Mía

Niños emprendedores y empresarios

Sin miedo al fracaso, estos pequeños han creado negocios rentables. Guiados por su padres se han convertido en ejecutivos.

La Razón (Edición Impresa) / Iblin Linarez O.

00:00 / 04 de abril de 2013

El futuro de estos niños está impregnado de varios ceros y no precisamente porque vayan a obtener malas notas, sino porque a su corta edad son dueños de empresas y ya se los considera los millonarios del futuro. Sus ideas podrían haber sido desechadas como tonterías por sus padres, pero se hicieron realidad y valen millones.

Henry Patterson es considerado el empresario más joven del mundo: tiene nueve años, es inglés y acaba de inaugurar su tercera compañía, una que vende caramelos llamada No antes del té. Con la ayuda de su padre ha desarrollado una estrategia de marketing que está surtiendo efecto. Lo gracioso es que comenzó vendiendo estiércol en bolsitas, luego optó por vender en eBay productos de segunda mano. También vende collares para chicas, los dijes son llamativos dulces y ahora Patterson reparte tarjetas con su nombre bajo el rótulo de director creativo.

Ana Tselevich tiene 12 años, pero a sus cuatro convirtió el cajón donde llegó un nuevo refrigerador en su casa de juegos y vendió otras unidades similares a sus compañeros. Así nació Box-O-Mania, una compañía que vende cajones de plástico, corrugados gigantes y ultraligeros para que los niños hagan su propia casita de juegos. Box-O-Mania ha anunciado para este año un acuerdo de licencia con Marvel para ofrecer casas temáticas y el primer personaje será Iron Man.

Si de moda se trata, Maddie Bradshaw ha roto esquemas con eso del reciclaje, dando otra utilidad a las tapa coronas de los refrescos, a los que convirtió en accesorios. M3 Girl Designs es su empresa, nació en la sala de su casa cuando ella tenía diez años, ahora cuenta con 14. Gracias a su familia y más de 50 personas, a las cuales ha empleado poniendo a colorear divertidos diseños que identifican a las adolescentes de su edad, vende $us 50 mil por mes en collares y otros miles en llaveros y pulseras.

A una corta edad, algunos aprovechan las crisis como una oportunidad. Ése fue el caso de Caine Monroy, quien a sus nueve años vio a su padre desesperado tras perder su negocio, así creó un centro de entretenimiento para niños hecho con cartones. Parte de lo ganado va a su familia y otro tanto es ahorrado para pagar la universidad. Él guía su negocio bajo cinco sagrados códigos: “sé amable con los clientes”, “haz un negocio que sea divertido”, “nunca te rindas”, “comienza con lo que tienes” y “utiliza cosas recicladas”.

Lejos de las pantallas táctiles, donde todo se logra con la punta de los dedos, existen estos niños que desarrollan sus ideas por ellos mismos, sin miedo a equivocarse y con gente que los respalda. Ellos caben perfectamente dentro del pensamiento de Einstein que dice: “si lo puedes imaginar, lo puedes lograr”.Texto:  Con datos y fotos de: www.wordpress.com, cindymorrison.com, markere.com, csnimages.com, bedformidweek.com, yfsentrepreneur.com y kathydowdiscovers.com.

Fuente: www.thedailybeast.com, terra.com.mx, negociosyemprendimiento.com, vivoemprendiendo.com y 20minutos.es.

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