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Firmeza y amor frente al berrinche

Una de las formas simples de frenarlas es no dándole importancia, dice el psicólogo Juan José Vargas. “La pataleta cesará siempre y cuando los padres o cuidadores sean constantes con esa actitud sin caer en la manipulación del niño”.

Berrinches en los niños.

Berrinches en los niños.

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose / La Paz

00:00 / 08 de junio de 2017

Cuando tienes un niño pequeño, los berrinches forman parte de su vida.  Aunque las rabietas son normales durante sus primeros años, se hacen más difíciles de manejar a medida que crecen, y más aún si suceden en público.

Una de las formas simples de frenarlas es no dándole importancia, dice el psicólogo Juan José Vargas. “La pataleta cesará siempre y cuando los padres o cuidadores sean constantes con esa actitud sin caer en la manipulación del niño”.

Ese tipo de conductas de ninguna forma deben ser negociadas con el pequeño. “Por el contrario, deben ser creadas como límites y reglas. Por ejemplo, decirle: ‘Vamos a salir, pero tú no puedes hacer un berrinche’, caso contrario, se puede llegar a un castigo no físico”, explica el especialista.

Otra solución que da Vargas es llevar al menor a un lugar menos público y explicarle que no se puede cumplir sus demandas, y cuando éste se calme recién entrar al lugar, nunca regañarlo enfrente de la gente, pues se lo avergüenza o se lo victimiza, y ningún patrón es saludable.

Para la psicóloga Tatiana Jáuregui, lo mejor ante una rabieta es dejarla sin efecto porque al no prestar la importancia a esa conducta negativa con la que el niño está buscando atención, el escándalo pasa. “Los padres deben hacerle ver que él no va a conseguir su objetivo a través de esa actitud y, conforme el adulto es constante y consecuente en eso, el niño se irá cansando y verá que esa estrategia no tiene efecto”.

Los berrinches no solo se dan por capricho, como creen muchos padres, sino por diferentes factores como los biológicos, emocionales, de aprendizaje, de relación familiar y ambientales, advierte el psicólogo. “Los primeros están vinculados a la formación del cerebro, y una disfunción puede hacer que el menor no controle sus emociones, esto va con la capacidad de aprendizaje, aún corta en esa etapa. Por tanto, en los primeros años hay poca experiencia de cómo manejar un disgusto”.

Si no se contiene al niño y se le enseña a identificar y manejar sus emociones, el berrinche puede llegar al desborde, sin límites ni reglas en un ambiente descontrolado”.

Las pataletas, además de un mal hábito que los niños adquieren en sus primeros años, son parte de su aprendizaje y sociabilización en la relación con los padres, según resalta Jáuregui. Esto se da por “la forma que tiene el niño de comunicarse y de satisfacer sus necesidades básicas, las que son atendidas inmediatamente”.

Posteriormente ya no son necesidades básicas, sino demandas secundarias, como las lúdicas, que tienen que ver con la sociabilización y los gustos. En ese escenario, los padres, que están acostumbrados a atender las primeras demandas, van con la misma inmediatez a satisfacer las peticiones, pero lo que no saben es que el niño se acostumbra a pedir de la misma manera. Entonces, ese llanto inicial que era por una necesidad básica se traduce en gritos, en una solicitud imperativa y en un chillido forzado que desemboca en berrinche”, señala la psicóloga.

Sin duda, las rabietas son comunes en los niños, pero para tu tranquilidad, y la del entorno, hay formas de ponerles un alto. Jáuregui dice que el primer paso es “tomar conciencia de que los menores crecen y que ni tú ni ellos deben quedarse estancados en las etapas. El segundo paso es ser consecuente y constante en las consignas y en las formas de comunicarse con ellos”. Si ignoras el escándalo, hazlo repetidas veces, por ejemplo si dices ‘no’ a algo, siempre di ‘no’ al mismo tema o acción.

Una vez que el berrinche pasa, es recomendable que le hables de las causas y los efectos de su conducta y de lo que puede ocasionar. Explícale, de buena manera, que no tiene necesidad de pataletas y hazle sentir que igual lo amas. El remedio efectivo es un silenciosos abrazo.

Crea una distracción

Cuando veas que el berrinche está a punto de desatarse, trata de distraer a tu hijo mostrándole algo que le guste. Los niños pequeños tienen una corta capacidad de atención, así que es fácil distraerlos.

Barriga llena, corazón contento

No hay nada que haga más que un niño tenga berrinches como el tener hambre o sueño. Los expertos confirman que si come a sus horas y duerme el tiempo que debe, según su edad, es mucho menos susceptible a tener rabietas.

La magia del tiempo fuera

Deja solo a tu hijo por unos minutos en un lugar seguro (que no haya nada con lo que pueda lastimarse) para que se calme por sí mismo. Dile que en cuanto esté listo y tranquilo podrá regresar contigo. Esto le ayudará al autocontrol.

El poder del abrazo

Quizás sea lo último que quieras hacer en el momento en que tu hijo se transforma y grita sin control, pero un abrazo fuerte, firme y sin hablar, lo calmará rápidamente. Los abrazos lo hacen sentir seguro, y esto ayuda a que vuelva la calma.

Nunca cedas ante un berrinche

Es importante que muestres a tu hijo que no logrará nada con berrinches. Si por ejemplo, llora y grita porque no lo dejas comer un dulce, no cambies de opinión y le des el caramelo para que se calle, tampoco cuando se haya calmado.

Fuentes: Juan josé vargas (psicólogo / [email protected]), tatiana jáuregui (psicóloga / [email protected])Fotos: lanacion.com.ar, mamitips.com.pe, psyciencia.com, bbamor.com, saludfacil.com, todobebe.com

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