Mía

Con actitud puedes llegar a la meta

Su récord fue de 1 hora, 34 minutos y 31 segundos, y con este tiempo calificó para el Mundial de Italia, que se correrá en Roma en mayo.

La Razón (Edición Impresa) / Erika ibargüen. / La Paz

12:00 / 21 de abril de 2016

Tiene una agenda apretada en la que apunta un arduo entrenamiento para vencer sus próximos retos. Pese a ello, esta destacada deportista le dedicó algunos minutos a esta entrevista. ¿Qué hace en su tiempo libre?, ¿está enamorada?, ¿cómo se organiza en un día de semana? La charla es con la paceña Ángela Melania Castro Chirivechz, que el domingo 3 de marzo logró el título de campeona del Sudamericano de Marcha 20 kilómetros en Guayaquil, Ecuador.

Su récord fue de 1 hora, 34 minutos y 31 segundos, y con este tiempo calificó para el Mundial de Italia, que se correrá en Roma en mayo. Pero además, en agosto, representará a Bolivia en los Juegos Olímpicos Río 2016.

Mía— ¿A qué edad y cómo te inicias en el atletismo?

Ángela— Me inicié a los 15 años. Mi hermano me llevó a trotar para bajar de peso, quería que esté en forma. Al principio no me gustaba y me daba flojera, pero después el trote empezó a ser atractivo y se fue volviendo parte de mi vida hasta ahora y por siempre, porque no me imagino una vida sin entrenar.

Mía— ¿Cuántos años llevas practicando este deporte?

Ángela— Siete años. Aunque en 2012, durante seis meses, no podía marchar, solo trotaba; sucedió después de competir en un mundial en Barcelona, donde me fue muy bien ya que resulté en noveno lugar en el ámbito mundial. Tenía depresión, pero luego me recuperé y desde entonces no he vuelto a parar.

Mía— ¿Es duro para ti responder tanto en tu carrera universitaria como en el deporte?

Ángela— Los últimos tres años me he dedicado a ambas cosas. Y sí, la verdad fue muy complicado; recuerdo que salía de mi casa a las seis de la mañana y llegaba a las nueve (de la noche) muy cansada, pero tenía que seguir y atenerme a los horarios y cumplir con los exámenes y las tareas. Me ponía a estudiar hasta quedarme dormida. Me gusta mi carrera y amo el deporte, es por eso que lo hago.

Mía— ¿Tienes alguna otra ocupación además de tus estudios y la disciplina que practicas?

Ángela— La verdad, no. Mi vida es entrenar todos los días, ir a clases en la universidad, comer bien, entrenar nuevamente, volver a clases y luego a casa.

Mía— ¿Tienes pareja?, ¿cómo haces para dedicarle tiempo?

Ángela— ¡Claro! Siempre hay tiempo para todo, aunque sean unos minutos al día. Él me apoya y me entiende. Siempre se preocupa por mí y está pendiente si comí o si descansé o simplemente cómo estoy.  Su apoyo ha sido importante para mí, también es un gran amigo que me escucha y comprende, pese a que a veces, como toda mujer, soy un tanto complicada.

Mía— En tu tiempo libre, ¿estás con tus amigos y familia?

Ángela— No mucho, pero en ambos casos me entienden. Muchas veces he perdido cumpleaños, encuentros y reuniones con la familia; ahora solo puedo pedirles disculpas por todo eso.

Mía— Sabemos que tu papá fue el ser que más amaste en la vida y que hoy está en el cielo. ¿El esfuerzo que haces para conseguir un buen trabajo se lo dedicas a él?

Ángela— Mi papi, lo extraño tanto... Creo que nunca me acostumbraré a una vida sin él. Me parezco mucho a él, era una persona muy recta, muy estricta y disciplinada que me dejó todo eso, además de sus ganas de luchar contra esa enfermedad que me lo quitó. Recuerdo que una vez le traje una medalla de plata,  pero él no se alegró y me dijo: “Por qué no trajiste la medalla de oro, solo existe un ganador y es el que sale en primer lugar”. Eso me puso triste, pero ahora lo recuerdo y es una gran motivación. Cuando necesitaba algún consejo, él siempre estaba allí y tenía la respuesta exacta para tranquilizarme. El me decía: “Comparte todo lo que tengas, si no lo haces, todo lo que tienes no tendrá sentido”

Mía— ¿Qué le dirías ahora, si pudieras verlo?

Ángela— Si lo volviera a ver solo le diría que no me deje, que esta vida sin él pierde sentido y que lo amo mucho. Quisiera escuchar su  voz que es lo que más extraño. También me gustaría abrazarlo.

Mía— ¿Crees que para una chica es más complicado que para un chico lograr ciertos objetivos?

Ángela— ¡Jamás! Es más, creo que las mujeres somos más fuertes física y mentalmente, basta con comparar todos los dolores y sufrimientos que tenemos para ver que siempre salimos adelante. Mi mamá, por ejemplo, fue y sigue siendo una luchadora y con un gran corazón.

Mía— ¿Consideras que los recursos económicos son un pilar fundamental para lograr tus objetivos en el deporte?

Ángela— Claro que influye, aunque con actitud puedes llegar a la meta, yo lo hice por años. No tenía ningún apoyo y la verdad no quería pedir a mis papás, porque sabía que los recursos no iban a alcanzar para eso más. Es por eso que en vacaciones, tanto del colegio como luego en la universidad, buscaba trabajo para sustentarme los entrenamientos y los pasajes. Luego llegó el apoyo de la cervecería y ya no tuve que trabajar más, por lo que pude concentrarme en los entrenamientos y fui mejorando.

Mía— En qué consiste tu rutina, tu alimentación, ¿cuánto inviertes mensualmente?

Ángela— Dar números es complicado, pero en la alimentación es en lo que más se gasta, porque debe ser una alimentación de calidad a base de verduras y frutas. Mi desayuno suele ser granola con yogur y frutas. Otros días cambio y tomo un jugo de frutas con leche y pan, otros solo leche con queso y galletas. Después de entrenar alguna fruta, yogur o leche, lo que haya a la mano. Mi almuerzo lo hace mi mamá y es lo que más energía me da. Casi siempre verduras, arroz y un pedazo de carne o pollo. Nunca me falta la sopita y mucha agua, ya que en los entrenamientos me deshidrato mucho.  

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