La Gaceta Jurídica

El derecho como ciencia

Foto: files.wordpress.com

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La Gaceta Jurídica / José Lozsan Ramírez

02:59 / 22 de junio de 2012

Desarrollar este tema nos coloca como estudiantes si se quiere en una posición de primeros en determinar la ubicación exacta del derecho dentro de la ciencia, ya que este tema entra a la palestra y a la doctrina de grandes estudiosos de la rama. Ahora bien, es necesario explicar paso a paso la ciencia jurídica. En la misma encontraremos contradicciones de juristas que afirman que, por un lado, el derecho no es una ciencia porque se encuentran en constantes cambios; existen otros juristas que definen al derecho como una ciencia.

Claro está que tendríamos que dar algunas definiciones antes para ir al fondo del tema. En primer lugar, definimos el Derecho como un conjunto de normas que regulan la conducta de una persona dentro de una sociedad, estableciendo obligaciones y deberes que aseguran el orden social. En sentido subjetivo, el Derecho  es la facultad que tienen las personas o el pueblo para hacer reconocer sus Derechos. El sentido doctrinario se tratará en este trabajo, ya que de este punto de vista se reconoce al Derecho como ciencia, he aquí el problema que ha traído controversias durante años.

En un sentido sociológico los seres humanos deben vivir en sociedad para desarrollar al máximo sus capacidades físicas, intelectuales y espirituales y formar parte de la cultura histórica universal. Sin embargo, el innegable egoísmo humano, nacido de la tendencia animal a sobrevivir, da origen a una inclinación a ‘manejar’ a los demás para la consecución del bienestar personal, originando un conflicto dentro de la comunidad.

El conflicto debe quedar sujeto a una normatividad, a un orden social, cuya enseñanza comienza en la infancia a través del proceso de socialización, que orienta y condiciona a la persona hacia el desempeño de un rol o función social. Este proceso conduce a una interiorización de la norma social, por la cual el ordenamiento externo se convierte en propio y las regulaciones se transforman en necesidades íntimas.

Quien se aparta de la norma lo hace en uno de dos sentidos: por variación del comportamiento, con lo cual la persona habrá introducido en su conducta diferencias más o menos fuertes, pero aún aceptables e incluso plausibles a los ojos de la sociedad (por ejemplo la moda); o por desviación del comportamiento establecido hacia campos francamente antisociales, lo cual no es aceptado por la comunidad, pues lesiona en alguna forma el ordenamiento.

El control social, que presiona al individuo a aceptar la norma, se ejerce, entre otras formas, a través de métodos coercitivos que convierten a quien se desvía en sujeto de desaprobación y castigo al hacerlo responsable de las consecuencias de sus propios actos que afectan el normal curso de una sociedad. “En conclusión el Derecho es un conjunto de principios que van a regular la conducta humana, pero que también las mismas reglas serán  modificados por la misma sociedad, de acuerdo a las necesidades que se presentan”

A partir de esta noción del Derecho se nos viene a la mente la palabra ciencia y su definición; la ciencia desde el punto de vista cotidiano es el conjunto de conocimientos obtenidos mediante la observación y el razonamiento, sistemáticamente estructurados y de los que se deducen principios y leyes generales. En un sentido más amplio, la ciencia surge en la medida que el hombre se acerca a los fenómenos que le rodean. Es creación exclusiva del hombre. Es la estructura ordenada y sistemática de conocimientos. Es un método de acercamiento al mundo susceptible de ser sometido a experiencias por el hombre.

Pero, a partir de esto, Mario Bunge dice: ‘‘La ciencia puede caracterizarse como un conocimiento racional, sistemático, exacto, verificable y por consiguiente falible’’. Bunge, en su metodología de la investigación, divide a la ciencia en dos ramas: las formales, dentro de ellas se encuentran las matemáticas, álgebra, etc., y las Fácticas, que son las ciencias empíricas como son la química, psicología, sociología.

Kirchmann y su concepción de la ciencia del Derecho

La época que le precedió y en la que se desarrolló ofreció una defensa casi absoluta a la preeminencia de la ley positiva, a los conceptos y a la dogmática jurídica como ciencia, pero Kirchmann, jurista práctico, hizo oposición a la Escuela de la jurisprudencia y a los conceptos que habían predominado hasta ese entonces y en contra de la “dogmática jurídica” como la reina de las Ciencias. Sus posiciones constituyeron importante antesala de las escuelas antiformalistas, sustentadas en sus consideraciones acerca de la jurisprudencia como fuente del Derecho y como ciencia jurídica.

Para este autor, el jurista lo único que hace es comentar la ley, labor que consideramos totalmente irrelevante si con trabajo científico se quería comparar, por cuanto se limita a determinar las lagunas del derecho positivo, sus contradicciones que, por obra de esa ley positiva, se han convertido en “gusanos que sólo viven de la madera podrida”.

Desde tales concepciones, negó el carácter de fuente de Derecho a la doctrina emanada de las decisiones judiciales, y consecuentemente negó la cientificidad de la jurisprudencia, por cuanto ésta era un fenómeno contingente, resultante de analizar casos particulares por medio de los cuales los jueces hacían construcciones formalistas y conceptualistas que no permitían la universalidad y la generalidad de las formulaciones científicas, lo cual, a su vez, era la base experimental de toda ciencia que hasta ese momento había progresado. Le negaba así a la jurisprudencia valor como ciencia y como técnica para resolver los conflictos sociales sustentados en el aislamiento de tales formulaciones del sentimiento jurídico del pueblo.

El modelo de ciencia que propugnó se sostuvo en la noción de que el conocimiento emanaba de la observación neutral de la naturaleza, de la posibilidad de cognoscibilidad de las nociones universales, en tanto estables, y de donde era posible formular las leyes inmutables.

Modelo de Ciencia Jurídica Empírica de Alf Ross

Ross, representante del realismo moderado escandinavo, aceptó que el Derecho constituye un conjunto de normas, a las que también designó como contenidos abstractos, sólo obligatorias para los ciudadanos y de naturaleza directiva respecto a la labor de los tribunales por cuanto servían de esquema para la solución de ciertos fenómenos sociales; siendo este elemento el que determinaba la existencia de las normas. Por tanto, la existencia y vigencia de las normas de Derecho dependía de que fueran aceptadas y observadas por los tribunales.

En consecuencia, para Ross “derecho vigente” es aquel conjunto abstracto de ideas normativas que constituyen una guía para la interpretación de los fenómenos del Derecho en acción, las normas de Derecho que eran obedecidas, vividas y que permitían predecir las decisiones de los órganos judiciales.

Este autor trabajó, a su vez, con la categoría de eficacia y la vinculó a la obligatoriedad y observación de las normas por los agentes sociales y, en particular, a su utilización por los jueces. La formulación anterior ha recibido críticas por cuanto la utilización de las normas por los jueces en la solución de los casos que ante ellos se presentan no es uniforme, pero tampoco es una acción caprichosa, sino que los jueces siguen ciertas pautas sistemáticas; todo lo cual le sirve a Ross para su propuesta de que la Ciencia jurídica ha de poder predecir las soluciones probables. A esa posibilidad de predicción de soluciones se le reconoce un punto flaco, y es que las circunstancias cambian y la norma ha de adecuarse, por lo que la vigencia de una norma no debe sujetarse a su aplicación.

Ross pretendió elaborar un modelo de ciencia jurídica que no fuese puramente descriptiva, sino un modelo de ciencia cuyas proposiciones pudieran ser comprobables sobre la base de la experiencia, en la que el estudio del Derecho se realice a través del empleo de los patrones tradicionales de observación y experimentación de las ciencias modernas y dirigido al contenido abstracto de las directivas. Su propósito fue el estudio de la conducta de los jueces en el proceso de solución e interpretación de los casos que se les presentan con el objetivo de hacer formulaciones acerca de las posibles decisiones sobre casos individuales o, en otras palabras, predecir los resultados judiciales.

