Mía

Las contorsionistas (parte 1)

No sólo el desdoblar de los vértices hace de una contorsionista un ser fascinante, sino esa ilusión que crean en todo mortal rígido.

La Razón Digital / La Paz

00:00 / 28 de noviembre de 2013

Poseo un honesto apetito por la ficción, es una dinámica, un ejercicio silencioso que parte de la némesis y debe incrustarse, proyectarse en nuestros cuerpos. Sólo así, pienso yo, la realidad tiene sentido.

Nunca olvides que somos sujetos que desean seres espontáneos y juguetones. Somos trampolines emocionales, la idea es la de encontrar un ritmo nuevo para tu futuro, ese eterno orden deseado. Explora tu inteligencia emocional. Esta semana les leeré una carta, habla de la importancia de la apropiación y conciencia de nuestros cuerpos, los cuales debemos descubrir, comprender, cuidar y amar con mucha imaginación. Existen metodologías que, si se cumplen, son para bien. Hablaremos de seres excepcionales, perplejamente polimorfos, candentes y seductores. La carta titula Las contorsionistas son frígidas.

Eran las 12 de la noche cuando entró en la biblioteca de los abuelos. Su estampa era enjuta pero graciosa, con esos inolvidable ojos color jade, sus facciones poseían dicotomías que en él siempre lucían encantadoras. Su tez canela y el cabello ensortijado hoy parecían brillar, su frente delataba un sudor tibio pero palpitante, todo él estaba cubierto de un aura de excitación y melancolía inusual, vestía de manera impecable, supuse que fue al teatro o a la ópera. Se acomodó felinamente en el canapé, respiró agitado, sacó de su bolsillo un papel algo desprolijo que leyó y luego me pidió que hiciera lo mismo y lo guardara celosamente. Abandonó la sala como una gacela riendo, como una hiena enamorada, cubierto de un carisma cínico y travieso. Yo sólo tenía 17. Esa noche descubrí, gracias a mi tío Arturo, la fascinación por lo imposible.

No sólo el desdoblar de los vértices hace de una contorsionista un ser fascinante, sino esa ilusión que crean en todo mortal rígido 

Las contorsionistas son seres romboides, son la exaltación máxima de las formas. Un rombo es un desdoblar equilibrios para crear lo opuesto, lo otro, lo que diverge y distancia, es como un perfume que existe sólo para darnos una caricia dimensional, muy nueva a la hora de capturar el reflejo. Pero no sólo el desdoblar de los vértices hace de una contorsionista un ser fascinante, sino esa ilusión que crea y recrea en todo mortal rígido, contenido, esa admiración penetrante por la sagrada ductilidad. La imposibilidad de manipular nuestros cuerpos siempre confluye en una situación delirante, pasamos del asombro a la fantasía del que no puede, pero desea. Comienza uno por tomarse de las manos sintiendo los dedos ligeramente tensos, como atados. Por instantes nuestro interior se pregunta si duele… Para luego confirmar la docilidad camaleónica con la que esos brazos y piernas recobran su anatomía única, que corrobora de manera inmediata a esta altura del escenario su furiosa fisonomía inhumana.

Amadas mías no olviden, la vida es como una ventana a la que nos asomamos para ver y luego retornamos a nuestros días, a nuestros “mañana seguro” o los jueces seguro sabrán el desenlace de esta carta. Las amo. Su amiga, la Orquídea Azul.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia