Mía

El doble filo del piropo

Los piropos que agreden a las mujeres giran en torno a los mensajes sexistas y  las consideran un objeto por sus atributos físicos.

El doble filo del acoso callejero mamacita. Foto: Dreamstime

El doble filo del acoso callejero mamacita. Foto: Dreamstime

La Razón (Edición Impresa) / Liliana Aguirre F. / La Paz

00:00 / 29 de mayo de 2014

Un silbido, una simple expresión como “¡qué linda te ves!”, o una obscenidad pueden ser considerados un piropo. Pero, ¿hasta qué punto estas actitudes, ejercidas por el sexo masculino, pueden vulnerar la intimidad de las mujeres y tornarse en una forma de acoso callejero?

“El piropo es estudiado desde la psicología social, se da del varón a la mujer en torno a la corporalidad y atractivo de lo femenino y usualmente lo brinda un desconocido”, explica Lizette Gallegos, psicóloga.  

La especialista enfatiza en que cuando el piropo transgrede la línea del coqueteo se constituye en una agresión a la integridad de las mujeres por su alto contenido sexual.

“Dependiendo de su contenido puede denotar la actitud patriarcal de lo masculino hacia lo femenino, es decir ‘yo soy hombre y puedo decirte cualquier cosa respecto tu cuerpo, imagen y apariencia’”, precisa Patricia Bráñez, feminista.

Gallegos acota que “cuando son soeces y agresivos se convierten en un ataque que una no espera y sucede repentinamente en las calles”.

En una conversación entre mujeres sobre el tema es común que todas coincidan en que de niñas, jóvenes e incluso en la madurez fueron víctimas de acoso callejero.

“Esta clase de piropos son una expresión del machismo y del poder que el hombre siente que tiene sobre ellas. Una imposición de poder que agrede”, enfatiza Gallegos. Bráñez concuerda con la psicóloga y precisa que en las relaciones de poder, el patriarcado cree que el cuerpo femenino le pertenece. “Es una expresión del hombre que cosifica el cuerpo de las mujeres y hasta puede desecharlo”, resume la activista en género.

En estas situaciones, las féminas no están protegidas por un entorno social y esa agresión es alimentada y socapada entre hombres.

“En nuestro medio es frecuente que si una reacciona a estos piropos reciba insultos a cambio, que buscan hacerla sentir mal, que debe ‘agradecer’ el acoso verbal callejero”, agrega la psicóloga.  

Bráñez también considera que existe una complicidad machista que responde al patriarcado.

“En el imaginario de los hombres debe ser así e incluso algunas de las reacciones de las propias mujeres están dentro de ese término, justificar un supuesto halago, que está mostrando una relación de inequidad”, indica la activista.

Ambas profesionales concuerdan en que para equilibrar la situación se precisa promover un cambio de actitudes, donde tanto hombres como mujeres se miren como iguales.

  • Sensibilización

En el ámbito internacional se han desarrollado campañas en las que se invierten los roles y se observa a un hombre acosado verbalmente por una mujer. Los videos se pueden ver en la red.

  • Percepción

Un estudio de la Universidad Abierta Interamericana detectó que 59,2% de las mujeres que fueron “piropeadas”, o sea seis de cada diez, manifestó haberse sentido incómoda e intimidada con el supuesto “piropo”.

  • Diferencias

Se podría decir que hay “grados de piropos”, algunos pueden buscar el coqueteo, pero cuando son sexistas e intimidan se tornan en una agresión y en una forma de acoso callejero. Solo tú puedes calificarlos.

Fuente: Lizette Gallegos, Psicóloga (2433573) y Patricia Brañez, Feminista.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia