vez más el sueño de los porteños”.

El cívico advirtió la pasada semana que se convocará a la Asamblea de la Porteñidad para exigir al Órgano Ejecutivo mayor participación en el directorio junto a la ESM, y que además se le otorgue el 10% del 50% de las reservas que la estatal tiene para la explotación. “Podemos conformar cooperativas mineras con las personas que trabajaron en el Mutún”.

El dirigente vecinal porteño Daniel Suárez considera que con todo lo sucedido se demuestra que los ejecutivos de la multinacional india se mofaron de las ilusiones de todos los bolivianos. “Dijeron que iban a construir una ciudad nueva en Puerto Suárez, una ciudad de hierro en el yacimiento, pero no hay nada. La Jindal no construyó ni una vivienda y soló se sirvió de nosotros para poder ganar en la bolsa de valores”.

A una hora y media de viaje en carretera desde el Mutún, Ybar Antelo, alcalde de Puerto Quijarro, el otro municipio que debía beneficiarse con los proyectos financiados por el emprendimiento siderúrgico y las regalías que iba a dejar la exportación del hierro, asevera que nunca vieron obras de magnitud por parte de la Jindal. “Nos vendieron ilusiones y ahora los municipios pagamos por los inmigrantes que han llegado hasta estas tierras”.Inversión. Los líderes porteños piden ahora al Gobierno que también se defina  el destino de las aproximadamente 800 mil toneladas de hierro —tanto del primario (con menor cantidad de fósforo) como del secundario (con más fósforo)— que por varios motivos se encuentran abandonados en el Mutún. A ello se sumarían otras 80 mil toneladas que explotó la ESM. La causa apunta a obtener algo de las regalías comprometidas. En su momento se indicó que unos $us 100 millones en mineral estaban sin poder ser comercializados en el cerro desde cuya cima se divisa gran parte de Puerto Suárez y la frontera con Brasil.

Ahora, tras la salida de la Jindal, las pesquisas del Ministerio Público pretenden develar cuánto invirtió la compañía en el yacimiento, ya que hasta abril de este año los recursos económicos gastados debían ascender a $us 600 millones. Pero una auditoría encomendada por la ESM a la empresa Delta Consult SMS Bolivia señala que la Jindal invirtió supuestamente sólo $us 12 millones. No obstante, la aludida alega que sus inversiones alcanzaron los $us 583,47 millones, sobre todo por la adquisición de dos plantas y la construcción de obras civiles en el futuro complejo.

Este intríngulis es la razón del proceso por incumplimiento de contrato iniciado  por la Fiscalía. Aunque en el Mutún, el panorama muestra que no hubo avances; claro, aparte de las vallas, el camino ripiado que conduce al cerro, la infraestructura que comenzaba a florecer para el personal administrativo y las nueve máquinas, entre chancadoras y seleccionadoras, que ahora están inactivas por la falta de cerebros electrónicos para operarlas.

“Ellos (los de la Jindal) estaban exportando materia prima, que en su momento la Comibol ya lo hizo”, protesta el diputado Medrano, que aún espera una reunión con el ministro de Minería, Mario Virreira, tras la constatación que hizo en junio con sus dos colegas en la localidad porteña, un mes antes de que la compañía india rescinda el pacto con el Estado, anuncie un juicio por daños y perjuicios, y culpe al Ejecutivo por el proyecto fallido.

En este yacimiento de hierro descubierto en 1848, la naciente Comibol realizó en 1956 los primeros estudios para determinar las reservas del mineral y las posibilidades para su explotación; en los 90, la Empresa Metalúrgica del Oriente (Emedo) extraía la riqueza y enviaba la materia prima a las metalúrgicas de Paraguay y Argentina; ello hasta que la falta de tecnología mató el emprendimiento.

Hasta mayo de este año, cuando la Jindal paralizó sus actividades, ésta explotaba el material secundario de la veta, el que se encuentra en la superficie y no así el primario, que está en el subsuelo, para lo cual la tecnología de punta es vital. “Ahí también existe un incumplimiento del contrato que especifica que se debe explotar un 30% del material secundario y un 70% del primario, pero ellos estaban explotando más el secundario, el que está en la superficie”, apunta Medrano, quien habla con conocimiento porque fue minero en la población de Huanuni durante 15 años.

