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Gary Barker: ‘Yo no soy tu dueño’

Gary Barker es presidente y director ejecutivo de la fundación internacional Promundo y actual miembro de la Red de Hombres Líderes. Llevó a cabo una amplia investigación global y ha desarrollado programas sobre la participación de hombres y niños en la igualdad de género y la prevención de la violencia. Barker es también el cofundador de MenCare, una campaña global presente que promueve el involucramiento de los hombres en la vida familiar y el cuidado de los hijos de formas igualitarias y no violentas.

El presidente y director ejecutivo de la fundación internacional Promundo, Gary Barker

El presidente y director ejecutivo de la fundación internacional Promundo, Gary Barker Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Beatriz Andrade Dösserich

10:08 / 19 de marzo de 2018

Con una taza de café, la entrevista con Gary Barker, miembro de la Red de Hombres Líderes del ex secretario general de las  Naciones Unidas Ban Ki-moon, se convierte en una charla sobre las nuevas masculinidades, la participación de los hombres en los roles y la acción para poner fin a la violencia contra la mujer. Así comienza la conversación...

mía— ¿Cuál ha sido tu motivación para participar en temas de igualdad de género?

Gary— Hay montón de motivos personales, desde la infancia. Mi padre era trabajador social, ahora es jubilado; mis hermanos son adoptados, y esas historias tenían algo que ver con la ausencia de hombres, padres o con la violencia. Y, de joven, algunas novias tenían historias de acoso o abuso por hombres. También crecí en una época feminista en Estados Unidos y el mundo, y eran los hombres quienes usaban la violencia. (En su entender) muchos pueden decir ‘nunca usé algún tipo de agresión contra alguien’, pero tal vez quieren decir ‘siento una rabia con ese tipo de masculinidad agresiva, dominadora, abusadora en algún sentido’. Pero también hay hombres que están contra (la violencia) y son voces de disidencia contra ese tipo de ‘ser hombre’. Entonces, empecé a trabajar en el eje central, en Colombia, y fue en Brasil donde encontré un grupo de activistas en el tema, la mayoría mujeres feministas, con las que conversamos sobre cuál es la bandera de los hombres en ese caso. Esa pregunta me provocó pensar dónde están ahora (...). Así creamos Promundo, una ONG con la idea de equidad como un bien para el mundo.

mía— ¿Cuál es tu mirada sobre feminismo y  machismo?

Gary— Siempre han existido (...). Pero hay hombres aliados a la causa feminista y hemos trabajado en esto en Pakistán, en países árabes, en América Latina y Estados Unidos, donde aún existen contextos más machistas, más cerrados, pero siempre hay hombres que abrazan, o por lo menos actúan a favor de la equidad de género. Es ahí donde empezamos. Hay hombres que cuidan de los hijos, que apoyan a la pareja en buscar empleo, en ser igual a él. Sí hay nuevas masculinidades porque hay cambios reales, pero al mismo tiempo hay que dar más voz y volumen para que los hombres que siguen usando violencia, que no hacen su parte en casa, que creen que siguen siendo top, sean parte de la causa también.

mía— ¿Cuál es el rol de un hombre en las nuevas masculinidades y su aporte en la vida familiar?

Gary— Por un lado está la paternidad. Los hombres hemos sido obligados a por lo menos preocuparnos más sobre quién cuida a los hijos, porque nuestras compañeras están trabajando las mismas horas que nosotros. En un informe del estado de la paternidad a nivel global —el primero en 2015 y el segundo, en 2017— las cifras indican que las mujeres cuidan tres veces más la casa que los hombres. Claro que hay hombres que hacen el 50% o más, pero en promedio, en América Latina, las mujeres están tres veces más al cuidado de la casa, de los hijos, preparando comida, cuidando al abuelo. Al mismo tiempo, si juntamos el tiempo que ella trabaja fuera de casa y en casa, y comparamos al del hombre, ellas trabajan más, aunque muchos digan que trabajan 10 horas. Entonces, por un lado está la paternidad y se ven más hombres en el cuidado físico y afectivo, pero por otra, aún hay mucho por hacer, aunque estamos haciendo nuestra parte.

mía— ¿Cuáles son las herramientas que se usan donde se edifican las nuevas masculinidades?

Gary— La primera es cambiar los ambientes donde están los papás. Ejemplo, una clínica primaria, un centro de atención primaria, donde mayormente encuentras mujeres y niños. Por eso se invita a los hombres a la consulta prenatal. En Brasil logramos un espacio, y en Bolivia, en El Alto, con Salud Plural Andino, queremos cambiar el espacio para decir ‘bienvenido papá, te necesitamos aquí, tenemos material, tenemos gente preparada para trabajar contigo’. El otro es el sector de primera infancia. ¿Cuántos cuidadores son hombres? No invitamos a los hombres a participar en la vida comunitaria, en las guarderías. Seguimos produciendo la idea de que las mujeres cuidan en casa y fuera de casa (90% de quienes participan en ese escenario son mujeres). Tercero, el lugar de trabajo. El gran desafío para el hombre en términos de participación en la vida de los hijos es el empleo, o sea, la licencia paterna, un tiempo que él tenga cuando el hijo nace o durante sus primeros años; las mujeres y los hombres necesitamos tiempo libre y flexible, una licencia adecuada y remunerada sea en pareja heterogénea, homosexual o en casos de adopción, cual fuera la composición familiar (...). Los hombres empleados tememos pedir y usar esos días —En Bolivia no existe una licencia de este tipo— porque creemos que el empleador va a pensar que somos poco dedicados al trabajo, que somos flojos. Entonces, los escenarios son salud, primera infancia y empleo para la preparación de nuestros hijos desde el inicio. Otra cosa, cuando cuidamos a los hijos los dividimos por roles. Dejamos que los niños jueguen con camionetas y pistolas, y que las niñas jueguen con muñecas y ollas. Criamos y reproducimos la idea de que las mujeres cuidan y los hombres están afuera. Hay que romper eso si queremos que el hombre sea cuidador y le diga a su hijo: ‘tú vas a ser un cuidador; como te preparo para el mundo de la escuela, del trabajo, también te preparo para cuidar de tu hermano, de tu prima; te traigo a la cocina para que tú y yo estemos aquí’.

mía— ¿Qué políticas recomiendas al Estado boliviano?

Gary— Cuando se trata de políticas públicas y violencia se ha fijado el castigo, las penas. En países como Bolivia, casi un 50% de hombres han utilizado violencia física, por lo menos una vez, contra su pareja. No hay espacio en la cárcel para el 30% de los hombres. Entonces, las sanciones sí son importantes, no las descalifico, pero quiero pensar en prevención. Creo que las políticas más necesarias son de prevención desde la escuela, o sea, que incluyamos en los currículos escolares actividades con base en evidencia que han mostrado éxito en reducir actitudes de los hombres que creen que pueden utilizar la violencia contra una mujer, que son las mismas actividades para reducir el bullying, violencia entre varones. Es importante que sea en la infancia y también dar un apoyo psicosocial desde muy temprano.

mía— ¿Qué actividades son esas?

Gary— Tenemos material que se llama programa H y M (hombres y masculinidades), y M y F (mujeres y feminidades). Incluyen actividades para llevar a una reflexión crítica sobre cómo nos crían como hombres y mujeres, y para pensar sobre la diversidad sexual. Es para una reflexión crítica en la vida y mente de nuestros hijos e hijas. Desde los 10 años comenzamos a cuestionar: ¿por qué las niñas juegan con muñecas?, ¿yo dejo de ser mujer si juego con camioneta?, ¿yo dejo de ser hombre si juego con muñecas? Entonces es cuestionando y poniendo en práctica otras posibilidades. Además practicar la escucha activa para la resolución de conflictos en vez de la violencia, también identificar qué emociones son más difíciles o fáciles de expresar. Los hombres tienen mucha dificultad de expresar miedo o decir que no saben y la cuestión es crear espacios donde pueden decir ‘yo necesito ayuda’. En cambio, a las chicas se les dificulta expresar rabia o enojo, decir ‘eso me molesta’.

mía— El alcohol gatilla la violencia...

Gary— Sí, creo que van bastante juntos. Pero, primero qué significa y de dónde viene el alcoholismo. Muchas veces el bar es el espacio de hombres, donde se encuentran con sus pares para no enfrentar lo que sucede en casa. Yo veo, detrás del alcoholismo, miedo y estrés, la mayoría de las veces, aunque no es el único motivo, son las cuestiones económicas. Se plantean ‘por qué no llego a ser el hombre que el mundo dice que debo ser: no soy ese proveedor, no soy ese fuerte, no consigo dar lo que creo que un hombre ideal debe dar’. Por eso se crean espacios de escape para la frustración masculina y ahí la cadena: toman, van a casa, golpean al hijo o hija, a la mujer y por ahí va, además del gasto. Entonces, hay que cobrarle, pero también se le puede dar un poco de comprensión y cariño, y no solo cobrarle.

mía— ¿Cómo se edifica una relación sana entre hombre y mujer, luego como pareja y después como familia?

Gary— Gran pregunta. Diciendo ‘tú eres dueña de tu propia vida’ y ‘yo no soy tu dueño’. Creo que empieza por ahí. (La posesión) es de lo que más se quejan las mujeres. Entonces, si logramos respeto y entendemos que yo no te controlo, que no soy dueño de tu destino, tenemos la posibilidad de negociar lo demás. Eso es lo principal, cada día, en la cena, en la mesa, en la cama. (Como hombre) debo aceptar que no sé qué pasa en tu cabeza y la única forma  que puedo saber es preguntándote, algo que es difícil para los hombres además de aceptar que no sé qué piensas para luego preguntar qué quieres. Si logramos eso, es un buen paso.

Fotos: PEDRO LAGUNA

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