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La Razón / Salvador G

00:00 / 21 de febrero de 2013

Asistí a una conferencia sobre amor y pareja, el expositor era un terapeuta familiar especializado en psicología del amor. En esa ocasión, él dijo: “A veces veo parejas de personas tan diferentes y tan incompatibles que no entiendo cómo acabaron juntas”. A mí me ha pasado, quizás también a ti.

A veces, cuando las relaciones no funcionan, no siempre existe un culpable, sino dos, o ninguno. Ninguno en la situación en que ambos se aman, ambos son buenas personas, ambos son fieles y comprometidos con la relación e, inclusive en este panorama de perfección, la relación se hace insostenible pacíficamente porque ninguno es feliz, simplemente porque tienen gustos, percepciones, hábitos, culturas o costumbres  que son incompatibles con las del otro.

Por lo que he leído, esto es más común de lo que creemos. Te ha pasado o conoces a alguna pareja en la que ambas personas pelean todo el tiempo y de vez en cuando, cuando las cosas se salen de control, terminan. Pasadas unas semanas regresan amparados en las conocidas frases: “Ha cambiado”, “está totalmente diferente” o “me prometió no volver a hacerlo”. Del otro lado están: “He decidido cambiar por amor”.

Pasan unos meses y vuelven a la rutina de las peleas, pero no finalizan la relación amparados en el amor que se tienen, cuando la verdadera razón es el miedo a salir de la relación y enfrentar el mundo real. Es decir, salir de su círculo de confort sentimental.

El círculo de confort es ese lugar donde todo es conocido y por más que no sea lo ideal, es más fácil estar ahí que perseguir nuestros sueños, anhelos o ambiciones. Ése es el hogar del conformismo y la mediocridad. El círculo de confort sentimental es, entonces, esa relación mediocre en la que las cosas no están bien, en que los momentos buenos suceden con menor frecuencia que los momentos malos, las peleas son recurrentes e inclusive se llega a la violencia física o psicológica, pero aún así, seguimos en esta relación tóxica porque no nos atrevemos a salir de ella.

La razón más recurrente es el miedo a estar solo, a comenzar de nuevo o a no encontrar a otra persona. Es decir, uno se conforma con lo que tiene, porque nos han enseñado que quizás al ir por más, nos quedemos sin nada. Paolo Coelho escribe: “Un barco está más seguro en el puerto, pero no es ahí donde pertenece”.

Sin embargo, aquellos que se atreven a salir de este círculo de confort sentimental, terminar con estas relaciones y enfrentar el mundo con coraje y valentía, encuentran que, primero, estar soltero no es tan malo y, segundo, que la vida les dará la oportunidad de rehacer su vida, aunque el mayor logro es un hecho desde el momento de la decisión: No te conformaste, decidiste perseguir tus sueños y dejaste el puerto para navegar los mares, en libertad, en optimismo y con la confianza de que Dios tiene un plan para ti y que ese plan es perfecto y tú no te mereces nada menos que eso.

“El círculo de confort sentimental es esa relación mediocre en la que las cosas no están bien , pero aún seguimos en ella porque no nos atrevemos a salir”.

Tu amigo

Salvador G

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