La Gaceta Jurídica

La perspectiva jurídica. Racionalismo jurídico político

Al leer este texto hay que tener en cuenta que se trata de un ensayo que no pretende ninguna consecuencia práctica, es más bien un ejercicio teórico que tiene como referente lo ordinario y común, es decir, lo universal.

Foto: celtiberia.net

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La Gaceta Jurídica / César Manrique Zegarra

00:00 / 04 de octubre de 2013

“La virtud de la justicia es el discernimiento de lo justo… es el orden de la comunidad… Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él solo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto…, sin esa virtud es el ser más impío y feroz y el peor en lascivia y voracidad…” Aristóteles. Política, Libro I, 12-16.

Al leer este texto hay que tener en cuenta que se trata de un ensayo que no pretende ninguna consecuencia práctica, es más bien un ejercicio teórico que tiene como referente lo ordinario y común, es decir, lo universal. He puesto en cierto orden algunas ideas recurrentes en los autores que se citan y, probablemente, otras de algunos que no se citan.

Es un ejercicio gramatical sobre otros ejercicios gramaticales, un texto sobre otros textos, una lectura sobre otras lecturas. Bertrand Russell describe un mundo racional imaginado desde la perspectiva científica, es posible imaginar un mundo, racional también, pensado desde la perspectiva jurídica.

Método de la ciencia

Los problemas de la ciencia vinculados a la comprensión de las diversas relaciones del orden que rigen los sucesos de la naturaleza y el mejor aprovechamiento de ese conocimiento en beneficio de los hombres, parece que están resueltos o, al menos, absueltos satisfactoriamente en la medida en que el método encontrado, la observación, generalización y réplica de las regularidades identificadas en el discurrir natural, rinde frutos cada vez mejores y hace prever que la satisfacción de las necesidades primarias de los hombres, vinculadas a la conservación de la vida, aseguran una existencia digna para todos (1). Esa es la perspectiva que abre el desarrollo del conocimiento científico.

El camino de la ciencia está trazado y en la ruta trazada miles o millones de humanos de todas las latitudes trabajan cotidianamente ajustando su conducta a la pauta metodológica así establecida. Lo hacen a fin de identificar el orden del discurrir de los acontecimientos para actuar de acuerdo a las posibilidades que ese conocimiento brinda.

Así procede el científico teórico en el afán de identificar las leyes que ordenan el universo todo cuyo descubrimiento habrá de proporcionarle dinero, satisfacción y gloria o el anónimo vendedor de periódicos interesado en el conocimiento de los usos y costumbres del estrecho universo de sus lectores y proveedores a fin de lograr la distribución más eficiente que sea posible y obtener la utilidad máxima que lo conforme.

Ambos ajustan su razonamiento al mismo canon metodológico, aunque, claro está, son diversos los ámbitos, procedimientos, instrumentos, objetivos y fines.

Si el método es el camino para llegar a un fin, entonces el éxito de la ciencia está asegurado. Se discute sobre los errores del pasado –siempre ha ocurrido así– que dejan atrás los nuevos descubrimientos que abren inesperadas perspectivas que luego serán superadas por mejores explicaciones y procedimientos que los corroboran y hacen más sencillas las explicaciones, facilitando la ejecución de las acciones ejecutadas en pos del total dominio de la naturaleza de la cual, por cierto, forma parte la humanidad.

El criterio a que se sujeta la evaluación del conocimiento científico es el valor de verdad. La verdad, despojada de significados míticos, teológicos u ontológicos, para la ciencia es solamente la unidad de medida de la consistencia del orden de las operaciones lógicas o es la medida de la corrección del lenguaje utilizado para la descripción de los sucesos naturales y de los procedimientos utilizados para replicarlos o de la coherencia del orden teórico que recapitula y pone en orden todas las creencias.

La arquitectura de las ciencias edificadas sobre los criterios de verdad es magnífica obra de los europeos, como la filosofía en que se sustenta es creación de los griegos. La jurisprudencia, edificada sobre la reflexión respecto a lo justo, es obra inacabada cuya construcción emprendieron los romanos. El Derecho levantado sobre las atribuciones de la ley, en cambio, es producto europeo. Todos esos bienes y recursos se encuentran a nuestra disposición. Están más o menos sistematizados y ordenados. No son las únicas fuentes de conocimiento, pero son indudablemente las más accesibles. El uso racional de los instrumentos teóricos y prácticos que proporcionan debe aportar grandes beneficios para todos.

