Mía

Mejor los niños con las niñas y viceversa

La niñez es la etapa en la que se adquieren valores. Los estereotipos también se alimentan en esta período

Socialización

Socialización Foto: Archivo

La Razón / Erika Ibargüen Ayub

00:00 / 12 de abril de 2012

Durante los primeros años de la etapa escolar, niños y niñas parecen estar muy alejados, pero esto se acentúa mucho más cuando llegan al cuarto o quinto curso de primaria, vale decir entre los 9 y 11 años de edad. Las chicas prefieren estar siempre con las chicas y los chicos con los chicos, ni hablar de aceptar “extraños”.

“No es porque se odien o exista desprecio entre sexos, lo que pasa es que en cierta edad las personas buscan a sus pares para poder desenvolverse en áreas que les son comunes”. A esta edad, las personas van asimilando valores y no pocas veces estereotipos relacionados con el sexo. “Por ejemplo, los varoncitos buscan a sus amigos porque quieren jugar fútbol o a las luchas, y, en el caso de las mujercitas, prefieren divertirse con muñecas, contarse cuentos o al maquillaje”; comenta el psicólogo Alexis Olivares. Parece difícil que un niño acepte lo del maquillaje o una niña se vea pateando una pelota...  Pero, ¿por qué no?

La psicóloga Mónica Soliz señala que como adultos hay que procurar, tanto en el aula como en la casa, que la orientación sea aquella que trabaje las diferencias entre unos y otras, no como desventaja o ventaja, inferioridad o superioridad, sino sólo como parte de una variedad que enriquece.

“Mi hija de diez años no invita nunca a casa a ningún compañerito. Ella dice que mejor es jugar y compartir con las amigas, porque los chicos son muy torpes”, le cuenta Patty a Mía, citando a su niña, Susana. Lo que puede pasar es que exista incompatibilidad entre niños particulares; pero no es bueno que se generalice.  “En los juegos, los pequeños se integran de manera fácil y sin problemas”, dice Olivares; por eso, es bueno estimular encuentros mixtos.

Además, hay niñas que disfrutan enormemente jugando a las guerritas o con autos, y gozan haciéndolo con amigos, hermanos o primos.

Por supuesto, hay que saber medir las circunstancias. Si en el colegio hay un niño excesivamente agresivo, habrá que pedir a la hija que trate de evitarlo si se desea salvar su integridad física. Pero hay que aclararle que es “ese” niño, no todos los niños de los que hay que cuidarse.     

Y hay que diferenciar también los reparos de un niño para acercarse a una niña: es posible que ella le guste y no sepa cómo decírselo.

1. Orientación

Es importante que los padres y los maestros orienten a los chicos sobre  las diferencias como riqueza, no como  motivos de rivalidad o sentimientos de superioridad.

2. Elección

Si una niña se topa con un niño que la agrede, lo que el padre mejor puede hacer es darle a entender que se trata de un caso individual, pero que hay otros niños con los que puede jugar.

3. Amplitud

Lo peor que un adulto puede hacer es dividir los juegos en femeninos y masculinos. Los chicos deberían poder decidir sobre lo que les divierte.

Fuente: Alexis Olivares y Mónica Soliz, psicólogos

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