La Gaceta Jurídica

Camino ecológico

…la colonización de campesinos y cocaleros es otro problema de consideración, mientras que los propios indígenas de los territorios selváticos se encuentran presuntamente envueltos en prácticas ilegales y saqueo. Ahora el problema se profundiza más con la penetración en áreas protegidas por la Constitución, vulnerando los derechos de la Madre Tierra.

La Gaceta Jurídica / Editorial

00:00 / 14 de diciembre de 2012

Desde que las civilizaciones empezaron a expandirse, los caminos fueron el mejor elemento para vincular regiones con fines de circulación para el comercio de productos, es decir, fines económicos. Al mismo tiempo, la vinculación entre ciudades o pueblos atraía a grupos de otros comerciantes más ligados a los servicios, o sea que detrás de los primeros viajeros fueron avanzando los primeros colonos. (Igual sucedió con la llegada de los europeos a América). Estos segundones no terminaban la ruta, sino que se establecían en puntos estratégicos o intermedios de las rutas para ofrecer hospedaje, comida y otros elementos necesarios para un viaje.

Al mismo tiempo, en los sitios tomados por el comercio se descubría otras potencialidades que tenían que ver con la explotación de recursos naturales, es decir, la extracción de madera, caza de animales, explotación de minerales, etc. Esta práctica en grandes dimensiones se apoderó del continente europeo, que se convenció de que era la mejor forma de acumular capital y, mientras también lo hacía en América y África, explotaba sus recursos sin conocimiento del daño infringido a la naturaleza, con el resultado de que incluso al llegar la “revolución industrial” ese continente estaba agotado y con bosques, fauna y lagos destruidos.

La lección no sirvió de nada, pues ese tipo de producción fue reproducida desde Estados Unidos, hasta convertirse en el gran contaminador de hoy y con su territorio deforestado, lo mismo sucede a grandes pasos con países asiáticos y alguno que otro de Sudamérica, que han lanzado su idea de progreso enmarcada en el desarrollismo y la destrucción del planeta; la acumulación de capital, la fortaleza económica o la prosperidad no tienen nada que ver con la vida, pues ésta depende del equilibrio natural, es decir de que pervivan los espacios perfeccionados a través de milenios de evolución de las especies vivas.

En el caso boliviano la falta de caminos ha sido uno de los problemas del Estado extractivista, que se subordinó a la tendencia tercermundista de proveer de materias primas al tercer mundo, siempre con el discurso de la industrialización de recursos, entre ellos los minerales, hidrocarburíferos y los renovables. En este último caso la extracción se desarrolla a un paso tan acelerado que ya no pueden calificarse de renovables, pues les falta tiempo para hacerlo, además de que las actividades agrícolas a gran escala y de monocultivos avanzan sobre los bosques, áreas que no tienen la vocación y su tierra no es apta para la agricultura y la ganadería.

Por otra parte, la colonización de campesinos y cocaleros es otro problema de consideración, mientras que los propios indígenas de los territorios selváticos se encuentran envueltos presuntamente en prácticas ilegales y saqueo. Ahora el problema se profundiza más con la penetración en áreas protegidas por la Constitución, vulnerando derechos de la Madre Tierra incluidos en la ley fundamental. Si bien es confuso que en un periodo como el que atraviesa el país se utilicen los mismos argumentos del pasado para convencer sobre la necesidad de un camino que debería ir por otras zonas, es menos juicioso pretender que exista una ruta carretera ecológica, pues estas vías no pueden serlo de ninguna manera; para decir menos, rompen los procesos migratorios y de vinculaciones entre especies y una construcción elevada no dejará de ser un botadero de basura.

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