“Los hombres –dice B. Russell– necesitan alimento, descendencia, vestimenta, albergue, diversión y gloria”. Filosofía, ciencia, jurisprudencia, tecnología y Derecho son artificios ideados para alcanzar todo ello. Cada uno de ellos contribuye de diversa manera a la satisfacción de esas necesidades. Como toda obra humana, son construcciones efímeras, no vanas o inútiles, pero sí efímeras. Artificio o instrumento ideado a fin de alcanzar el dominio sobre la naturaleza o dirigir y orientar los actos y hechos humanos a partir del examen de las relaciones de orden que rigen o regulan una y otra.

Filosofía, ciencia, jurisprudencia, tecnología y Derecho encuentran apoyo en la razón, en la creencia en que hay un orden que rige los procesos naturales o humanos, en que es posible conocer ese orden y actuar sobre ese conocimiento a fin de orientar o dirigir los procesos naturales o humanos a cuyo efecto son útiles inteligencia y voluntad.

Los problemas en torno a los cuales se desenvuelven filosofía, ciencia, jurisprudencia, tecnología y Derecho son distintos y, por ello, son asimismo distintos los métodos o procedimientos. El método de la filosofía es la reflexión, el de la ciencia la observación y experimentación, el de la jurisprudencia el diálogo y acuerdo, el de la tecnología y el derecho la acción regulada. Ahora prestaremos atención únicamente a los problemas y métodos de la jurisprudencia.

Problemas de la jurisprudencia

Los problemas de la jurisprudencia son distintos de los de la ciencia. Si los problemas de la ciencia están concentrados en el entendimiento de las diversas relaciones del orden que rigen los sucesos de la naturaleza cuyo examen cabe a la luz de los criterios de verdad, los problemas de la jurisprudencia están vinculados a la comprensión de las relaciones del orden que regula los actos y hechos humanos que sólo pueden ser juzgados a la luz de los criterios de justicia, que son distintos y anteriores a los criterios de verdad.

Los criterios de justicia son anteriores a los criterios de verdad porque la capacidad de distinguir entre lo justo y lo injusto es la condición que hace posible la convivencia entre los hombres. La justicia es una condición necesaria para la permanencia de la comunidad cualquiera que ella sea. Los criterios jurídicos son entonces previos y, además, necesariamente universales en cuanto atañen a todas las comunidades y pertenecen a todos los hombres (2).

En cambio, la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso es la condición que hace posible la distribución de funciones y competencias entre los seres humanos, lo cual se logra con la división del trabajo, que por cierto es importante para la subsistencia de las colectividades.

Es posible ignorar la verdad y así puede transcurrir una vida útil, satisfactoria, exitosa y aún beneficiosa, pero no es posible vivir en la ignorancia de lo que es justo o injusto en las relaciones humanas.

¿Cómo justificar las relaciones de orden que conducen a la miseria de los hombres del África Subsahariana?, ¿la mendicidad infantil en las calles?, ¿qué remedio encontrar para la guerra de Medio Oriente?, ¿el ataque a las torres el 11 de septiembre, la brutal invasión a Iraq, la guerra de Siria?, ¿el genocidio nazi, el renovado genocidio israelita?

Se trata de ocurrencias observables, comprobables, verificables, recurrentes, tal vez naturales y las descripciones que de ellas se hacen verdaderas, pero… ¿interesa la verdad de tales ocurrencias?, ¿su perfecta correspondencia con el orden natural de las causas y los efectos, aunque entre esas causas cuente la estupidez de los hombres?, ¿hay que guardarlas en la memoria, conservarlas, replicarlas para corroborar el acierto de las explicaciones?, ¿hay que identificar el grado que corresponde a estos congéneres nuestros en el proceso de  evolución de la especie para promover su desarrollo y conducirlos de la miseria a la abundancia, de la mendicidad a la provisión y de la guerra a la paz?

Son problemas complejos que requieren atención. Interesa examinar la racionalidad o irracionalidad de las relaciones,  actos y hechos humanos y fenómenos a que conducen. La racionalidad o irracionalidad de las creencias, de los conceptos y de los proyectos que se traducen en esos actos, hechos y fenómenos, no verdaderos, sino injustos.