Alchourrón y Bulygin y el modelo de ciencia jurídica sistematizadora

Estos autores trabajaron básicamente con las categorías de normas, sistema normativo y sistema jurídico. Conciben al Derecho como un sistema normativo o deductivo de enunciados entre cuyas consecuencias lógicas hay normas, enunciados que correlacionan casos con soluciones normativas y en el que la completitud, la coherencia y la independencia son sus características básicas.

En su obra se pone de manifiesto su deseo de conectar el Derecho con la lógica, aportando a la ciencia jurídica los desarrollos modernos producidos en el contexto de la lógica deóntica. Sostienen que la ciencia del Derecho debe desprenderse de los postulados axiológicos y limitarse a la determinación empírica del contenido de un cierto sistema jurídico, poniendo énfasis en la actividad de sistematización que ella realiza, así afirmaron que muchos problemas tradicionales de la ciencia jurídica pueden reconstruirse como cuestiones referentes a la sistematización de los enunciados de Derecho; problemas empíricos relativos a la identificación de aquellos enunciados que pueden constituir la base del sistema.

Según ellos, la ciencia jurídica desarrolla dos tipos de actividades: la determinación empírica de la base del sistema jurídico y las operaciones lógicas de sistematización, a estas últimas los autores dedican mayor atención porque permiten desarrollar su noción acerca del sistema jurídico.

Así, estas operaciones lógicas se realizan a través de la inferencia de las consecuencias lógicas de la base del sistema y mediante la reformulación del sistema, reemplazando la base original por un conjunto que los autores denominan “más económico de principios generales”, que sean lógicamente equivalentes a los primeros enunciados que se encuentran en la base original, lo que se logrará a partir del empleo de un procedimiento inductivo peculiar en el que la verdad de las premisas garantiza la verdad de la conclusión, todo lo cual es, a su vez, posible por cuanto esta operación lógica se limita a un cierto universo de casos. En otras palabras, la operación lógica supone, primero, el planteamiento de cierto tipo de caso genérico que ha sido considerado relevante y, segundo, se precisa las consecuencias lógicas que se deducen de ese sistema normativo para el caso en cuestión.

Modelo de ciencia normativa de Carlos S. Nino

Concibe que el Derecho se caracteriza por la ambigüedad, la vaguedad y la textura abierta de las normas, lo cual posibilita la existencia de lagunas y antinomias en el Derecho.

En su análisis de diferencias entre los sistemas de Derecho y la labor de los jueces, enfatiza en que éstos deben encarar la discusión de problemas valorativos por cuanto en las decisiones judiciales intervienen los criterios de justicia y las concepciones ideológicas de los propios jueces cuando asignan significado al lenguaje con que se expresan las normas; lenguaje, a su vez, que debe ser entendido conforme a los criterios prevalecientes de la comunidad jurídica a la que pertenece el juez o aplicador de la norma.

Admite que como resultado del proceso interpretativo de la norma, éste no arroja resultados unívocos, producto de los factores de índole diversa que intervienen en el proceso de la aplicación de la norma, a saber, reglas, principios, valoraciones y principios y reglas no jurídicos, destacando que la selección de uno entre los varios métodos interpretativos declara la postura valorativa que el juez ha asumido en el proceso.

Respecto a la ciencia jurídica o dogmática jurídica, Nino reconoce que una característica consiste en no reconocer que ella se apoya en presupuestos axiológicos bajo la pretensión de que consiste en una descripción del sistema positivo y que las soluciones jurídicas se derivan únicamente de las normas vigentes. El valor de las teorías jurídicas se debe a que tales “dogmas” proponen soluciones axiológicas que los aplicadores de las normas toman en cuenta para la solución de los casos que tienen ante sí y que no están previstos; tales valoraciones les permiten justificar su aceptación de las normas sancionadas y la ampliación del sistema, mediante el reconocimiento de principios que no derivan de las fuentes tradicionales.

