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En la crianza no hay democracia, sí reglas y amor

“En una familia no hay democracia, pues los padres no pueden negociar con los hijos ni poner a votación las decisiones que toman”, recalca la psicóloga chilena Pilar Sordo, conferencista e investigadora.

En la crianza no hay democracia, sí reglas y amor. Foto: xocials.com

En la crianza no hay democracia, sí reglas y amor. Foto: xocials.com

La Razón (Edición Impresa) / Mitsuko Shimose / La Paz

02:59 / 23 de febrero de 2017

Los “hijos altar” son la veneración de los padres. Ahora los pequeños son el núcleo de las familias del siglo XXI. Una de las razones de esta sobreprotección —según Eva Millet, del portal m.ara.cat— es que hoy se tienen menos hijos que en el pasado.

“Si el promedio (por familia) es de 1,3 niños, este niño se convierte en el eje principal de atención y de la vida de sus padres. Y no les estamos haciendo ningún favor. ¡Claro que son superespeciales! Pero para sus padres, no para todo el mundo y tienen que acostumbrarse a no ser el centro del Universo”, dice. Y ese hijo, muchas veces, disfruta además de un cargo jerárquico en la familia igual y hasta mayor que el de los padres, lo cual genera una relación basada en la democracia. Sin embargo, esta forma de políticas parentales parece ser poco adecuada y nada saludable.

“En una familia no hay democracia, pues los padres no pueden negociar con los hijos ni poner a votación las decisiones que toman”, recalca la psicóloga chilena Pilar Sordo, conferencista e investigadora. En sus libros hace hincapié en que los niños necesitan límites y directrices.

Con ella concuerda la psicóloga boliviana Scherezada Exeni. “Los sistemas deben tener un orden, una estructura en la que se sepa quiénes dirigen y quiénes siguen”, dice la también terapeuta familiar. Eso no quiere decir que en una familia deba regir la tiranía, pero sí la autoridad parental. Un padre autoritario, para la especialista, no es negativo, siempre que no sea violento.

Así, la democracia en la crianza no es aconsejable. El psicólogo boliviano Juan José Vargas tampoco la recomienda, pues con el niño no se negocia; al niño se educa, resalta. “La educación es asimétrica, uno que enseña y otro que aprende, sin este componente no habría aprendizaje, habría anarquía, ya que todo aprendizaje requiere de un principio director, es decir, alguien que implante normas, dado que el que aprende no tiene conocimiento ni experiencia para rebatir esa enseñanza ni ver sus consecuencias”.

Solo en la amistad hay democracia y simetría. Un progenitor no puede ser amigo de su hijo, afirma Vargas.

Las consecuencias de ser papás-amigos son muchas, apunta Sordo. “Los niños no tienen un referente distinto de sus pares para educarse, no desarrollan tolerancia a la frustración porque los padres no les dicen que no, y si lo hacen, cambian fácilmente con manipulaciones”. Los hijos se vuelven manipuladores porque saben que pueden hacer lo que quieran, todo está en cómo lo pidan. “Al final, los adolescentes se sienten solos y poco seguros porque en un principio es entretenido tener papás así, pero con el tiempo ellos empiezan a sentir que necesitan de alguien que los guíe porque si no, se angustian”. Los niños y los adolescentes en su desarrollo sano necesitan límites, disciplina y conductas fijadas por los padres, mezclados con el afecto, esa es la fórmula para una buena educación.

Guiar implica dar respuestas, no explicaciones. La psicóloga boliviana Tatiana Jáuregui sugiere sustentar la decisión, eso no es negociar sino explicar las causas y mostrar los posibles efectos. Esa información debe ser dosificada y de acuerdo con la edad y las etapas del menor. “Además de la coherencia, congruencia y consistencia con la que se lo debe educar de modo que no se dé la dictadura o la permisividad en su educación”.Para Exeni es fundamental mantener las jerarquías y la estructura porque delimita el orden y los roles en los sistemas familiares, según la cultura y reglas de cada familia.

La educación del niño debe combinar dos elementos: amor y disciplina, dice Vargas. Sordo también asegura que hay que educar con firmeza, ternura y fuerza de voluntad.

Aunque no hay una fórmula específica, hay algunas actividades que ayudan a mantener el orden y la jerarquía, y es la designación de roles y funciones. “En la casa y según la edad, los hijos deben tener tareas y éstas deben ser dadas sin considerar el género, es decir que un niño puede poner la mesa como una niña”. También los horarios son importantes, enfatiza Vargas. Hay tiempo para la tarea de la escuela, para jugar, para dormir, etc. Hábitos que entrenan el cuerpo y la mente a adaptarse a la rutina de la vida, a encarar problemas y a buscar soluciones, siempre de la mano del adulto, del grande, del padre, la madre, mejor ambos.

Fuentes: Eva Millet (m.ara.cat), Scherezada Exeni (Terapeuta familiar / [email protected]), Juan José (psicólogo /[email protected], Tatiana Jáuregui (psicóloga/ [email protected]) Pilar sordo (psicóloga e investigadora)

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