Es claro que su descripción no importa porque el orden de su ocurrencia se ajusta a las rigurosas leyes del acontecer natural (se sabe que es así porque el hombre forma parte del orden natural), sino porque ese orden en las relaciones humanas, actos y hechos es irracional, es decir, injusto, no en cuanto clase del orden natural, sino en cuanto clase del orden humano (3).

La descripción de la ocurrencia de los hechos y actos humanos es verdadera si corresponde al orden de causas y efectos que rigen las ocurrencias naturales y es falsa o incomprensible en caso contrario. La descripción de esa misma ocurrencia es justa si corresponde al orden de propósitos y fines de la voluntad racional regulados por las leyes de la libertad que rige los actos y hechos humanos, y es injusta o incomprensible si no hay tal correspondencia.

Los sucesos naturales o humanos suelen ser caóticos, absurdos e incomprensibles y es propósito de la ciencia y de la jurisprudencia, en el ámbito que les corresponde, encontrar las leyes que los rigen a fin de y explicar su ocurrencia ajustándolos a un orden, natural o jurídico, que los haga inteligibles, es decir, racionales.

Las interrogantes precedentes

La miseria de los hombres del África Subsahariana, la mendicidad infantil, la guerra de medio oriente, el ataque del 11 de septiembre, la invasión a Iraq, la guerra de Siria, el genocidio nazi, el renovado genocidio israelita son ocurrencias cuya descripción es verdadera, si se ubica en el orden de los sucesos naturales en cuanto el hombre es uno de los animales más peligrosos de la escala zoológica, y responden al orden de las causas y los efectos, pero su descripción indica que son primordialmente ocurrencias injustas porque contravienen el orden de las relaciones humanas, el orden de lo justo y de lo injusto a que está sometida la voluntad humana en tanto expresión de libertad (retorcida por cierto en todos esos casos) e interesa examinar las relaciones del orden, el concierto, el acuerdo, la omisión de las voluntades para alcanzar tales efectos o producir tales fenómenos. Son sucesos naturales  verdaderos y ocurrencias humanas terriblemente injustas.

Las ocurrencias de ese tipo no constituyen problemas cuya solución esté al alcance de los criterios y métodos de la ciencia. Son problemas de la jurisprudencia, cuyas conclusiones no son válidas por los resultados que arroja la prueba de su verdad, sino por la justicia a que conducen los actos y hechos ejecutados en orden a sus conclusiones. El método de la jurisprudencia es distinto del de la ciencia y es tan sencillo como el de ella. Se reduce al diálogo, la deliberación y el acuerdo.

Aunque los procedimientos puedan llegar a ser complejos y de gran diversidad, en esencia consisten en escuchar, deliberar y acordar. La unidad de medida de la jurisprudencia no es la verdad, sino la justicia que, despojada de significados naturalistas, míticos y teológicos sirve para calificar la consistencia lógica de las conclusiones respecto a lo justo e injusto; para calificar la eficiencia de normas y actos en orden a su correspondencia empírica y la coherencia entre teoría y práctica, pensamiento y hecho y entre hecho y fenómeno.

Si la coronación de la ciencia está en el logro del éxito, la de la jurisprudencia está en el descubrimiento y ejercicio de la responsabilidad, atributo que, conforme a la enseñanza socrática, es aptitud para responder racionalmente, explicar, dar razón, justificar… y rectificar.

Método de la jurisprudencia

El método de la jurisprudencia es el diálogo, la deliberación y el acuerdo. La única manera de saber qué es lo justo en las relaciones humanas es precisamente mediante el diálogo, la deliberación y el acuerdo. ¿Qué procedimiento distinto al diálogo podríamos seguir para saber qué es lo que nuestros congéneres creen, piensan o sienten justo o injusto en sus proyectos, conductas y actos, o en las conductas y actos ajenos que los afectan?, la única manera de saberlo es escuchando.

¿Qué otro procedimiento distinto al diálogo habría que seguir para hacerles saber lo que nosotros creemos, pensamos o sentimos justo o injusto en lo que nos toca?

En ese caso hay que decirlo. Y…cuando se trata de definir los proyectos de acción colectiva y el establecimiento de las normas que permitan a cada cual alcanzar los fines que le interesan. ¿Qué otro método podría seguirse distinto a la deliberación y así escoger entre muchas la opción que se estime adecuada, conveniente, fructífera? Por último, en cuanto a las decisiones respecto al uso y disposición de  los bienes y recursos comunes, ¿cuál procedimiento distinto al acuerdo, podría estimarse justo? 

