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Identidad de género... ¿dudas?

La profesional recomienda no forzar al menor a que actúe y haga lo que no quiere.

Identidad  de género... ¿dudas?

Identidad de género... ¿dudas?

La Razón (Edición Impresa) / Erika Ibargüen. / La Paz

12:00 / 28 de abril de 2016

El desarrollo de la identidad y la conducta sexual de los niños y niñas suele ser un tema al que los padres le prestan escasa atención. Los estudios al respecto concuerdan en que es en la infancia cuando éstas germinan.

Como madre y padre es importante que estén atentos al comportamiento de sus niños o niñas, que vean qué hacen y cómo se sienten consigo mismos, pues sus acciones y expresiones podrían hacerles saber que su orientación sexual no es, necesariamente, la de su condición orgánica (masculina, femenina).

Si algo de esto está ocurriendo necesitan asesoramiento profesional para abordar el tema y ayudar a su retoño. Recuerden que lo más importante es que él o ella se sientan a gusto, amados y aceptados.

Un primer paso puede ser acudir a un psicólogo o a un terapeuta familiar para que realice una evaluación con el fin de ayudarles a ver cuál es su verdadera tendencia sexual. Si resulta que se siente identificado con el sexo opuesto, es decir que si es niña se siente niño o viceversa, lo que te queda es apoyarlo abriendo tu mente y corazón.

La principal consigna de los padres es que su hija o hijo sea feliz y esté seguro consigo mismo, por ello un profesional puede guiarles en la forma correcta de proceder, qué hacer, qué decir, cómo actuar.

La psicóloga Mónica Soliz aconseja tomar el tema con pinzas y calma. “No te debes alarmar, pero sí hacerle un seguimiento para comprobar qué pasa. Ten mucho cuidado para no confundir las cosas. No olvides que puede ocurrir y es normal que un chico menor de ocho años no tenga clara la orientación sexual por falta de madurez, y a veces, solo podría querer vestir las prendas de mamá, porque la admira y quiere imitarla”, reflexiona.

La profesional recomienda no forzar al menor a que actúe y haga lo que no quiere. “Si desea dejarse crecer el cabello aún siendo niño, no lo obligues a cortárselo, esto le hará sentir inseguridad y pensar que es un tercero el que decide por él o que está haciendo algo malo”, aconseja la psicóloga.

El imponerles modelos todo el tiempo y rechazarlos constantemente porque se inclinan por otra opción puede crearles, a largo plazo, serios problemas emocionales y de autoestima. “El progenitor podría frustrarlo al punto de poner en riesgo su salud integral como niño y futuro adolescente, etapa en la que puede presentar angustia y dolor debido al rechazo con conductas autoflagelantes. Es decir que por la desesperación de ver su cuerpo distinto al que quisiera y sentir repudio, podría llegar a lastimarse e incluso pretender quitarse el pene o las mamas por su cuenta, sin la intervención de un especialista.

En casos extremos puede contemplar el suicidio”, advierte Soliz, quien aconseja acompañarlo de cerca y apoyarlo.

Para entender lo que se conoce como problemas de identidad sexual, el psicoanalista Hugo Yapur explica que construir la autoimagen de género en una persona es un proceso que toma forma a partir de reconocer su verdadero sexo, más allá de su cuerpo, y de estar estable psicológicamente. “Comprender esto no es fácil, porque los procesos de educación que los menores reciben en su entorno siempre están ligados a lo heterosexual”.

Sin embargo —aclara— ser heterosexual no es una ley ni una imposición, sino una elección de acuerdo a cómo la persona se siente o identifica frente a lo femenino o masculino. De ahí que algunos niños pueden mostrar comportamiento homosexual, bisexual o inclinarse por la transexualidad.

El psiquiatra Ricardo Ramos considera que la intervención de los adultos en casos como éstos en los que los pequeños no se sienten identificados con su cuerpo o con su género, es delicada y amplia. “El proceso de crecimiento afectivo, emocional, sexual y social del niño, prepúber, púber y adolescente es muy diferente, en especial en el establecimiento de la identidad de género y la sexual”.

Es natural que los niños entre los tres y cuatro años y los ocho y nueve vayan cambiando permanentemente su visión y comportamiento de género, porque esto depende de la influencia del entorno: primero el familiar y luego el social como la escuela, sus pares y hasta la televisión, escenarios que los llenan de curiosidad, dudas y experiencias distintas.

De los 10 a los 13 o 14 años, (desde la pre hasta la pubertad), la identidad sexual ya está definida y es el periodo en el que se manifiesta, pues la persona ya tiene madurez para distinguir con qué se siente cómoda. En esta etapa, si existe un comportamiento fuera de lo que se considera “normal”, la familia podría interpretarlo como una crisis.

Los padres deben comprender el sentir de sus hijos y ayudarlos. “No se trata solo de que los papás entiendan la situación, sino que comprendan a sus hijos, lo cual es diferente”, subraya Yapur, también psicólogo clínico.

El especialista recalca que este proceso de comprensión hace que se vaya generando aceptación. “Estamos hablando de hijos (carne y sangre), por lo tanto los padres tienen que seguir en ese rol; preocupándose de los estudios, la alimentación y por supuesto de su bienestar integral”, recalca el experto.

Padres e hijos deben empezar a reflexionar sobre estos aspectos de ser necesario. Lo importante es estar siempre al lado de los chicos, en cualquier circunstancia, ayudándoles a aceptarse a sí mismos y amarse desde muy pequeños. Por ello, quien debe dar el primer paso es el adulto y así orientar y apoyar al niño.

¿Identidad?

Antes de que los papás reclamen al niño por su comportamiento, primero tienen que analizar la situación e informarse. Luego hablar de la identidad de género con el menor, acompañados de un especialista. En este punto es importante una comunicación abierta para entender sus pensamientos y sentimientos y así decidir qué hacer y cómo, sugiere el psiquiatra Ricardo Ramos.

Cuidados

Pese a que el menor se haya convertido en una persona madura y pueda decidir sobre su cuerpo, los padres deben continuar acompañando y orientando este cambio para evitar eventos lamentables producidos por el dolor del rechazo, advierte la psicóloga Mónica Soliz.

Confusión

Los menores de cinco años no sienten esa confusión como un trastorno. Ellos están empezando a construir su propia identidad que está ligada a su naturaleza y a los modelos con los que se relacionan, ya sea su madre, su hermana o su tía, ejemplifica Hugo Yapur.

 Fuentes: Hugo Yapur psicólogo clínico terapeuta, Ricardo Ramos, psiquiatra y Mónica Soliz, psicóloga

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