Modelo de Ciencia jurídica pura de Kelsen

La concepción normativista kelseniana del Derecho es resultado de circunstancias histórico-concretas con el objetivo de hacer prevalecer el Derecho respecto al decisionismo político y la consecuente inseguridad jurídica y el iusnaturalismo manifestados en la Europa continental. Kelsen, a partir de su concepción acerca de la inexistencia del Derecho en forma de normas aisladas, lo concibió como un sistema cerrado racional en el cual unas normas se fundamentan y reciben validez de la existencia y validez de otras anteriores, todo lo cual otorgaba unidad, plenitud y coherencia al conjunto. Se creaba así un sistema armónico, a partir del cual el aplicador del Derecho debía valerse sólo de las normas, de interpretaciones dentro del propio sistema, subsumiendo el hecho en la norma.

Como resultado, las lagunas o vacíos normativos o no existen o son un sinsentido y el operador jurídico o el juez han de ser capaces de encontrar entre las normas la solución del caso que tienen ante sí, han de precisar dentro del conjunto armónico del “sistema” y adoptar la única respuesta posible al caso como forma de conservar intacta la voluntad expresada en la norma

Ante la imposibilidad de negar la existencia de las lagunas y, por tanto, la vulneración de la noción de unidad por la existencia de esferas desreguladas, así como ante la necesidad de que fueran llenados los vacíos normativos, mediante lo que en doctrina comúnmente se conoce como integración del Derecho, so pena de afectar a los ciudadanos en la defensa de sus derechos o impedir el ejercicio de los mismos, los positivistas en respuesta al resurgimiento del Derecho natural y a la Escuela del Derecho libre, defendieron que las lagunas eran espacios vacíos donde había cierta libertad para el juez en la toma de decisiones por ser zonas irrelevantes.

El principio metodológico fundamental de toda su construcción doctrinal fue el análisis del Derecho separado de otros elementos superestructurales con los que interactúa y que lo condicionan, a partir de concebir al Derecho como un conjunto exclusivo de normas jurídicas interrelacionadas entre sí en un sistema cerrado y en el cual unas deben su validez a la otra superior, hasta llegar a la constitución primaria o “norma hipotética fundamental”.

La denominación de pura, referida a la ciencia jurídica la ofreció Kelsen por cuanto defendía la elaboración de análisis puramente normativos, desprovistos de consideraciones sociológicas, axiológicas o políticas, con el objetivo de asegurar un conocimiento exclusivo del Derecho sin mediadores, en toda su pureza. Describir el fenómeno, las normas que prescriben el “deber ser”, independientemente de la realidad en la que se ponen de manifiesto, todo lo cual es una consecuencia de los momentos en que Kelsen desarrolló su teoría y transida de un apoliticismo-avalorativo con el propósito de lograr la perdurabilidad de la norma.

A manera de conclusión

El Derecho ofrece el cauce legal de las relaciones sociales, permitiendo, impidiendo o mandando la realización de conductas humanas y estableciendo las pautas para la solución de conflictos, es por ello que su proceso de creación reclama de actos conscientes, mesurados, resultados de análisis previos de carácter socio-sicológicos, económicos y técnico jurídicos, de probabilidades de presentación de conducta o de una forma jurídica determinada, de definición de los efectos deseados y de detección del círculo de efectos posibles, así como la previsión de las medidas que se adoptarán para propiciar, paliar o evitar los efectos antes mencionados.

Tales requerimientos obligan a considerar al Derecho en un alto grado de cientificidad, si de garantizar eficacia jurídica y justicia se trata. Asimismo, en tanto que desde el Derecho se sientan las pautas para la formación de convicciones y se logra la aceptación y defensa de un determinado orden social, ofreciendo estabilidad a las relaciones y voluntad imperantes; se contribuye a la realización de objetivos sociales y al logro del consenso popular respecto al régimen imperante, es que es imposible negar que el proceso de creación del Derecho reclama un pensar y quehacer científicos. Tal carácter científico también se aprecia en lo que se denomina jurisprudencia o doctrina que emana de las sentencias judiciales.