El orden jurídico es primordialmente convencional. En ello radica la racionalidad jurídica. El diálogo, la deliberación y el acuerdo son procedimientos jurídicos por antonomasia, los cuales no han dejado de tener vigencia ni en las situaciones más extremas, pues para salvarlas ha debido recurrirse a esos procedimientos que constituyen el meollo del método jurídico. Es la práctica más antigua de la humanidad.

El método jurídico, por ejemplo, fue puesto en práctica exitosamente por los romanos con el propósito de definir los justo o injusto en las relaciones inter individuales, lo desarrollaron bajo la denominación de proceso civil. Los griegos lo utilizaron para celebrar tratados de paz y los atenienses hicieron uso del diálogo y la deliberación para asumir decisiones respecto al gobierno de la ciudad y decidir los destinos de la colectividad, y lo denominaron democracia.

La Jurisprudencia Romana –que, utilizando un anacronismo, es denominada Derecho Romano– está constituida por el conjunto de conclusiones alcanzadas como resultado de la aplicación de ese método. El método jurídico en Roma se desarrolló como procedimiento civil. El proceso civil atañe a la definición de lo justo en las relaciones inter individuales.

El procedimiento ideado y puesto en práctica por los romanos es expresión acabada del método jurídico, es un proceso racional, consiste en exponer la creencia propia sobre lo que es justo, escuchar la exposición de la creencia del otro respecto a lo que él cree justo, argumentar en pro de lo afirmado, refutar lo escuchado, deliberar sobre todo ello y acordar o convenir en definir lo que es justo y hacerlo de manera ordenada, siguiendo una secuencia.

Cuando el acuerdo no se logra, hay que recurrir a un tercero inteligente, conocedor y desinteresado; juez o árbitro a cuya decisión convienen en someterse las partes.

La validez del método jurídico procesal así concebido es tanta que perdura en sus lineamiento generales y es el seguido actualmente por litigantes, abogados y jueces para definir lo justo o injusto en cada caso, conforme a las reglas específicas establecidas en las leyes procesales vigentes. Aunque no lo sepan muchos de quienes lo utilizan  perdidos a veces en los vericuetos que obscurecen su elemental sencillez.

Sea cual sea el caso, lo cierto es que es así como se crean las reglas singulares a fin de establecer un orden en las relaciones entre los individuos. Es así, siguiendo ese método, como se crean las reglas o normas que interesan a las colectividades y las que interesan a la comunidad.

Los romanos, aplicando el método o procedimiento que desarrollaron y complicaron a lo largo de ocho siglos, perfeccionándolo unas veces y pervirtiéndolo otras hasta la irracionalidad, alcanzaron un conjunto de conclusiones que parecen memorables unas y deleznables otras, justas o injustas, equitativas unas y abusivas otras y así, en base a ello lograron la pervivencia de la comunidad humana extensa, perdurable, próspera y más o menos ordenada que relata la historia.

El método jurídico no es privativo de los romanos, sino una práctica común en todas las civilizaciones más o menos perdurables. Tal vez allí radique el secreto de su perdurabilidad, porque cuando cesa el diálogo respecto a lo que es justo o injusto, se acaba la razón, la sustituye el instinto, se impone la fuerza o la violencia, sobreviene la guerra, esclavitud, servidumbre o aniquilación, retorna el animal, el más feroz de todos.

Los griegos utilizaron el método jurídico –el diálogo, la deliberación y el acuerdo– aplicándolo para alcanzar la definición de lo justo y lo injusto respecto a las decisiones vinculadas al uso de los bienes y recursos comunes.

Democracia, proceso civil, asamblea, convención o cabildo son las denominaciones particulares de las clases que dan lugar la aplicación del método jurídico, cuyo objetivo es alcanzar la definición de lo que es justo o injusto a través del diálogo la deliberación y el acuerdo.

El camino de la jurisprudencia no está trazado ni en ella trabajan cotidiana y metódicamente miles o millones de hombres y menos todos los hombres de la tierra… dominados por el orden natural, motivados por apremiantes necesidades o vanas inclinaciones, proclives a la manipulación, pontífices del orden que asigna ventaja para alcanzar paz eterna, riqueza inacabable, efímero poder, insaciable bienestar… alentados por los éxitos de ciencia y tecnología.