Al margen de los incumplimientos en cuanto a inversiones en el complejo, se halla las que Jindal debía realizar en las cercanías del Mutún, para la construcción de una urbe que cobije a los más de 6.700 trabajadores que iba a contratar en el de-sarrollo del proyecto. No obstante, ello quedó en simple promesa. Las colonias que se erigieron en las faldas del yacimiento de hierro no han recibido ningún beneficio de la llegada de la transnacional que, según su hoja de vida, tiene miles de millones de dólares en capital e inversiones en los cinco continentes del mundo.Trabajos. Extrabajadores de la Jindal que habitan por los alrededores del yacimiento se quejan de haber sido “terciarizados” por una firma contratada por la firma asiática, que pagaba bajos sueldos, entre Bs 1.150 y 1.500, y sin beneficios sociales.   Y aunque el alcalde de Puerto Suárez, Roberto Vaca Yorge, recuerda que muchos obreros le hicieron conocer su protesta por este trato, los administrativos siempre hicieron oídos sordos. Hoy, según el cívico Santander, al menos 150 personas quedaron sin empleo, la mayoría porteñas.

Ante este problema, el gerente de Operaciones de la ESM, Enrique Vera, abre las puertas para que los desocupados puedan ser contratados por la estatal, previa valoración. En el mismo tono se expresa el diputado Medrano. “Ahora les toca organizarse a ellos (extrabajadores), se podría ver un convenio con el Ministerio de Minería para que sean recontratados por la nueva empresa. Hay gente que llegó de otros departamentos y que antes no conocía la explotación del acero y que ahora puede ser muy útil”, indica el asambleísta.

Puerto Suárez es integrante de la mancomunidad de municipios de la Gran Chiquitanía, que es presidida por Germaín Caballero, para quien ahora es necesario la transparencia en el manejo del proyecto. “Visité el Mutún y el Estado tiene razón (no hay inversión), ahora hay que confiar en que el nuevo proceso de licitación sea abierto (se calcula que durará seis meses), transparente y que la firma que venga garantice una tarea responsable”.

El sueño de la extracción del hierro es tan grande que hasta los artistas porteños le compusieron canciones. Una dice: “Mutún/Mutún/Mutún/Después de cuatro siglos te llegamos a explotar”. El compositor Pedro Suárez falleció hace poco y seguro estaría triste porque su copla no se cumplió. “A este paso muchos no veremos hecho realidad este gran proyecto”, dice Rita Gallardo, porteña que no precisa de auditorías para sentenciar que su región no recibió nada de la Jindal ni del Mutún.

La estatal ESM tiene maquinaria nuevaA unos 200 metros de los predios de la Jindal Steel Bolivia (JSB), la maquinaria de la estatal Empresa Siderúrgica del Mutún (ESM), que debe trabajar en el otro 50% del yacimiento de hierro, estrenó hace cuatro meses maquinaria para la explotación minera. En el sector hay dos chancadoras y dos clasificadoras móviles de la marca alemana Kleemann. “Seguro nos informarán cuándo vamos a comenzar, pero ya está el equipo”, manifiesta Enrique Vera, gerente de Operaciones de la ESM.  

Allí, el personal fue capacitado por operarios europeos en el manejo computarizado de estos gigantes que quiebran el mineral y que lo clasificarán antes de que sean enviados al mercado extranjero.

“Yo soy operador y manejo esta máquina”, comenta con orgullo Jhonny Espinoza, un poblador de la colonia El Charal que, según él, gana por lo menos unos Bs 3.000 como operador de una de las clasificadoras de la estatal minera.

Las máquinas son azules y nuevas, distintas a las que se encuentran al frente y que pertenecen a la Jindal. Al ingreso nomás un guardia de seguridad entrega cascos de seguridad industrial a los visitantes para emprender el recorrido.

Una tricolor en una de las casetas de vigilancia avisa de que esos predios son explotados por el Estado boliviano. A unos 100 metros, unas imponentes volquetas retiran el material para luego llevarlas a las chancadoras y clasificadoras. Retraso.  La pasada semana, el viceministro de Desarrollo Productivo Minero, Freddy Beltrán, informó que la industrialización del hierro del cerro del Mutún se retrasará por cuatro años, es decir que la misma iniciaría en 2016, por el incumplimiento de la transnacional india en el programa de inversiones y de trabajos en la sede del megaemprendimiento.

No obstante, la labor de la ESM camina a paso seguro, de acuerdo con su presidente, Ricardo Cardona. Él anunció a La Razón que para el siguiente año se tiene planificado la producción de millones de toneladas de concentrados de mineral que serán exportadas al Mercado Común del Sur (Mercosur) y Asia, aparte de aceros laminados para el mercado boliviano.

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