Mientras que en el sistema de Derecho anglosajón la actividad jurisprudencial no resulta básicamente de la aplicación de la ley escrita, como sucede en el sistema de Derecho romano germano francés, lo común es que en los procesos de aplicación e interpretación de las normas que en cada sistema se consideren válidas, se realicen por los jueces análisis acerca del hecho que ante ellos se presenta, de la posible normativa a aplicar, teniendo en cuenta el sentido y la finalidad que a la norma se le reconoce en dependencia de la corriente interpretativa subjetiva y objetiva que impere, para luego decidir acerca de la subsunción del hecho a la norma o a la concreción de la normas al caso.

Este proceso que a través de la historia del Derecho ha pasado por varias etapas, con métodos inductivo o deductivo para los análisis, subsunción o concreción o libre creación de la norma, partir de la norma o del hecho, ha supuesto en algún momento una actuación racional consciente de detección de lo general y de lo singular, comparaciones y propuestas de soluciones.

De tal quehacer han de nacer las sentencias judiciales y la jurisprudencia o doctrina que de ellas emana; no de acciones caprichosas, sino conscientes, llenas de deducciones, análisis, valoraciones, consideraciones de elementos fácticos, axiológicos y otros que han incidido en la producción del hecho y de los que rodean la institución jurídica de los efectos posibles de la decisión judicial, ante casos previsto normativamente o en situaciones de vacíos o antinomias normativos.

Y si de ese quehacer, de ese pensar interactuado nacen las decisiones, los fundamentos de derecho que se han tenido como sustento de la decisión judicial, bien que pueden considerarse como una forma de expresión de la cientificidad del Derecho.

A manera de Reflexión u opinión grupal

Creemos que no basta, tampoco, con enseñar y lograr que nosotros realicemos el simple cuestionamiento de la normativa y de su eficacia, es necesario que seamos capaces de analizar objetivamente a la sociedad donde se desarrolla y conocer las causas que han determinado la presencia, la ausencia y hasta el limitado o desmedido desarrollo de una determinada institución, así como las perspectivas de expansión teniendo en cuenta que si las normas existen en sociedad interactúan con ella y ella –la sociedad– condicionará las pautas de su evolución posterior.

Creemos también que debe enseñarse la técnica jurídica con el objetivo de que en su acción como juristas sean capaces de incidir en la creación y desarrollo de un ordenamiento jurídico unitario, sin olvidar la necesaria especialización que entre las diferentes Ramas del Derecho ha de existir; pero capaces de formular normas o de recomendar la elaboración de otras, sustentado el ordenamiento en principios que propicien en completamiento de antinomias, lagunas u oscuridades, que permitan la realización de los principios jurídicos rectores de los Estados y posibiliten la perpetración de la Justicia, la igualdad y la seguridad jurídica ciudadanas.

Y todo este quehacer es ciencia del Derecho en lo general, sin desconocer sus diferentes formas de manifestación como normatividad, como facultad, como decisión y como estudios técnicos especializados.

Bibliografía

Del Vecchio y Recasén Sichés. Filosofía del Derecho. Estudios de Filosofía del Derecho, Tomo I.

Teoría Pura del Derecho “HANS Kelsen”.

La lucha  por el Derecho “Ihering”. Biblioteca virtual.

Introducción a la Ciencias del Derecho “Aníbal Torres”.

STAMMLER. El Juez. Tratado y prólogo.

Metodología de la investigación, “Mario Bunge”.

Kirchmann, La Jurisprudencia no es ciencia, Biblioteca Virtual Española.

Introducción a la Ciencia del Derecho “Mario Alzadora Valvez”.

Internet,  Tesis de las Ciencias de Derecho. Universidad de Francia.

*    Tomado de monografías.com

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