Mía

Pillé a mi hija en la cama con su enamorado

Ármate de paciencia y controla tus reacciones impulsivas. Espera unos minutos, escucha a tu hija y explícale por qué no es correcto.

Pillé a mi hija en la cama con su enamorado. Foto: Dreamstime

Pillé a mi hija en la cama con su enamorado. Foto: Dreamstime

La Razón / Erika Ibargüen A. / La Paz

00:00 / 07 de noviembre de 2013

Es un día cualquiera, llegas a tu casa por la tarde y, de pronto, escuchas sonidos extraños que provienen del cuarto de tu hija adolescente: entras y la soprendes teniendo sexo con un chico. ¿La matas o te echas a llorar? Pues no: la reacción correcta es mantener la calma, pedirles que se vistan pronto y dejar que el muchacho se vaya para que tú puedas conversar con ella sobre lo sucedido.

Claro, es fácil recomendarlo, lo difícil es cumplirlo, tomando en cuenta que se trata de tu hija y de lo que estás sintiendo. “En estos casos las primeras acciones no son objetivas, sino más bien reacciones impulsivas que pueden terminar incluso en violencia si no tienes la capacidad de controlarte”, explica el psicólogo Alexis Olivares.

Lo que te queda —porque lo que pasó, pasó— es escuchar a la joven, que de  seguro se mostrará asustada y pedirá disculpas.

Aprovecha el momento para reflexionar con ella, por un lado sobre cómo lleva su vida sexual, y por otro, resaltando el hecho de que pese a que vive en la casa, no puede disponer de ella sin consultarte, menos llevar al novio  aprovechando la ausencia de adultos, pues es una falta de respeto a ti y a tu familia.

Lo que hay que analizar es por qué la menor actuó así. La psicóloga Bitia Vargas comenta que puede que  se haya atrevido a llevar al chico a la casa según los códigos de su familia. “Es posible que la sexualidad sea un tema muy abierto en casa y la chica no tenga problemas de animarse a dar un paso como ése”.

También puede ser que sea al revés, que los progenitores sean muy estrictos. “La psicología del adolescente es contradecir a los padres en lo que digan y eso los anima a tomar riesgos, además que se dejan llevar por la curiosidad y todo lo que es nuevo”, dice Vargas. “También hay que ver qué valores han impuesto los padres a los hijos, si son ellos quienes siempre han dado los buenos ejemplos o no y, desde ese punto de vista, tener un discurso para este incómodo momento”, manifiesta Olivares.

Dependiendo de la edad que tenga tu hija y de los principios que compartan, dirige tu discurso, que siempre debe estar respaldado por el ejemplo que tú  le das.

Es posible que la confianza entre los padres y la hija se deteriore tras vivir una escena como ésta. Los adultos deben perdonar a su hija y mantener el control, sobre todo, si ella es muy joven (entre 13 y 16 años), sin que esto signifique martirizarla con palabras o acciones que la ofendan o la obliguen a asumir una actitud negativa, aconseja Olivares.

Por ejemplo, si debe ir a hacer una tarea a la casa de una compañera, no le digas cosas como: “No vas a ir sola, porque sé de lo que eres capaz” u “ojalá que no te encuentre como el otro día”. Menos aún escuches sus llamadas o escudriñes entre sus cosas. Te toca a ti mostrar madurez.

Conversa

Si tu hija se niega a hablar en ese momento, no la obligues, es para ella muy incómodo tratar el tema luego de que la has visto. Esto no significa que se quedará sin dar las explicaciones del caso. Espera que  tú y ella se tranquilicen y habla con calma sobre el tema.

Sal de la habitación

Si entras en la habitación y ves a tu hija en la cama con su novio, sal inmediatamente del lugar y pídeles que se vistan. No te quedes allí esperando a que cumplan tus órdenes frente a ti. Ya habrá tiempo para recriminar el acto.

Fuentes: Alexis Olivares y Bitia Vargas, psicólogos.

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