Razón, verdad y justicia

¿Cuáles son esas creencias contrarias a la racionalidad del orden humano? Estoy persuadido de que son aquellas que niegan el uso de la razón jurídica. Las que niegan el método para alcanzar el conocimiento de lo justo. Niegan el diálogo, la deliberación y el acuerdo. Monoteísmo, nacionalismo, patriotismo, racismo, ideología.

La primera de las causas es la pereza mental la adhesión incondicional al credo, la segunda el dominio del espíritu de grupo: religión, raza, nación, patria, clase, partido, gremio.

Todas estas manifestaciones en distintos niveles alientan la pasión y sustentan la primacía del pensamiento y la razón colectivos negando el ejercicio del pensamiento y razón que sólo pueden ser individuales. Afirman la prevalencia del credo que declara lo que es justo o verdadero, sobre cualquier otro, lo cual torna innecesario el diálogo, la deliberación y el acuerdo; inútil el pensamiento y agotado el ejercicio racional. Alcanzada la última razón, sobre lo verdadero o justo, sobreviene la guerra.

¿Cuál es el concepto que alimenta el espíritu de grupo? Es la condición que define la pertenencia (cualquiera sea la condición, fe, etnia, suelo, fratria, cultura, ideología), esa pertenencia iguala, distingue, protege, enaltece a sus miembros, complace, abriga, da seguridad, elimina la duda.

¿Cuál es el proyecto que los mueve?: La exclusión, el privilegio, la ventaja. ¿Cuáles los actos?: Discriminación e indolencia. ¿Cuáles los hechos?... ya se sabe y a qué conducen (4).

La solución de los problemas propios de la convivencia humana no se encuentra en el ámbito de competencia del exitoso homo sapiens, creador de la ciencia, conocedor de la verdad, burilado sobre el entendimiento de los procesos del orden natural, sino en el ámbito de su antecesor el homo justus, creador de la jurisprudencia responsable de sí mismo, conocedor de la justicia capaz de enjuiciar los actos y hechos humanos en orden a los cánones de la razón jurídica que desde siempre a todos los hombres pertenece, aunque de diverso modo.

La solución de esa clase de problemas no se encuentra en el examen del suceder del orden natural, sino en el del discurrir del orden humano. No en el ámbito del pensamiento, sino en el del juicio. No en el valor lógico de verdad, sino en el de justicia.

El homo sapiens es contemporáneo de Linneo, encontró consagración con Darwin quien le otorgó carta de ciudadanía y alcanzó su apogeo en los siglos XIX y XX; es el constructor de la ciencia edificada sobre el criterio de verdad siguiendo instrucciones de Descartes y Bacon.

El homo justus es más antiguo, precedente. Está en los orígenes. Será necesario el retorno.

Lima, 22/08/2013

Notas

1. Bertrand Russell, refiriendo las bondades del método científico, anota: “El método científico, si bien en sus formas más refinadas puede juzgarse complicado, en su esencia es de una notable sencillez. Consiste en observar aquellos hechos que permitan al observador descubrir las leyes generales que los rigen. Los dos periodos –el de observación y el de deducción de una ley– son ambos esenciales y cada uno es susceptible de afinamiento casi indefinido…Kepler…Galileo poseyeron el método científico en su integridad. Aunque se sabe actualmente muchas más cosas que las que se sabía en su época, no se ha añadido nada esencial al método”, B. Russell. La perspectiva científica, SARPE 1983 Madrid, pag 27-33.

2. Es así como lo entiende Aristóteles: “la virtud de la justicia es el discernimiento de lo justo…es el orden de la comunidad…Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él solo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto… sin esa-virtud es el ser más impío y feroz y el peor en lascivia y voracidad…”, Aristóteles. Política, Libro I, 12-16.

3. Kant asegura que los actos y hechos de los hombres  están sometidos a las leyes del orden natural en virtud al cual unos actos y hechos son efecto y/o causa de otros actos y hechos, en la medida en que el hombre forma parte de la naturaleza, pero esos mismos actos y hechos estimados en cuanto son resultado del ejercicio de la voluntad, están comprometidos con las leyes de la libertad que señala el orden racional a las acciones en el mundo inteligible de propósitos y fines dentro del cual se desarrollan los actos humanos. (Kant. 2004).

4. K. Popper denomina sociedad abierta aquella en la cual prima la razón y el pensamiento individual y sociedad cerrada a aquella en la cual el credo de la tribu lo es todo. “La Sociedad Abierta y sus enemigos”. Ediciones Paidós Ibérica SA, Barcelona 2006.

Es abogado peruano.

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