Mía

La alegría de ser una ABUELITA CHILENA

Dos amigas pusieron en marcha un taller para compartir con sus compatriotas

La Razón / Gemma Candela

00:00 / 09 de febrero de 2012

“Este tipo de grupos sirve para aceptar cosas. Cuando se leía: ‘Fila para la tercera edad’ en el banco, yo no me metía jamás”, dice Graciella Campos, mientras sus compañeras ríen. Ella llegó a Bolivia hace 33 años; otras llevan aquí alrededor de 15 y, pocas, casi toda la vida. Lo que las une —además de ser mujeres, mayores y chilenas— es que se animaron a formar parte del Primer Taller de Terapia Ocupacional para el Adulto Mayor Chileno, realizado entre mayo y noviembre del año pasado, con la financiación de la Dirección para la Comunidad de Chilenos en el Exterior (Dicoex).

Marisol Garay y Jimena Riveros son las coordinadoras y las artífices de este curso. Ellas también son residentes chilenas en Bolivia. La primera es enfermera, aunque actualmente no ejerce su profesión, y, la segunda, profesora de infantil.

Ellas se conocieron aquí. Poco a poco fueron trabando amistad y, un día, en una de sus conversaciones, surgió la idea de hacer algo para las personas de la tercera edad. En el Consulado de Chile les informaron que podían postular con su proyecto a un concurso auspiciado por la Dicoex. No lo dudaron. De entre todos los trabajos presentados, 17 salieron ganadores a nivel mundial. El de Marisol y Jimena fue el único seleccionado de toda Bolivia.

Terapia entre risas

Zuleima Amelia Antisolis es de las que se enteró porque la llamaron del consulado; a Graciella le enviaron un correo electrónico y Gloria Benavides escuchó la convocatoria por televisión. “Lo mío es bien interesante, yo soy la única extranjera”, dice esta boliviana. Asegura que no oyó que el taller era sólo para residentes chilenos. “Hizo como que no escuchaba”, comenta Clara Rosa Nieves Moya, y Zulema asiente mientras todas aplauden la broma. Gloria se dio cuenta de su confusión en la apertura del curso. Quiso marcharse, pero Marisol la animó a quedarse. “No me falto una clase”, dice. Se siente una más entre las nueve alumnas.

Aunque el curso estaba dirigido tanto a hombres como a mujeres, acudió un varón, pero sólo el primer día. “Yo creo que se asustó”, aventura Graciella.

“El modo de ser del boliviano es más serio, cuesta más que la gente se abra y diga tonteras”, dice esta exprofesora de Francés. Opina que las mujeres bolivianas no van por ahí soltando chistes de doble sentido, como hacen las chilenas. “Aquí (en el taller) nos sentimos con toda la libertad de hablar cualquier cosa”. Y es cierto. Durante los seis meses que ha durado el taller, cada martes y jueves de 15.30 a 18.00, el buen humor no ha faltado en el aula que les cedió una ONG en Calacoto. “Nosotras venimos a divertirnos realmente”, confiesa Clarita, como la llaman las que ahora son sus amigas. “Pero trabajamos también”, añade.

Empezaron dibujando la flor nacional de Chile, el copihue, que algunas ya estaban olvidando, explica Leonor Astorga. “La gran mayoría se ha venío porque se ha casao con boliviano”, revela. Cuenta que ella y su marido estuvieron en una reunión con el expresidente Jaime Paz Zamora, quien le dijo: “Es la única forma en que podemos obtener el mar, trayéndonos a todas las chilenas para acá”. Y, ¿qué tendrán los bolivianos que no tengan los chilenos? “¡Ahora yo me pregunto eso!”, dicen varias y, cómo no, ríen.

Jimena asegura que esta experiencia ha sido más que un taller. “Es algo que tiene que seguir adelante por toda la gente que a lo mejor no tiene quién le dedique una tarde”.

Charlas y salud

La salud es un tema que va ligado a la tercera edad. En el taller tuvieron sesiones con fisioterapeutas y médicos para hablar y hacer ejercicios contra la lumbalgia y la pérdida de motricidad. Tampoco faltó una sesión de cine en las instalaciones del consulado.

Un poco de arte

Las señoras hicieron costura, dibujo, pintura, máscaras, origami... con el objetivo de pasarla bien y, al mismo tiempo, realizar ejercicios de coordinación. También tuvieron una sesión de geografía chilena con el cónsul de su país, Javier Matta, quien además de diplomático es profesor de Historia.

Financiación

El proyecto finalizó en noviembre. Ahora, las coordinadoras buscan fondos de nuevo. Van a postular otra vez al concurso de la Dicoex, pero no descartan contactar con alguna Organización No Gubernamental para seguir y abrir el taller también a bolivianos.

El futuro

“Tiene que seguir adelante, por toda la gente que a lo mejor no tiene quién le dedique una tarde”, dice Jimena. Si se logra financiación, habrá un nuevo taller para todas las nacionalidades.

Fotos: Eduardo Schwartzberg

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